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Tal vez no pueda hablar de ti porque no te conozco.
Heraldo incansable que anuncias el final de la vida,
en forma instantánea, tal vez en larguísima agonía,
quitándole al hombre su ser y su existencia.

Llegas en cualquier instante y sin anunciarte,
no perdonas a nadie, ni al opulento ni al miserable
de ti no se libró ni Dios, aunque logró vencerte.

¿Cómo eres? ¿qué se siente?
¿Serás tal vez el final de un sueño?
¿serás el comienzo de lo desconocido?
¿serás mutismo, serás movimiento,
serás sombras, serás luces y relámpagos,
serás aurora, atardecer o noche,
llamas de fuego, fríos témpanos de hielo
o finalmente el regreso a la misma vida?

Te espero y no te espero, muerte,
no sé si temerte o no temerte,
no sé si conocerte o ignorarte,
no sé si es mejor vivir o acariciarte.
Muerte, muerte.

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