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Análisis e investigaciones

5 históricos futbolistas peruanos en el Dictionary of Caribbean and AfroLatin American Biography

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En el año 2015, por invitación del profesor Carlos Aguirre, historiador y actualmente profesor de la Universidad de Oregon, puede contribuir con la publicación del Dictionary of Caribbean and Afro–Latin American Biography editado por la Oxford University Press, más precisamente por Franklin W. Knight y Henry Louis Gates, Jr., dos notables académicos e investigadores.

Mi aporte consistió en cinco biografías de destacados futbolistas peruanos quienes a través de su talento y su historia de vida lograron colocar su nombre en la memoria de nuestro fútbol nacional e internacional. Estos jugadores fueron: Adelfo Magallanes, José María Lavalle, Alejandro Villanueva, Valeriano López y Teófilo Cubillas. Cada uno mereció un espacio especial en esta publicación que tiene como objetivo “proporcionar una visión general de la vida de los caribeños y afrolatinoamericanos que son históricamente significativos” en la historia de cada uno de los países de origen.

Comparto con ustedes el enlace para acceder a esta publicación, que destaca por la variedad de los personajes sobre las que versa pues, así como habla de futbolistas, habla de poetas, políticos, pensadores, entre otros. Asimismo, comparto traducidos al español los textos, aparecidos originalmente en inglés, sobre los deportistas mencionados.

Textos en PDF para su descarga:

Alejandro Villanueva

José María Lavalle

Adelfo Magallanes

Valeriano López

Teófilo Cubillas

BIBLIOGRAPHIC INFORMATION

Publisher: Oxford University Press Print Publication

Date: 2016

Print ISBN-13: 9780199935796

Published online: 2016

Current Online Version: 2016

DOI: 10.1093/acref/9780199935796.001.0001

eISBN: 9780199935802

 

Villanueva, Alejandro (1908-1944), delantero e ídolo del club Alianza Lima, es considerado el máximo exponente del estilo de juego “criollo” y uno de los más grandes exponentes del balompié peruano. Se le conoció como “Manguera” o “Escalera” por su elevada estatura (1.95m). Nacido el 4 de junio de 1908 en el tradicional distrito del Rímac, en Lima, fue jugador “blanquiazul” entre 1927 y 1943 y seis veces campeón del fútbol peruano. Sus padres fueron Mamerto Villanueva, albañil, y Melchora Martínez, lavandera.

La tradición dice que Villanueva fue el autor del primer gol de chalaca que se vio en la capital peruana e incluso la historia registra que esa novedosa jugada fue llamada “La Alejandrina” durante algún tiempo en homenaje a él. Su historia como futbolista comienza en la niñez, cuando era arquero del Sport Inca. Luego, ya en segunda división, con el club Teniente Ruiz, jugó como defensa y llegó a ser seleccionado nacional a los 18 años, en 1926. Su debut profesional con la camiseta de Alianza Lima llegó en 1927 a la edad de 19 años, en un importante amistoso disputado en Lima con el prestigioso Real Madrid en el que marcó el gol del empate.

Ese mismo año Alejandro Villanueva obtuvo el título de campeón con el equipo de Alianza Lima, en el que también se encontraban cracks como José María Lavalle y Juan Valdivieso. Con ellos y con Alberto Montellanos, Villanueva conformaría uno de los equipos más ganadores en la historia del equipo “íntimo” y sería el líder de una delantera letal conocida como el  “Rodillo Negro”.

En 1927, cuando Villanueva tenía solo 19 años, Alianza Lima, también por entonces una institución joven,, inició una gira internacional en barco por Costa Rica, México y Cuba en la que demostró un gran nivel como equipo y sus talentos indiviudales. El éxito de la gira impulsó no solo la confianza del equipo, sino que además animó a Juan Bromley a que asumiera la presidencia del club y comprara para una amplia casa situada en la plaza del distrito de La Victoria. En el terreno que ocupaba dicha casa, primera sede oficial de Alianza, se construiría años después el emblemático estadio del club.

