En homenaje a Rodrigo Franco, asesinado, mártir de la democracia

julio 04, 2013

El notable y valiente testimonio de Cecilia Martínez del Solar, esposa de Rodrigo Franco Montes de Peralta, en audiencia pública de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR), nos ha traído a la memoria los aciagos días del conflicto armado interno, donde reinaba el asesinato, por una parte, por el terrorismo subversivo de Sendero Luminoso, por otra, por un  grupo paramilitar, el terrorismo no subversivo, que vilmente usurpó el nombre de Rodrigo Franco. El cobarde asesinato de Rodrigo Franco se produjo el 29 de agosto de 1987, el testimonio de Cecilia Martínez ante la CVR, se da el 21 de agosto de 2002, quince años después.     

Es sorprendente el perfil del escuadrón de la muerte que asesinó a Rodrigo Franco, según el impecable testimonio de Cecilia Martínez: “Mientras salía a reconocerlo al jardín, miré hacia al lado derecho y vi a personas, todas de perfiles homogéneos, vestidas de negro que caminaban hacia el río.”

Consideramos el  testimonio de Cecilia Martínez, viuda de Rodrigo Franco,  un  documento histórico invalorable sobre el asesinato y la impunidad en el Perú. Quince años después del asesinato de Rodrigo, Cecilia logró elaborar desde el dolor más hondo un relato riguroso y conmovedor. “Luz, más luz”, como se expresaba Goethe. Testimonio que nos ayudará  a todos los peruanos y peruanas a elaborar una memoria histórica fuerte sobre el valor de la paz y la no violencia, y sobre la infamia de los crímenes de lesa humanidad y de su  impunidad.  

¿Quién era Rodrigo Franco?

"Gracias. A todos los miembros de la Comisión de la Verdad, les agradezco, a todos los presentes y a todas las, dedicado a todos los que hemos sido víctimas y sobrevivientes de estos lamentables hechos. Quisiera empezar diciendo que estar acá dando este testimonio lo siento como una obligación moral y lo hago para que otras personas no tengan que pasar lo que mis hijos y yo y las personas que nos rodean, nos rodearon, tengan que pasar lo que nosotros pasamos, para que se pueda saber la verdad y no vuelva a ocurrir, como yo temo que puede ser.

Rechazo la idea de que estos hechos queden impunes, creo que la única forma de acabar con la violencia y con el abuso es sancionando a los responsables, para que el resto de la población o el resto de las personas sepan que estos hechos no se pueden quedar, que se hacen y que no pasa nada. Creo que sólo en ese sentido se puede entender un proceso de reconciliación. Voy a hablar como testigo del asesinato de Rodrigo Franco Montes, que fue mi esposo.

Cuando murió Rodrigo, tenía treinta años, tenía tres hijos y un poco menos de diez años de matrimonio. Siempre fue un hombre honrado y transparente. Militante del Partido Aprista, de familia. Su padre fue aprista y su abuelo fue fundador del APRA. Rodrigo fue una persona con una clara vocación de servicio, dedicada hacia los más pobres. Vi, presencié todo el esfuerzo que él dedicaba, en ese sentido. Creo que de no haberme conocido esto se hubiera concretado en una vocación religiosa, hecho que evidentemente no ocurrió. Pero sí le quedaron firmes los principios y valores con los que siempre en el mundo laico practicó.

Su paso por la política lo asumió con conciencia de que iba en contra de nuestros propios intereses. En la época que él trabajó en el gobierno, no había estas planillas magníficas del PNUD y el sueldo que él recibía era un sueldo, era un sueldo magro, muy por debajo de lo que él recibía en esos tiempos, en el sector privado. Sin embargo, consultó conmigo porque consideraba que la familia entera iba a sentir las repercusiones de esta decisión y tomó la decisión de aceptar el cargo que le ofrecían para trabajar en el gobierno. Su primera función pública la desarrolló en el Ministerio de Agricultura, como Secretario General del mismo.

