Ser creativos y dar lo mejor de nosotros en la política

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Hace unos días (8 y 9 de febrero) tuve la ocasión de participar en la reunión de verano del “bartolo”, la cual suele ser muy rica en encuentro de personas diversas, diseminadas por todo el país, haciendo cosas variadas, compartiendo una misma fe creativa y con mucho sentido de amor y de esperanza por nuestra Iglesia y nuestro Perú.

En ésta ocasión nos tocó reflexionar sobre “fe y política”, un tema tan simple y complejo a la vez, como lo es la vida misma y la relación entre las personas, especialmente cuando se pone en juego intereses, recursos económicos y capacidad de decidir sobre los destinos, todos los cuales afectan a la población en distintas direcciones.

A propósito de la política, a veces provoca hacerse la pregunta ingenua de ¿para qué se inventó el poder que tantas diferencias y divisiones suele generar? Volviendo al evento en mención, debemos decir que la manera de asumirse la conversación fue muy didáctica y con sentido permanente de hacernos sentir desafiados y motivados por estos aspectos, tan fundamentales a la vida de todas las personas. Más aún, cuando en el presente año tendremos elecciones municipales y regionales y el 2011 las presidenciales y de nuevo Parlamento.

Comparto especialmente algunos puntos (a modo de pregunta) que nos parecieron fundamentales y que requieren de seguir siendo trabajados y profundizados, especialmente con sentido creativo, horizonte de valores, unidad y articulación. Conducentes, ojala, a la generación de gestos públicos que nos permitan motivar y llegar verdaderamente a la población.

º ¿Cómo hacemos para que la política tenga sentido para la gente y no se banalice en todo momento, especialmente por el manejo que se hace desde muchos medios de comunicación social. La política es importante para las personas y no puede quedar reducida a ninguna importancia porque se le asocia sólo al robo y a conductas públicas que se reprueban.

º ¿Cómo hacemos para relacionar la vida de los pobres y de los jóvenes con la vida política nacional y mundial? Si hay dos sectores desde donde nos debemos o tenemos que debernos de manera generalizada en la política son ellos. Unos, los pobres, porque nos invitan a una solidaridad gratuita y de crecimiento de nuestra humanidad ¿podemos vivir tranquilos mientras haya gente que se muere de hambre o no tiene donde atender su salud o educarse? Otros, los jóvenes, porque nos invitan a la creatividad, al riesgo, al dinamismo y al descubrimiento, entre tantas cosas que supone una juventud que siempre nos renueva y esta renovándose; más aún en los tiempos de cambio que nos ha tocado vivir en medio de revoluciones tecnológicas sucesivas.

º ¿Cómo construimos un discurso de radicalidad crítica del sistema actual, a la forma de organización de nuestra sociedad. Enlazándola a propuestas, agendas e ideas que venimos desarrollando o son factibles de encaminar, desde cuestiones muy pequeñas a otras más visibles. Lo importante es que necesitamos recrear una serie de conceptos, una serie de maneras de aproximarnos a la realidad y de relacionarnos. Donde la búsqueda del bien común, el servicio y la solidaridad sean los elementos centrales de toda propuesta y discurso.

º De qué gestos debiéramos valernos para encaminar procesos creativos, innovadores y movilizadotes, revalorando lo político, levantando el sentido ético que tiene ésta (o debiera tener) para todos los ciudadanos y ciudadanas, promoviendo diversos mecanismos de participación democrática, aún sabiendo que pueden haber muchos descreimientos, frustraciones y cansancio de experiencias anteriores inconclusas o no tan positivas y otros. Pero, estamos llamados y se nos invita también desde Vaticano II, la Cristifidelis Laici y Aparecida a ser una Iglesia Samaritana y abogada de los pobres, promoviendo desde la política todo lo que ello nos pueda significar.

Estamos llamados con esperanza a construir liderazgos, a sumar esfuerzos, a gestar el “arte de lo posible” como signo de creatividad y no de resignación, a poner lo mejor de nosotros en la construcción de un Perú nuevo y una Iglesia nueva.

Guillermo Valera M.
16 de febrero de 2010

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