¿Nos orientamos hacia el Bien?A propósito de Iris Murdoch (filósofa Irlandesa)

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Hay varios aspectos sobre las que reflexiona Iris Murdoch en su libro “La soberanía del bien” (acopio de tres ensayos escritos en la década de los ‘60s en el siglo pasado), los cuales tomo como base para el presente artículo. Antes que nada debo decir que me llamó mucho la atención la forma cómo inicia el segundo de sus ensayos Sobre ‘Dios’ y el ‘bien’, donde ella menciona que “Hacer filosofía es explorar el carácter de uno mismo, y sin embargo al mismo tiempo descubrir la verdad.” (p.53) Pues, pinta muy bien cuál es la “onda” filosófica de la autora, muy vinculada a una dimensión psicológica y situada en una central preocupación ética.

Realmente es una afirmación muy profunda y, se podría decir, que marca la pauta de una filosofía activa, “protagónica”, de búsqueda del crecimiento personal y asequible a todas las personas en tanto capaces de relacionarse con su entorno de manera autónoma. Creo que en ese “explorar el carácter de uno mismo” ella va descubriendo una situación de hipertrofia del yo que caracteriza a la cultura contemporánea. Nuestra tendencia natural a ser egoístas, a ser desbordados muchas veces en nuestra conducta por energías mecánicas de tipo egocéntrico, a ser asediados en la vida moral por ese “gordo y despiadado ego” que habita en cada uno de nosotros.

Murdock se planteará filosóficamente si “¿Podemos hacernos moralmente mejores?” (p.58), ¿cómo sería el hombre bueno? A partir de ello, como de otras reflexiones, se va a ir generando una pauta de aproximación ética a todo nivel, porque no sólo abarca a la persona como individuo aislado sino a éste en interacción con los demás hombres y mujeres, con la naturaleza, con “Dios”, etc. En ese camino se descubre que podemos generar buenas acciones; se identifica que existen cosas buenas fuera de nosotros; se experimenta que nuestras tendencias egoístas pueden ser superadas y diluidas en nuestra manera de relacionarnos y que la belleza de la naturaleza, el arte (en sus distintas expresiones), etc., nos pueden permitir salir de nosotros mismos (de nuestros egoísmos) y situarnos de otra manera “en relación con”.

Se descubre que uno mismo puede no sólo ser mejor sino aproximarse con mayor finura a la realidad; que el “ser mejores” nos da esa sabiduría para una mirada ética de la realidad y, por tanto, más justa. Pero no sólo eso. Sino que nos capacita para dilucidar una experiencia del Bien absoluto, de lo que para las religiones (y sus seguidores) sería Dios, expresión perfecta que es difícil de nombrar, definir y aproximarse a él.

La autora, por tanto, nos dice que la orientación de la visión hacia el Bien hace posible la ruptura con la deformación que nos produce una mirada de la realidad que sólo se hace desde nuestro ego. En tanto uno aprende a dominar su propio ego, a encaminarlo hacia sentidos amorosos y justos, a desprenderse paulatinamente de las cosas que nos pueden dominar internamente (por ejemplo, los mismos “afectos desordenados”), uno podrá irse situando mejor en la realidad, actuando mejor en ella y aproximándose mejor a la idea de “bien”.

Es importante, por ejemplo, el caso que señala la autora, suponiendo la relación entre dos personas imaginarias (una Madre – M y su Nuera – N). Donde la visión que podría tener inicialmente M de N es bastante prejuiciada, por las aspiraciones que tendría M respecto de N y cómo hubiera deseado M que fuera N para su hijo; si bien no la rechaza directamente vive con las ideas que ella se ha formado de la situación. Por tanto, si M decide hacer un esfuerzo por plantearse una mirada distinta de N, ésta vendrá de un cambio que tendría que operarse en M, de la manera cómo decide ella salir de sus prejuicios (porque se aproxima de mejor manera hacia el “bien” o “Dios”, según sea su experiencia de vida y por las razones que fuera).

En ese proceso se puede descubrir distintos momentos. Primero, como hemos indicado, una mirada marcada por los prejuicios y aspiraciones de M respecto a N (¿cómo yo hubiera querido que sea N?); segundo, una mirada que puede estar deformada más sutilmente, por la propia manera de ser de M y sus valoraciones de lo que en ella se vive y experimenta, deseando encontrar en N lo que en buena medida es M misma (cuestiones identitarias, carácter, etc.). Tercero, la capacidad que logra M de ver a N “tal cual es”, libre de deformaciones limitativas que pueden ser producidos por nuestro desordenado ego. En todo ese proceso no se trata de que M sea más indulgente con N sino que logre verla tal cual es, desde una mirada ética, a la luz del bien (o de Dios). Algo que me quedaba preguntando era que podría haber elementos externos a M y N que pudieran imposibilitar una mirada adecuada de M respecto a N y que tendría que también se parte del esfuerzo de objetivación.