Por esos años Villanueva se convirtió en el líder del equipo blanquiazul. A su imponente talla sumaba un depurado talento y una picardía natural que marcaron la línea de juego del club que se convertiría en una seña de identidad. Esta es evidente incluso el día de hoy: la escuela que Alejandro Villanueva desarrolló en Alianza Lima con su propio juego criollo, técnico e irreverente se extendió hasta el segundo “Rodillo Negro” y ha llegado hasta los “potrillos” de la actualidad. Los resultados de su talento y liderazgo fueron evidentes: Alianza Lima obtuvo seis títulos en la liga peruana de fútbol (1927, 1928, 1931, 1932, 1933, 1934).

De la misma forma como el club Alianza Lima se iba constituyendo y encontraba ídolos en la figura de jugadores como Alejandro “Manguera” Villanueva, se fue forjando lo que después sería la gran rivalidad entre Alianza Lima y Universitario de Deportes. El 23 de setiembre de 1928, por ejemplo, será para siempre recordado como el “Clásico de los Bastonazos”. Aquel día se celebró un encuentro con la Federación Universitaria de Fútbol (hoy Universitario de Deportes), un equipo fundado en 1924 por algunos estudiantes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. El partido, con Villanueva en la cancha, terminó en una violenta gresca y en pelea cuerpo a cuerpo entre los jugadores de Alianza y los simpatizantes del equipo universitario, quienes respondieron con bastonazos (clásico elemento del buen vestir en la época) a los golpes de los aliancistas. Episodios como este marcaron el desarrollo de una intensa rivalidad entre esos dos equipos que persiste hasta hoy.

No solo se reclama para Alejandro Villanueva la invención de la chalaca, sino también la creación de un estilo de juego denominado como “criollo” que utilizaba demostraciones casi acrobáticas de habilidad y técnica, con movimientos como la misma chalaca, la tijera, el tacle o el caracol. Su juego no era solamente puro virtuosismo y exhibición, sino también incluía efectividad. En 1931, año en el que Alianza gana el título, Villanueva fue el goleador del torneo con 16 tantos. Poco después, en 1934, la delantera aliancista -comandada por “Manguera”- anotó 115 goles en 27 partidos. Villanueva se retiró del fútbol en 1943 cumpliendo su palabra de jamás dejar al club de sus amores, Alianza Lima, como él mismo lo había anunciado: “Jamás dejaré el Alianza, quiero mucho a mi club como para dejarlo”.

En el caso de la selección peruana, Alejandro Villanueva dejó también una importante huella y la rúbrica de su estilo de juego. Debutó a los 19 años en la Copa América de 1927; participó también en el Mundial de Uruguay en 1930 y en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, donde anotó dos goles (además de dos tantos en el encuentro anulado con Austria).

Como fue el caso de muchos otros futbolistas de la época, la bohemia y la indisciplina vida afectaron el rendimiento de “Manguera” Villanueva. Todavía joven, a los 34 años de edad, tuvo que retirarse del fútbol, según algunas versiones afectado por la tuberculosis. Se le ofreció dirigir a la selección nacional pero declinó debido a la reciente muerte de su esposa, Otilia. Lejos del fútbol, continuó trabajando como chofer de camión hasta que falleció el 11 de abril de 1944 a los 35 años de edad. El cariño popular del que disfrutó quedó perennizado en valses y polkas, como en la canción del destacado compositor Felipe Pinglo, cuya letra reza: “Alejandro Villanueva, del fútbol peruano, honor, dribleando tu estilo único es, tus shots y jalada sin igual; la de cuero y goma entre tus pies es esclava de tu voluntad”.

El estadio de Alianza Lima lleva hoy su nombre, con lo cual reconoce a Alejandro Villanueva como su máximo ídolo de todos los tiempos.

Bibliografía

Benavides Abanto, Martín. Una pelota de trapo, un corazón blanquiazul. Tradición e identidad en Alianza Lima, 1901-1996. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, 2000.

Libro de oro: 100 años del Club Alianza Lima. Lima: El Comercio, 2001.

Millones, Luis, Aldo Panfichi y Víctor Vich, eds. En el corazón del pueblo. Pasión y gloria de Alianza Lima, 1901-2001. Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2002.

