Va a continuación un artículo que me envió mi amiga Eleana Llosa, con el cual me siento bastante identificado. Javier D.C. nos deja un legado que se se sabrá continuar, que saberemos dar continuidad... Va el artículo de Eleana, gracias por ello.
Cuando se supo que Javier Diez Canseco estaba enfermo, que estaba enfermo de verdad y que seguramente no se recuperaría, no pude dejar de pensar en que algo tenía él que ver conmigo. No es que haya sido verdaderamente su seguidora, ni que estuviera en todo de acuerdo con él, ni que me gustara del todo su estilo, su forma de mantener presentes un montón de cosas que sabemos que suceden, que son, esa sensación de que “hay, hermanos, mucho que hacer”.
Pero fui pensando en algunas cosas con cierta claridad. Por ejemplo, que en las últimas elecciones me di cuenta de que era indispensable que él salga elegido congresista porque era el único que representaba –con seriedad‒ esa posición de izquierda fuerte, segura, derecha, una izquierda que sigo sintiendo cercana, que entra en conflicto con las tantas comodidades que brinda eso que ahora solemos autodenominarnos: liberal de izquierda.
La cosa es que en el periodo político anterior Diez Canseco no estuvo en el congreso y realmente fue una vergüenza y un desastre que no hubiera alguien firme y confiable de izquierda. Y decidí entonces votar por él (aunque al final me di cuenta de que iba a salir elegido de todas maneras y opté por dar mi preferencial a algunos que están en la segunda fila, tras él).
Y ahora, en las últimas semanas, estuve pensando mucho en la importancia del político Diez Canseco. Su presencia en mi vida y en la del Perú. Intuitivamente, el año 78 voté por él para la Asamblea Constituyente. Se había formado la UDP y parecía razonable. De Vanguardia Revolucionaria sabía también, pero todavía no me interesaban mucho esas cosas. Era mi segundo año en la universidad y ya distinguía entre prosoviéticos, prochinos, troskistas y la famosa llamada nueva izquierda. Voté por él, creo, porque ahora me pregunto si hubo entonces voto preferencial.
Claro, las izquierdas de entonces y las de ahora son muy diferentes. Entonces eran todas revolucionarias, si descontamos a las que llamábamos reformistas y dejábamos de lado. Todas tenían un fusil en alguna parte de sus banderolas y de sus ideales. Ahora hay las radicales, las conservadoras, las caviares… aunque parece no haber ya un ideal político, un sueño realizable. Las revoluciones reales nos jugaron muy malas pasadas.
Pero sin duda el compañero Diez Canseco se mantuvo bien plantado en la estrecha línea que se trazó, creo que desde sus inicios políticos, y que al final le concedió una especie de justicia poética por la estupidez de los congresistas que pensaron que lo abofeteaban al suspenderlo de su cargo. Hasta el final, pues, queriendo apartarlo, invalidarlo, esos que pasan por la política ganándose cositas. Y así, se podría decir que Diez Canseco consiguió su forma de vencer, su propia forma de llegar “hasta la victoria, siempre”.
Con todo esto en mente me propuse participar, estar presente en los homenajes tras su muerte. Fui el domingo, al anochecer a su velorio en el Parque Universitario. Caminé como hacía treinta años atrás por La Colmena ‒de ida y de vuelta‒ pensando en cómo todo ha cambiado algo, pero ni tanto. Hice la larga cola de serpentín, sorprendida de no ver casi ninguna de esas figuras que durante años he sabido siempre que iba a encontrar en las marchas y mítines de la gelatinosa izquierda. Pero encontré algunas de nuevos conocidos y me alegré de esto así como me apené de las ausencias. También lamenté no haber llevado algo: una flor, un afiche, un libro, algo para que acompañara el cuerpo de quien ya no es, su soledad eterna. Algo que dejar a mi paso cerca del ataúd, solo cerca porque no me gusta mirar a los que ya no son. Así que seguí de frente, salí de la casona de San Marcos y me esfumé otra vez por La Comena.
Luego, el martes, me hice tiempo para ir al homenaje. Y acompañé pues al cuerpo sin vida, a lo que es ahora la huella, la idea, el recuerdo de Javier Diez Canseco. Hice todo el recorrido con las masas. Nuevamente no llevé nada, pero se me apareció un globo rojo y con él caminé a lo largo de la avenida Abancay, en el homenaje oficial en la plaza Bolívar, en el regreso por la misma avenida hasta La Colmena, en el homenaje combativo en la CGTP y, finalmente, en el último trayecto por Alfonso Ugarte para el homenaje partidario frente al Partido Socialista. El último partido de Diez Canseco, luego de Vanguardia, luego de las experiencias de la UDP, el PUM y seguramente otras que yo ya no supe.
Había previsto encontrar multitudes. Más bien deseado. Pero no: ¿dos mil, tres mil personas? El grupo grande era el de su partido. Pero, claro, no es un partido de masas. Más bien de jóvenes estudiantes entusiastas y algunos mayores con la pinta de los antiguos dirigentes sindicales o de los viejos comisarios partidarios. En conjunto, militantes no pitucos, tampoco demasiado populares, de esa clase media urbana basante definida: mestiza, con ciertos medios, con ideas democráticas, supongo. Además, había varios otros grupos de izquierda de otros jóvenes entusiastas, cuya diferencia principal parece ser el color de sus banderas: verdes, celestes, moradas y rojas. También algunos pocos sindicatos, organizaciones de discapacitados, de los que tienen opciones sexuales afirmándose, curiosamente una gran banderola de la universidad Villarreal con la foto de Diez Canseco. Y varias gentes como yo, sueltas, despistadas. Entre todos, uno que otro de esos que siguen siendo izquierdistas de cara conocida. Todos coreando las ya trasnochadas consignas, cantando la Internacional. No sé hasta qué punto repetía yo todo como a veces cuando tengo que ir a alguna misa y sorprendo mi voz cantando las viejas canciones del colegio.
Pero no puedo dudar de que me siento más cerca de esas consignas y esas canciones que de las oraciones, crucifijos y buenas intenciones que normalmente rodean los ritos de muerte. La muerte es el fin. Y, me gusta la consigna: “Compañero Javier Diez Canseco ¡Presente!” porque afirma que cuando una persona muere queda en lo que recordamos de ella, en lo que hizo, en lo que era.
