Archivo por meses: enero 2008

28.- Extrañándote

Voy a salir
es muy temprano,
afuera llueve,
la gente duerme
y el frío
aún no quiere
dormir.

Abro la puerta,
el umbral traspaso,
finas gotas de agua
bañan mi rostro,
llueve
y me acuerdo
de ti.

Sigo caminando,
y pienso en ti,
en aquellos días
que casi jugando
yo puse
mis ojos
en ti…
y comencé a quererte.

Ahora estoy
en el ómnibus,
el día aún
está a oscuras
el viento azota
las ventanas
cerradas
y yo sigo
pensando
en ti.

Quisiera que sepas
que en cada cosa
encuentro
un poquito de ti;
en las sombras
que nos vieron juntos,
en las gotas de agua
de tus míos ojos;
en el viento que trae
tus palabras
a mis pensamientos;
en el frío que siento
cuando tú no estás junto a mí.
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27.- Recordándote

Un instante robado
a mis aulas,
un instante perdido
en el día,
un instante despierto
del sueño
que encierra
mi amarga rutina,
oí por la radio
la fatal melodía
que traía a mi mente
recuerdos
de la gran pesadilla
que fueron mis días
sin verte a mi lado

Un instante robado
al descanso,
un instante perdido
en el arcano,
un instante profano
violó la paz que tenía
mi alma dormida,
por mi mente
pasaron imágenes tuyas
que tendré grabadas
en mi esencia
hasta mi muerte:
tu sonrisa furtiva,
tus ojos, tus labios
tu mirada tan fija;
tus manos
tu pelo, tus palabras,
tus caricias.

Un instante robado
al estudio,
un instante perdido
en el tiempo,
un instante
supremo
al hallar
tus palabras
escritas,
en aquel papel
que me diste
en el último día
que te vieron
mis ojos,
pues te sigo viendo
con mi corazón,
en las canciones
que cantan tu nombre,
en mis poemas
que solía cantarte
sin que los oyeras
en mis noches oscuras,
en todo eso,
… ¡y mucho más!
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26.- Ser tuyo

El agradable sabor de un vino amargo
servido en el dorado cáliz
de la esperanza,

el reflejo del dorado fulgor del sol
sobre una cristalina gota
de rocío matinal,

el tintineante cosquilleo en los oídos
anunciándose como el ruido
del silencio,

El suave andar de las olas marinas
al tocar y besar suavemente
la tímida playa,

la suave caricia del viento primaveral
anunciando al mundo
tiempos mejores;

Ser ruido y silencio a la vez,
ser fuego y ser lluvia a la vez,
ser caricia y zarpazo a la vez,
ser grito y murmullo a la vez,
ser todo y nada a la vez;…

Ser tuyo es todo eso.

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24.- Mi amiga…

El lapicero rebelde
esta noche no quiere obedecerme,
tal vez ignore
que estoy pensando en ti;
tal vez no sepa
que quiero plasmar
en el papel
mis sentimientos.

Te extraño intensamente,
cada día que no te veo
es como una eternidad
que nos separa,
y que superamos
cuando el azar
se empecina
en querer reunirnos

Te quiero,
con casi todo mi tiempo,
demasiado y sin darme cuenta,
como los días
que de amigos
empezamos
a querernos
en silencio.

Te estoy muy agradecido
amiga querida,
porque aprendí
que el cariño
no es algo con que
se pueda jugar,
que las ilusiones
no debo olvidar,
que siempre será
posible perdonar
y querer de nuevo.
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23.- Señor, la quiero tanto

Señor, la quiero tanto,
como el sol al nuevo día,
como quiere a la vida la agonía,
como quieren las aves a su canto.

Señor, la quiero tanto,
como la playa a las olas,
como madre que a solas
mece a su hijo alejándolo del llanto.

Señor, la quiero tanto,
como la noche a las sombras,
como al suelo las suaves alfombras,
como quiere la mujer a sus encantos.

Señor, la quiero tanto,
como fraile a su oración,
como el hombre a la dulce tentación,
como anhela el desnudo un tibio manto.

Señor, la quiero tanto,
como cantor a su tema,
como adora el bardo a su poema,
como adora el apenado a su quebranto.

Tanto la quiero, Señor,
que es el silencio, mi amigo,
y mi cuarto al mundo testigo
de un secreto que yo guardo con temor.

Tanto la quiero, Señor,
que no le digo lo que siento;
porque muy triste yo presiento
que al hacerlo perdería yo su amor

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22.- Viviendo con el Señor

Viviendo con el Señor
cada amanecer es más glorioso,
el canto de las aves, más hermoso;
cada segundo de tu vida
una existencia prometida
al Dios que nos hizo por amor.

Viviendo con el Señor
hay más belleza en cada cosa,
el pétalo sublime de una rosa,
las negras aguas del río,
las sombras, el viento, el frío,
la pena, la amargura y el temor.

Viviendo con el Señor
fácil es quererse como hermanos;
estrechar con enemigos nuestras manos,
dominar la tentación,
perdonar de corazón,
cada nuevo día ser mejor
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15.- El momento en que te marches

Cuando el sol no me ilumine con sus rayos,
cuando la noche me oculte con sus sombras,
cuando el tiempo se detenga en un instante
habrá llegado el momento en que te marches.

Cuando giman los grillos, incesantes,
cuando las penas me comprendan con su aullido,
cuando la soledad apague presta mi alegría
habrá llegado el momento en que te marches.