Thorndike, Guillermo. Manguera. Una historia del fútbol peruano. Lima: Mosca Azul, 1975.

 

 

Velasco y el fútbol. Un artículo para la revista Historia Crítica de Colombia

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La Revista Historia Crítica, revista académica de libre acceso editada por la Universidad de los Andes de Colombia y enfocada en historia y ciencias sociales acaba de publicar un artículo que trabajamos Gisselle Vila Benites y yo sobre fútbol peruano. Se trata de “La profesionalización del fútbol durante el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas en Perú (1968-1975)” un artículo que se enfoca en describir y analizar un proceso importante en la historia del fútbol peruano: las tensiones y dificultades que se generaron entre militares reformistas que apostaban por el deporte amateur y la profesionalización del futbol versus dirigentes deportivos que conservaban lógicas patrimonialistas en la gestión del futbol

Es así que a través de archivos periodísticos, entrevistas a exdirigentes de clubes de fútbol profesional durante el periodo 1968-1975, y la revisión del conjunto de decretos emitidos en dicha época para regular al deporte y literatura secundaria logramos reconstruir el panorama del fútbol peruana en esa época de cambios políticos radicales. Podemos ver, por ejemplo que, a diferencia de lo sucedido entre el fútbol y las dictaduras en otros países como Argentina y Chile, en el caso del Perú “la intervención militar en el campo deportivo no tuvo por finalidad central el uso propagandístico de los logros deportivos para revitalizar la legitimidad del régimen”.

Compartimos con ustedes, el artículo publicado en la Revista Historia Crítica.

 

Eric Dunning, el padre de la sociología del fútbol

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El 10 de febrero último falleció a la edad de 82 años, el célebre sociólogo británico Eric Dunning, considerado el padre de la sociología del fútbol. Dunning trabajó estrechamente con Norbert Elías y ambos produjeron el libro clásico de las ciencias sociales “Deporte y ocio en el proceso de la civilización” (Elias & Dunning. México DF, 1992). Dunning es célebre por sus investigaciones sobre la violencia en el fútbol que lo llevó publicar “The roots of football hooliganism” (Dunning, Murphy & Williams. NY, 1989), un tratado seminal desde un punto de vista histórico y social.

Mi relación con Eric Dunning se inició en 1999 cuando, con gran sorpresa, recibí una carta firmada con su puño y letra en la cual me invitaba a escribir un capítulo de un libro que actualizaría sus estudios sobre hooligans pero esta vez a nivel mundial. Acepté con mucho gusto esa invitación y tuve el honor de publicar junto a investigadores de diversas partes del mundo. Este libro se llamó “Fighting fans” (Dunning, Murphy, Waddington, Astrinakis, Ed. Dublin, 2002) y junto con Jorge Thieroldt escribimos el capítulo 11 denominado “Barras bravas: representation and crowd violence in Peruvian football”.

Gracias Eric por señalarnos un camino a todos aquellos que continuamos este apasionante campo de investigación.

El otro partido. La disputa por el gobierno del fútbol peruano

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A mediados de año presentamos en la Feria del Libro una nueva publicación del Fondo Editorial de la PUCP. Se trata de “El otro partido. La disputa por el gobierno del fútbol peruano”, una investigación que recoge el proceso de formación institucional del fútbol profesional peruano a partir de las relaciones de contención y colaboración entre los dirigentes deportivos y las políticas de Estado en cuatro coyunturas críticas : los gobiernos de Leguía, Velasco Alvarado, Belaunde y García (años 80) y los primeros años del fujimorismo. Este es el primer libro que explícitamente explora la relación entre fútbol y política durante en siglo XX en nuestro país. Un esfuerzo colaborativo que involucró la activa participación de tres jóvenes sociólogos y sociólogas con un amplio conocimiento del llamado deporte rey: Gisselle Vila Benites, Noelia Chávez Ángeles y Sergio Saravia López. Asimismo la imagen de la carátula del libro es obra del artista Giovanni Tazza quien logró capturar la esencia de esta publicación.