Y por eso, quizá, pensé en que mucha gente, masas, iban a estar ahí. Pero somos parcos los peruanos. Olvidamos. No nos dejamos conmover por nada. Y cuando en un arrebato mostramos un poco más de emociones que las corrientes, nos avergonzamos y buscamos justificaciones y hasta nos arrepentimos o nos burlamos casi sin darnos cuenta.
Antes de que esto me sucediera, decidí pues escribir esto y enviarlo a los amigos, los de otros tiempos y los de ahora. Todavía tenemos (creo que todos) un poco de corazón de izquierda y de ganas de un Perú con más justicia, más igualdad, menos criollada.
eleana llosa, mayo 2013
Por mi relación con la política conocí de cerca a Javier Díez Canseco, dirigente muy querido entre diversas trincheras por tantos motivos. Desde el hecho de su cojera, pasando por su espíritu amplio, su aparente aspecto serio que sabía combinarlo con una gratuita sonrisa, era un cabal político y un arduo defensor de las causas que consideró justas, todas justas la mayor parte de las veces.
Hoy se ha ido y nos deja un legado que será todo un reto ayudar a encaminarlo y ha ser consecuente como lo supo ser, más allá de dificultades y falacias que pudo haber en su camino, quijotesco en algunos casos y profundamente humano por su opción por los más débiles. Y, como tal, nos ha dejado, al no poder vencer la lucha contra uno de los males de nuestro tiempo, el cáncer.
Es tiempo de reflexionar los pasos hacia adelante, los pasos dados antes, los pasos hacia el costado. Todos somos necesarios para hacer un mundo más humano, todos estamos invitados a la fiesta de la compasión, la solidaridad y la justicia. Que a todos nos inspire, al menos a un buen número.
Guillermo
A continuación, transcribo unas líneas que recibí de un amigo, a propósito de la partida de Javier, muy sentidas por cierto.
Hola Javier:
Una llamada me dice que nunca más te volveremos a ver. Hay un epitafio cerca de la tumba de mi madre que dice “No he muerto, moriré el día que me olviden”. Eso es lo que eres y serás para miles, para millones de personas. Inolvidable. Entonces ¡vives y vivirás! Seguramente muchos tratarán de poner en palabras lo grande que eres, lo grande de tu corazón y de tu fuerza por alcanzar la justicia y el mundo feliz de “Imagine” con el que soñamos. No creo que pueda hacer eso, las palabras siempre son limitadas. Seré breve. Cuando hacía alguna travesura, mi abuela me decía que el alma de los muertos le jalaba la pata a los que se portaban mal mientras dormían. Si es verdad que existe un más allá entonces haznos el favor de jalarle la pata a aquellos que perennizan la injusticia y la desigualdad, esos han hecho mucho, mucho más que travesuras; nos dará mucho gusto que sigas siendo su pesadilla. Si es verdad que existe un más allá entonces son miles los que han salido a recibirte y ya sabes lo que tienes que hacer: siéntate a la izquierda de Dios Padre. Si es verdad que hay un más allá, saluda a Pepe Martínez, a “Pico” Silva, a Crescencio Merma tan socialistas como tu; saluda a Pilar Coll y a Víctor Ramos, también inolvidables; y por favor, abraza y dale un beso a mi madre.
Pepe
05/05/13: Ser Humano: enigmas y posibilidades
Hace poco menos de dos años, el Fondo Editorial de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya y de la Pontificia Universidad Católica del Perú, publicaron el libro de Alberto Simons sj sobre “Ser Humano. Ensayo de Antropología Cristológica”, coincidiendo ambos centros académicos donde labora el amigablemente llamado Cholo. Libro que presenta un itinerario de la reflexión teológica del autor y lo que ha sido su recorrido por diversos temas que han tenido a la base la gran pregunta por la relación entre Dios y el Hombre y el Hombre y Dios, situados a partir de aproximarse a la persona de Jesús.
Es importante detenerse en libros como éste porque nos permiten hacernos preguntas fundamentales a todo ser humano y a nuestra dimensión trascendente, a nuestro sentido espiritual, más allá de las características peculiares que dicha reflexión pudiera tener según cada caso. El hecho es que como seres humanos tenemos cuestiones vitales que nos recorren y de lo cual, el libro en mención nos ayuda a establecer una serie de aproximaciones que abordamos brevemente, en especial en su primer capítulo que es un gran vértice del conjunto del libro.
El autor nos hace ver que todo ser humanos se hace a sí mismo, como género humano y como persona. Que esa es “la gran aventura de la vida”, pero nos causa inquietud. Tenemos miedo a la libertad (E. Fromm), por no asumir nuestra responsabilidad de decidir y tomar la vida en las propias manos; o nos da miedo el pensar por nosotros mismos. O no sabemos amar, no nos atrevemos a salir del propio yo (de nuestra propia limitación).
En ese sentido, se sitúa el significado de ser “humano” en “atreverse a pensar por sí mismo (inteligencia), decidirse a tomar la vida en las propias manos (libertad - voluntad), resolverse a amar (afectividad), tener que ir realizando su propia vida (temporalidad - historicidad), compartir la vida con los otros (sociabilidad), ser lo que se quiere, puede y debe ser en autenticidad y coherencia (eticidad) e ir más allá de sí mismo (trascendencia)" (p.38). Algo como lo que Pascal nos dice que el hombre desborda infinitamente al hombre.
Por eso, el ser humano, más que un tema es un problema, un ser problemático. Porque es una especie biológicamente inconcluso, incompleto. A diferencia de otras especies que nacen con un código de comportamiento genético ya determinado, los seres humanos nacemos inconclusos. Pasamos del útero materno al útero socio cultural, sin el cual no podríamos subsistir; desde éste último termina de hacerse, de realizarse, y lo hace conviviendo con los demás; pues se corrobora que el ser humano se enseña y se aprende.
