Archivo por meses: febrero 2008

32.- Y al otro lado del mar…

Zarpa la nave ya,
a bordo están los tripulantes;
en el puerto los parientes
se despiden largamente
de sus seres queridos…

Los brazos se levantan
las palmas dicen adiós,
algunas lágrimas se escapan,
y alguien empieza a sollozar…

Lentamente el crucero
se va alejando de la costa,
las aguas rumorean ya
y acompañan a la nave que se va…

A bordo un padre llora
mientras mira distantes a su hija y a su esposa,
en el puerto ellas también lloran;
y es que se quieren de verdad.

En algún lugar en altamar,
en algún puerto en tierra firme,
en algún lugar de algún país,
alguien pensará en la familia que dejó
por ser fiel a su deber.

Y escribirá cartas larguísimas
en delgado papel celeste,
fotografías y postales enviará,
y les dirá que las quiere, que las ama
y que pronto va a retornar.

Y aquí algunos pensarán en ese alguien,
y tal vez lleguen a llorar,
le extrañarán mucho
y soñarán con verlo regresar.

Y al otro lado del mar,
en algún extraño lugar,
tal vez el tiempo se haga más largo,
y la distancia, más grande,
tal vez el frío sea más implacable
y el trabajo, más duro,
tal vez la pena sea muy honda
y la tristeza, insoportable.

Pero el tiempo es tiempo, y corto,
son dos años que pueden enseñar muchas cosas:
paciencia, confianza, cariño, a esperar…

Tal vez regrese
y unas canas aparezcan,
quizá su hija ya esté hablando,
y su esposa sea más paciente…

Mientras tanto escribo
y pienso en cuando vuelva
y me pregunto
¿qué estará pasando
al otro lado del mar …?
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31.- Fotografías

Solo en la intimidad de mi habitación,
sentado sobre mi cama,
abro una graciosa caja que pertenece a mamá;
entre mis manos tomo
lo que guarda en su interior:
fotografías.

Veo caras alegres, conocidas,
gente sonriendo de contenta
gente sonriendo de alegría.
algunas caras son serias,
pero no están molestas;
algunas son de mis padres…

Veo a mi madre en una de ellas,
en sus años mozos,
sonriendo como una mañana de primavera
como si me estuviera mirando
con esos ojos de estrellas…

Veo a mi padre en otra de ellas,
hace dos o tres décadas,
sonriéndole al viento y al mar
desde la cubierta
de la bolichera…

Ahora los veo juntos,
abrazados;
sonriendo de alegría y amor,
y me están mirando;
cierro mis ojos y me digo:
“ya todo ha pasado;
pasó como pasa el sol
terminado el anochecer,
pasó como el agua del río
que nunca ha de volver,
pasó como el tiempo amigo,
que juntos los vio alguna vez”.

Y me pongo a llorar
en silencio y soledad,
“dime tiempo, la verdad:
¿algún día mis padres
se llegaron a amar?”

Ahora tengo otra fotografía
entre mis manos,
y en ella estamos mis padres y yo,
y los tres sonreimos,
y los tres estamos juntos,
y los tres nos queremos.

“yo estoy seguro, de verdad
que algún día se llegaron a amar”
– pienso dejando de llorar-
“esas fotos no me pueden engañar,
el verdadero amor no s epuede imitar
ni para una fotografía:
tal vez nuestros cuerpos
no estén juntos bajo el mismo techo,
tal vez nuestros labios
no sonrían de contento
pero están juntos y sonriendo nuestros corazones
porque aún nos seguimos queriendo”.

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30.- Kharma

Esperé, esperé mucho tiempo,
segundo tras segundo del minuto
y sin pensar en nada.

Pasaron, pasaron por mi mente
algunos años que ya son historia,
uno tras otro y sin parar por nada.

Ví, ví muchas cosas que pasaron
y pienso a veces que existen el destino,
el que todo lo puede y el kharma.

¡Kharma!
Si pudiera conocer el mío,
El que necesito para mejorar vida tras vida,
Resurrección tras resurrección.

¡Kharma!
A veces pienso que mi Kharma
es esperar, recordar, ver, …
y seguir escribiendo.
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29.- Monte Calvario

Era tarde ya.
A lo lejos se divisaba el Monte Calvario,
imponente, sobrecogedor.

Ahora son tres las cruces,
tres los cadáveres clavados.

Algunos soldados al pie de la cruz;
alguno que otro pagano;
el pueblo ya tuvo su víctima;
está contento.

En el cielo,
ese cielo que tenemos al lado y que nunca vemos, alguien llora.
No tiene ojos, ni lágrimas, ni rostro,
ni siquiera cuerpo, pero llora.

Llora Dios porque su hijo ha muerto asesinado,
lloran también María y once de los doce,
escondidos tras las sombras de la noche.

Dios lloró, y no lo vimos.
Y seguirá llorando por nuestra culpa,
porque cada día hay un nuevo Monte Calvario,
porque cada día hay un nuevo Cristo Crucificado,
una nueva víctima inocente, un hermano.

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