Podemos dialogar, convivir y hacer país

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Diera la impresión que los hechos que ocurrieron el pasado 5 de junio en Bagua, marcaron una toma de conciencia mayor sobre la complejidad de nuestro país, aunque esta vez nos dejó la paradoja de acercarnos más unos a otros y sentirnos más país en el fondo. No en todos se ha dado tal situación y no dejaremos de tener nuestro tercio de incongruentes y desafectos por otras cosas más “racionales”.

Es importante que se haya abierto con mayor importancia diversas instancias de diálogo que, esperamos, no sean sólo una herramienta política para salir al paso de una coyuntura política “explosiva”, sino que se convierta realmente en una institución de primer orden en nuestro país. Que decir para resolver conflictos. Esperemos sea, y sobretodo, para buscar entendernos sobre el país que queremos construir para todos los Peruanos sin excepción, así unos lo tengan que seguir desde la cárcel (y merecidamente).

De allí que discrepe de posturas de tildar de “sidosos” o de “cáncer” a determinadas posturas políticas, más aún cuando son reales opciones de gobierno (al menos la intención del voto así lo empieza a indicar) y tenemos que partir de un entendimiento básico de que en la mesa de la democracia nadie puede “sobrar” y será un desafío el que alguien importante en la política quede “autoexcluido”. Necesitamos entendernos, aunque sin perder de vista que no todo lo que crece en la pradera sea trigo, maíz, papa o frutales.

Por qué no partir de pensar que podemos trabajar por un gran Frente Nacional y Democrático, donde se pueda debatir con toda clase de sanos y “enfermos”. Me dirán que es utópico e irreal. Quizás se tenga razón. Pero ¿quiénes podrían sentirse llamados a un gran Frente que nos permita construir la “vida buena” para todos los peruanos, de costa, sierra y selva, especialmente sensible a los problemas de los más débiles, de firmeza ambiental, de explotación inteligente de nuestros recursos naturales, de capaz negociación con las fuentes de inversión económica, de profundo sentido ético.

Hasta allí hemos reducido seguro los posibles convocados. Me pregunto y lanzo una hipótesis voluntarista a modo de pregunta ¿es posible sentar en una misma mesa a Lourdes Flores, García Belaúnde, Mario Vargas Llosa, Castañeda Lossio, Alejandro Toledo, Susana Villarán, Agustín Haya, Ollanta Humala, Javier Diez Canseco, por señalar algunos nombres? Suena todavía utópico, especialmente si vemos que hasta hace unos días parecía que se había recompuesto una alianza de gobierno entre APRA – Fujimorismo – PPC.

Sin embargo, es necesario el diálogo. A propósito, según el diccionario de la RAE, el término “diálogo”, hace referencia normalmente a la “Plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos” o la “Discusión o trato en busca de avenencia” (dígase convenio, transacción, conformidad o unión). ¿Podemos llegar a establecer avenencia entre fuerzas políticas disímiles pero convencidas en la afirmación de un sistema democrático que garantice el pan, el trabajo, la producción, los derechos y la dignidad de todos los peruanos? Pues, no nos queda mucho margen de juego y estamos, de algún modo, obligados a buscar caminos concretos para alcanzarlo, como clave para los siguientes años.

Lo que sucedió en Bagua no puede pasar desapercibido ni diluirse en las agendas públicas de la coyuntura. Estamos ante un tema muy de fondo que nos exige pensar cómo queremos vivir en nuestro país, tanto nosotros como nuestros hijos y los que vienen después. ¿Podemos hacernos más responsables? La verdad que no me haría mucho problema si pensando en candidaturas se tuviera que optar por un espectro moral amplio. Vuelvo a las simples hipótesis, señalando que esa opción pudiera estar encabezada –por ejemplo- por un Mario Vargas Llosa. Sí, así como se lee. No es renunciar a los principios y sé que podría plantearse una situación del “agua y el aceite” entre Vargas Llosa con Humala. Pero ¿podremos convencernos que podemos hacer cosas mejores sin claudicar a nuestros pequeños terrenos y techos “ideológicos”?

Requerimos demostrarnos que podemos gestar la convivencia entre todos los peruanos, incluso con los que no “nos gustan”, especialmente con ellos. Con los que son minoría, especialmente con ellos (¿si no de qué democracia podemos hablar?), construyendo nuestras propias posibilidades sin pedirle permiso a nadie y pensando en abrir horizontes que nos den consistencia como país, en un país para todos. Será posible si realmente queremos hacerlo posible. ¿Qué piensan?

Guillermo Valera Moreno

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