Ello es una ventaja en tanto nos obliga a desarrollar nuestra inteligencia, libertad, afectividad, sociabilidad, etc., por lo cual nos hacemos personas. Por tanto, cada ser humano es un proyecto de vida, lleno de enigmas, sentidos y significaciones posibles, potencialidades diversas. Tenemos la posibilidad de elegir entre una gama de posibilidades de ‘ser’ que se nos presentan; contamos con la facultad de cambiar y sabemos que podemos ser diferentes. Podemos trazar distintas rutas.
En realidad, somos un enigma para nosotros mismos. Caminamos en tensión y riesgo, entre lo posible y lo real. En parte, ello nos ayuda e impulsa a conocernos a nosotros mismos, el medio que nos rodea y el modo de relacionarnos y de vivir. Por tanto, es importante aprender a vivir con esa dimensión de misterio, donde sólo es posible ofrecer pistas y reflexiones no definitivas.
El enigma del SH es una riqueza que nos hace crecer y salir de certezas engañosas. Hay que convivir con el enigma que somos, lo cual nos remite a lo más profundo y verdadero de nosotros mismos. Algo así como convivimos con el enigma del amor, del tiempo o de la muerte. ¿Quién puede decidir fehacientemente sobre éstas dimensiones? Por ejemplo, por qué a veces los mejores se van más rápido, como muchos sentimos la partida de Javier Diez Canseco, político y persona cabal. Cuestiones que tendrán respuestas que nunca nos dejarán del todo satisfechos.
De otro lado, Alberto Simons nos aproxima a la humanidad de Jesús, para intentar ver desde allí el sentido y dimensión más cabal del ser humano. Se nos invita a hacerlo sin prejuicios o esquemas previos, para no convertirlo en un Dios disfrazado de hombre o en un ser mitológico. Es clave imaginarnos a Jesús como un hombre cualquiera que lo fue. Con los mismos sentimientos que podemos experimentar todos. Algunas veces cansado e irritable, otras veces, tratado como un orate o agitador; expresa los conocimientos religiosos de su tiempo y de ninguna manera era un personaje ‘omnisciente’, que lo conoce todo. Igual en todo a nosotros (a todo ser humano) menos en el pecado. Asumió todo lo propio de nuestra naturaleza, incluido la ignorancia o el error.
Debemos, por tanto, salir de imágenes sesgadas de Jesús, como son (1) el verlo sólo como un ser humano y nada más; (2) verlo sólo como un ser divino, igual a Dios; o (3) verlo como a un ser mitológico, mitad hombre mitad dios. Y ninguna de ellas es lo más válido. El autor nos invita a acercarnos a Jesús tal cual es y ver qué nos descubre sobre nuestro propio ser. Por tanto, un buen modo de hacerlo (tarea nada fácil) es haciendo el camino de sus propios discípulos. Viendo a Jesús primero como un ser humano igual a uno e ir descubriendo de a pocos su riqueza, su trascendencia y todo lo que él encierra como ser humano y sentido divino.
Con Jesús nos confrontamos con alguien con quien encontrarse y descubrir un sentido a la vida. Más que un ansia de saber de él, compromete toda nuestra existencia. Por eso, nuestro sentido de búsqueda e insatisfacción en la vida muchas veces nos ubica en la periferia, en las fronteras de nuestro sistema, situándonos en querer ir más allá de nuestras propias “instalaciones”. Así como también se situó Jesús en su tiempo.
El misterio del hombre y el misterio de Jesús podrían considerarse muy cercanos y, quizás, el mismo en el fondo. Según cómo entendemos el sentido del misterio. Ya que no sería tanto lo inexplicable o lo que no podemos conocer. Más bien, se trataría de “aquella plenitud que nos desborda y no podemos abarcar, explicar o disponer, pero que al mismo tiempo nos posee y, de alguna manera, nos penetra porque constituye la verdad profunda de nosotros mismos y de nuestro mundo, y nos da sentido y significado” (p.46). Es aquello que expresa sin agotar nunca todo aquello que expresa.
Terminamos estas breves notas mencionando que tomar en serio la humanidad de Jesús es clave porque ser cristiano significa ser como él y ello no podría ser si su humanidad no fuera (o hubiera sido) como la de todos nosotros. Es más, como nos lo recuerda Karl Rahner, justamente es en la humanidad de Jesús que se revela su propia divinidad.
Guillermo Valera
Magdalena, 5 de mayo 2013
Salía a paso apurado de la estación central del Metropolitano, rumbo a la Iglesia de la Recoleta, en la Plaza Francia, donde se iniciaría minutos más tarde la misa por el día del trabajo. Era viernes 27, cerca de las 7 de la noche y el flujo de gente era bastante considerable.
De pronto escuché que alguien, al pasar a mi lado, intentó llamar mi atención y siguió de largo. Casi por instinto, de sentir a alguien conocido, me detuve y pude alcanzar a ver que se trataba de un viejo amigo, de esos que conocí en la política y siempre me lo encuentro en eventos de ésta naturaleza, por distintas razones, siempre fiel, ya desgastado por los años y los vaivenes que traen éstas actividades, una persona muy amigable y agradable.
¿Para dónde bueno? ¿No te quedas para la misa por el día del trabajo? No, ya estoy de salida y me voy para casa (se dirigía a Miraflores). Cómo es, ¿no? Antes por el día del trabajo y de los trabajadores hacíamos mitin, una marcha, ahora se hace una misa… cómo han cambiado los tiempos. No lo decía burlándose, más bien con el deseo de marcar los tiempos distintos, las valoraciones, la misma realidad del trabajador y del mundo del trabajo ha cambiado tanto.
Nos despedimos de buen gusto, deseando que le fuera bien en la difícil Municipalidad de Lima donde chambea como asesor. La cosa esta verdaderamente complicada porque ahora somos minoría, aunque con todos los de la confluencia y la política de buena vecindad del PPC, la cosa aún es manejable. Pero la cosa se nos ha puesto difícil, pero no hay desafío que no se pueda abordar y felizmente nuestra Alcaldesa está más fortalecida que nunca; pese a los inconvenientes, ella volvió casi a nacer políticamente con el triunfo parcial logrado.
