Archivo de la categoría: Derecho y Literatura

«El sistema que forma al jurista no puede limitarse a textos legales. Es muy acrítico»

José Calvo. La pasión literaria al servicio de su vocación jurídica le ha convertido en el autor hispano más destacado de la corriente Derecho y Literatura que inspira a juristas atentos al mundo de la ficción, más cultos y con más capacidad crítica. Catedrático de Filosofía del Derecho, juez y autor de ensayos singulares, aboga por la formación humanística y la cultura literaria tanto como por un derecho para el ciberespacio.

En http://www.diariosur.es/malaga-capital/201701/29/sistema-forma-juristano-puedelimitarse-20170129005358-v.html?ns_campaign=rrss&ns_mchannel=boton&ns_fee=0&ns_source=fb&ns_linkname=malaga-capital

Tribunal en fuga (Runaway Jury) De cómo los abogados buscan quebrar la imparcialidad de jurados y jueces

Jaime David Abanto Torres

 

RESUMEN

En este novedoso trabajo, se abordan una serie de problemáticas éticas de los abogados pero partiéndose del análisis de la película Tribunal en fuga (Runaway Jury), basada en el best seller de John Grishan. La trama implica un juicio millonario contra un gran consorcio corporativo de armas, al que se responsabiliza del asesinato de un abogado y otras personas en una balacera sin sentido. El autor desarrolla los pormenores del juicio (seguido con jurado, propio del sistema anglosajón), pero particularmente la actuación de los abogados, haciéndose un paralelo con lo que sucede en los procesos escritos dirigidos por un juez. Se cita así la regulación pertinente del código de ética del abogado, los decálogos conocidos y la doctrina relevante.

 

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¿Puede la literatura formar buenos jueces?

Escrito por Olga Lucía Camacho

Para comprender la relación posible entre literatura y derecho, se debe aceptar de entrada que no sólo se trata de dos universos que se leen y escriben en “códices” distintos, sino que, además, gravitan bajo una racionalidad cifrada en claves diferentes.


Sobre el particular, dos cosas habrían que ser reconocidas de entrada: primero, que se trata de una pregunta a la que se ha dedicado fielmente el movimiento Law and Literature, nacido hacia los años setenta en el contexto de la filosofía del derecho norteamericano; y la segunda, que su respuesta, como sucede naturalmente en cuestiones de filosofía, no es —ni debiera ser— del todo pacífica.

Ahora, para comprender la relación posible entre literatura y derecho, se debe aceptar de entrada que no sólo se trata de dos universos que se leen y escriben en “códices” distintos, sino que, además, gravitan bajo una racionalidad cifrada en claves diferentes. Mientras la literatura se configura en términos de verosimilitud —incluyendo textos de ficción—, el derecho funciona bajo el sentido de lo normativo. La pregunta obligada es si el hecho de que una funcione en clave de “fa” y la otra en clave de “sol” habría de generar alguna “disonancia” al interpretarse conjuntamente, por decirlo de alguna manera.

El texto de Martha Nussbaum, Justicia poética, apunta al respecto interesantes propuestas. Parte la autora en señalar que la novela, pero no cualquiera, es la que permite el establecimiento de este vínculo. Aclara que apenas la de corte realista sirve para tal ejercicio, pues es la que mejor logra abordar situaciones sociales específicas que ilustran su interés por lo cotidiano, lo cual, podríamos decir, resulta compatible con el derecho, si se considera que su fuente primera se halla en el marco de los hechos sociales (claro, bajo la perspectiva de un derecho no natural).

Si la razón no les convence, juzguen ustedes: si fueran jueces y tuvieran en frente una trama que relata el sometimiento, a manera de pobre juego sexual, de una joven muchacha que acepta el trato de un irresistible multimillonario a cambio de una buena suma de dólares; y otra que, a manera de fotografía, va retratando las maneras de ser, sobrevivir y actuar en sociedad según ciertas condiciones implícitas en el relato; en su labor, ¿cuál de estas dos se encontraría más relacionada a su actividad?

Siendo así, afirma que el mérito importante atribuible a la lectura de novelas realistas por parte de los jueces, en su ejercicio de fallar, es múltiple: (I) no sólo mejora la comprensión de los hechos relacionados en un caso judicial, sino que (II) promueve la capacidad de imaginar cuando el juez, en su posición de lector–espectador juicioso, vive la vida de personas que no son él, en situaciones que no son las suyas, lo cual genera (III) empatía y neutralidad al tener que ponerse en los “zapatos” de cada personaje, sin asumir ningún rol como propio y, finalmente, reafirma en el juzgador (IV) su deber igualador, pues, al percibir situaciones dolorosas y desventuradas en la vida de otros, el hecho de detenerse en la experiencia motivan a querer modificarla.