Posteriormente, pasó a ser Presidente del Directorio y Presidente Ejecutivo de Enci. Enci, es una empresa, era una empresa muy grande, tanto que llegó a manejar el veinticinco por ciento del presupuesto nacional. Era una empresa pública que tenía el monopolio de todas las importaciones. Que dentro de una economía cerrada era muy poderosa. El año que estuvo en Henchí, porque sólo estuvo un año ahí no dejó ningún día de sorprenderse de las cosas que veía. Vio desde coimas y cheques muy grandes que tuvo que rechazar, hasta una serie de irregularidades tratando con su trabajo de que estas cosas no ocurrieran. Nunca tomó un centavo que no le correspondiese. Esa etapa la pasamos evidentemente en, muy ajustados económicamente pero Rodrigo era, estaba satisfecho del trabajo que lograba y lo hizo con cariño y dedicación, sin lamentarse nunca en ese sentido.

Los días de antes de morir, decidió renunciar. Para que no lo hiciera se le ofrecieron tres cargos: el Ministerio de Industrias, la Presidencia del Instituto Nacional de Planificación y hasta la Presidencia del Banco Central. No siendo él economista, él era abogado. Algo lo había afectado y decidió alejarse ¿Qué fue?, no me lo dijo. Pero ya había muchas divergencias con el gobierno. Por un lado, había bases apristas de jóvenes y provincianos que venían a buscarlo, pidiendo que lidere un proceso de moralización dentro del APRA. Por otro lado, no estaba de acuerdo con mucho de las políticas que se practicaban en ese gobierno. No estaba de acuerdo, no estuvo de acuerdo con la estatización de la banca, no estaba de acuerdo con el dólar MUC, no estaba de acuerdo con la importación de tantos alimentos. No estaba de acuerdo con los subsidios indiscriminados. Sobre todo, no estaba de acuerdo con el subsidio a la harina. El subsidio a la harina se reflejaba en el pan y en el fideo. Y eso, él veía claramente que condenaba a muerte a todo el campesinado peruano. Tampoco, estuvo de acuerdo con el subsidio a la leche. Y condenaba así mismo a todos los ganaderos del Perú. (...) Rodrigo decidió tomar distancia del partido, pero no tuvo tiempo para hacerlo..".

¿Cómo lo asesinaron?

“Sobre los hechos mismos del asesinato de Rodrigo, puedo decir lo siguiente. Era sábado veintinueve de agosto de mil novecientos ochentisiete, hacía un mes que nos habíamos mudado a vivir en Lima, sólo pasábamos los fines de semana en la chacra de Ñaña, chacra que era de su mamá. Llegamos el viernes en la noche, muy tarde, los chicos ya habían llegado más temprano, cuando llegamos ya estaban dormidos. Nos recostamos inmediatamente. Despertamos con un fuerte ruido que yo, personalmente pensé que era un temblor. Sin embargo, para Rodrigo fue evidente que no lo era, porque antes de que hubiera una segunda detonación, él ya había estado, él ya había traído a los chicos y a las empleadas hacia el cuarto de nosotros. En la segunda detonación, ya para mí era claro que eso se trataba de un ataque terrorista. Estábamos totalmente cercados en un dormitorio que tenía ventanas por muchos lados. Rodrigo recorría las ventanas, mirando lo que pasaba. Yo nunca llegué a mirar hacia fuera porque iba detrás de él. Y en un momento oímos más detonaciones y finalmente una de ellas fue en la puerta de nuestro cuarto.

Sonó la puerta y abrió un hueco en el techo. Todo era un, todo eran escombros, tejas, adobes, una cosa horrible. Hubo una voz que lo llamó y le dijo: ¡Rodrigo Franco, entrégate porque sino entramos por toda tu familia!. Cuando oí eso supe que él lo iba hacer. Me prendí de su cintura, impidiendo que avanzara, la amenaza se volvió a repetir. Forcejeamos, discutimos, él molesto me tomó de los hombros, mientras que me hacía retroceder. Finalmente, me gritó para que lo suelte y reaccionara. ¡Cecilia, por favor!, ¡por nuestros hijos! Y me tiró hacia mi cama. Y él salió caminando.

