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Institución de los jueces
Al día siguiente, se sentó Moisés para juzgar al pueblo; y el pueblo estuvo ante Moisés desde la mañana hasta la noche. El suegro de Moisés vio el trabajo que su yerno se imponía por el pueblo, y dijo: “¿Cómo haces eso con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo haciendo que el pueblo tenga que permanecer delante de ti desde la mañana hasta la noche?” Contestó Moisés a su suegro: “Es que el pueblo viene a mí para consultar a Dios, dicto sentencia entre unos y otros, y les doy a conocer los preceptos de Dios, y sus leyes.” Entonces el suegro de Moisés le dijo: “No está bien lo que estás haciendo. Acabarás agotándote tú y este pueblo que está contigo: porque este trabajo es superior a tus fuerzas; no podrás hacerlo tú solo. Así que escúchame: te voy a dar un consejo, y Dios estará contigo. Sé tú el representante del pueblo delante de Dios y lleva ante Dios sus asuntos. Enséñales los preceptos y las leyes, dales a conocer el camino que deben seguir y las obras que han de practicar. Pero elige de entre el pueblo hombres capaces, temerosos de Dios, hombres fieles e incorruptibles, y ponlos al frente del pueblo como jefes de mil, jefes de ciento, jefes de cincuenta y jefes de diez. Ellos juzgarán al pueblo en todo momento: Te presentarán a ti los asuntos más graves, pero en los asuntos de menor importancia, juzgarán ellos. Así se aliviará tu carga, pues ellos te ayudarán a llevarla. Si haces esto, Dios te comunicará sus órdenes, tú podrás resistir, y todo este pueblo por su parte podrá volver en paz a su lugar.”
Escuchó Moisés la voz de su suegro e hizo todo lo que le había dicho. Eligió, pues, hombres capaces de entre todo Israel, y los puso al frente del pueblo, como jefes de mil, jefes de ciento, jefes de cincuenta, y jefes de diez. Estos juzgaban al pueblo en todo momento; los asuntos más graves se los presentaban a Moisés, mas en todos los asuntos menores juzgaban por sí mismos.
Después Moisés despidió a su suegro, que se volvió a su tierra.
Éxodo 18, 13-24

Siendo juez, no hagas injusticia, ni por favor del pobre, ni por respeto al grande: con justicia juzgarás a tu prójimo.
Levítico 19,15

Del mismo modo juzgarás al forastero y al nativo; porque yo soy Yahveh vuestro Dios.
Levítico 24, 22

Los jueces
Establecerás jueces y escribas para tribus en cada una de las ciudades que Yahveh te da; ellos juzgarán al pueblo con juicios justos. No torcerás el derecho, no harás acepción de personas, no aceptarás soborno, porque el soborno cierra los ojos de los sabios y corrompe las palabras de los justos. Justicia, sólo justicia has de buscar, para que vivas y poseas la tierra que Yahveh tu Dios te da.
Deuteronomio 16,18-20

El sueño de Gabaón
“Fue el rey a Gabaón para ofrecer allí sacrificios, porque aquel es el alto principal. Salomón ofreció mil holocaustos en aquel altar. En Gabaón Yahveh se apareció a Salomón en sueños por la noche, Dijo Dios: “Pídeme lo que quieras que te dé” Salomón dijo: “Tú has tenido gran amor a tu siervo David mi padre, porque el ha caminado en tu presencia con fidelidad, con justicia y rectitud de corazón contigo. Tú le has conservado este gran amor y le has concedido que hoy se siente en su trono un hijo suyo”. Ahora Yahveh mi Dios, tú has hecho rey a tu siervo en lugar de David mi padre, pero yo soy un niño pequeño que no sabe salir ni entrar. Tu siervo está en medio del pueblo que has elegido, pueblo numeroso que no se puede contar ni numerar por su muchedumbre. Concede pues, a tu siervo, un corazón que entienda para juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal, pues ¿quién será capaz de juzgar a este pueblo tuyo tan grande?” Plugo a los ojos del Señor esta súplica de Salomón, y le dijo Dios: Porque has pedido esto y en vez de pedir para ti larga vida, riquezas, o la muerte de tus enemigos, has pedido discernimiento para saber juzgar, cumplo tu ruego y te doy un corazón sabio e inteligente como no lo hubo antes de ti ni lo habrá después. También te concedo lo que no has pedido, riquezas y gloria, como no tuvo nadie entre los reyes. Si andas por mis caminos, guardando mis preceptos y mis mandamientos, como anduvo David tu padre, yo prolongaré tus días”. Se despertó Salomón y era un sueño. Entró en Jerusalén y se puso delante del arca de la alianza del Señor; ofreció holocaustos y sacrificios de comunión y dio un banquete a todos sus servidores”.
Libro Primero de los Reyes 3, 1-15

Reformas judiciales
Residía Josafat en Jerusalén, pero volvió a visitar al pueblo desde Berseba hasta la montaña de Efraím; y los convirtió a Yahveh, el Dios de sus padres. Estableció jueces en el país, en todas las ciudades fortificadas de Judá, de ciudad en ciudad; y dijo a los jueces: “Mirad lo que hacéis; porque no juzgáis en nombre de los hombres, sino en nombre de Yahveh, que está con vosotros cuando administráis justicia. ¡Que esté sobre vosotros el temor de Yahveh! Atended bien a lo que hacéis, porque en Yahveh nuestro Dios no hay iniquidad ni acepción de personas ni soborno”.
Libro Segundo de las Crónicas, 4-7

¿Hasta cuándo juzgaréis inicuamente, y haréis acepción de los impíos? Juzgad a favor del débil y del huérfano, al humilde, al indigente haced justicia; al débil y al pobre liberad, de la mano de los impíos arrancadle.
Salmo 82, 2-3

Con paciencia se persuade al juez, una lengua dulce quebranta los huesos.
Proverbios 25,15

Arranca al oprimido de las manos del opresor, y a la hora de juzgar no seas pusilánime Eclesiástico 4,18

No te empeñes en llegar a ser juez, no sea que no puedas extirpar la injusticia, o te dejes influir del poderoso y pongas un tropiezo en tu entereza.
Eclesiástico 7,6

No entres en pleito con un juez, que por su dignidad fallarán en su favor.
Eclesiástico 8, 14

El juez sabio adoctrina a su pueblo, la autoridad del sensato está bien regulada
Eclesiástico 10, 9

Grande, juez y poderoso reciben honores, mas no hay mayor entre ellos que el que teme al Señor.
Eclesiástico 10, 24

Antes de juzgar examínate a ti mismo, y en el día de la visita encontrarás perdón.
Eclesiástico 18,20

Dé Dios sabiduría a vuestro corazón para juzgar a su pueblo con justicia, y que no se desvirtúen los valores de los padres, ni su gloria en sus generaciones.
Eclesiástico 45,26

Y le inspirará en el temor de Yahveh. No juzgará por las apariencias, ni sentenciará de oídas. Juzgará con justicia a los débiles y sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra. […] Justicia será el ceñidor de cintura, verdad el cinturón de sus flancos.
Isaías 11, 3-4.6

No saben juzgar sus pleitos, ni liberar y proteger al agraviado, porque son incapaces; como cornejas son entre el cielo y la tierra .
Baruc 6,53

Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.
Mateo 5, 25-26

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