Ya en la Eucaristía, el padre a cargo de la homilía se encargaría de recordarnos los cambios de que ha sido efectivamente el mundo del trabajo y todo lo que se ha desandado en derechos laborales y sindicales, las diferenciaciones que se han generado entre capas bien remuneradas y en condición estable respecto a nuevas generaciones de trabajadores que la pasan de modo más limitado y en condiciones de movilidad bastante marcadas. Migrar de trabajo cada cierto tiempo se ha vuelto no sólo común sino hasta deseado, como una forma de aprendizajes diversos y de no “aburrirse” haciendo lo mismo.
Sobre el trabajo, valorar el trabajo y a los trabajadores que somos todos aquellos que vivimos de nuestra actividad profesional, de lo que sabemos hacer en términos honestos y sin apropiarnos de lo ajeno, es algo que debemos de considerar como significativo. Como se verá, hasta el origen de trabajador que estuvo normalmente asociado a obrero, ya ha sido superado por la historia. Para pasar a ser un concepto más amplio, aunque sin perder de vista a los más desfavorecidos en el mundo del trabajo, a quiénes tienen menos conocimientos, menos recursos, menos oportunidades, por las razones que sean, hasta raciales o geográficas, porque ser considerado indígena o vivir alejado de Lima o de una ciudad más o menos importante también es causa de discriminación subliminal o abierta.
Creo que desde ahora en adelante ya no dejaré pasar éste día como uno de los de mayor significación del año, casi como nuestro cumpleaños. El día que nacemos celebramos la vida que se nos dio y que tenemos la alegría de continuar y de crecer en ella. El día del trabajo en realidad nos invita a celebrar el que cada ser humano tenemos la capacidad de hacernos a nosotros mismo y de valernos por nosotros mismos, por intermedio del trabajo que realicemos cada uno, del modo como generemos nuestros ingresos o reproduzcamos nuestra sobrevivencia elemental (que supone alimentarnos, vestirnos, tener un lugar de habitación, preservar nuestra salud, educarnos y un largo o corto etc., según el caso.
Alegrémonos por el día del trabajo, festejemos la vida que descansa también en nuestras propias manos y posibilidades, con humildad y sentido profundo de la dignidad de cada persona. Que éste día sea motivo de conciencia solidaria con quienes nos rodean, nuestra familia, vecindario, región o país. Por supuesto, con nuestro entorno laboral, el que corresponda. Que sea motivo de preguntarnos, cómo nos compromete a cada uno, cómo estoy comprometido con cada uno de los circuitos por donde circulo a diario y, probablemente, me detengo poco o nada, sigo de largo para no “perder el tiempo” o no saber “escuchar”. Buen día del trabajo y un abrazo a todos/as los que nos sentimos y somos trabajadores.
Guillermo Valera Moreno
Magdalena del Mar, 1 de mayo de 2013
28/04/13: ¿Conocemos Lima?
Muchas veces creemos que conocemos algo o a alguien y, de pronto, descubrimos que no era tan así y que damos por supuestas muchas cosas o elementos o situaciones o etc.
Algo de ello nos ocurre con Lima. Sí, Lima, la capital de nuestro Perú, la misma que alberga ya alrededor de 8 millones de habitantes y que encierra un índice de TBC superior al que tiene Haití. O que uno de sus distritos (Pachacamac) resulta que es el de más bajo índice de desarrollo humano (IDH) de todo el país. Pero, ¿cómo puede ser? A veces pensamos que lo peor está en las lejanías de la sierra y selva y, ciertamente, en dichas zonas hay mayores dramas acumulados. Pero Lima también encierra los suyos y eso es, entre otras cosas, lo que nos hace ver el hace poco aprobado “Plan de Desarrollo concertado de Lima al 2025”, elaborado por la Municipalidad de Lima Metropolitana, bajo la conducción del Dr. Henry Pease.
Pero Lima no llama la atención por sus estadísticas. En ella podemos encontrar tan diversos contrastes y cambios ocurridos en los últimos 30 ó 40 años que debieran hacernos reflexionar y plantearnos si verdaderamente los limeños (o mejor dicho, todos los que vivimos en Lima), conocemos realmente Lima. Por ejemplo, uno se puede dar con la sorpresa que alumnos de colegio o ya egresados nunca han visitado el centro histórico de Lima o no conozcan el mar. Cosas como esa nos hace recordar la novela de García Márquez en Cien años de soledad, cuando se admiraba la gente con ese gran acontecimiento de conocer el hielo.
No digamos qué tanto hemos tenido oportunidad de recorrer Lima para tomar el “pulso” de su dimensión y crecimiento. O qué tanto sabemos de su historia e identidad. ¿Nos suena quién fue Taulichusco? ¿De dónde viene el nombre de Lima, el mismo que es autóctono y no importado como el sobrenombre de “ciudad de los reyes”? ¿Desde cuándo y qué genera en Lima ese desborde popular del que nos habla José Matos Mar? O por qué tenemos que sentir la necesidad de pensar en el país cuando reflexionamos desde Lima los problemas que nos acontecen y no nos damos la pauta de situar su debida problemática en las dimensiones que corresponde.
En fin, son varias las reflexiones que nos suscita el intentar establecer la mirada de Lima que nos haga salir de nuestro localismo específico desde la cual pretendamos mirarla y, a la vez, darnos una perspectiva adecuada que nos circunscriba a lo específico de su dimensión metropolitana o de región (que también tiene ese estatus legalmente establecido) y no saltarnos defrente a lo “nacional”. Para muchos que empezamos a detenernos a pensar Lima nos suscita una serie de reflexiones similares, dejándonos entrever que Lima, entre otras cosas, es una realidad por descubrir y una convivencia por construir. Que necesitamos conocer la globalidad que es Lima, como conjunto, para poder abordar mejor lo que podemos hacer por ella en su complejidad y posibilidades que ella nos plantea.
Necesitamos trabajar más una identidad común como Lima, tomando conciencia de la Lima que se está haciendo y colaborando a construir con nuestra manera de involucrarnos en ella o nuestra simple omisión. Después de todo, Lima es una ciudad que ha crecido al impulso de sucesivas invasiones desde los años 40s. del siglo pasado y ha vivido de pulsiones que se han impuesto y han encaminado su crecimiento, pasando por las distintas formas de emprendimientos, desde los más ambulatorios hasta los que han logrado un éxito mayor y sostenido en los mercados, la industria, los servicios diversos, etc.
