Shut up and take my money

Hoy estuve en un evento en Harvard Business School sobre el frenesí que se ha generado por acá acerca de la apertura de la segunda base de operaciones de Amazon. Mitchell Weiss, un buen profesor, con el que sería interesante llevar algún curso en el futuro. Aproveché para ver un poco los edificios, ya que, al estar al otro lado del río, no hay muchas oportunidades de caminar por acá. Igual (o más) que en Harvard Law School, el interior de los edificios es como uno de esos clubs lujosos, llenos de sillones y candelabros. La antítesis del estilo en el que vivimos en el Gund Hall. Quizás yo no percibo esto como algo negativo después de haber estado trabajando en lugares de ese estilo durante 7 años. Al contrario, creo que prefiero el cambio de aire.

Hablando de elegancia, luego de estar en HBS fui a la presentación del libro “Impeachment” de Cass Sunstein en el Coop, la librería de Harvard. A diferencia de la otra vez en que compré el libro de análisis conductual porque era un tema que me interesaba investigar más, esta vez solo pensé en ir a escuchar. Sin embargo, en este momento “Impeachment” está aquí en mi escritorio y los dólares en la caja registradora del Coop. No pude evitarlo después de escuchar la charla de Cass Sunstein en que, en lugar de hablar solo de Derecho, se dedicó a hablar la relación de la figura del Impeachment con la historia de la independencia y los primeros años de Estados Unidos como país. Fue inquietante verlo quebrarse en pleno discurso al comentar lo íntimo de su relación personal con la historia de los fundadores de la nación por estar incluso viviendo ahora en la antigua casa de uno de ellos. Pasan este tipo de cosas y alegremente resignado sacas la billetera del bolsillo para comprar lo que sea que te estén vendiendo.

Jaime Saavedra en Harvard

Hoy día por fin conocí a Jaime Saavedra. Digo por fin porque tenía la idea de que, estando por acá, eventualmente se daría la ocasión de encontrarlo en una charla o en una clase. La verdad es que yo nunca he trabajado en temas del sector educación y tampoco he trabajado en el Estado. Sin embargo, cuando me tocó conversar con él lo que quería comentarle era que su trabajo en los últimos años es un tremendo ejemplo para los profesionales jóvenes de cualquier sector. El Ministerio de Educación era, desde que tengo recuerdo, de las carteras más complicadas en el gobierno y, quizás por eso mismo, se asignaba a cuadros más que todo políticos. No era nada usual que un profesional con un grado similar a un PHD en Economía de Columbia tomara un sector que no fuera el MEF. Quizás era un presagio de la siguiente elección presidencial. Pero Saavedra no solo suspendió su carrera en el Banco Mundial para trabajar en el Estado, sino que lo hizo exitosamente. Pablo de la Flor, el jefe de la Reconstrucción con Cambios que se creó luego del Fenómeno del Niño Costero a comienzos de año tenía quizás similares pergaminos académicos. Hoy día, unos pocos meses después, ha renunciado sin haber tenido mayor suerte en reconstruir las zonas afectadas ni ayudar a prepararlas para la nueva época de lluvias que se viene en un par de meses. En el caso de Saavedra sucedió lo opuesto. En resumidas cuentas, en su tiempo empezó a construirse una imagen positiva y hasta esperanzadora del Ministerio de Educación, a pesar de que normalmente los resultados de las políticas en ese sector se ven luego de décadas. Por otro lado, no solo era sostenidamente el ministro con la mejor aprobación, sino que en la universidad escuchaba cómo muchos amigos muy capaces de distintas facultades estaban empezando a trabajar en el Ministerio. Los indicadores también habían comenzado a subir, incluyendo el de la prueba PISA, y el Estado había empezado a invertir más en educación, que, en mi opinión, es lo único que eventualmente podrá sacar al Perú del tercer mundo. De todo esto yo no me di mucha cuenta sino hasta un día en que fui a la Católica a una conferencia que iba a dar Joseph Stiglitz, el premio nobel de Economía. Era un panel con algunos otros economistas de lujo, entre ellos Kaushik Basu, el chief economist del Banco Mundial. El moderador del evento fue Jaime Saavedra. Lo que más recuerdo es la forma en que mientras los profesores de sociales y los vicerrectores se abalanzaban sobre los ponentes, Saavedra conversaba con ellos como si se reencontrara después de años con sus compañeros de promoción. Creo que había sido compañero de cubículo de Basu o algo similar. Ese era el ministro que estaba destruyéndola en educación. A veces pienso que es increíble que en cierto momento, Humala, a quien tanto le hemos dado con palo, tuviera en su gabinete al mismo tiempo a Alonso Segura, Piero Ghezzi, Jaime Saavedra, Jose Gallardo Ku y Manuel Pulgar Vidal. No se me ocurre un solo ministro actual que esté al nivel de ese grupo. Todos sabemos cómo acabo la historia, pero incluso ese final de la historia es notable. Saavedra generó tal nivel de consenso alrededor de su figura pero también alrededor del tema de la educación, que pasó a ser ministro del nuevo gobierno. Fue solamente el juego político en su peor faceta el que en su momento hizo que lo censuraran. Conozco personalmente a una congresista del fujimorismo (que fue la bancada que promovió la censura) por haber trabajado con ella y por ese conocimiento tengo la convicción de que hablando sinceramente concordaría conmigo en que Saavedra era el mejor cuadro para sacar al Peru del hoyo en el que está en educación. Pero lamentablemente había muchas cosas sobre la mesa en esos días. Seguramente era el momento de que el gabinete hiciera una cuestión de confianza. En realidad, difícil anticipar todas las censuras que vendrían después, pero en cualquier caso el gobierno no lo hizo y lamentablemente nombraron a una ministra que seguramente tenía las intenciones pero ciertamente no las capacidades. Pero el equilibrio del universo retornó rápidamente y poco tiempo después nombraron a Saavedra como Senior Director de Educación en el Banco Mundial. Y ahí está ahora, destruyéndola alrededor del mundo. Solo hace unos pocos días veía en el twitter que se había juntado a conversar con Malala y hoy ha estado durante el día dictando conferencias en Harvard. Bueno, todo esto era lo que estaba en mi cabeza en los minutos que conversé con el. Naturalmente no le logré transmitir todo, pero creo que sí lo más importante que era agradecerle por ese trabajo y comentarle que sería genial llegar a hacer algo al menos parecido, y creo que apreció mucho ese mensaje.