Inmediatamente lo ametrallaron. En la puerta del cuarto, él abrió la puerta, la única puerta que quedaba cerrada, fue ametrallado inmediatamente. Y después de unos segundos, oímos que una voz contaba hasta tres mientras daba tiros. Tres tiros se dieron. Volvió a hacerse el silencio y en breves segundos que para mí fueron muy largos, este salí a verlo y lo encontré tirado al lado de un cafeto que él mismo había plantado en la puerta de nuestro jardín. Estaba tirado, estaba sangrando. Pero no podía aceptar yo la idea de que estuviera muerto.”

¿El perfil de los miembros del escuadrón de la muerte que asesinaron a Rodrigo Franco?

“Mientras salía a reconocerlo al jardín, miré hacia al lado derecho y vi a personas, todas de perfiles homogéneos, vestidas de negro que caminaban hacia el río.”

http://www.cverdad.org.pe/ingles/apublicas/audiencias/trans_lima02d.php

TRILOGÍA DE LA EDAD DE LA UTOPÍA

junio 30, 2013

El texto más bello y hondo, inmerecido como ser libres para amar, que se escribió como un breve comentario a una de mis obras, es el de Jimmy Carter. Lo publico como la presentación de mi, Trilogía de la edad de la utopía: Lectura del Siglo XX. Tiempo de tragedia y esperanza (1999), La edad de la utopía (2001), Solidaridad frente a homicidio: ensayos sobre la no violencia militante en el siglo veintiuno (2003).

"La suya es una oportuna contribución a los esfuerzos globales para lograr la paz y promover el respeto por los derechos humanos. Hacen falta muchos como él. Con ternura poética, Manuel Piqueras explora las consecuencias del horror social de la violencia que aflige hoy en día a la sociedad mundial. Desplazándose ágilmente por la Historia y la Literatura, Manuel fabrica un elocuente argumento de la no violencia, como una respuesta perfectamente analizada y reflexionada." Jimmy Carter, Premio Nobel de la Paz, 2002.

http://openlibrary.org/authors/OL1547084A/Manuel_Piqueras#seeImage

https://www.facebook.com/media/set/edit/a.1015063304198.2002603.1453546644/

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Hannah Arendt: el estallido de la sabiduría del amor

junio 23, 2013

¿Por qué este  estallido desde el depósito de mi memoria? Estoy empezando a tomar conciencia de los arquetipos poéticos que están en mis escritos. No sabía nada de su presencia silenciosa que ahora escucho, desde Amadeus Mozart hasta Hannah Arendt en estos días, y qué seguirá Dios mío. Esta explosión de mi alma me mueve hasta los conchos, quedo exhausto luego de cada irrupción de imágenes e ideas tan cargadas de humanidad y belleza.

Las imágenes e interpretaciones, muchas de ellas cuestionables por frivolidad o por ignorancia de, Hannah Arendt, el filme de Margarethe Von Trotta, sobre la investigación que realizó la gran pensadora, en el juicio en Jerusalén a Adolf Eichmann, que  acaba en la creación de su concepto genial sobre  la banalidad del mal,  sólo han sido un estímulo exterior, que ha movido mi insight interior.

Entrego estos fragmentos del pensamiento y la acción de Hannah Arendt, que son un estallido de la sabiduría del amor, por amor al mundo.  

Solo quiero viajar sin rumbo, hasta encontrar nuevas tierras y nuevos cielos en lontananza.

 

El pensamiento apasionado

"Estamos tan acostumbrados a la antigua dualidad razón contra pasión, espíritu contra vida, que la idea de un pensamiento apasionado, en el cual el pensamiento y la vitalidad se funden en una sola cosa, nos coge un poco por sorpresa".

Amor al prójimo

Su tesis doctoral, El concepto de amor en San Agustín, bajo la asistencia de Karl Jaspers, en la Universidad de Heidelberg, marcará su vida y su obra. Después del horror de la Segunda Guerra Mundial, Hannah Arendt y Karl Jaspers tomaron conciencia que no sólo la filosofía debía convertirse en concreta y práctica, sin olvidar nunca sus orígenes, sino el amor al prójimo. Pensamiento y acción que Hanah Arendt compartió con dos grandes pensadores poéticos amigos, Walter Benjamin y Albert Camus.