Es muy importante pensar en cómo generamos (o se puede ayudar a generar) conexiones y articulaciones entre los diversos sectores, problemáticas y zonas que comprende Lima, sintiendo que son ya varias ciudades encerradas en un mismo contorno territorial, donde suelen colisionar intereses diversos, experiencias, riqueza pluricultural, desigualdades y otras varias constantes. Cómo es posible enfrentar temas y problemas comunes que, tales como la seguridad, la salud, el transporte, la pobreza, el medioambiente y una larga lista, pueda ser atendida con la debida intervención y concurrencia de los municipios, el gobierno central, las empresas, las iglesias y la sociedad civil más en general.
Que nuestra capacidad de soñar centrada en Lima como especificidad pueda ayudar a pensar mejor el país, en tanto diversidad y motivación por lo propio de cada región y su itinerario de identidad, presente y posibilidades. Que nuestra capacidad de amar y soñar nuestro país nos ayude a situar mejor que Lima no es el Perú pero que el Perú también es Lima con sus propias particularidades y propósitos.
Guillermo Valera Moreno
Lima, 28 de abril de 2013
24/03/13: Vivir una Iglesia austera
Empezamos muchos a reconocer que en la elección reciente del nuevo Papa Francisco, ha soplado realmente el Espíritu. Fue bastante pronto el consenso alcanzado y debió ser que la mirada centrada en el Cardenal Jorge Mario Bergoglio, condujo a no poder dudar de su carácter profundo de pastor y servidor de nuestra Iglesia.
Es probable que estemos ante un Papa que no se preocupará por escribir más encíclicas sobre diversos puntos vitales de nuestra Iglesia. Parece que ya tenemos bastantes. Es más, con todo lo trabajado y avanzado en Vaticano II hay mucha materia que no se ha rumiado lo suficiente o siquiera se ha considerado para términos prácticos. Y ya han pasado 50 años, los suficientes como para empezar a poner el tono más en los gestos y acciones prácticas que nos hablen más de Jesús por ellas mismas que por discursos que no terminan de concretar las cosas.
El Papa Bergoglio, expresa de por sí una Iglesia con otra mirada, menos eurocéntrica, situada desde otra realidad como es la latinoamericana. Nos dice mucho, sólo empezando por el nombre con el que decidió identificarse, con lo cual ya nos dio muestra de lo que nos quiere comunicar y a lo que aspira con la responsabilidad que tiene entre manos. Debemos construir una iglesia cercana a los más pobres, una iglesia sencilla como nos enseñó Francisco de Asis. Una Iglesia que se construye desde abajo y que no quiere ostentar nada que no sea su sentido de servicio y caridad.
De hecho, parece estar muy presente en nuestro nuevo Papa, un sentido de servicio más que de jerarquías; de saber hacernos los “últimos” y no sentirnos los “primeros”. No sólo como discurso y menos como pose. Hay en él un enorme sentido de vida y un llamado a su vez a vivir un estilo de vida, como Jesús nos enseñó. A encontrar en ese modo de vivir lo importante, lo significativo, lo indispensable. Y poco más o nada más. Claro, en un mundo que siempre nos incentiva al consumo, a tener más, a acumular poder, a competir sin importar qué pasa con el “resto”… no debe de extrañarnos, aunque sí hacernos muy conscientes que es de eso “mundano” que tenemos que ser contraculturales, como contracultural fue Jesús en su tiempo con lo “mundano” que le tocó vivir.
La gran fuerza que puede tener un Papa como Francisco I será que si encontramos verdad, cercanía a Jesús, justicia en lo que nos propone, autenticidad de buen pastor y tantos detalles… Tendremos entonces que secundarlo en todos los niveles de nuestra Iglesia para hacer verdad los gestos a los que nos vaya invitando a vivir y hacerlos vida cada uno de quienes nos reclamamos cristianos, como sentido estilo de vida por el cual queremos seguir a Jesús desde el lugar que a cada uno le corresponda. Tenemos que empezar desde ya.
Como ya hemos señalado. El primer tema planteado es la del llamado a vivir una Iglesia austera, con humildad y sencillez de contenidos. ¿Cómo lo hacemos carne no sólo desde las instancias jerárquicas que corresponda? Más importante será el cómo podemos vivir ello desde nuestro quehacer de laicos, desde cada una de nuestras comunidades y testimonio individual que nos toque. Por favor, no se trata de discursos. Si algo hemos indicado es que nos vamos a ver confrontados a gestos; y gestos profundos que nos inviten a replantear nuestra propia forma de vivir.
Por ejemplo, si queremos una iglesia más laical, los laicos tendremos que dar un mayor testimonio de sí como iglesia. No para ser “cruzada” de nada, como en tiempos medievales ya transcurridos. Si queremos humildad en nuestra Iglesia tenemos que ser capaces de expresar dicha humildad con nuestra vida y la de nuestras organizaciones. Si queremos representar servicio, tenemos que hacernos auténticos servidores, en el nivel que nos competa. Porque desde allí podremos encarnar un camino de renovación que siento con mucha esperanza que está empezando. Desde ya Benedicto XVI señaló un camino posible con su renuncia y la necesidad de cambios.
Tenemos fe que con Francisco I nos abriremos a un sentido renovador de la pastoral de nuestra Iglesia que, como se recogió en Aparecida, implique “la promoción humana y la auténtica liberación ‘sin la cual no es posible un orden justo en la sociedad’.” (A: 399). La renovación de la Iglesia tiene que ser tarea de todos y saber descubrir cada cual el gesto que está llamado hacer a su nivel, tanto individual como comunitariamente.
Guillermo Valera Moreno
Magdalena del Mar, 24 de marzo de 2013
Es bueno mencionar que en Lima estamos ante un desafío político que nos ha hecho conocer lo que puede ser la impotencia; el saberse con la razón y no ser aceptado por la gente, por distintas razones. Ello le ha sucedido a nuestra querida Alcaldesa Susana Villarán, quien siendo una persona muy honesta y proba, con niveles de eficiencia superiores a quienes han pasado por la casa municipal en los últimos lustros, no ha logrado convencer a la población.
