Archivo por meses: Noviembre 2007

48.- Las horas tristes

Las horas tristes,
la guitarra abandonada,
las cuartillas olvidadas,
los libros abiertos,
por rincones los cuadernos…

Apuntes flojos, las horas pesadas,
muerto el silencio,
mi cuerpo y su cansancio,
la mente adormecida,
el pensamiento entre lo vano,
el bolígrafo muy cerca de mi mano…

No escribo, pienso,
pienso muchas cosas,
escucho música, reposo, me distraigo,
o tan solo intento distraerme.

Huir la mirada a los libros profanos,
huir la mirada a la noche
vista desde la ventana,
huir la mirada al reloj,
vano intento
de burlar el tiempo.

El tiempo.
Tal vez sea eterno.
Y la noche.
La noche triste.
¿Triste con un cielo
tan hermoso y sombrío?
Oculta la luna,
marchitas las estrellas,
las luces de la ciudad y de los pueblos
tratan de pasar como luz del cielo.

Venga, venga poema,
que lo extraño,
venga musa presta,
a esta pródiga mano,
a liberarla del martirio
de escribir garabatos,
venga a esta mente perdida
en lo sublime y en lo extraño,
en lo triste y lo mundano,
en el dolor y en la sonrisa,
entre el tiempo y el espacio…

Vuelva, vuelva
y no se vaya, musa,
que no existes, eres ficción,
no te interesa al fin y al cabo,
ven aunque no pueda verte
ni tocarte con mis manos.

Vuelve, que no quiero
escribir asperezas.

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16.- Al maestro amigo

Te recuerdo entrando en el aula
con muchos años sobre la espalda,
las arrugas de tus manos
contaban los años
que habías pasado.

Tu mirada espiaba furtiva
nuestras mil chiquilladas tardías;
las gafas oscuras
contemplaban locuras
que ahora añoramos.

Tu sonrisa pegada en los labios,
cuando salían bien nuestras cosas;
los ojos llorando
de rabia y de furia
si no escarmentábamos.

Tus palabras eran consejos
caso omiso nuestras acciones
a la larga vería
nuestra terquedad
que tenías razón.

Con nosotros siempre tú estabas,
en las buenas como en las malas;
en las horas de pena,
dolor y tristeza
nunca nos fallaste.

Eras tan humilde y tan bueno,
nunca nos negaste lo imposible,
siempre nos ayudabas
aunque a veces
ni te dábamos gracias

Te recuerdo como maestro,
como maestro de la vida;
Te recuerdo como amigo,
como amigo del alma dolida;
Te recuerdo como padre
que nunca me falló;
Más que maestro, un amigo,
más que amigo, un padre
que hoy quiero recordar. Sigue leyendo

17.- Es temprano

Es temprano.
Se siente aún el frío de la noche,
como si no supiera
que ha nacido un nuevo día.

Es temprano.
El viento está dormido sobre el patio;
alguna gotas de rocío
bañan las hojas de los árboles.

Es temprano.
Poco hace que se ha levantado el astro rey
de su sueño
sobre el lecho de las tinieblas.

Es temprano.
Un furtivo pajarillo
aterriza suvemente
sobre la inerte inmensidad
del mudo patio.

Es temprano.
Las aulas aún descansan en silencio,
esperando y añorando
a sus muy querido estudiantes.

Es temprano.
No brilla el sol implacable,
no se oye el eco de las voces,
de las risas, de los gritos;
no se oyen las los pasos
retumbando por escaleras y corredores,
no se oye el agua
caer de las canillas
siempre abiertas del labavo,
no se el silbato
ni la voz del instructor,
si se escucha el sermón
del director.

Sólo se oye el silencio…
Es temprano.
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18.- Ahora me pongo a recordar

Ahora me pongo a recordar
esa casita de jugar,
en que vivíamos los dos,
juntos con mi mamá,
(- y nuestro “Lobo” fiel-)
esa casa entre flores
e incontables verdores
por allá, en el frío de las punas.

Ahora me pongo a recordar,
las frías noches del lugar,
en que felices los tres
compartiendo el calor
(-de nuestro tibio hogar-)
me brindaron los días
más felices de mi vida
con amor, en el campamento minero.

Ahora me pongo a recordar
cuando te ibas a trabajar,
y yo te esperaba a tí,
jugando y sin pensar
(-jugando en soledad-)
que todo cambiaría
y que tú ya no estarías
junto a mí, y que me iba con mamá.

Ahora me pongo a recordar,
cuando te ibas a cazar
y contigo iba yo.
quieriendo siempre ser,
(-hasta hoy, quizas, tal vez-)
como el padre que amaba
y que nunca he dejado
de querer, ni de recordar.

Nada ha cambiado de color,
para tí siempre habrá amor
gratitud y respeto
en el fondo de mi corazón,
soy yo, tu pasado hecho hoy,
donde estés tú yo estoy
y donde yo esté tu estarás
siempre conmigo, estando tan lejos.
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75.- Mi sueño de anoche

Recuerdo que anoche
me acosté demasiado tarde,
cerré los ojos
y sin saber cómo
me quedé dormido.
Y tuve un sueño.

Ví calles vacías en silencio,
ví tenues luces alumbrando el pavimento,
el cielo nublado,
oscuro el firmamento,
hojas de papel
reposando en el cemento,
ladrando y saltando
los perros callejeros,
y el viento agitando
las ramas de los árboles.

Me encuentro perdido
en la inmensidad
de una calle sin nombre,
una calle que lentamente se convierte en avenida.

Era de noche
y de pronto
se convierte la avenida
en un callejón estrecho
y sin salida.