Inconformista

“El inconformismo social, es la condición sine qua non del logro intelectual”

La amistad desde el pequeño

"El milagro, el amor en la amistad: ... has ocultado estas cosas a sabios y prudentes, y se las has revelado a pequeños”.“.

Ver, Elizabeth Young-Bruehl, Hannah Arent: For Love of the World (Yale University Press, New Haven y Londres, 1982).  

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AMADEUS DE LA LENGUA DE LA MANCHA

junio 20, 2013

Escribe: Manuel Piqueras

¿Por qué el arquetipo poético de Amadeus es el alma de mi libro, Las paradojas de la soledad y de mi obra escrita?

Estoy tratando de tomar lúdicamente mi alumbramiento, Las paradojas de la soledad, pero me asusta. Solo puedo mirarlo. No tengo distancia sobre mi escrito, son los huesos de mi alma, la columna vertebral, su médula espinal.  Mi única memoria es el ojo mental (miré y vi el mundo como escritura), mi instinto iluminado por la inteligencia. No tengo memoria auditiva, lo que me entra por un oído me sale por el otro.

¿Por qué el arquetipo poético de Amadeus es el alma de mi obra? No tengo ninguna capacidad de hacer una reflexión de segundo grado sobre este libro, no puedo hablar de él, solo podría leer intuitivamente algunos breves textos que se articulan en su fragmentación, como un rompecabezas que se arma con las manos, como un collage que se pinta en un lienzo.

Necesito meterme en el mundo de mis nietas, ver bellas películas sobre niños con ella acá, en el pequeño Malambito de Barranco, eso me da tranquilidad y paz, me olvido de todo, solo existen ellas, soy tan solo papapa nana. Necesito descansar, perderme en la inocencia de las niñas de mis sueños, que me salvan de la angustia y el dolor.

¿Por qué titulo este opúsculo, Amadeus de la lengua de la Mancha? Está en el Epílogo de mi libro, significa que la creación artística no es mérito humano: es don, que uno tiene que agradecer, más allá de ser consciente de que no eres nada ni nadie, más allá de estar dispuesto a ser enterrado en una fosa común como un pobre diablo.

Amadeus Mozart: en el Día de la Música 2013

junio 20, 2013

Amadeus dictándolo el Réquiem a Salieri. El contrapunto entre la creatividad del pequeño Mozart y el calco y copia del académico Salieri, es una obra maestra del arte universal. Es maravillosa esta escena de Milos Forman en su genial filme Amadeus, que culmina trágicamente en la muerte y el entierro del pequeño Mozart en una fosa común y en la reclusión en un manicomio del académico Salieri.

http://www.youtube.com/watch?v=tlPQD04tn88

THE DOVES’S DEATH

junio 17, 2013

Once upon a time was a pair of middle aged doves, male and female, that met without imagining for a moment that they were going to know each other.

These human birds exchange their funny and stabbing lives.  Why not?  Yes, the Happy Prince by Oscar Wilde had a true friend, the swallow that gave its life for him.  They began to recognize themselves, achieving a beautiful and deep friendship, caring always of one another. 

With time and without realizing it they called that friendship mystery and grace, they decided to fly together far away, until they arrived to heaven.  They lived in that paradise without looking back.

Past the dream in an inscrutable burst of conscience, they realized that they had to fix the issues they had on earth, in order to enter into heaven eternally, which paradoxically was a universe with no heaven.

They decided to separate to start their trips again as exiles, guided only by their dreams.  As the poet says: “sometimes dreams become incarnated in our lives”

They never renounced their friendship, until their departure, headed into the unknown, towards the poetic death: the most real of the deaths

Manuel Piqueras, "The Dove´s Death", in Paradoxes of Solitude. Lima: 2012. 