No obstante, ella no se ha echado para atrás ni a tirado la toalla. Se propuso salir al frente con su verdad y encarar a quienes con todo descaro han querido valerse de testaferros para conseguir réditos políticos, siendo el tren del Señor Castañeda Lossio, el Apra y el Fujimorismo el que ha terminado empujando dicho propósito. Y allí está la cosa disputándose, como algo que no se consigue fácil, pero que más allá del resultado final del domingo 17, nos dará serias lecciones de política.
Lo primero es que todos debemos saber respetar las reglas de juego de nuestra democracia en construcción, todavía débil y necesitada de crecer en institucionalidad, liderazgos y organizaciones más sólidas. Por ello, ya se ganó en éste propósito, porque se aceptó los términos de la legalidad establecida para una situación de revocatoria, pero nos ha hecho conscientes que una medida así debe también ser replanteada más adelante para garantizar que no se “juegue” a revocador quien pierde las elecciones, muchas veces sin razones consistentes de por medio, tal como se ha demostrado en el caso que comentamos (y la inmensa mayoría de casos equivalentes).
Lo segundo es hacerse consciente que los sectores más pobres siempre son más sensibles a cambios de fondo si no se explican e involucra debidamente, o no se actúa planteando complementos y compensaciones. Donde se sienta y se vea un poco más visible los beneficios y metas. Aun así, es difícil, porque se lucha contra grupos y redes de poder muy enquistados e intereses muchas veces corruptos. Como lo son los casos del transporte, comercio mayorista, seguridad y otros temas.
Lo tercero es que establecer consensos y concertación de intereses diversos, ya ha tenido su primer fruto en Lima con el Plan Regional de Desarrollo Concertado de Lima Metropolitana (www.planlima.gob.pe), aprobado hace pocas semanas. Dando muestra de un camino y una opción de trabajo, muy de la mano con sectores de la población organizada. Ello tiene que saberse trasladar al plano de la opinión pública y de quienes piensan diferente, justamente para buscar convencerlos y para entender también sus razones.
Por ello, es también significativo que la propia Alcaldesa pueda reconocer errores y aceptar que haya gente que quiera votar en su contra y discrepar con ella y su gestión municipal. Pero diferenciándola de quienes están a la cabeza de la revocatoria, quienes como Marco Tulio Gutiérrez terminan siendo una vergüenza para la política. Ojalá ello también lo valore la población al momento de votar, porque están en juego formas muy distintas de hacer política y nos toca crecer, madurar, intentar hacer las cosas mejor.
De allí que desde la Mesa de Movimientos Laicales, en la cual se reúne un conjunto de 8 movimientos y comunidades (EDOP, UNEC, JOC, MTC, CHC, MPC, MIAMSI y CVX), le dirigimos una carta personal a Susana. Reconociendo su esfuerzo en el campo de la política y la función pública, tal como nos lo pide el Documento de Aparecida (DA 75, 79, 174). Le decíamos de corazón que su gestión no estaba exenta de errores; pero reconocíamos su valor en enfrentar problemas de fondo, pese a que fueran impopulares. Le manifestamos nuestro aprecio como mujer honesta y con sentido ético.
Porque creemos que es posible hacer política limpia, transparente, y en el que el bien común esté por encima de intereses personales y de grupos de poder, teniendo siempre presente las palabras de Jesús “sean astutos como las serpientes e inocentes como las palomas.” (Mt. 10,16b). Le pedimos que no desmayara en el esfuerzo por llevar adelante su responsabilidad, considerando que es de justicia que terminara su mandato para el cual fue elegida democráticamente. Y que contara con nosotros.
Creemos que ello nos invita a que todos, desde diversas tareas, nos comprometamos a garantizar un proceso electoral limpio. Por ejemplo, participando como personeros en todas las jurisdicciones previstas de votación. Siendo respetuosos de los argumentos de quienes piensen que es mejor votar por el Sí, sin dejar de expresar nuestro propio punto de vista. Atreviéndonos a invocar y llamar públicamente a votar por el NO, marcando las 40 veces NO en la cédula de votación, éste domingo 17. Así, otras tareas.
Guillermo Valera Moreno
Lima, 09 de marzo de 2013
El pasado lunes (25 de febrero de 2013) se tuvo con la CVX El Agustino un conversatorio buscando precisar los temas que serían más de interés de todos para abordar en el presente año. Fue interesante que de dicha conversación se plantearan puntos hasta en tres dimensiones temáticas, las cuales compartimos por establecer pistas de trabajo que pueden ser útiles para otras comunidades.
Dichas dimensiones se ubicaron en torno a lo que podemos llamar como el ámbito de la espiritualidad, la labor comunitaria y lo relativo a “justicia y país”. De cada uno hemos recogido en forma resumida 2 a 3 temas con los detalles que nos parecieron más saltantes.
1. Sobre Espiritualidad. Se precisó hasta dos temáticas:
a) Discernimiento y Ejercicios Espirituales. Se planteó la expectativa de conocer más teóricamente al respecto, aunque se vio que lo recomendable era hacer cada uno/a la experiencia de Ejercicios, profundizando desde allí su mejor entendimiento y a qué nos llama el Señor en cada caso. Recibiéndolo como algo que nos nutre y fortalece constantemente; lo cual nos da la posibilidad de hablar un mismo lenguaje. Ver opciones desde la oferta del Centro de Espiritualidad Ignaciana – CEI u otras que se valoren desde el mismo Núcleo.
b) Fe y Espiritualidad. Hay la preocupación sobre cómo transmitir a los demás la propia fe o la continuidad de procesos con quienes se tiene la experiencia de preparación para el bautizo, la confirmación u otros sacramentos. Surgían las preguntas sobre cómo ahondar y crecer en la propia fe; cómo motivarlo mejor en los hijos y en las personas cercanas.
c) La humanidad de Jesús. A propósito de cómo nos relacionamos; nuestros juicios sobre los demás; nuestras propias limitaciones. Sobre la humildad. Vida de Ignacio. El amor de Dios en nuestras vidas, cómo va calando.