Y apareciste en mi sueño.
Pero no sabía que eras tú,
no pude reconocerte,
pero algo en ti me resultaba familiar;
quise llanarte por tu nombre
sin saber cuál es,
y desespero
porque no lo puedo recordar.

Y te vas,
por un sendero angosto
que conduce hacia un prado,
yo me pongo de pie,
y mirando verdores lejanos
el camino decido emprender
al lugar que me lleven tus pasos.

Del viaje a los sueños despierto,
sudoso, agitado,
me cuesta trabajo levantarme,
la mañana está radiante de belleza,
mucho hace que el sol
ha dispersado las tinieblas,
hace mucho el gallo cantó
y no pude escucharlo.
Y viene tu nombre a mi memoria,
un nombre de mujer,
el nombre que no pude recordar
y ansío volver a mis sueños,
y recorrer el angosto sendero
al lugar que me lleven tus pasos.

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Al amor

Manuel Gónzalez Prada

Si eres un bien arrebatado al cielo
¿Por qué las dudas, el gemido, el llanto,
la desconfianza, el torcedor quebranto,
las turbias noches de febril desvelo?

Si eres un mal en el terrestre suelo
¿Por qué los goces, la sonrisa, el canto,
las esperanzas, el glorioso encanto,
las visiones de paz y de consuelo?

Si eres nieve ¿Por qué tus vivas llamas?
Si eres llama ¿Por qué tu hielo inerte?
Si eres sombra ¿Por qué la luz derramas?

¿Por qué la sombra, si eres luz querida?
Si eres vida ¿Por que me das la muerte?
Si eres muerte ¿Por qué me das la vida?

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81.- Amanecer

Aún no se quita el cielo
su azul sombrío velo;
la neblina condensando el viento frío,
sobre el césped, unas gotas de rocío;
gente andando a paso lento,
vibrando está el cemento
entre sierpes de asfalto
y el concreto de lo alto
una estampa marcial,
la luz artificial
va teniendo compañía:
la luz del nuevo día
empieza a brillar.

Gente cuya muerte
no se anuncia en los periódicos,
gente que camina
sin cesar de un lado a otro.

La intersección de millones de historias
puede ser un instante,
impreso en una fotografía,
por una película detenida
en un momento.
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79.- Anochece

Anochece
Estamos solos tú y yo
Ha pasado mucho tiempo
Y hoy volvemos a estar juntos.
Tú y yo.
Mi soledad y yo
Mi soledad de sentirse solo,
Rodeado de tanta gente,
La tristeza que enmudece
Mi alegría,
He vuelto a mi vieja melancolía.

Mi corazón solitario
Permanece inquieto,
Insaciable,
Su lenguaje incomprendido
No franquea las barreras
Del idioma,
De los sentimientos,
De las razones.

Hay cosas que hoy no entiendo
Y ya no quiero comprender,
No conozco a nadie,
Y nadie me conoce,
Me siento muy extraño.

El tic-tac de los relojes,
El sonido de la radio,
La tenue luz
Y mis tinieblas
Se confunden un instante.

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77.- Amanecer feliz

Siento tus manos meciéndome,
Sacudiéndome del lecho,
Despertándome del sueño
Y lo primero que veo
Es tu sonrisa y tu alegría
Anunciándome que pronto seremos padres.

La dulce espera.
Mi amanecer más feliz,
Despertar y recibir la grata noticia,
El milagro de la vida,
El combate con la muerte.
Una criatura dentro de ti
Creciendo poco a poco,
Segundo tras segundo,
Instante tras instante.

La primera vez;
Tener a alguien por quien dar la vida,
Sentir el calor de tu abrazo
Y de tus besos,
Acariciarte
Y sentir que he de apacentarte
Como a una corderita.
Me sentí muy dichoso.
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76.- A la noche

Esta noche me encuentro sin quererlo
en lo profundo de un pozo negro,
lleno de nada,
vacío de todo.

Esta noche marchita de estrellas,
de cielo azul oscuro y densas tinieblas,
carente de luna, carente de vida,
carente de todo.

Luces verdes artifíciales
ce parpadeo constante e incierto,
el tiempo muerto,
muertas las horas,
el verbo se agota,
los versos se esconden,
se extinguen, me abandonan.

Es así, así son las cosas,
y me siento ajeno;
no soy uno de ellos,
soy una persona,
aquí se trata a la gente
como si fueran objetos,
se les compra, se les usa, se les bota.

Algunos vivimos el infierno,
aquí vivimos como perros,
nos odiamos y matamos,
la envidia es la sangre
que recorre nuestras venas,
el rencor el oxígeno
que siempre nos alienta,
el corazón es el seno, la matriz
del egoísmo.

La raíz de todo
es la nada,
el poema es angustia,
deseperación,
sufrimiento,
como la vida,
amargura, pesar,
tormento,
cadena,
suplicio,
frustración.

¿Para qué escribo?
¿Por qué escribo?
¿Es que una vez más
voy a convertirme
en un ser apocalíptico,
en el angel exterminador,
o en el buitre que atormentaba a Prometeo?
¿O acaso en un falso profeta,
en el ángel del infierno,
o en el adalid de chacales y hienas?
¡No sé!…

Oigo quejarse a la noche,
aunque lo hace en silencio,
sola y abatida,
abandonada a su suerte,
en el espacio.

Sola se siente,
melancólica y triste,
como la ola
que llega a la playa
sin saber cómo.

Es que como yo,
ignora aún su porqué,
que tal vez sea tan grandioso
como el mío o el de cualquiera.

Quien pudiera decirle
que me siento como ella,
y que comparto sus penurias,
y su soledad me fascina,
porque en ella encuentro
el refugio de mis penas,
porque ella me acoge en su seno,
como si fuera mi madre,…
la madre de mis penas.
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