Remembraza de Javier: la vida es un viaje

junio 07, 2013

La vida es un viaje, te aproximas a buen puerto, vez tierra en lontananza. Un gran cariño, amigo de toda una vida compartida, desde muy jóvenes. Estoy en relación con Enzo, amigo común, que se que tanto quieres, poeta maldito, viviendo en las entrañas indígenas de San Cristóbal de Las Casas, en Chiapas, que buenos momentos pasamos con él, entre el humor y la poesía. Tu dolor es mi dolor, tu alegría es mi alegría.

https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=541772752524095&id=176821089019265

No matarás: la destrucción de las Indias

junio 04, 2013

"Antes de la llegada de los españoles, en las Indias sólo en la América española la población indígena alcanzaba alrededor de 50 millones de habitantes, según las proyecciones modernas más serias, descontando las estimaciones extremas e interesadas. En los territorios del Perú, la población indígena alcanzaba cerca de 10 millones de habitantes, en esas mismas proyecciones. Después de la llegada de los españoles, se estima que en la América española la mortandad fue de entre 20 y 25 millones de indígenas. En los territorios del Perú, se calcula unamortandad de 9 millones de indígenas. La caída demográfica catastrófica se atribuye a cuatro causas fundamentales: “la desnutrición y el cambio de régimen alimentario, la presencia de enfermedades (viruela,sarampión, gripe, tifus y otros) que no encontraban inmunizada a la población indígena, las guerras deconquista y el trabajo forzado. Pero es claro que no son factores que actúan en forma paralela, se combinan haciendoque cada uno de ellos acreciente su poder destructor. Hay, además, otras razones: suicidios, separación forzada de hombres y mujeres, ‘desgano vital’ [...]”. La conquista (ingressus) y el régimen de la encomienda (progressus) fundaron una violencia estructural desmesuradahambruna y enfermedad y conductas violentas extensivas e intensivas como la guerra y el genocidio, el homicidio y el suicidio.".

Manuel Piqueras, Hablar de Dios desde la Indias y las Américas. Lima: 2010.

 http://blog.pucp.edu.pe/media/avatar/392.pdf


A las mamás de verdad, por Patricia del Río

mayo 10, 2013

Desde la libertad de estas páginas, publico este bello artículo de Patricia del Río, es una manera de rendir homenaje a mi madre, que creo sintió por mi, su hijo mayor y por mis hermamos y hermanas este gran amor paradojal. !Feliz día a las madres de verdad!   

 

"Cada vez que prendo la tele, pienso que si nuestra vida fuera como la publicidad nos muestra, las madres seríamos una magnífica combinación de valientes heroínas, grandes lavanderas, eficientes ejecutivas, comprensivas psicólogas, regias modelos de pasarela y por supuesto mejores mamás que la señora Caroline Ingalls… Y está bien. La publicidad vende fantasías, aspiraciones, sueños.

Pero la realidad, digamos, es bastante más cruda. Pocas veces nuestro día a día se asemeja a la de las mamás de los comerciales. Para serles franca ser madre es un constante reto, que se parece a una carrera de obstáculos. Es una lucha entre este modelo ideal de mami perfecta y abnegada, siempre linda y eficiente de la pantalla, que se estrella contra la verdad de nuestras vidas que están más cerca al caos.

Ser mamá es una experiencia inexplicable, valiosa, y en mi caso la más maravillosa que haya tenido en mi vida. Pero, es fuente de frustraciones cuando tengo que elegir entre dedicarle tiempo a mi trabajo o a mi hijo.

Ser mamá me ha permitido tener muchas convicciones, pero es también motivo de la peor culpa, cuando en medio de un viaje, de pronto, caigo en cuenta que no pensé en Adriano hasta que cayó la noche.

Ser mamá me ha devuelto una risa a carcajadas que había olvidado, pero es frecuente causa de angustia, cuando no puedo dormir, porque creo que me excedí en regañarlo cuando me contestó mal.

Ser mamá me ha vuelto más fuerte, pero me hace más insegura cada vez que me pregunto si lo estoy haciendo bien, cada vez que no soporto la bulla de mi hijo, cada vez que estoy agotada y no tengo ganas de jugar y me obligo a hacerlo sin mucho entusiasmo.