2. Sobre labor comunitaria. Se puso de relieve los siguientes temas:
a) Identidad y formación en CVX. Se propuso tanto lo vinculado a los “450 años de las comunidades laicas ignacianas”, así como recordar o profundizar temas vinculados a “Nuestro Carisma en CVX” y los “Principios Generales”.
b) La misión en CVX. Se cuestionó sobre cómo trabajar mejor la misión y recrear lo que ya hacemos en el Núcleo, vinculado a colaborar con la vida espiritual de la parroquia y la labor con jóvenes. ¿A qué nos llama y alienta? También se hacían las preguntas sobre cómo trabajar con adolescentes, niños y jóvenes y qué más se puede hacer por ellos; o preguntas sobre labores a desarrollar con enfermos.
La importancia de dar sentido de misión a toda nuestra vida. Ayudarnos haciendo revisión de nuestra vida personal en comunidad y, desde allí, lo relativo a la misión. Importante de vincularlo a las “fronteras”, a las que nos sentimos llamados hoy como CVX local, nacional y mundial. Todo ello vinculado a cómo se nos ve por otros. Llamados a vivir la misión “en el corazón del mundo”.
c) Compromisos en CVX. Temporales y definitivos. Cómo crecemos como cristianos y su vínculo a la espiritualidad ignaciana.
3. Sobre justicia y país. Mirado desde la pregunta central que le hace Jesús a Pedro: “Pedro ¿me amas? Apacienta a mis ovejas.”
a) Memoria y perdón. A propósito del 10mo aniversario del informe de la CVR. También vinculado al sentido de perdón / sanación que nos plantea el libro / película “Los Miserables” (especialmente en esa escena del ladrón que es “rescatado” por un obispo, quien le da hospitalidad y obra de modo generoso).
b) Dolor y sufrimiento. Vinculado a la vida de la Virgen María.
Alrededor de todo lo mencionado, se pueden precisar los puntos de mayor interés, ya sea para ser tratados a nivel del Núcleo CVX o lo que cada comunidad pequeña decida profundizar en su nivel.
Guillermo Valera, Asistente del Núcleo CVX El Agustino
3 de marzo de 2013
23/02/13: Que sople el Espíritu
Aunque puede haber pocas cosas que dan lugar a sorpresa desde el Vaticano, las suele haber. A veces para mencionar una nueva encíclica o viajes del Papa; algunas para señalar situaciones incómodas de juegos de poder (los asuntos bancarios rondan muchos de éstos casos) o errores y temas más espinosos que se convierten en escándalo (como los casos denunciados de pedofilia).
Gestos mayores suelen venir de modo más incierto. Quizás el más recordado en el último siglo fue cuando el Papa Juan XXIII tomó la iniciativa de realizar el Concilio Vaticano II, ante el escepticismo de muchos cardenales y la expectativa de otros tantos. Fue realmente una decisión histórica, acorde a los tiempos que se vivían y un intento serio de poner a tono y actualidad a nuestra Iglesia Católica. No discutimos acá lo que se avanzó o dejó de hacerse después de 50 años. Lo cierto es que se dejó huella, se marcó camino, se quiso vislumbrar horizonte y sentido de los signos de los tiempos.
Hoy, dos días antes de iniciarse la Cuaresma, marcando la intensidad del inicio de la semana, se nos sorprendió con la renuncia del Papa a su cargo, cuestión que creíamos irrenunciable, quizás como varias cosas que en la Iglesia aparecen con carácter de inmutable (e incluso dogma) y nos damos cuenta que son cosas que se pueden cambiar. Que así como esta hoy establecido que un Papa es elegido de por vida al cargo, ello no tiene por qué ser necesariamente así y podría variarse incluso a una elección más periódica, regulada e incluso participativa (de los fieles laicos, por ejemplo).
Benedicto XVI nos ha señalado que, con su renuncia, quiere ante todo el bien de la Iglesia. Sabiéndose con menos fuerzas para conducirla y la de poder ser un verdadero gestor y pastor. Por tanto, nos marca un sentido muy significativo y podría también interpretarse –ojala- como un hito que desarrolle cambios en otros aspectos.
Primero, por el hecho de saber delimitar el propio cauce y medir las propias fuerzas, poniendo por delante el bien de la responsabilidad que se ejerce, más aún, si se trata de un nivel tan importante o trascendente. Por tanto, saber y poder decir “hasta aquí” y doy lugar a otro/a.
Lo segundo es que nos plantea que la gestión de la Iglesia no puede seguir arrastrando ese concepto monárquico del ejercicio del cargo (de por vida). Que las cosas se pueden gestionar de otro modo, con otros plazos y conceptos. Por tanto, que un concepto como la renuncia al cargo puede ser válida. No sólo para un caso de excesiva edad sino como norma regular que pudiera considerarse de renovación en los cargos; no sólo a nivel papal sino en los diversos niveles que pudiera corresponder. Por ejemplo, ¿por qué los obispos y cardenales son electos de por vida? ¿No sería mejor que tuvieran una durabilidad, por decir de 10 años, quizás renovable?
Lo tercero está en que nos da luz para considerar que muchos temas considerados inmutables (o incluso algunos considerados como dogmas), por el bien de la Iglesia, podrían cambiar y reconsiderarse a una mirada más actual, más profética, más de Jesús. Comenzando por recordar que la Iglesia la formamos todos los fieles y no lo es sólo la jerarquía o los templos. Siguiendo por el hecho, varias veces venido a colación, de la participación de la mujer en el sacerdocio o los cargos de responsabilidad de la jerarquía. Continuando por el rol de los laicos y el modo de ser iglesia de Jesús, desde experiencias de comunidad, sensible a los problemas de la gente, compasiva, cercana a los jóvenes y a todos los seres humanos, capaz de dialogar con el diferente y aprender de ellos y respetar lo propio de cada cual. El propio tema del celibato y la manera de ser pastores en nuestra Iglesia.
