“La Comisión de la Verdad y Reconciliación ha concluido que los ciudadanos Carlos Alberto Barrientos Velásquez, Roberto Barrientos Velásquez, Denis Atilio Castillo Chávez, Federico Coquis Velásquez, Gilmer Ramiro León Velásquez, Pedro Pablo López Gonzáles, Jesús Manfredo Noriega Ríos, Carlos Martín Tarazona More y Jorge Luis Tarazona More, fueron víctimas de múltiples violaciones a sus derechos fundamentales, entre ellos la afectación de sus derechos a la libertad y a la vida, cometidos por el destacamento Colina en el distrito del Santa, el 02 de mayo de 1992”, se lee en el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación…”.
Esta semana, los cuerpos de estos nueve comuneros fueron entregados a sus familiares, 19 años después de su muerte y luego de una larga y paciente búsqueda, en una ceremonia cargada de sentimientos. Los fotógrafos Musuk Nolte y Antonio Escalante registraron lo que se vivió en esta localidad, convertida ya en un símbolo contra la violencia del terrorismo de Estado.
El destino del agua y de los recursos hídricos es y será uno de los temas centrales del Perú de los siguientes años. Más aun cuando “el agua es política" y como dice la contra-carátula de un libro recientemente publicado: “fluye en dirección al poder, acumulándose muchas veces en manos de unos cuantos usuarios dominantes o favorecidos”, mientras otros sectores son despojados de su usufructo dando lugar a una distribución injusta que se manifiesta no solo en pobreza, sino que también constituye una grave amenaza para la seguridad alimentaria, la sostenibilidad ambiental, e incluso la gobernabilidad de nuestra democracia.
No puede ser más pertinente la publicación del libro titulado Justicia hídrica: acumulación, conflicto y acción social editado por Rutgerd Boelens, Leontien Cremers y Margreet Zwarteveen (Lima, IEP; PUCP; Justicia hídrica. 2011), y donde Omar Coronel y yo hemos colaborado con el artículo "Conflictos hídricos en el Perú 2006 - 2010: una lectura panorámica". El libro es el primer producto de Justicia Hídrica, una amplia alianza internacional e interdisciplinaria de investigación, capacitación y acción política que conecta estratégicamente la investigación comparativa e interdisciplinaria sobre los mecanismos de acumulación y conflictos del agua. La alianza busca contribuir con la justicia en el tema del agua, produciendo conocimiento y propuestas de políticas democráticas que pueda servir a profesionales del agua, líderes de usuarios y hacedores de políticas. Son miembros de esta alianza universidades, centros de investigación, y ONG de varios países de la región andina y de la universidad de Wageningen, entre ellas el Departamento de Ciencias Sociales y el Departamento de Derecho de la PUCP.
Reunidos en torno a la pregunta "¿Cuál es el balance de los primeros 100 días del presidente Humala?", se reunieron en la PUCP los profesores Julio Cotler, Carlos Aramburú, Alan Fairlie y Santiago Pedraglio. En el video se presentan algunas ideas interesantes para entender cómo se configuran.
Publicado por: apanfic a las 10:02 . Categoría: 2. Política Visto: 290 veces
Comparto además con ustedes esta conversación que tuve con Renato Cisneros en su programa en RPP TV, si bien data de los días previos al partido contra Colombia por la Copa América, lo que planteo allí es analizar en profundidad a los actores de esto que llamamos fútbol peruano: jugadores, entrenador, hincha y prensa deportiva. Espero sus comentarios.
Publicado por: apanfic a las 06:16 . Categoría: 3. Fútbol Visto: 276 veces
Asamblea Universitaria PUCP del 23 de Setiembre del 2011 Fotos: PuntoEdu
Soy miembro de la Asamblea Universitaria en representación de los 14 jefes de Departamento Académico que tuvieron a bien elegirme para esta tarea. Agradezco a mis colegas pares por este honor. La Asamblea, que duró casi 9 horas, tiene sin duda un significado extraordinario por lo que estaba y está aun en juego: se discutió la reforma del estatuto de la universidad trasmitidas por el Arzobispado de Lima. La principal reforma solicitada era que la elección del rector no fuera hecha en forma directa por la Asamblea Universitaria sino por el Arzobispado, y que este tuviera mayor control sobre el contenido académico y las “costumbres” de los miembros de la universidad, entre otras.