Ser mamá me hace sentir invencible, pero ha sido el origen del peor miedo cuando mi hijo se enferma, de la peor cólera cuando otro niño lo maltrata, de la más absoluta impotencia cuando llora porque algo no sale como él quiere.

Ser mamá ha cambiado mi cerebro de tal forma que no existe decisión que tome en mi vida que no considere a mi hijo, pero también me hace sentir profundamente egoísta cuando me tomo una tarde libre o me encierro a leer un libro en mi cuarto.

Hace muchos años, cuando yo aún no tenía a Adriano, visité a una gran amiga que acababa de dar a luz y estaba con cara de susto. “No sé si he cometido un error”, me dijo. “Esto es agotador. Pero ya no puedo hacer nada, porque este error no desaparece… crece”. Me conmovió su sinceridad, su vulnerabilidad, su miedo. Hoy mi amiga es madre de dos lindos niños, que no son un error sino su mejor acierto. Y ella lo sabe, y es feliz. Aunque, como todas, a veces se harta.

Por eso, sería magnífico que este domingo de una vez por todas nos olvidáramos un rato de las mamás de los encartes y los comerciales, y celebráramos a la mamá imperfecta, a la que se esfuerza, a la que se aburre, a la que no se depila. A esa que pierde la paciencia, a la que odia los Backyardigans, a la que grita en la mañana, a la que nunca llega a tiempo. A la mamá que se le escapan lisuras en el tráfico o a la que acaba de decirle a su hijo que la deje en paz un rato, que tiene que terminar urgente una columna para el periódico. A las mamás de verdad, feliz día.".

El Comercio. pe. Columna de Patricia del Río Labarthe. Jueves 9 de mayo del 2013.

 

El humanismo político de Javier Diez Canseco

mayo 05, 2013

Felices los que lloran, porque ellos serán consolados, Mateo: 5-4.

Hasta que le dieron las fuerzas, pude comunicarme con Javier, me pareció maravillosa no solo la manera en que daba cara a su enfermedad, sino su bella prosa, en su fondo y en su forma. Entrego este mensaje, que es una conversación entre amigos de toda la vida. Cariños entrañables amigo y hermano, partiste hacia la libertad para amar, rumbo a lo desconocido.     

"Estimado Fernando:

Por medio de Manuel Piqueras, que aparece siempre en mi vida en los momentos más inesperados, me entero que Enzo, queridísimo amigo, sigue en México, cerca a los sectores con los que trabajó y a quienes sirvió siempre de todo corazón. Son tantos los que quisiéramos tenerlo cerca, recibir su abrazo y su voz serena.

El pase de tantos años sin noticias, los esfuerzos frustrados de Manuel y míos por ubicarlo en San Cristóbal de las Casas, y esta casi milagrosa reaparición en estas circunstancias, difíciles para mi, me han conmovido mucho. No se cómo leer esta señal ahora que me preparo para comenzar mi tratamiento de un cáncer complicado y difícil que quiero enfrentar con decisión y serenidad.

Siento que es una señal de vida, como un llamado a comprometer una visita futura a San Cristóbal para visitar a Enzo en casa y retomar, como si fuera ayer, las conversaciones y las expresiones de afecto que se interrumpieron por encima de nuestras voluntades.

Me alegro tanto de saber que esta allí, donde pertenece y quiere estar, con los que son verdaderamente suyos. ¡Me emociona tanto saber que sigue siendo actor y testigo de las luchas de los que buscan su liberación!

Transmitale mi abrazo más fuerte y cálido, mi cariño más íntimo y la fuerza de vida que su mensaje me ha traído.

Encararé la lucha más decisiva de mi vida, lo haré con ganas de vivir y de seguir batallando, con ganas de verlo más adelante y de confundirnos en un abrazo fraterno de hermanos que se reencuentran.

Gracias a Manuel y a Ud. Fernando por haberme dado esta alegría, esta emoción tan honda e inesperada, de traerme el aliento de un hermano que nunca estuvo ausente, sino apenas distante.

Gracias, Javier Diez Canseco".

