Archivo por meses: enero 2018

Home Sweet Home

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Después de haber estado una semana pensando en lo hundido que me iba a a pasar este semestre en Gund por lo pesado de los cursos y especialmente del Studio, encontré un evento que iba a ser el sábado en la noche en HKS y decidí ir con la idea de que seguramente en este semestre habrá mucha menos oportunidad de ir a explorar la universidad como lo hice en otoño. El evento era la presentación de una organización que recibe y ayuda a refugiados norcoreanos en Estados Unidos. Habló Grace Jo, una joven norcoreana que contó la historia de su llegada y de su vida desde entonces. La presentación fue dirigida por un alumno de maestría de la universidad que lidera la organización. Luego de la charla y antes de una presentación de una orquesta con canciones tradicionales coreanas que se conocen a ambos lados de la frontera hubo una presentación de danza. Tengo la certeza de que no soy capaz de transmitir escribiendo los sentimientos que esa presentación nos produjo a todos. Solo pretendo reseñar que la danza de las dos artistas era una escenificación simbólica del origen fraternal de las dos Coreas y la manera en que a través del tiempo fricciones extrañas crearon una línea entre las dos, una línea que después de muchos choques se logra eliminar para convertir la situación de una de azul y rojo a una de puro blanco. Fue un minuto y medio de aplausos, y quizás un litro y medio de lágrimas. Y pensar que estaré en Corea dentro de poco más de un mes.

Bryce y Borges

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Regresé a Cambridge después de unas excesivamente largas vacaciones, no solo de las clases de la universidad, de las cuales casi que no quisiera tener vacaciones, sino también de escribir en este blog. Naturalmente, no me puedo quejar. Haber conocido ciudades como Mumbai, Los Ángeles o Calcuta y haber visitado de nuevo Tucson o Nueva York ha sido un lujo. Pero tampoco puedo negar que soy increíblemente feliz de haber regresado a mi lugar en Cambridge o, como me gusta llamarle, a mi estación, el lugar donde todo está organizado para que solo venga yo y, como si estuviéramos en Evangelion, me conecte al ángel. Eso sí, al llegar tenía que arreglar mi cuarto y considerando lo ordenado que soy, esa tarea se prolongó por 2 días. Entre todo ese trabajo, en lugar de poner música, se me ocurrió poner algún video en youtube y encontré uno de una conferencia que dio Alfredo Bryce en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada, a comienzos de los 90. Eran 2 horas enteras así que me puse a escucharlas. Como saben los que conocen a Bryce, escucharlo hablar es casi tan bueno como leerlo; es en mi opinión el mejor contador de historias que existe, es una de esas habilidades que solo algunos tienen de manera innata y que para el resto es difícil de aprender. Ahí habló sobre el humor en su obra, también sobre su insularidad con respecto a los escritores del boom, sobre el cariño con el que hablan los peruanos en comparación con el tono duro de los madrileños y sobre los singulares personajes de su oligárquica familia. Y se pasó las 2 horas de esa manera, haciendo disfrutar con sus anécdotas a los dos panelistas, al público en las gradas y al público en youtube. Me acordé con ese video de esa época en la que leía y no podía parar de leer a Bryce y disfrutaba y celebraba todo lo que escribía, y me identificaba con sus mas calamitosas historias de amor. Era el tiempo en que había ido a pasar un tiempo a Europa y clichémente sentía que debía leer a esos autores icónicos que habían tomado también un viaje así, y además con beca, de los cuales Bryce es el que me cautivó más. Esa forma de escribir espontánea y con un gran toque de humor, que, sin embargo, no está escrita al azar, porque él pone mucha dedicación en estructurar sus líneas de manera que dé la impresión de que estás leyendo directamente de la cabeza del personaje. Esas historias de alguien que había viajado tan idealistamente a Europa, pero que no era un fanático de la revolución latinoamericana del Che Guevara. Esa forma de reírse de sus propias fallidas historias de amor que mostraban que lo bonito está en el solo hecho de enamorarse. Nunca leí libros con tanta atención e incluso haciéndoles notas al margen. Por esos momentos es que se me hace completamente inconcebible que alguien se haya atrevido a denunciarlo por plagio y a sugerir su falta de originalidad en un par de artículos periodísticos sin importancia, cuando solo hace falta leer sus novelas o escucharlo a él mismo para saber que 5 líneas de su personaje tienen más originalidad que la vida entera de sus denunciantes y que posiblemente en un mundo paralelo más justo el Nobel lo ha recibido él antes que Mario. Después de terminar el video me puse a escuchar algunas entrevistas que le habían hecho periodistas peruanos y al final de una de ellas que disfruté tanto pensé en dejar un comentario al video, así que cogí la computadora y bajé con el mouse a la parte inferior y me di con la sorpresa de que ya había un comentario con mi nombre en el video. A la derecha de mi nombre decía “hace 5 años”.

