Archivo de la categoría: Versos A mi amada y seres queridos

Versos para Betty, familia y amigos

82.- Para mi madre

Tuvo razón Jesús al decir
que el más humilde es el más grande.

Tuvo también razón
al nacer del vientre de una madre.

Si Dios quiso nacer humano
para gozar del cariño de una madre:
¿por qué te trata tan mal la vida?

A veces yo mismo te hago pasar malos ratos,
a veces yo mismo soy tu verdugo,
madre, perdóname

Te envidian en verdad
el sol, la luna, los mares,
la tierra, el mundo, los ángeles
porque ellos nunca tuvieron una madre…

Te quiero,
aunque no sepa decírtelo,
aunque mi conducta diga otra cosa;
tu sangre corre por mis venas,
tu piel es como la mía, dorada por el sol,
tus ojos son como los míos,
color de noche, color de sombra,
tu cabello es como el mío,
bañado de canas…

Te quiero mucho por ser mi madre
te siento dentro de mí,
donde quiera que tú estés.

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21.- A mi madre

Si un minuto artero
se llevara consigo tu vida,
te juro por Dios, mi madre querida,
que perdería al ser que más quiero.

Y en ese instante mi llanto sincero
contaría la fatal despedida,
pero pese a tan cruel acometida
consuelo leve tener espero

porque me bastaría por consuelo
el saber que estarías en el cielo
junto al Dios que creo al mundo;

pues un cariño tan profundo
no puede ser humano ni mezquino, …
solamente puede ser un regalo del Divino.

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La vida de Antonio Mendieta Tasaico Lima (02-09-1883/27-06-1971)

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En estas líneas se narra la vida de mi bisabuelo Antonio Mendieta Tasaico, nacido el 2 de setiembre de 1883 y fallecido el 27 de junio de 1971, quien llegó a ser Juez de Paz de Vitarte. Me honra descender de un Juez de Conciliación, hombre de trabajo y dedicado a su familia, creyente de Dios, a quien rindo mi respeto y admiración.

LA VIDA DE ANTONIO MENDIETA TASAICO

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58.- Tu sonrisa y tu silencio

Sentados sobre las frías gradas de concreto,
transcurre la tarde acurrucada en el tiempo,
mientras lentamente los cielos se visten de negro,
estamos juntos contemplando tus cosas, tus recuerdos,
tus canciones antiguas, un cuaderno para autógrafos,
tu sonrisa y tu silencio.

Tú me miras y me cuentas un secreto
que tenías escondido entre tus pensamientos,
mimetizado en lo más hondo de tus esperanzas,
engarzado en lo más caro de tus anhelos.
Y yo solo leo lo que dicen tus ojos,
tu sonrisa y tu silencio.

Amigos, de sexos opuestos,
unidos por las manos
compartiendo la vida
con benevolencia,
libres de toda cadena sentimentaloide,
amigos que se buscan,
que se ríen,
que se quieren,
mineral sin ganga,
sacrificio sin manchas,
recuerdo intangible…
intangible pero breve,
no fue ni capítulo final,
ni central episodio,
quizás una palabra,
un renglón,
un párrafo.
Ni siquiera una página.

Efímero,
efímeros y felices instantes
que entresaco del recuerdo,
tomados de la mano
tu sonrisa y tu silencio.
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56.- Ojos del Cielo

Ojos del cielo.
Ojos del cielo inmaculado
de nuestro campo
en las alturas,
ojos de la marginada matriz
de nuestra Patria.

Siendo extraña
tienes ojos de mi patria.
¿Por qué?
¿Por qué tus ojos
son del cielo de los Andes,
por qué esos ojos
del cielo de las punas,
del horizonte al anochecer;
por qué esos ojos de alturas
perdidas en el tiempo,
por qué ese azul arco iris
de bandera del incario?
¿Por qué?

¿Por qué la blanca piel
de las nieves de los Andes?
¿Por qué esa piel
color de soledades,
color de cordillera albina,
donde el viento y el silencio
danzan de la mano
desde tiempos inmemoriales?
¿Por qué esa piel
de nevados titanes
que acunaron nuestra raza?
¿Por qué?

