La fiesta de los Deseos

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A continuación, un texto que resume de buena manera el sentido de nuestra “Fiesta de los Deseos” que celebramos todos los años en enero, en nuestra CVX Siempre. Esta escrita por Armando Velazco.

Nuestra fiesta de los deseos no es una reunión cualquiera. Hacen falta varios componentes para que ella realmente se dé.

El primero y principal es la fe. La fe que tenemos en un Dios vivo que nos acompaña día a día, delicadamente, sutil, respetuosa, solidariamente, que no nos dirige ni fuerza, sino nos acompaña en el descubrimiento de nuestra propia realización humana. La fe de cada uno, pero también la fe de la comunidad en ese Dios que nos ha unido para marchar juntos y descubrirle a él a través de los milagros que obra en cada uno.

Luego, lógicamente están los deseos, pero tampoco cualquier deseo. El ansia de “ser” debe ser más fuerte que el de “tener”, debe tener prioridad. Nuestros deseos de “ser más”: más amigo, más padre, más hijo, más hermano, más ciudadano, nos tienen que impulsar a un encuentro con el otro, a dejar de lado nuestro egoísmo y a abrirnos la puerta que conduce a la renuncia y a la generosidad. Tiene que ser el deseo que se traduce en ganas de construir e integrar. No necesariamente hacer más, sino mejor, con más calidad, con más calidez, con más cariño, con más compasión. Por eso aquí iniciamos el año pidiendo a Dios aprender a discernir los deseos para que podamos buscar y elegir aquellos que provienen de Dios.

¿Y qué pasa con los deseos materiales, los de salud, los de afecto, y otros que también tenemos?¿no debemos desear cosas así? De hecho está bien pues tenemos necesidades que cubrir no solo de nosotros sino de los que nos rodean. Por eso, Dios, que sabe de nuestras necesidades, es solidario con ellas. Por eso, también está a nuestro lado en las adversidades y en los logros. Pero buscar primero el reino y su justicia y confiar en que la vida nos irá proporcionando todo lo que necesitamos es una apuesta mayor que no es fácil y por ello hacen falta deseos fuertes y dinamizadores.

Después viene la alegría. El signo distintivo de todo discípulo es la alegría. Jesús, que es Dios, parece que estuvo más alejado de la solemnidad y más cercano a disfrutar de las cosas sencillas de la vida. Por ello talvez se ganó ciertas falsas acusaciones. Pero lo que sí está muy claro es que este Dios en el que creemos nos trae la buena nueva, la noticia de una nueva vida plena invitada a vivirla desde el presente y eso es lo que nos alegra profundamente. No es el ruido estruendoso ni la luminosidad de los fuegos artificiales sino su palabra que cala hondo en el corazón. El evangelio está lleno de planteamientos y situaciones iluminadoras pero hay una evocación de Jesús que particularmente causa cosquillas a nuestro espíritu pues es como si nos invitara al rejuvenecimiento y a recobrar la inocencia: “El Reino de Dios es para los que se parecen a los niños, y les aseguro que quien no reciba el Reino de Dios como un niño no entrará en él. Mt. 10, 14-15. Por ello, debemos presentarnos como son los niños: sencillos, confiados y alegres.

Si a este lindo ambiente de fe, deseos y alegría le agregamos pues algo de comer, de beber y una musiquita para bailar, tenemos una bella manera de acercarnos al reino.

Armando Velazco
CVX “Siempre”
Fiesta de los deseos, Enero de 2016

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