Este libro continúa el esfuerzo iniciado por construir una sociología del fútbol con el el texto “Ese gol existe. El Perú a través del fútbol” que ya cuenta con dos reediciones (2008 y 2016) y una reimpresión (2018).

En esta ocasión comparto con ustedes el índice y la introducción de este libro, espero que lo disfruten.

El otro partido portada e intro

Columna en El Comercio: “La otra oportunidad mundialista”

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Esta columna fue publicada originalmente en la web de El Comercio 

Que el fútbol es una ventana privilegiada para observar los procesos de cambio de una sociedad es un axioma cada día más aceptado. Esto a pesar de que algunos con nostalgia setentera continúan pensando que este deporte es el opio del pueblo o el creador de una “falsa conciencia” que nos hace olvidar nuestros problemas cotidianos. Todo lo contrario, nuestra participación en el Mundial Rusia 2018 muestra que vivimos un momento excepcional de cambio cultural que es necesario consolidar. También los desafíos que debemos superar. En general, la cultura de un pueblo está constituida por un conjunto heterogéneo de contenidos transmitidos por las instituciones educativas, de costumbres que provienen del pasado y que se reproducen de generación en generación, y de creencias de sentido común nacidas de las experiencias de la vida cotidiana. Por lo tanto, es una arena donde coexisten contenidos diversos, algunos modernos y otros retardatarios.

Precisamente, como señaló Alexander Huerta-Mercado, en esta misma página, el fútbol y el Mundial nos han hecho vernos como sociedad frente a un espejo. Una acuarela de lo que es el Perú hoy en día. Un inédito y fuerte sentimiento de identidad nacional, un entrañable espíritu comunitario y celebratorio, pero también machismo, ignorancia y vulgaridad con la que algunos compatriotas creyéndose “vivos” maltrataron a mujeres rusas en las redes sociales. Lo mejor y lo peor de nosotros. Frente a esta amalgama, es el momento de actuar y consolidar los elementos positivos del cambio cultural, dejando de lado aquellas taras que nos retrasan y avergüenzan. Una cruzada que debe involucrar al Estado, especialmente el Ministerio de Educación, al sector privado, a la clase política (háganse una, por favor) y al conjunto de la ciudadanía.

La oportunidad no puede ser más propicia. A pocos años del bicentenario de la república, es alentador que el sentimiento de identidad nacional que nos hermana esté mutando de significados que provienen de experiencias históricas de derrota o frustración a otros de triunfo y orgullo nacional. Una selección nacional modesta y luchadora, que confía en sus propios recursos para competir en igualdad de condiciones frente a cualquier rival, transmite confianza y autoestima, especialmente a las nuevas generaciones que no cargan la mochila del derrotismo, del casi ganamos, y del grito plegaria del “sí se puede”. Nuevas generaciones que sin complejos ni envidias agradecen a quienes se sacrifican por nosotros y que nos representan limpia y heroicamente. Tenemos la posibilidad, entonces, de acabar con ese triste dicho de que “el enemigo de un peruano es otro peruano”. También dejar atrás el mito con el que hemos sido educados las generaciones mayores que dice que fue el mismísimo Hitler quien nos robó e impidió ser campeones del mundo en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936. Un mito que inaugura una larga etapa de buscar culpables de nuestras propios fracasos y limitaciones.

Hoy contamos, además, con un recurso importante para el cambio cultural. Una sociedad movilizada por los logros de la selección nacional, que es capaz de enviar a cerca de 40.000 personas al otro lado del mundo, y dar muestras entusiastas de su identidad patriótica. Sin duda, un Perú más cosmopolita e integrado al mundo, y donde la diáspora de migrantes peruanos que residen en Europa y América han encontrado un espacio para ser actores de la peruanidad más allá de las remesas que envían a sus familias regularmente. Necesitamos, entonces, poner en la agenda pública la necesidad de desarrollar una cruzada de educación ciudadana que consolide en nuestras escuelas y centros de enseñanza los valores y las actitudes cívicas y democráticas que han surgido en las últimas semanas. Presidente Vizcarra, primer ministro Villanueva, el balón está a su disposición.