Desde luego, se trata de un espacio muy corto para debatir cada una de estas ideas que reafirman el poder moral de la literatura en la forma de pensar y decidir un caso judicial, pero preguntémonos ahora: ¿qué tanto pudo haber influido en hombres como Carlos Gaviria, exmagistrado de la Corte Constitucional, su conocida afición literaria en la comprensión de complejos y emblemáticos casos en su época de avanzada, como el de la eutanasia en el 97, al exonerar de responsabilidad al galeno que incurría en homicidio por piedad; o en el de la despenalización de la dosis mínima en el 94, priorizando la autonomía de la voluntad?

Lo interesante en Nussbaum es que sostiene, además, que la literatura promueve el desmantelamiento del prejuicio, del estereotipo en el juez. Si es así, ¿qué podríamos decir entonces del magistrado que tiene hoy en su despacho la última palabra sobre las formalidades que requiere la unión solemne entre parejas del mismo sexo, y que resulta ser el mismo que se niega a abandonar el cargo tan sólo para restituirle su ultrajada dignidad?

Otra vez, juzguen ustedes.

Martha Nussbaum, filósofa estadounidense, autora del libro “Justicia poética”.

Antonin Scalia, el juez del Supremo con mayor número de citas literarias

El juez asociado del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, Hon. Antonin Scalia, murió durante la pasada semana a los 79 años de edad. El juez, que fuera reconocido por sus controversiales pero bien escritas opiniones, resultó ser el magistrado del Supremo con mayor citas literarias en sus opiniones.

El artículo, publicado en Literary Hub, afirma que estudios recientes han revelado que el leer libros de ficción contribuyen a desarrollar mayor empatía, un buen hábito de tomar decisiones y el pensamiento profundo. “Estas son sin duda, cualidades virtuosas en un juez del Tribunal Supremo”, señala el artículo. Este fue escrito a base de un estudio de Scott Dodson y Ami A. Dodson del Colegio de Derecho Hastings de la Universidad de California, titulado«Literary Justice».

Mediante su investigación, los autores examinaron todas las opiniones emitidas por cada uno de los jueces del Tribunal Supremo federal incluyendo a Scalia, buscando referencias sobre algunos de los 91 autores de ficción literaria más conocidos y sus trabajos. Se delimitó el buscar referencias bíblicas o de libros de ficción popular (presentaron sus disculpas a Harry Potter) y decidieron también buscar referencias sobre obras, épicas líricas y poesía estándar.

En primer lugar, resulta que el autor de ficción literaria más mencionado por los jueces actuales lo es William Shakeaspeare en un empate con Lewis Carroll. Cada uno de los autores acumuló 16 referencias de los mismos cinco jueces (Hon. Antonin Scalia, Hon. Anthony M. Kennedy, Hon. Clarence Thomas, Hon. Ruth Bader Ginsburg y Hon. Stephen G. Breyer).

Algunos de los otros autores más mencionados al menos una vez en las opiniones son George Orwell (8) y Charles Dickens (6). Otros autores mencionados en opiniones son Dante Alighieri, John Milton, Jane Austen, Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, Mark Twain y Oscar Wilde, entre otros.

En primer lugar, el juez que incluyó mayor cantidad de citas literarias en sus opiniones fue Antonin Scalia, quien acumuló 39 referencias literarias en sus 813 opiniones de 15 autores distintos. A Scalia le sigue el juez Breyer, quien acumuló 15 citas literarias en sus 430 opiniones; Thomas, quien acumuló 11 en sus 514 opiniones; Kennedy, con 8 citas en sus 501 opiniones; Ginsburg, acumuló 7 en sus 381 opiniones; y el juez Samuel Alito Jr., quien acumuló 1 cita literaria en sus 190 opiniones. Ni la Hon. Sonia Sotomayor (con 107 opiniones) ni la Hon. Elena Kagan (con 53 opiniones) incluyeron cita literaria alguna.

Entonces, ¿quiere esto decir que de acuerdo a lo expresado por los autores, Scalia es el juez más empático, virtuoso, que ha tomado las mejores decisiones y que ha manifestado mejor pensamiento crítico?

En http://aldia.microjuris.com/2016/02/18/antonin-scalia-el-juez-del-supremo-con-mayor-numero-de-citas-literarias/