Cuando el cielo llore día a día, sin parar,
cuando el viento ya no emita sus silbidos,
cuando el mar ya no bañe playa alguna con sus olas
habrá llegado el momento en que te marches.

Cuando la música apague por siempre su somido,
cuando la gente ya no crea en los poetas,
cuando el mundo deje, sin saber, de girar
habrá llegado el momento en que te marches.

Cuando amanezca el sol en ese día,
cuando los relojes del mundo lo reciban,
sabré que ha llegado ese día imposible,
imposible como el que te marches de mi corazón. Sigue leyendo

25.- Jesús

Hubo un Dios que contemplando
las maldades de este mundo,
en el siniestro mar profundo
de la pena se quedó llorando.

Y su hijo muy amado
viéndolo en tal sufrimiento:
“Padre mío, óyeme un momento
que no quiero verte así apenado

Al hombre amas con ternura,
y el te responde con mal pago;
aunque le diste tierras, lagos,
mares inmensos, ríos de agua pura.

También yo cariño intenso
tengo por tu ingrata creación
bajaré a prestarles salvación
si asientes lo que hacer pienso”

“Hijo mío muy amado,
sé que quieres dar tu vida,
y aunque el hombre pronto olvida,
testimonio habrá de mi llamado,

Vete pues, como has querido,
a la mundana tierra del pecado;
en santa mujer serás encarnado,
y humano nacerás, por ver al hombre redimido.

Y aunque se parta el alma mía,
con el dolor de tu suplicio
regocíjame tu sacrificio
por la humanidad que perdida yo tenía”

Mientras tanto en la tierra
nadie sabía lo que hacía;
el pobre paupérrimama agonía
y el rico sus puertas le cierra.

Y Gabriel el Arcángel vino
a buscar a la elegida,
entre todas, escogida,
como madre del salvador divino.

Y cumpliendo el mandato de amor
entró a casa de María,
y le dijo: “Dios te salve en este día,
llena eres de la gracia del Señor,

Madre serás del Redentor
que Jesús será llamado,
y recibirá el reinado
de las manos del Señor”

Dijo la bendita inmaculada:
“No conozco yo varón,
¿Cómo se dará tal situación?”

Y el ángel respondió a la asombrada:
“Vendrá sobre ti el Espíritu Santo
y con la sombra del Señor
te cubrirá con esplendor
y tu hijo será santo,

e hijo del Padre de los cielos”
Dijo María: “He aquí la esclava del Señor,
cúmplase en mí su mandato de amor”
Y el ángel dejó los mundanos suelos.

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20.- Gina y Joel

En la plazuela desierta
una chiquilla contemplaba
a un gorrión que volaba
aunque su suerte era incierta

Y en el vuelo increíble
de aquel pájaro pequeño,
Gina veía a su sueño
hecho todo un imposible

Condenada desde el día
en que al mundo vino,
al yugo mezquino
de tez negra y sombría

de la silla de ruedas,
que clavaba sus piernas
y sus ansias tan tiernas
y ella sin que nada hacer pueda.

Las lágrimas bañaron
aquel rostro divino
y aquel pobre destino
que los hombres marcaron.

Ella lloraba de pena
porque quería caminar,
como otras chicas, poder amar
y era tan insufrible su pena…

Joel, oculto como un niño
sin ser visto la miraba
y en secreto la amaba
con el más puro cariño.

Al fin, Joel, con gran valor,
se puso junto a ella
como busca la estrella
que dar luz y calor;

Y le dijo al oído:
“Amiga, esta es la cruz
que el Dios de la luz
te dio sin haberla pedido.

Amiga, yo te quiero ayudar
a cargar tu carga,
y verás que a la larga
juntos lo hemos de lograr.”

Y ella le dijo: “Joel,
siempre estás a mi lado,
tú nunca me has fallado,
ni en el instante aquel,

en que por alguna supiste
que para el mal que padezco
y que yo no merezco
cura alguna que no existe.

“Amiga, -dijo Joel-
yo quiero decirte algo,
y aunque muy poco yo valgo
te lo juro por Él

que soy sincero contigo
y que yo no te miento;
que el cariño que siento
por ti, es más que de amigo.

Amiga, me cuesta decirlo,
pero yo a ti te quiero
y hace mucho que espero
que puedas oírlo

de mis jóvenes labios;
que aman el débil y el recio,
el docto y el necio,
los ignorantes y los sabios”.

“Amigo –dijo Gina-
sin tomar al Señor por testigo
sé que eres sincero conmigo,
aunque sabes qué se avecina.

Yo también te quiero,
y sería mucho mejor
que este dulce amor
que nos dio el justiciero

nuestro Dios del cielo,
a Él lo consagremos
y así las gracias le daremos
por este tan grande consuelo”.

Joel tomó con ternura
una de las manos de Gina,
y la besó con calma divina,
como pleno rayo de dulzura.

Ambas miradas se cruzaron
emanando inocente candor;
abrazóla Joel con amor
y con caricias sus rostros se llenaron.

“No es por tus labios rojos,
ni por tus negros cabellos,
ni por los destellos
que irradian tus lindos ojos;

ni por lo que esperes
ni por lo que tienes
ni lo que sostienes,
sino por lo que eres

Como persona humana,
creación de plenitud,
con defecto o virtud,
como a una virgen cristiana

te quiero y quiero
que sepa todo el mundo
que este cariño tan profundo,
es hermoso y sincero.”

Agonizaba así la tarde,
y la gente en retirada
caminaba iluminada
por un sol que poco arde.

Confundidos con la gente
Gina y Joel se perdieron
con las sombras se cayeron
con la noche, de repente.

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