Amadeus andino y universal: Cristo azotado de América

abril 21, 2013

"Hoy sufro solamente".
César Vallejo, “Voy a hablar de la esperanza”.

Amadeus andino y universal, paloma y serpiente.

Amadeus andino y universal, caminamos rumbo a lo desconocido: el dolor y la muerte.

Amadeus andino y universal. ¿Quién nos da la mano? Nadie, solo la niña de ancianos pasos.

Amadeus andino y universal, estamos ante la remembranza y el despertar a la pasión y muerte de la humanidad.

Amadeus andino y universal, revivimos. El Evangelio según san Mateo, de Pier Paolo Pasolini: sol y luna, en un mismo instante, iluminándonos, quebrando las leyes del universo.

Amadeus andino y universal, enlazas el réquiem de los pobres, el viaje, el exilio y la búsqueda, el dolor y la muerte, la alegría y la vida.

Amadeus andino y universal, paradoja de la condición humana, resurrección: vida, libertad y luz contra la muerte, opresión y oscuridad.

Amadeus andino y universal: "Cristo azotado de América".

Manuel Piqueras, V. Tierra Wanka: piedra sagrada,  en Las Paradojas de la soledad. Lima: 2012. Biblioteca virtual Amazon.

 

Javier Diez Canseco: el sufrimiento humano en su hondura y en su belleza

abril 06, 2013

¿Qué es lo que está causando el sufrimiento? Es una pregunta honda y bella,  aunque trágica. ¿La enfermedad y la muerte? ¿La pobreza como la forma más mortal de la violencia, en la lúcida expresión del Mahatma Gandhi? ¿Los Pilatos y Herodes modernos en la globalización, con sus matanzas lentas o rápidas de inocentes y su cinismo?

¡No lo sé! Tema sobre el cual hemos tenido lecturas, cine-fórum y conversaciones maravillosas con Javier, especialmente en nuestra adolescencia y juventud. Nos movíamos entre la rebelión y la humanidad, más cerca de James Dean y El hombre rebelde de Albert Camus que de la política marxista. Formábamos parte de la generación del pájaro de fuego, era la edad de los extremos. Nunca matamos a nadie, nunca robamos a nadie, en estos asuntos de fondo somos inocentes.

En aquellos tiempos se nos cruzó en el camino un italiano que trabajaba de basurero en La Parada, era originario de la clase alta de Italia, había tenido un Maserati en su juventud, había estado en la Segunda Guerra Mundial, pero según nos contaba sólo había disparado al aire, no había matado a nadie. Era un Hermanito de Jesús (de los de Charles de Foucauld), poeta maldito, con un sentido del humor notable. Nos hicimos con Javier íntimos de Enzo, quien nos acompañó hasta que nos casamos y tuvimos a nuestros hijos pequeños. Lo acabamos de reencontrar a raíz de la enfermedad de Javier, viviendo en el corazón del pueblo indígena  guatemalteco, al que ha acompañado desde la guerra interna en Guatemala y Honduras hace más de dos décadas, en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, en el sur de México.       

Andaba por allí Enrique, un vagabundo que erraba por los caminos del mundo, aristócrata y francés de origen, venía de la Gran Guerra como todos estos amigos, era también un Hermanito de Jesús, realmente humano y divertido, nos visitaba cada vez que retornaba de sus viajes al fin del mundo. En otra onda estábamos con otro gran amigo y profesor universitario de la Universidad Católica, Gustavo Gutiérrez, amante de la literatura, del cine y de la poesía. Una especie de círculo de poetas vivos, maestros de la vida y de la muerte, nos acompañaban en nuestra rebelión y  humanidad. Años juveniles primigenios e inolvidables.

 http://www.youtube.com/watch?v=qT9UUb7w5sM

 

 

Tierra Wanka: piedra sagrada

abril 01, 2013

Tierra Wanka: piedra sagrada (un significado en lengua quechua de la palabra Wanka Willca).

Amadeus andino y universal, eres Wanka, tienes un corazón de carne y no un corazón de piedra.

Amadeus andino y universal, el rostro del prójimo en la desmesura del amor te vuelca a "Morir por otro".