Entrevista en El Comercio: “El fútbol nos ofrece la posibilidad de consolidar una patria”

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Se ha publicado recientemente una entrevista en el Diario El Comercio en la que esbozo una opinión sobre los recientes hechos que han marcado la agenda deportiva nacional a poco menos de un mes para el inicio del Mundial de Fútbol. La comparto con ustedes pues me parece interesante analizar todo lo que ha generado el caso de Paolo Guerrero en nuestra sociedad y cómo a través del fútbol podemos abordar distintos otros temas como la identidad nacional, la solidaridad aunque también la violencia y el racismo. El fútbol es el fenómeno de masas más importante de los últimos tiempos. Agradezco a la autora de la nota Maribel de Paz y al fotógrafo Eduardo Cavero por esta buena nota. Pueden hacer clic en la imagen de abajo para ver la nota tal como se publicó en la sección Luces del diario.

Columna en El Comercio: “La danza de las emociones”

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Columna publicada en el diario el Comercio el 3 de setiembre de 2017. Foto: Reuters

Aldo Panfichi

Un día después del angustioso triunfo de la selección peruana, el entusiasmo de muchos aficionados ha renacido, y el sueño de asistir al próximo Mundial aparece ahora como una posibilidad heroica. Las tribunas murmullan. Gracias, Gareca, por sacar a los fantásticos aburguesados y poner a los jóvenes. Gracias, Santa Rosita de Lima, por desviar el remate del jugador boliviano en el último segundo del partido. Gracias, Foquita, porque finalmente te portaste bien y pudiste jugar como antes.

No faltan, sin embargo, los pesimistas o realistas que se niegan a creer en el milagro ya que, según ellos, ganamos de suerte, los próximos rivales son superiores, y vaticinan que en el próximo partido con Ecuador, el sueño terminará en pesadilla. Para qué ilusionarse, no hay que sufrir. Seremos eliminados una vez más, como ha ocurrido en los últimos 35 años, ya que la última vez que el Perú asistió a una Copa Mundial fue en 1982.

¿Qué tiene el fútbol para desatar tremenda danza de emociones? ¿Por qué los peruanos pasamos en un santiamén de la euforia futbolera a la amarga frustración? ¿Por qué a pesar de las opiniones encontradas, a la hora de la verdad, todos o casi todos están pendientes de los partidos de la selección?

A estas alturas es evidente que el fútbol no es un deporte racional, sino de emociones y sentimientos fuertes, los cuales se expresan con libertad – o libertinaje si así lo prefiere el lector– antes, durante, y después de los partidos. Sobre todo en aquellos en los que se definen victorias importantes, como una clasificación mundialista. Sin duda, aquel es el torneo más prestigioso del mundo, donde todos quieren estar representados, pero son pocos los que lo logran. Al respecto, el pensador francés Pascal Boniface señala con autoridad que los mundiales se han convertido en un espacio geopolítico clave, donde los estados se confrontan pacíficamente y consolidan prestigios y liderazgos internacionales.

Si las emociones y los sentimientos corresponden con las experiencias históricas y culturales de los pueblos, es indudable que para los peruanos los largos años de fracasos deportivos han sedimentado un amargo descreimiento. “No le ganamos a nadie” o “estamos en nada” están entre las frases más usadas en el argot popular. Peor aun: el crecimiento económico y el progreso alcanzado en varios ámbitos de la sociedad peruana no han tenido un correlato en el mundo del deporte, en particular en el fútbol. Por el contrario, estos se encuentran estancados, atrasados, y se han convertido en uno de los reductos más resistentes del Perú tradicional e improvisado. Lo más decepcionante es que los líderes políticos no tienen conciencia de la importancia del deporte, no solo en términos de la salud pública y de autoestima nacional, sino que este también constituye un ‘soft power’ en las relaciones entre los estados.