La gravedad e importancia del momento se respiraba en el ambiente apenas uno ingresaba al campus. Periodistas en la puerta, personal de seguridad amable pero en un número mayor al usual, estudiantes conversando intensamente en pequeños grupos y miradas serias por doquier. Por ello mientras caminaba a las 10:30 de la mañana en dirección al edificio McGregor sentí una sensación de tranquilidad pero también de responsabilidad por lo que se iba a discutir. Es extraño pero en los últimos días he estado trabajando (como siempre) muchas horas y a ritmo intenso pero todo el cansancio se fue diluyendo conforme me acercaba al edificio. Lo que siguen son mis impresiones del curso de la asamblea sin entrar en las conclusiones ya ampliamente difundidas. Entre estas la reafirmación de la autonomía de la universidad consagrada por la constitución y las leyes peruanas, y la voluntad de diálogo mientras la autonomía académica y administrativa no se vea afectada.
En las últimas horas la comunidad académica peruana esta conmocionada por el escalamiento de la ofensiva ultra conservadora por tomar control de una de las más importantes universidades del país, la Universidad Católica. Como es de conocimiento público esta es una universidad de excelencia académica y que tiene una vocación de aporte a los asuntos públicos del país y donde se han formado y se forman, parte importante de las élites políticas, sociales, profesionales y de sociedad civil del Perú.
Una universidad plural, democrática y tolerante con todas las vertientes políticas, religiosas, y no religiosas. La ofensiva es política y mediática (los principales medios que apoyaron al Fujimorismo estan detrás de esto). Para entender este tema coloco en el blog un informe de la revista Poder del periodista Ricardo Uceda publicado hace pocos años y que hoy adquiere una renovada actualidad.
Publicado por: apanfic a las 03:37 . Categoría: 1. Sociedad Visto: 432 veces
Sabía de la existencia de este video titulado Tarapaqueños Peruanos. Testimonios de su historia; que recoge fotografías y entrevistas en video de compatriotas que sufrieron la política de hostilización y expulsión de sus viviendas por parte de las ligas patriotas chilenas (grupos ultra nacionalistas de corte fascista). Recién ha llegado a mis manos y lo coloco en el blog para los interesados. Los testimonios de don Isidoro Gamarra (sí, el mismo que luego sería presidente de la CGTP), Francisco Ariste, Alejandro Caballero, Josefina Ossio, Juana Duarte, Emma Soto, Olga Chirinos, Manuel Torre, María Luza y otros también señalan que en medio de las agresiones contaron también con la solidaridad y defensa de sus amigos chilenos. Los testimonios también nos cuentan de sus penurias al llegar a Lima y ser incomprendidos por sus propios compatriotas, para finalmente reinsertarse en el país.
Adrián Portugal es un joven fotógrafo con un ojo certero para encontrar en medio de un aparente caos, la belleza de lo cotidiano. Realizó, durante algunos años, el registro fotográfico de una de las más populares playas de Lima, Agua Dulce, allí encontró los personajes más disímiles: fotógrafos que pintaban sus propios paisajes, jóvenes reguetoneros, travestis voleybolistas, familias enteras, enamorados adolescentes y niños frenéticos.