Ojos del cielo andino,
piel de cordillera,
sonrisa del sol del incario,
en esplendor, en el verano,
mirada de Taita Wiracocha
Yahveh de los cristianis…

Ojos de Taita Yahveh;
de Taita Wiracocha,
¿qué es el nombre?
Yahveh-Wiracocha
creó el mundo
y a nosotros los humanos,
y te dió ojos de mi cielo
nuestro cielo…

Taita Yahveh
hizo tus ojos
viendo el cielo
de ls andes,
toamndo nieve
de las punas
formó la piel
envoltura de tu cuerpo…

¿Acaso no somos iguales?
¿Acaso no somos hermanos
hijos de un mismo Padre?
Por eso son tus ojos
de mi patria,
del asul arco iris
de la alianza con el Padre
nuestro Padre. (16/02/86)
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55.- Perdóname

Perdóname.
Perdóname por echarme atrás
y por sentirme débil.

Perdóname por vacilar
y por darlo todo
por perdido.

Perdóname el silencio
y las pocas palabras,
perdóname mi soledad
y la mirada triste,
perdóname las horas solas
y los ojos en llanto…

Perdóname
por hacerte sufrir
y por quererte tanto,
perdóname por ser como soy;
otro quisiera ser
para agraderte,
otro quisiera ser
para satisfacer
tus anhelos
inconscientes.

Perdóname.
Perdona mi carácter endeble,
perdona mis vacilaciones
y mi pesimismo,
perdona mi amargura,
mi rencor y mi egoísmo…

Perdóname, padre,
perdónamelo todo
y en un instante,
perdónamelo todo
por favor…

Perdóname

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53.- A Sor Giselle

Gris blonda la cabellera,
el color desconocido.
Madre sin haber engendrado
rodeada de niños,
jugando y riendo
entregando cariño,
jugando y viviendo
amando a los niños.

Se oye el motor de auto
como un claro fijo,
como mi sombra,
como mis brazos,
anunciar tu llegada,
cesada la espera,
como siempre
el saludo cariñoso
y la sonriza…

Te sientas y cantas
y cantar nos haces,
vibrar las paredes
y los vidrios,
retumbar el eco,
alegrarse la noche,
retroceder el frío
dispersar la neblina.

Y cantas.
Y sonríes.
¿Pensarás en qué
Sor Giselle?
¿En los niños
que dejaste
después
de la comida?

¿O en el tiempo
implacable
que anuncia
la partida?

Tal vez en tu patria
te estén extrañando,
tal vez te añoren
la nieve y los prados,
los paisajes
que aquí
nos parecen paraíso…

Lloras.
Lloras también,
conozco tu alma,
yo también soy tu hijo
y algún día seré padre.

El río.
El río que emana
de tus ojos extraños,
tus ojos de película importada,
tu piel blanca
resquicio de nieve,
resquicio de tu patria.

Salta y juega
como cuando cantas,
como cuando juegas
con tus niños,
cuando paseas
por la casa,
y el trabajo
y los amigos.

La sangre es la misma,
el mismo el ideal
y los amigos…
Los niños idénticos
en todo el mundo…
las horas, los gritos
y el bullicio y el llanto
las canciones…

Nunca dejes de cantar…

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51.- Como hace más de diez años

Amaneció y me acordé de tí.
Lo recuerdo muy bien, fue hace dos días.
Te ví, aunque estabas muy lejos,
entre sábanas y frazadas muy gruesas,
bostezando el final de tu sueño.

Te levantaste, arrugado el pijama,
deshecha la cama y tu mujer…
caminaste hacia el baño
entre maldiciones,
te lavaste la cara y al secarte
sentiste la pegada del hielo.
Frío. Mucho frío por allá tam lejos,
no sé a cuantos metros
de lo alto.

Aseado y vestido ya,
era tal vez muy temprano,
nadie tal vez sabía que era tu cumpleaños,
yo sí, pero muy lejos como para darte un abrazo.

Pasaron minutos y tu porte imponente,
las horas transcurridas y los años,
los hijos, tu mujer te dieron el abrazo.
Y te besaron, y te dieron el mundo;
antes después de eso vinieron los amigos
y los tragos,
en alcohol el delirio,
servido en cada vaso,
que se bebe
en cada sorbo cada vez más aciago.

Estuviste tal vez muy ocupado
entre groserías y entre tragos;
entre vasos, espuma, botellas
y cenizas de tabaco…

Y yo aquí tan lejos
para sacrte de allí …

Ven padre, deja eso y ven conmigo,
aquí, donde estás a salvo,
sígueme que todavía estoy
al alcance de tus manos.

Ven juguemos donde lo hicimos
hace montones de años,
por los parques y paseosque tomamos,
por las minas, por el drío
y por la casa,
la casa amarilla y colorada,
la casa, nuestra cada entre jardines
entre el jardín de mi madre
y el jardín de los prados,
en que no jugué
cuando estuve lejos
extrañándolos.