Pero si los líderes no son conscientes de estos importantes aspectos culturales y políticos del deporte, los aficionados y los ciudadanos sí lo somos. Cada derrota o eliminación la sentimos en carne propia, con alegría o euforia, tristeza o desesperación. Incluso en las conversaciones entre amigos o parientes, un tema recurrente es la preocupación porque nuestros hijos e hijas nunca han experimentado la emoción de ver clasificar al Perú a un torneo importante y que, por ende, se acostumbren a las derrotas. Es por ello conmovedor cuando los menores preguntan qué se siente en los momentos felices de una clasificación. Son una generación que recibe a cuentagotas la alegría que produce ver triunfar a la selección y ser reconocida por el mundo.

Estoy seguro de que las emociones encontradas y desbordadas que se observan en estos días, tienen mucho que ver con la posibilidad remota, pero posibilidad al fin, de quebrar la historia reciente y poder sentir el triunfo de clasificar al próximo Mundial y competir con los grandes. El carácter impredecible de los resultados del fútbol, que van más allá de cualquier cálculo racional, y donde David puede vencer a Goliat, alimenta la ilusión. Los próximos días serán de mucha tensión y nerviosismo. Ojalá se pueda sostener la alegría, lo necesitamos como pueblo. Pero no hay que olvidar que, así como el fútbol despierta ilusiones también produce enormes frustraciones. Nos jugamos muchas cosas los siguientes días.

 

Entrevista en la Revista Somos: “El fútbol y la política están muy vinculados”

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Foto: Elías Alfageme (El Comercio)

Los amigos de Somos, revista sabatina de El Comercio, me visitaron hace unas semanas y pudimos conversar sobre una de mis pasiones, el fútbol. Comparto con ustedes esta entrevista a tono con estos tiempos futboleros.

Ana Núñez 26.08.2017
Al mirar hoy la figura de Ricardo Gareca, uno podría pensar que en el fútbol, como en la política, nuestro país vive buscando un caudillo, un salvador.
Desde sus orígenes, el fútbol y la política están muy vinculados y de alguna manera las características que tiene el fútbol de cada país están vinculadas a su historia y la forma política que en esas sociedades se desarrolla. Desde ese punto de vista, no solo tenemos un régimen político presidencialista, sino también una personalización de la política muy fuerte. Ante la ausencia de construcción de partidos ideológicos, lo que ha habido en el Perú es la preeminencia de ‘los grandes hombres’ que nos van a dar un sentido, una luz a la oscuridad y que, gracias a ello, vamos a superar circunstancias adversas.

Y ahí encaja Gareca.
Gareca encaja perfectamente. Después de un largo período de sequía de triunfos, de frustraciones deportivas, de ausencias de resultados en las canchas internacionales, de quiebra económica en los principales clubes y acusaciones de corrupción, el Perú está en su peor momento en el fútbol y en ese contexto han fracasado varios hombres. Ese tipo de liderazgo es bastante provisorio y débil, puedes ser endiosado o repudiado.

Como en la política, también…
Así es. A los presidentes los eliges y al final terminas tirándoles piedras. Todos los presidentes terminan con un nivel de aprobación por los suelos, porque la gente siente que no solucionó los problemas como debería haberlos solucionado. Lo mismo ha ocurrido con nuestros directores técnicos. Gareca, creo, ha tenido cierta lucidez y cierta claridad en este rol.

¿En qué sentido?
Lo primero que hizo fue renovar el equipo, sacar a los ‘fantásticos’ y poner a los jóvenes. ¿Y por qué a los jóvenes? Porque siempre son vistos como la esperanza del futuro. El joven es liberado de las culpas del pasado, es la esperanza, es el mañana. En segundo lugar, creó un colectivo y, sobre todo, lo aisló de la crisis deportiva cotidiana; creó una especie de cápsula sociocultural y se la creyeron: él fue un motivador. Entonces, él entra en esta matriz de los caudillos, de los grandes hombres, de los salvadores que pueden llevarnos al cielo y hacernos escapar de los infiernos.

¿Qué pasó con los anteriores entrenadores y nuestros equipos?
Si tú miras a los directores técnicos, los más exitosos han sido los paternalistas: Marcos Calderón, que era el padre castigador, ha sido el más exitoso de las últimas décadas. Pero ese estilo ya no funciona en el nuevo contexto, ya los jóvenes no aceptan que alguien los ponga contra la pared y los insulte como una forma de motivar. Entonces, ese estilo fue reemplazado por el del abuelo [Sergio] Markarián, el entrenador mayor que protegía a sus ‘fantásticos’ no importara lo que hicieran. Él era paternalista puro, pero apostaba por ellos y le fue mal porque no tenía –creo yo– disciplina.