Adrián, quien estudió Comunicación Audiovisual en la PUCP y un posgrado en Documental en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, expuso su trabajo en el Centro Cultural de España bajo la curaduría del artista plático Christian Bendayán. Conversamos con Adrián sobre esta exposición:
Suena duro pero es verdad. El mayor legado histórico del segundo gobierno de Alan García ha sido la liquidación del APRA como un partido de izquierda democrática. Un partido que durante buena parte del siglo XX buscó expresar las demandas de justicia social, desarrollo nacional, e integración de los pueblos que bautizo como “indoamericanos”. Conjunto de Ideales por los que lucharon y murieron generaciones de apristas de toda condición social, y que cohesionaron al partido con mística y sentido justiciero y popular. De allí la certeza con la que se afirmaba que el APRA era el único realmente partido existente en el Perú. Un partido, principios, organización, una hermandad, una familia.
La liquidación del APRA histórico no debe verse solamente en el terreno electoral sino también en el doctrinario y de proyecto político. Es verdad que en el terreno de la representación política electoral el partido se ha derrumbado. Tiene una representación minúscula en el parlamento (4 de 130), ningún presidente regional, y no pudo siquiera presentar candidato propio a la presidencia. Es decir los ciudadanos en su inmensa mayoría no quieren que el APRA los represente en casi ninguna instancia del poder político. Un rechazo durísimo sobre todo si se cree que se ha hecho un gobierno exitoso. Sin embargo lo significativo es la cancelación histórica del APRA como un partido comprometido con el cambio y la búsqueda de la justicia.
En efecto, más allá de las promesas y el verbo encendido, el segundo gobierno de Alan García y la dirigencia actual del APRA han girado sin mayor tapujo hacia los intereses de los grupos económicos y el pensamiento conservador, incluyendo el religioso, renunciando a lo liberal en lo político y redistributivo en lo económico y social. La apuesta por las grandes inversiones ha sido prioritaria incluso por encima de derechos adquiridos por las comunidades campesinas e indígenas, ya sea andina o amazónica. La resistencia a cumplir con la consulta previa como demanda la OIT para autorizar proyectos mineros o extractivos son muestra de esto. Lo paradójico que haya sido un gobierno aprista el que considere a la movilización social y las protestas reivindicativas de los pueblos como resultado de intereses extranjeros y antipatriotas, exactamente la misma acusación que fue esgrimida, entre otras, para declararlo un partido ilegal y condenado a la persecución y la clandestinidad.
Sobre el reciente proceso electoral están circulando varias interpretaciones que buscan explicar sus resultados invocando factores socioeconómicos o culturales, Factores que sin duda han jugado un papel importante en la victoria de Ollanta y en la derrota de Keiko. Sin embargo, en esta oportunidad, quisiera llamar la atención sobre el papel que ha cumplido la “agencia”, las estrategias electorales, y el accionar de los candidatos, que en una competencia tan polarizada y disputada han tenido un papel definitorio en los resultados finales. Estas notas, entonces, buscan recuperar el accionar de la política propiamente dicha.
1. CRECIMIENTO CON INCLUSION
La victoria de Ollanta Humala se empieza a construir cuando su comando de campaña comprende temprano que en el Perú del 2011 no hay condiciones favorables para un cambio radical del modelo económico vigente y que hay que moderarse. En un contexto de crisis profunda (social, política, económica) los individuos parecen estar más dispuestas a buscar salidas radicales o autoritarias que les permitan avizorar alguna solución o un halito de esperanza a una situación de desesperada. La experiencia histórica de nuestros vecinos muestra que Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa, e incluso Alberto Fujimori, aparecieron en situaciones de crisis y obtuvieron un apoyo social muy fuerte que les dio enorme legitimidad y les permitió hacer grandes cambios políticos y económicos.
Esta no es la situación actual en el Perú. No vivimos una aguda crisis económica sino todo lo contrario, un ciclo de crecimiento excepcional que ha duplicado el PBI en una década, ha bajado los indicadores de pobreza (de 44.5% en 2006 a 31.3% en el 2010), pero mantiene los índices escandalosos de desigualdad vigentes desde mediados del siglo pasado. En otras palabras no hay bases materiales para exigir un cambio radical del modelo pero si demandas no satisfechas de mayor presencia del estado (salud, educación, servicios), de respeto a derechos adquiridos, de mayor redistribución de los beneficios del crecimiento, pero sobre todo de mayor inclusión social. Demandas que provienen de las regiones y provincias más pobres e indígenas, pero también de los grupos medios y medios bajos emergentes que la estratificación social actual denomina sectores C y D. No hay que olvidar que muchos de los conflictos sociales que ocurren actualmente en diversas regiones del Perú, no son sino la representación contenciosa de estas demandas no escuchadas por el poder central afincado en Lima.