Pd. Seguidamente y resignadamente fui a buscar en cuál de las 72 bibliotecas de la universidad había libros de literatura en español. En algún momento inocentemente dudé que los hubiera. Luego encontré el sótano C, ala oeste de la biblioteca Widener y me dejé llevar por la vida. Hace algunos años estaba en la feria del libro en Lima con mi papá y encontré una edición hermosa de las obras completas de Borges, en tres tomos con una fotografía de su juventud, de su adultez y de su vejez en el lomo de cada tomo. Le pregunté a mi papá si me las podía comprar. Él se puso a pensar quizás en que él ni sus antepasados habían gastado nunca tal cantidad de dinero en libros, ni siquiera tratándose de libros de derecho. O quizás simplemente no pensó en nada. Lo cierto es que me dijo un “mmmm mejor no” y se rió y yo que lo conozco bien ni insistí y me reí también. De algún modo extremamente indirecto hoy mi papá me pone aquellos tomos en el escritorio. Y a Borges y a la literatura le dediqué la última semana de mis vacaciones.

Derecho del Consumidor

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Tomé uno de los últimos 2 adaptadores de enchufe que quedaban en Best Buy. En la caja el cajero me trata de cobrar 29 dólares cuando yo tenía pensado pagar 14 dólares. Cuando le digo que en la etiqueta aparecía 14 dólares, va a revisar la sección en la que estaba el producto. Al regresar me dice que la etiqueta estaba mal y que el precio es de 29 dólares. Le digo nuevamente que en la etiqueta dice 14 dólares para ver qué sucede. Entonces me hace la pregunta particular de cuántos productos había en esa sección. Yo le pregunto por qué eso es importante. Y me responde que si había 3 productos, se me puede cobrar 14 dólares. Yo le respondo inmediatamente que había 3 productos. Él va a verificar nuevamente y regresa para decirme que solamente había 1 restante. Inmediatamente le digo que había 3, pero que tuve que mover uno de ellos a la otra hilera para poder ver el precio. Me cobra 14 dólares. Astrid está a medio metro pensando para sus adentros quiénes son peores, los abogados o las cadenas de tiendas americanas.

Farewell to him

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They are looking around in the antiquity store.

– Wow, look
– …
– D’you know what it is?

She shakes her head hard, more than needed.

– It’s a lava lamp
– Oh!
– ‘ve you ever seen one?

She shakes her head hard, more than needed.

– Not even in the TV?

She shakes her head hard, more than needed.

– It’s a lamp that has lava inside
– …
– You know, this thing of inside a volcano
– Oh!
– Yep, see, it’s warm
– Oh!

Then they move to the next object in the store.

Urban Design

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Todavía falta mucho para el ciclo y también para la vida, pero el mero hecho de que ya no exista Studio entre los pendientes hace que el universo tenga otra paleta de colores, una que creo que tiene algo más de color naranja. En Stubbins fueron hoy los reviews de los Urban Design. Empoderados como nadie, algunos Urban Planners fuimos a curiosear. Era un ambiente mucho más dinámico que el de los planners, también un aire de snobbismo mucho más denso. Los dibujos y modelos simplemente asombrosos y mucho más allá de lo que podríamos soñar con hacer los planners. Quizás lo más llamativo y también desconcertante era el comentario de los reviewers. Arquitectos famosos todos ellos, se enfrascaban en unas conversaciones muy intensas, a ratos muy abstractas, a ratos aterrizadas, para las que los autores del trabajo eran casi nada más que espectadores privilegiados. Se sentía -no sé si ese será el caso- como si fuera una batalla de egos entre los reviewers, y el trabajo de los alumnos fuera nada más que una excusa. Yo sentía que si estuvieran hablando de esa manera de mi trabajo no podría evitar intervenir y dar explicaciones, aunque fuera el mismo Le Corbusier el que me esté dando el review. Solo no fue así en uno de los grupos, el de mi amigo Ashutosh, que se notaba a leguas que era un trabajazo.