La indisciplina llegó a niveles vergonzosos, internacionalmente.
Después del escándalo de indisciplina en Panamá [2010], Markarián nos convocó a varias personas. Recuerdo que estaba [Juan Carlos] Oblitas, había varias personas… Markarián nos dijo: “Ya no sé qué hacer. Todas las técnicas de vinculación con jugadores las he utilizado, porque ya no hay más en el mundo, y he fracasado. Por favor, ayúdenme a entender por qué lo que funciona en otros lados no funciona acá”. La misma noche que se escaparon de la concentración, él había pasado por sus cuartos y había hablado con ellos.

¿Qué le dijiste a Markarián?
En ese momento, los jugadores de la selección eran de la generación de los años 80. Mi interpretación era que, así como hay una década económica perdida, así también hay una década de juventud perdida en los años 80 en el Perú. Son los jugadores de la crisis económica, que se alimentaron de pan popular y leche ENCI. No tenían disciplina y son frágiles ante las adversidades. Además, reproducían la figura del barrio dentro de la selección. Con sus políticas de abuelo bueno, Markarián nunca pudo imponerse a la lógica de los ‘barrios’. Gareca ha roto con eso y empezó con los jóvenes que ya son de la generación de los 90 y el 2000. Adicionalmente, incorpora individualmente a algunos que necesita de la antigua generación, como [Jefferson] Farfán. Pero lo ha tenido afuera hasta ahora. Y ya sabe Farfán que viene sin ‘barrio’. Uno puede mirar que en esos tres entrenadores –Marco Calderón, Markarián y Gareca– hay tres perfiles distintos, pero algo en común: los tres son los caudillos.

Más allá del puro espíritu competitivo, ¿por qué es tan importante para los peruanos llegar al mundial?
El fútbol es un deporte que despierta pasiones, pero también es base de frustraciones enormes. Yo escucho a gente que dice: “Me preocupa mi hijo, que nunca ha visto un triunfo deportivo, que nunca ha visto al Perú ir a un mundial”. ¿Por qué la gente piensa de esa manera? Porque emocionalmente un triunfo deportivo es muy importante y no solo en fútbol, sino también en vóley. Si tuviéramos un gobierno lúcido, invertiría en deporte porque, además de ello, tiene una serie de beneficios a la salud pública.

Los presidentes siempre llegan a saludar a la selección el día del partido…
Claro, están buscando la foto, pero no están trabajando para que esa foto sea recurrente. Además, vas a saludar a una selección que no trae triunfos y eso tiene repercusiones económicas: las marcas no se quieren asociar con la derrota. Entonces, es un círculo vicioso: no tienes un deporte competitivo y tampoco tienes inversión privada. Y esto [el triunfo en el fútbol] es tremendamente importante para la fortaleza o debilidad emocional de la gente.

Columna en El Comercio: “La fiesta prohibida”

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Columna publicada originalmente en El Comercio

Se caía de maduro. La violencia en el fútbol se ha convertido en un problema muy serio ante la clamorosa inanición de las autoridades. Ir al estadio requiere ahora tomar precauciones inimaginables para nuestros padres. De pronto, el gobierno ha promulgado el reglamento de la Ley N° 30037, con el objetivo de prevenir y sancionar esta violencia.

El reglamento dispone el empadronamiento obligatorio de los barristas, y la prohibición de sus concentraciones previas a los partidos. También se prohíbe usar banderolas, pintarse el rostro, alentar con instrumentos musicales y realizar cánticos y expresiones provocativas y violentas en las tribunas. Aunque algunas de estas medidas son justificadas, otras son excesivas y hasta absurdas, mostrando desconocimiento de la complejidad sociológica del fútbol y limitando el logro del mismo objetivo propuesto.

