Homilía – Eucaristía por el jubileo de oro (I)

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Presentamos en dos partes la homilía realizada en la Eucaristía por el Aniversario de Oro de la CVX (50 años).

Primera Parte:
Acerca de nuestro recorrido en CVX (a cargo de Guillermo Valera Moreno)

1. Un largo caminar: Hace pocos años (en el 2013), celeb ramos los 450 años de nuestro recorrido como Congregaciones Marianas (y comunidades laicas ignacianas en general), prácticamente creadas desde los inicios mismos de la Compañía de Jesús. Allí recordamos ese extenso caminar que hemos tenido. En el presente año, hemos querido poner de relieve los últimos 50 años, fecha desde la cual pasamos a llamarnos CVX, Comunidades de Vida Cristiana.

Este cambio producido en 1967 estuvo muy a tono con los nuevos aires que trajo Vaticano II, el cual había concluido dos años antes (en 1965), en el cual se intenta dar un rol más amplio a los laicos desde una mirada de “pueblo de Dios”, y más vinculada a la misión, hacia nuestros prójimos, especialmente los más necesitados. También como CVX se buscó tener una mayor profundidad en los Ejercicios Espirituales.

2. Como toda experiencia y caminar, ésta significó diversos vaivenes y tensiones. Sin embargo, significativamente la reflexión y búsqueda de nuestra CVX mundial se fue traduciendo en documentos claves que hoy son referencia para todos. Por ejemplo, los Principios Generales CVX, los cuales buscaron definir de la mejor manera ¿Quiénes somos? Permitió entender el sentido de considerarnos una sola comunidad mundial (ya que inicialmente nos llamamos Federación Mundial de CVX).

Buscando caminos de formación para afianzar nuestro propio quehacer y proyección comunitaria, espiritual, humana y apostólica se dio lugar a “Nuestro Carisma en CVX”. Algunos esfuerzos en nuestra CVX Perú permitieron elaborar una útil carpeta de formación. A nivel Latinoamericano se logró encaminar el valioso programa de formación Magis.

También debemos señalar que, en los últimos 25 años, nuestra reflexión como CVX mundial giró en torno a la misión y el sentido de crecer como “cuerpo apostólico”. Siendo muy claro que nos situamos como parte de la Iglesia y, desde ella, buscamos colaborar con la misión de Dios. Lo cual lo vamos entendiendo cada vez más como el esfuerzo que ponemos (o debemos poner) todos (religiosos o laicos) en humanizar nuestra historia y construir un mundo más humano; en hacernos cada uno más profundamente humanos en el conjunto de nuestra vida. Hacerlo desde lo que nos llama el Señor de modo específico y especial. En ello mundialmente la CVX priorizó en su última Asamblea hasta 4 fronteras: Pobreza y globalización; Ecología y medio ambiente; Familia; y Juventud. En nuestro país priorizamos en la presente etapa lo relativo a la Familia.

3. Las gracias recibidas: son muchas y variadas… se podrían contar muy distintas historias, hechos significativos, anécdotas, personas concretas, lugares, fechas… Después de todo, son 50 años en éste recorrido como CVX. Resaltamos 3 gracias en nuestra CVX Perú: nuestra diversidad; sentido comunitario; apoyo de la CJ.
(a) Sobre diversidad, nuestra historia en CVX está llena de experiencias que supieron integrarse en un solo proceso de CVX Perú y que no fue nada sencillo. Esta la experiencia de las mismas Congregaciones Marianas (las CVX Fátima Miraflores estuvieron vinculadas especialmente a dicha experiencia). Están las antiguas CCL (Comunidades Cristianas de Líderes) o el Grupo Siempre (las cuales se consolidaron como comunidades de profesionales). Las labores de CVX más vinculadas a parroquias (por ejemplo en El Agustino o San Pedro; las que se impulsaron desde iniciativas más de colegios (especialmente la experiencia de Fe y Alegría Mi Perú y otros de provincias). Fueron una serie de iniciativas que dieron lugar a una historia común en CVX Lima y, más ampliamente, si nos referimos a las experiencias de Piura, Chiclayo, Jaén, Ayacucho, Cusco, Arequipa, Ilo y Tacna, con quienes hemos construido una historia común en CVX Perú. No ha sido fácil y no es una tarea consolidada. Pero es parte de nuestra riqueza.
(b) Una gracia enorme ha sido aprender a vivir nuestra fe en comunidad y continuar en ella. Puede parecer algo obvio, pero es clave en una sociedad tan individualista como la que vivimos. Crecer en sentido comunitario y de solidaridad. Aprender a ejercitarnos comunitariamente en el diálogo. El aprender a hacernos sensibles a los problemas de los demás, especialmente de los más débiles. Adquiriendo pleno sentido en el discernimiento y desarrollo de la misión. Con continuidades e interrupciones. Porque nos plantea exigencias diversas el mantener constancia y permanencia en los distintas etapas y procesos que nos toca vivir.
(c) El contar con una CJ cercana a nuestros procesos laicales y comunitarios. Tanto desde CVX como desde espacios más amplios vividos, como la RAI, Consejos de Laicos, Grupos de Colaboración, etc. Estamos muy agradecidos de ello. Hemos gozado juntos éste caminar; hemos sentido que podemos ser compañeros y corresponsables en la misión; amigos en el Señor. Compartiendo experiencias comunes desde los Ejercicios Espirituales, algunas iniciativas de formación y otros espacios. Aunque hay mucho camino por hacer y decidir juntos. Pero hoy, es importante dar gracias a la CJ como conjunto, así como a jesuitas específicos de modo particular por su labor y colaboración en CVX. A los que ya no están (Pablo Vásquez, Majo Granda, Justo González-Tarrillo, Ángel Palencia, Jefrey Kleyber, Roberto Dolan, Manolo Peirano…). A los que están hoy con nosotros, en especial a quienes han tenido la responsabilidad como Asistente Nacional: José Luis Gordillo, Javier Uriarte, Jero Olleros, Boby Burns, … y todos los que acompañan nuestro proceso en CVX.

4. Vinculando lo anterior con las lecturas: Sólo aludir que nos recuerdan la importancia de estar atento a practicar la justicia, de saber abrir nuestros oídos y nuestros labios, de buscar dar testimonio de fe y vida integradas y de asumir una fe profunda como la de María. Todo ello queremos vivirlo integrado a nuestra experiencia de CVX. Reconociendo que nuestra experiencia en CVX es también un camino de fe y discernimiento, de fe y compromiso. Un caminar que no se explica sin la presencia del Señor en nuestras vidas y en la historia que vamos encarnando como CVX.

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