¿Es posible hacer “alta política”?

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Salió elegido para Presidente del Congreso el Sr. Luis Alva Castro del APRA, para el período agosto 2009 a julio 2010, penúltimo año del gobierno de Alan García. Se repitió una vez más, la alianza del APRA con el fujimorismo, ¿a cambio de qué? No sabemos con precisión, esperemos que no suponga indultos ni sorpresas mayores a lo Rómulo León Alegría o Agustín Mantilla.

Lo cierto es que el APRA (36 congresistas) y el fujimorismo (13 congresistas) no podrían hacer una mayoría, sino contaran con votos de errantes o centrífugas (o como se les prefiera llamar) de parlamentarios que terminan dando aire a un desinflado congreso. Dando mayoría a un gobierno que no lo merece; donde a estas alturas, debieran de primar las fuerzas políticas de la oposición, sea con Unidad Nacional u otra organización política a la cabeza. Sin embargo, se reitera una vez más lo frágil de nuestro sistema de partidos que, más allá de marcar continuidades en nuestro pobre sistema democrático, no logra consolidar posibilidades de juego político que marquen el ritmo de la coyuntura y absorban las variantes que se van dando en ella.

Quizá la confirmación más tremenda en ese sentido la marcó el voto de confianza que tuvo el gabinete de Yehude Simon, cuando fue interpelado por los luctuosos sucesos de Bagua del pasado 5 de junio. Lo lógico hubiera sido que renunciara por cierta decencia política (así el Presidente Alan García les pidiera que se quedaran unos días más), pero prefirieron el trámite del juego del poder y de los amoldamientos que permite nuestra débil institucionalidad democrática

Pero la presente nota no busca hacer juicios reiterativos sobre lo que no nos gusta de la política y de los sinsabores a los que uno corre el riesgo de acostumbrarse. Me preguntaba, por ejemplo, si después de la visita que hizo Ollanta Humala a Mario Vargas Llosa en España (¿el agua y el aceite?) era posible de pensar con mente más abierta y democrática las cosas de fondo que vienen para nuestro país. Me refiero a si gestos como ese serán posibles de realizar por los diferentes políticos para propiciar un nuevo camino de diálogo político. Que permita retomar iniciativas como lo avanzado con el llamado Acuerdo Nacional, firmado hace ya casi una década (en su versión inicial, ratificada después durante el gobierno de transición de Valentín Paniagua).

Podemos considerar que en un país como el Perú es posible hacer “alta política” sin tener que hacer cálculos previos de cuánto ganaré para mis propios (y mezquinos) intereses. Creo que sería interesante pensar en que es posible una conversación política sobre el futuro inmediato de nuestro país que reuniera inicialmente a Alan García, Ollanta Humala, Alejandro Toledo, Lourdes Flores, Henry Pease y Mario Vargas Llosa. ¿Es muy iluso o poco viable?

Los temas a conversar no tienen que ser demasiados. Creo que sería interesante si todos nos pudiéramos poner de acuerdo en: (1) cómo dar continuidad a la regionalización; (2) el manejo informativo que se hace, especialmente de las distintas variables claves en el país (datos de la pobreza, el PBI, el número de trabajadores en el Estado); (3) cómo priorizamos la cultura (y su desarrollo) en medio de las limitaciones que tenemos de recursos. Sólo esos tres temas y la manera más adecuada de encaminarlos o seguirlos encaminando.

Creo que lo anterior daría señales de una buena disposición para preparar en los mejores términos lo que serán las nuevas elecciones del 2010 y del 2011. De acuerdo a lo expuesto, no me anima escuchar cosas nuevas ni viejas en el discurso presidencial por Fiestas Patrias. Sólo aspiro a que se entable posibilidades de convergencia para la mayoría de los peruanos; que se plantee viabilidad a cosas que podemos sacar adelante juntos el conjunto de las fuerzas políticas (sin renunciar a las diferencias que se tienen); que se insista en construir puentes para fortalecer los caminos democráticos con los cuales debemos hacer una debida pedagogía política.

Teniendo en mente el crecimiento ciudadano de nuestra población, donde nadie se sienta ciudadano de segunda ni ninguneado porque no se toma en cuenta sus intereses.

¿Podemos superar el discurso del perro del hortelano, tanto en el sentido de quien lo revivió para la política como en el profundo sentido crítico que despertó en muchas conciencias respetables? No es solo conciliación ni tolerancia lo que reclamo. Es sentido de convivencia con responsabilidad, cariño y disposición de servicio. Ojalá podamos decir, así sea, como deseo, argumento, sentido práctico y decisiones.

Guillermo Valera Moreno
27 de julio de 2009

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