Antes hacíamos mitin, ahora se hace una misa

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Salía a paso apurado de la estación central del Metropolitano, rumbo a la Iglesia de la Recoleta, en la Plaza Francia, donde se iniciaría minutos más tarde la misa por el día del trabajo. Era viernes 27, cerca de las 7 de la noche y el flujo de gente era bastante considerable.

De pronto escuché que alguien, al pasar a mi lado, intentó llamar mi atención y siguió de largo. Casi por instinto, de sentir a alguien conocido, me detuve y pude alcanzar a ver que se trataba de un viejo amigo, de esos que conocí en la política y siempre me lo encuentro en eventos de ésta naturaleza, por distintas razones, siempre fiel, ya desgastado por los años y los vaivenes que traen éstas actividades, una persona muy amigable y agradable.

¿Para dónde bueno? ¿No te quedas para la misa por el día del trabajo? No, ya estoy de salida y me voy para casa (se dirigía a Miraflores). Cómo es, ¿no? Antes por el día del trabajo y de los trabajadores hacíamos mitin, una marcha, ahora se hace una misa… cómo han cambiado los tiempos. No lo decía burlándose, más bien con el deseo de marcar los tiempos distintos, las valoraciones, la misma realidad del trabajador y del mundo del trabajo ha cambiado tanto.

Nos despedimos de buen gusto, deseando que le fuera bien en la difícil Municipalidad de Lima donde chambea como asesor. La cosa esta verdaderamente complicada porque ahora somos minoría, aunque con todos los de la confluencia y la política de buena vecindad del PPC, la cosa aún es manejable. Pero la cosa se nos ha puesto difícil, pero no hay desafío que no se pueda abordar y felizmente nuestra Alcaldesa está más fortalecida que nunca; pese a los inconvenientes, ella volvió casi a nacer políticamente con el triunfo parcial logrado.

Ya en la Eucaristía, el padre a cargo de la homilía se encargaría de recordarnos los cambios de que ha sido efectivamente el mundo del trabajo y todo lo que se ha desandado en derechos laborales y sindicales, las diferenciaciones que se han generado entre capas bien remuneradas y en condición estable respecto a nuevas generaciones de trabajadores que la pasan de modo más limitado y en condiciones de movilidad bastante marcadas. Migrar de trabajo cada cierto tiempo se ha vuelto no sólo común sino hasta deseado, como una forma de aprendizajes diversos y de no “aburrirse” haciendo lo mismo.

Sobre el trabajo, valorar el trabajo y a los trabajadores que somos todos aquellos que vivimos de nuestra actividad profesional, de lo que sabemos hacer en términos honestos y sin apropiarnos de lo ajeno, es algo que debemos de considerar como significativo. Como se verá, hasta el origen de trabajador que estuvo normalmente asociado a obrero, ya ha sido superado por la historia. Para pasar a ser un concepto más amplio, aunque sin perder de vista a los más desfavorecidos en el mundo del trabajo, a quiénes tienen menos conocimientos, menos recursos, menos oportunidades, por las razones que sean, hasta raciales o geográficas, porque ser considerado indígena o vivir alejado de Lima o de una ciudad más o menos importante también es causa de discriminación subliminal o abierta.

Creo que desde ahora en adelante ya no dejaré pasar éste día como uno de los de mayor significación del año, casi como nuestro cumpleaños. El día que nacemos celebramos la vida que se nos dio y que tenemos la alegría de continuar y de crecer en ella. El día del trabajo en realidad nos invita a celebrar el que cada ser humano tenemos la capacidad de hacernos a nosotros mismo y de valernos por nosotros mismos, por intermedio del trabajo que realicemos cada uno, del modo como generemos nuestros ingresos o reproduzcamos nuestra sobrevivencia elemental (que supone alimentarnos, vestirnos, tener un lugar de habitación, preservar nuestra salud, educarnos y un largo o corto etc., según el caso.

Alegrémonos por el día del trabajo, festejemos la vida que descansa también en nuestras propias manos y posibilidades, con humildad y sentido profundo de la dignidad de cada persona. Que éste día sea motivo de conciencia solidaria con quienes nos rodean, nuestra familia, vecindario, región o país. Por supuesto, con nuestro entorno laboral, el que corresponda. Que sea motivo de preguntarnos, cómo nos compromete a cada uno, cómo estoy comprometido con cada uno de los circuitos por donde circulo a diario y, probablemente, me detengo poco o nada, sigo de largo para no “perder el tiempo” o no saber “escuchar”. Buen día del trabajo y un abrazo a todos/as los que nos sentimos y somos trabajadores.

Guillermo Valera Moreno
Magdalena del Mar, 1 de mayo de 2013

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