Los estrategas de Humala comprendieron bien esta situación condensando el mensaje de campaña en el lema “Crecimiento con Inclusión”. En otras palabras cambios distributivos y regulatorios pero sin modificar las líneas maestras del modelo económico. También tuvieron que alejarse raudamente de la influencia de Chávez para buscar cobijo en la admirada experiencia de Lula en el Brasil, una izquierda que manejó la economía con una orientación de centro derecha y los ministerios sociales con orientación de izquierda.
2. ALIANZAS ELECTORALES
La estrategia de Humala el 2011 también contó con una lectura acertada de lo ocurrido en las elecciones presidenciales del 2006, donde su candidatura irrumpió con fuerza y casi gana la presidencia, para 4 meses después su partido ser derrotado estrepitosamente en las elecciones regionales y municipales. El ascenso y caída del nacionalismo el 2006 se explica porque en una sociedad con alta fragmentación política (predominio de los partidos locales sobre los partidos nacionales), la candidatura de Ollanta logro cohesionar transitoriamente a un sinnúmero de grupos, redes y movimientos de numerosas sociedades locales. Sin embargo, una vez que la posibilidad de éxito en las presidenciales se diluye la identificación se quebró y los cálculos personales y de grupo se impusieron en las elecciones regiones.
Extrayendo las lecciones de esta experiencia los estrategas de la campaña del 2011 decidieron no presentar candidatos propios a las elecciones regionales y provinciales, que en esta oportunidad se desarrollaron primero que las presidenciales, para no verse expuestos a patrocinar candidaturas perdedoras preservando de esta manera la imagen de nacionalismo. Hay que reconocer que cuando esto sucede muchos no entendimos esta decisión que, además, para ser justos fue muy similar a la de otros partidos nacionales. La decisión de no presentarse tuvo otra ventaja: identificar en todo el territorio nacional los movimientos y partidos locales y regionales con mayor apelación electoral en sus respectivas jurisdicciones.
Una vez identificados estos actores locales, el nacionalismo desarrolló con ellos una paciente estrategia de construcción de alianzas que le permitiera superar la fragmentación, canalizar sus votos hacia la candidatura de Ollanta, y darles un lugar en las listas parlamentarias. Tengo entendido que este no fue un proceso fácil, la experiencia del 2006 con los tránsfugas del congreso de un lado y las ambiciones desmedidas de líderes que no ven más allá de su localidad, convirtió esto en una tarea laboriosa. Finalmente se logra constituir la alianza electoral denominada Gana Perú. En algunos casos el partido nacionalista firma acuerdos programáticos, especialmente con los movimientos y partidos con una orientación ideológica más fuerte, pero en otros son alianzas pragmáticas con personalidades y movimientos personalistas o familiares.
A la luz de los resultados esta política de alianzas ha dado resultados. Por primera vez desde que se instauró el sufragio universal (1979) ha ganado las elecciones presidenciales un candidato que pierde en Lima. Dicho de otra manera es la primera vez que un candidato que gana en Lima no gana las elecciones, como sí ocurrió el 2006 cuando Alan con el voto de Lima y la costa norte derroto a Ollanta. Esto constituye un cambio histórico sin precedentes en la política peruana y expresa en la escena electoral la tendencia a un mayor empoderamiento económico, social y ahora político de las regiones.
Es decir el que gana en el sector moderno del país pierde las elecciones generales, un caso contrario a las elecciones del 2006 cuando García gana con los votos de Lima y costa norte.