Trabajo y educación en las cárceles

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Carlos Hugo Falconí Robles (*)
El penal de máxima seguridad de “Piedras Gordas”, por ahora está situado junto a codiciables terrenos que deberían de declararse intangibles e inalienables, a fin de que no sucedan los inconvenientes actuales del establecimiento penitenciario de “Lurigancho”, que se encuentra rodeado de viviendas cuando –hasta varios años antes– su ubicación tenía la misma condición de la cárcel de Ancón.

De destinarse a la prisión de “Piedras Gordas” más hectáreas para ampliar el complejo penitenciario, éste se convertiría en el más funcional y operativo de América Latina. Un verdadero centro de rehabilitación, por cuanto tendría campos de cultivo, talleres en diversas modalidades financiados por el Estado y las empresas privadas, con la finalidad de que los internos se reintegren a la sociedad mediante el trabajo impulsado por los ingresos de su producción, y el aliciente de que la utilidad sería destinada a ellos y para el establecimiento penitenciario.

Con este impulso los internos harían florecer los campos de cultivo, sea de hortalizas, plantas medicinales, frutales, cereales, flores, granjas, módulos en sus diversas facetas. Incluso podrían contar con el auxilio técnico y capacitación de parte de las universidades, a fin de lograr una óptima producción, que sería adquirida por los propios centros penitenciarios y el Estado.

El Código de Ejecución Penal reconoce que a través del trabajo y del estudio se logra la reeducación, rehabilitación y reincorporación del interno a la sociedad; pero, más allá de lo que digan las leyes, también es una preocupación de la comunidad buscar realmente que los internos de los establecimientos penitenciarios salgan verdaderamente rehabilitados y su reincorporación a la sociedad sea en forma eficaz. Así se evitaría que las prisiones se conviertan en “centros especializados” en delinquir, ya que algunas de nuestras cárceles siguen siendo las “universidades del delito”, en donde los presos que ingresan salen “graduados” en el mundo delictivo.

Con el arduo trabajo y educación dirigida a los internos se brindará seguridad ciudadana a nuestra colectividad que día a día ve con gran preocupación que el índice delincuencial va en aumento.

*Juez integrante del programa social “Justicia en tu Comunidad” de la Corte de Lima

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