De hecho Murdoch aborda otra entrada del tema (que podríamos emparentar con la última preocupación planteada) cuando se refiere al mito de la caverna de Platón. Allí se trata justamente de situaciones que van más allá de la capacidad de las personas que se encuentran en ella; en éste caso, de aquellas personas encadenadas que viven mirando hacia delante de sí mismas y sólo alcanzan a ver sombras en la caverna, producidas por la acción de un fuego inmenso que está detrás de ellos y delante del cual circulan otras personas y objetos que producen las sombras. Pero los cautivos de la caverna solo ven “sombras nada más”. Hasta que uno de ellos (siempre de manera figurada) logra escaparse y descubrir, primero, que es la acción del fuego lo que produce esas sombras que los cautivos piensan que son la “realidad” (se han acostumbrado a verla así); pero no sólo eso, porque, segundo, ese mismo “cautivo” liberado logra salir de la caverna y descubre que además del fuego existe una luz natural producida por el sol y una naturaleza más amplia a la que conocía en la caverna.

De alguna manera, para Murdoch, desde una visión que le emparenta grandemente con Platón, intenta decirnos también que las personas somos como esos cautivos de la caverna. Vemos la realidad identificada en esas sombras y podemos creer que esa es toda la realidad. Sin embargo, podemos convenir que no es así. De hecho los cautivos están convencidos de ello y viven presos de sus cadenas (de sus egoísmos podríamos decir con Murdoch), con la mirada fija hacia delante y nada más.

Ese esfuerzo por liberarse de las cadenas supondría seguir un camino virtuoso, donde el amor (“¿no es el amor humano corriente una evidencia mucho más obvia de un principio trascendente del bien?”, p.79) sería la energía necesaria que nos ayuda a situarnos entre mi yo (como persona egoísta) y el bien absoluto. A afirmarnos como personas libres, ha hacernos posible un camino (o varios) de descubrimiento de la verdad para llegar al Bien (a Dios)1. Es significativo cómo la autora descubre en el arte (el buen arte), en la belleza de la naturaleza (paisaje, un animal, etc.) o en la bondad (hacer el bien a otras personas), posibles caminos para salir de nuestro propio ego y buscar aproximarnos de mejor manera a la realidad. De romper nuestras cadenas y variar nuestra mirada, desde las sombras hacia el fuego que hay al interior de la caverna y las personas u objetos que producen esas sombras. Aproximándonos de mejor manera a descubrir el bien (el “sol”).

De hecho, Murdoch identifica una serie de medios para intentar ser virtuosos (liberarnos de nuestras cadenas). Indica el esfuerzo puesto en aprender un idioma (el ruso, por ejemplo que es muy difícil y complejo) o en cualquier otra actividad que suponga una conducta de autodisciplina y exigencia que nos ayude a ordenarnos, a establecer prioridades, a saber jerarquizar lo que valoramos en la vida y en nosotros mismos, a encaminarnos en última instancia hacia el bien. También indica la oración; podríamos decir, los ejercicios espirituales ignacianos; otras experiencias de espiritualidad que nos permiten salir de nosotros mismos (de nuestras cadenas de egoísmo) para transitar hacia la realidad que se nos impide ver.

Incluso más. Para darnos la posibilidad de no quedarnos en la caverna y aproximarnos a la luz del bien (sol). Bien que, como ya hemos señalado, se puede experimentar en su luz, en la vida que genera en la naturaleza, pero que es poco factible de mirarlo de frente o descubrirlo directamente. Nos da la luz necesaria para ver de mejor manera la realidad pero no es tan posible aproximarnos directamente a él. Giusti, comentando en su último libro al respecto, también aborda el punto. Me pareció interesante lo que él adiciona respecto a cómo dar a conocer ésta realidad “descubierta” a otros (a los que seguirían cautivos en la caverna), sin ser presa de ellos mismos, ya sea porque no nos crean o porque consideren que están bien en el lugar en que se encuentran. Nos dice, “Liberado así por completo de las ilusiones, habiendo entendido el verdadero sentido de las cosas, el prisionero volvería seguramente a la caverna para tratar de persuadir a sus antiguos compañeros de cautiverio a que caigan en la cuenta del grave error en el que viven. Pero muy probablemente le ocurrirá, como le ocurrió a Sócrates, que sus compañeros, habituados ya a la simulación, lo tomasen por loco, se burlasen de él y tratasen incluso de eliminarlo.”2

Es toda una reflexión filosófica muy dinámica de cómo podemos plantearnos, desde lo que cada uno hace y es, caminos hacia la “vida buena”, aprendiendo a descubrir la realidad con un sentido de bien. No sólo como ideas sino como sentido profundo de experiencia.

Guillermo Valera Moreno

(1) A pesar de que Murdoch va a decir que “Uno no puede sino estar de acuerdo en que de algún modo el amor humano es la más importante de las cosas; y sin embargo normalmente es demasiado posesivo –profundamente- y demasiado ‘mecánico’ como para ser un lugar de visión. He aquí una paradoja sobre la naturaleza del amor mismo. Que el amor más elevado es en algún sentido impersonal es algo que puede realmente verse en el arte” (p.79).
(2) Miguel Giusti. “El soñado bien, el mal presente. Rumores de la ética”, p. 98. Fondo Editorial de la PUCP. Lima, 2008

Puntuación: 3.33 / Votos: 3

Un pensamiento en “¿Nos orientamos hacia el Bien?A propósito de Iris Murdoch (filósofa Irlandesa)

  1. claudine gaime

    Me parece muy interesante el punto de vista de Iris Murdoch pues presenta la necesaria relación entre reflexión y pensamiento filosófico con la experiencia de vida.
    Es un fundamento que posibilita la necesaria coherencia entre subjetividad y objetividad, entre pensar y ser…etc,etc,etc

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