Lo cuarto es que nos desafía a todos en la Iglesia a asumir cada quien la responsabilidad que le corresponde, anteponiendo el diálogo y la unidad, dejando siempre que sople el buen Espíritu. Sabiendo situar el vínculo de fe y vida desde lo que somos y hacemos, llamados a intentar vivir como Jesús, confiando en él, construyendo con él. Para el caso de los Jesuitas, el Padre General (Adolfo Nicolás) recordaba el encargo recibido de “alcanzar aquellos lugares físicos y espirituales a los que otros no llegan”. ¿Cuáles son las fronteras, exigencias y gratitud desde las cuales nos toca vivir nuestro propio seguimiento de Jesús? Cada cual, personal y comunitariamente, a qué le toca responder.
Puede parecer extraño, pero de un hecho -a la vez- tan poco casual e inusual, podemos situar muchas pistas que, ojalá, con la elección del nuevo Papa, se marque un derrotero de lo que Benedicto XVI nos deja sugerido o en la libertad de interpretar. Que sople el Espíritu.
Guillermo Valera Moreno
Magdalena del Mar, 23 de febrero de 2013
17/02/13: Crecer desde lo sencillo
Recordamos también que se nos invita a sintonizar con la próxima asamblea mundial a realizarse en Beirut la primera quincena de agosto, con el sentido lema “desde nuestras raíces, hacia las fronteras”. El cual nos habla tanto de saber reconocernos en nuestros rasgos de identidad y el camino recorrido a lo largo de 450 años de experiencias de comunidades laicas ignacianas (ya fuera Congregaciones Marianas, CVX u otras expresiones). Fue importante pedirle al Señor para que, desde nuestra comunidad, hagamos consonancia en ello, profundizando de modo especial en saber crecer como cuerpo apostólico, como cercanos seguidores de Jesús.
Tuvimos momento para hablar de planes y actividades. Fue propicio recordarnos que hay cuestiones vitales que son necesarias siempre de tomar en cuenta, para saber que nos situamos en el sendero que corresponde. Empezando por valorar el espacio de la misma reunión comunitaria que, para nuestro caso, es de regularidad semanal; importancia que se da en varios aspectos, en tanto nos sirve para “recargar pilas” fecha a fecha; tocar temas de formación, revisar nuestra vida, ver temas de actualidad, entre otros aspectos. Porque si queremos que la comunidad le ayude a dar centralidad a nuestra vida, no podemos más que aprovecharla todo lo que podamos.
Volvimos a poner de relieve lo necesario que es hacernos parte de la Eucaristía comunitaria (todos los integrantes). Es el momento de celebración por excelencia y en ella buscamos (o debemos buscar) hacer vida aquello de que la Eucaristía debe ser el centro de la vida comunitaria. Dentro de la formación vimos lo importante de tomar en cuenta ejes y temas de formación para el año, desde los cuales ordenar éstas necesarias acciones, de la mano con la experiencia de los Ejercicios Espirituales, los cuales son clave para profundizar y comprender la vocación y experiencia en CVX. En nuestro caso, abordar el libro sobre “Ser Humano” (de Alberto Simons sj, nuestro asesor) tendrá éste año una especial atención.
Desde allí intentamos ver cómo el Señor nos invita cada año a renovar nuestro ser CVX, a buscar amar de modo creativo y de acuerdo a las nuevas circunstancias. A vivir en el buen Espíritu que Él nos enseñó, a saber cultivarnos y a saber descubrir en nuestra vivencia comunitaria un modo de ser Iglesia y una vocación exigente de testimonio en ser hombres y mujeres para los demás con todo lo que ello significa y nos trae como consecuencia de vida.
Para situar mejor todo lo anterior, fue muy oportuna la homilía de nuestro Asesor (en torno a la humildad), intentando hacernos ver que todo lo que somos y hacemos tiene sentido en Dios y su amor revelado especialmente a través de su hijo Jesús. Que la humildad es la forma inteligente por excelencia de aproximarnos y vivir la realidad que nos corresponda a cada uno/a, el modo de ser más fieles al seguimiento y discipulado de Jesús. La manera de no caer en tan diversas expresiones de fariseísmo o individualismo, tan propias a nuestra sociedad actual. La humildad podemos decir también es un buen indicador de madurez en la vida.
En la reflexión que nos dimos (personal y grupal), nos centramos en ¿cómo podemos ir creciendo como cuerpo apostólico en CVX este año a través de los ejes comunitarios y demás actividades previstas? Descubrimos un poco más cómo el Señor actúa en cada uno de nosotros y cómo Dios quiere actuar y requiere de cada uno de nosotros, así como de lo mejor de nosotros. Recordamos que a la base de ello está el DEAE (discernimiento – envío – acompañamiento - evaluación) comunitario y la necesidad de volver sobre él. Valoramos en la imagen de la jirafa una serie de aspectos relevantes para pensar y sentir nuestra misión: tener corazón grande, mirar lejos y con amplitud de horizonte; darnos talla espiritual en lo que somos y hacemos, saber expresar siempre lo mejor de nosotros.
Por último, fue propicio el dar gracias a todos por ser comunidad (de modo especial a cada uno de los integrantes porque cada uno es importante y, por cierto, a nuestro asesor). Dimos gracias por lo mucho que aprendemos cada año, en cada reunión y en todo lo que hacemos juntos y separados desde lo cotidiano. Por ese esfuerzo de crecimiento personal y de aprender a amarnos como somos cada uno, sabiéndonos limitados. Tomando en cuenta nuestro ser y crecimiento comunitario. Guardando equilibrio en el propósito de “ser mejores” y ser sencillos.
Dimos gracias también porque el Señor nos abre mejor los ojos a los desafíos de colaborar en construir un mundo mejor. En buscar hacerlo de modo discernido y maduro, en unión y responsabilidad compartida con la comunidad mundial. Gracias por aprender un poco más sobre la necesidad de darnos sentido de solidaridad, sentido de unidad, sentido de vida sobria, sentido ecuménico, vocación y sentido en CVX, capacidad de discernimiento y sentido de misión en todo lo que somos y hacemos.
Guillermo Valera – Coordinador CVX Siempre
Magdalena del Mar, 17 de febrero de 2013