En contextos donde la gente tiene una creciente necesidad de reconocimiento y movilidad social, el fútbol no es un mero deporte, sino una actividad que permite expresiones públicas de identidad y descarga emocional. En los estadios del mundo, la “fiesta del fútbol” no ocurre solo en el campo de juego sino en las tribunas, donde los hinchas pueden cantar, gritar y alentar el club de su preferencia, y la competencia pasa al ámbito del espectáculo como una manera de alejarla del enfrentamiento callejero. Por cierto, esta fiesta debe ser para todos, dejando fuera las expresiones extremas del racismo y xenofobia. Para esto ya existen disposiciones internacionales que personal especializado puede hacer cumplir. En países vecinos como Chile y Colombia, ya se tienen policías capacitados para controlar los desbordes de los aficionados, y no solo se recurre a los varazos o embestidas a caballo como lamentablemente ocurre en el Perú.

En nuestro país, es cierto que algunos estadios se han convertido en “tierra de nadie”, donde la falta de control implica que las familias ya no disfruten juntos los partidos como antaño. Incluso los vecinos del estadio Monumental se encierran en sus propias casas antes y después de los partidos. Pero prohibir los instrumentos musicales o que los hinchas vayan con caras pintadas en los estadios o que no realicen coreografías de aliento a sus colores, es un absurdo. ¿Dónde se ha visto un partido de fútbol así? ¿Cómo se pretende implementar tamaño despropósito? ¿Será esta otra norma impracticable como muchas que ya tenemos en el Perú?

Pero esto no es todo. Walter Oyarce, cuyo hijo fue asesinado en un estadio por fanáticos de clase alta enardecidos, ha señalado que la principal debilidad de la norma es no tomar en cuenta a los principales actores de este drama –los barristas mismos–. En efecto, la debida preparación de las autoridades policiales puede combinarse con medidas de autorregulación de las propias  barras, como ya está ocurriendo sin que las autoridades presten atención. En los últimos meses en Lima sur y Lima norte, los propios líderes de las barras han organizado siete conversatorios, buscando transformar su enorme potencial de organización en una fuerza de cambio positivo. Esfuerzos similares se han realizado en Trujillo y Ayacucho. No obstante, el gobierno saliente ha preferido ignorar estos esfuerzos y optar por el camino facilista de la prohibición. Sin embargo, no hay cambio posible sin la participación de los propios barristas, ellos son parte de la solución. Ojalá se entienda.

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“Mi afición por Alianza es por una afiliación familiar y también una opción política”

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Foto: Omar Lucas

José Carlos Rojas, aliancista y politólogo, tuvo la gentileza de entrevistarme sobre mi biografía como aliancista y ha publicado este material en la plataforma Web http://soyalianza.pe/ Acepté pero no sabía bien cómo iba a salir pero luego de leer el material, intimista en algunos pasajes, me animo a compartirlo con ustedes.

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¿Cómo nace tu afición por Alianza?
Yo vengo de una familia aliancista. Mi padre era hincha de Alianza y mi abuelo también. Mi abuelo vino en el año 1920 de Tarapacá como repatriado en el contexto de la postguerra con Chile. Era insostenible vivir allá por esos años. Vino con mi abuela, mi tío Orestes y otras tías. Mi abuelo en Lima se hizo hincha de Alianza y de allí pasó a mi padre Ítalo y bueno yo soy de la tercera generación de aliancistas en casa.

(…)

Había contradicciones entre el fútbol y la política…
 En esos años yo seguía siendo aliancista pero mi foco estaba en la política de izquierda. Igual siempre trataba de ir al estadio de cuando en cuando. Descubrí también que la mayoría de mis amigos de la izquierda de mi generación éramos aliancistas. A veces organizábamos las reuniones tratando de que no choque con los partidos, aunque esto lo hacíamos sin delatar el verdadero motivo. No decíamos que nos gustaba el fútbol o que íbamos al estadio porque era mal visto por nuestros dirigentes de entonces que nunca habían pateado una pelota. Palomilla de ventana les diríamos ahora. La política nos gobernaba pero yo siempre le sacaba la vuelta a esas posiciones radicales, y me fugaba a ver al Alianza inventando mil y un pretextos.

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