Ven, ven, regresar en el tiempo
y cambiarlo,
hacerlo a nuestro gusto, a nuestro sueño,
hacer el paraíso con tus manos,
como cuando entre volquetes
y soldados de plástico
tú eras mi héroe y mi esperanza.

Vamos, ponte el casco y el abrigo,
toma presto la escopeta,
llama a “lobo”
y vayamos, vayámonos lejos
a buscar a los patos
y a las vizcachas,
por la laguna
reflejando el cielo celeste y blanco,
el suelo color escarcha,
pasto seco,
tantos años.
Regresemos como antaño,
sudorosos y extenuados,
bañarnos y luego al calor de la estufa
contarle a mamá lo que pasamos:
vuelve papá, que te estoy esperando.
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44.- Te amo

I

Por el clamor de poemas sin título
que solía escribirte cunado era niño,
recordé aquellos versitos
que te diera la primera vez.

Ahora ha pasado el tiempo
y con él muchas cosas también;
pasaron los días, vinieron las canas
pero aún no te dejé de querer.

Hará tal vez medio siglo (un poco más)
cuando un cariño de infante
vestido con uniforme albiplomo
se sembró al perecer sobre roca.

Pero presto los relojes andaron
y al basurero fueron
los calendarios a parar:
tal vez nuestro cabello blanco
y las arrugas cual pliegues diminutos,
avivaron como la leña
el fuego de nuestro amor.

Pareciera que rondamos
los cuatro lustros de soñar,
los cuatro decenios de crecer y madurar…
Fue todo hace tanto tiempo
mil problemas, malos momentos,
dolor y tristeza}y aún así
no te puedo dejar de querer.

El invierno llegó hace mucho,
la tarde ya está muy lejos
¿se viene el final
o esto es solo el comienzo?
¿Quien dijo que muere el amor?
¿Quién dijo que el amor no existe?
¿Quién dijo que un anciano,
con el paso de los años
ya se muere en el amor?

II

Están equivocados.
Yo siento correr por mis venas
y en mi respiración,
ese aire que vivifica
el corazón,
esa brisa transparente
que ilumina como el sol,
ese soplo ce ternura,
transparente y sin color.

Yo lo veo en tí
y en tu retrato,
lo percibo al recostarme
con la cabeza
apoyada en tu regazo
como un niño, esperando
a que acaricies mis cabellos.

Yo lo veo contigo
cuando ahora,
al igual que hace tantos años
tomamos nuestras manos
y dalos juntos
-aunque lentos-
cientos de pasos.

Yo lo veo en tí,
en aquellos ojos
de sol que se va apagando
y se resiste a lo inminente,
y sol quiere ser
para seguir iluminando.

¿Acaso olvida el becerro
la fragancia de los prados,
acaso olvida el hombre
a la madre que lo tuvo,
con cariño,
en tiernos brazos?

¿Acaso olvida el poeta
su primera estrofa,
que aunque mala,
que aunque coja,
le recuerda
como en todo,
la imperfección
de los primeros pasos?

¿Acaso olvida la noche
el tiempo en que solo había sombras,
acaso olvida el piano
los diestros dedos
que pasearon por sus teclas?

¿Acaso crees que puedo olvidarte
por arrugas y otras simplezas,
por cabellos blancos,
por los pliegues de tus manos?

¿Acaso se olvida
a la que fue amiga,
amiga y también compañera,
acaso se olvida el primer amor,
o la primera ilusión?

III

Déjame tomar tu mano,
y vayamos juntos,
como en los tiempos lejanos
otra vez,
sentados al pie de un árbol,
viajemos por el tiempo
recordando el feliz ayer.

Vivamos hoy el pasado,
sigamos siendo felices,
déjame gritar que te amo
como cuando tenía dicisiete años,
teniendo tan solo a un paso
un barranco
y muy por debajo un río,
los montes semihelados
surcando los cielos,
destrozando las nubes
en lo alto,
cuando el exo repetía incesante
lo que siempre te repito
desde no sé cuántos años:
“te amo”. (29/08/85).

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36.- A Lizeth

Ahora que te encuentras tan lejos
en algún lugar del Viejo Mundo,
en mi habitación, meditabundo,
tus travesuras que tan perplejos

nos dejaron en los tiempos viejos
en que me volviste tremebundo,
este cerebrito vagabundo
recuerda como claros reflejos.

Nos separan mar y continente,
el clima, la cultura y las horas,
pero tu muy juguetona mente

no podrá olvidar a los que añoras
y extrañándote están esperando
que vuelvas para seguir jugando.
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