Amadeus andino y universal. ¿Por qué tu violencia y el sacarle la vuelta a quién se pone en tu camino de fenicio pobre?

Amadeus andino y universal, paradoja de piedra y corazón sagrados.

Manuel Piqueras, VI. Tierra Wanka: piedra sagrada, en Las Paradojas de la Soledad. Bibioteca virtual Amazon. Lima: 2012. 

 

Luis Buñuel: 'Soy ateo, gracias a Dios'

marzo 23, 2013
Luis Buñuel: “Soy ateo, gracias a Dios”. Meditaciones en la celebración de la Semana Santa.

Hablar sobre la religión en Luis Buñuel (1900-1983) es tratar una de las grandes intuiciones poéticas del genial cineasta que pasó su vida entre España, México, Estados Unidos y Francia. Este rebelde inconformista no desafió tanto a Dios como a la religión organizada. Su vigencia en la actualidad, es un haz de luz.

Buñuel se definió en ocasiones, como cultural y nostálgicamente cristiano; otras como ateo, gracias a Dios. Todo en él es profundamente paradojal: local y universal, amoral y puritano, realista y surrealista, artístico y comercial, político y apolítico, imposible de clasificar en su originalísima creatividad.

Seguí desde muy joven sus geniales películas, acudo a mirarlas una y otra vez. Me sorprendió mucho cuando falleció y pude leer por fin, Luis Buñuel, Mi último suspiro. Memorias, Plaza & Janés. Barcelona: 1982, publicado meses antes de su partida, un escrito de cabecera que me acompaña intelectual y vitalmente, por siempre.

El Gran Inquisidor, por Feodor Dostoievski

marzo 20, 2013

La leyenda del gran inquisidor, fragmento poético de la genial novela, Los hermanos Karamazov, escrita  por Feodor Dostoievski (1821-1881), nos coloca de cara a  una oposición que es el principio y fundamento de una espiritualidad que nos hace libres para amar, entre Jesús y el Gran Inquisidor. El relato es de una actualidad absoluta, desde el punto de vista humano, cristiano y eclesial.

En la noche oscura que nos guía más que la luz del mediodía, vino a la vida de la memoria, este textum de cabecera, que muchos grandes teólogos hubieran querido escribir, más no pudieron hacerlo con el genio de un gran artista. Lo escribe cargado de alma, uno de los grandes pensadores poéticos del Siglo XIX, Dostoievsky.

Nos acompañará en esta Semana Santa del 2013, entre la soledad y la comunión que nos interrumpe por la presencia de la vida que vence a la muerte, de la libertad que vence a la esclavitud, de la luz que vence a la oscuridad.

 

“Han pasado ya quince siglos desde que Cristo dijo: "No tardaré en volver. El  día y la hora, nadie, ni el propio Hijo, las sabe". Tales fueron sus palabras al desparecer, y la Humanidad le espera siempre con la misma fe, o acaso con fe más ardiente aún que hace quince siglos. Pero el Diablo no duerme; la duda comienza a corromper a la Humanidad, a deslizarse en la tradición de los milagros. En el Norte de Germania ha nacido una herejía terrible, que, precisamente, niega los milagros. Los fieles, sin embargo, creen con más fe en ellos. Se espera a Cristo, se quiere sufrir  y morir como Él... Y he aquí que la Humanidad ha rogado tanto por espacio de tantos siglos, ha gritado tanto "¡Señor, dignáos, aparecérosnos!", que Él ha querido, en su misericordia inagotable, bajar a la tierra. Y he aquí que ha querido mostrarse, al menos un instante, a la multitud desgraciada, al pueblo sumido en el pecado, pero que le ama con amor de niño.

El lugar de la acción es Sevilla; la época, la de la Inquisición, la de los cotidianos soberbios autos de fe, de terribles heresiarcas, ad majorem Dei gloriam. No se trata de la venida prometida para la consumación de los siglos, de la aparición súbita de Cristo en todo el brillo de su gloria y su divinidad, "como un relámpago que brilla del Ocaso al Oriente". No, hoy sólo ha querido hacerles a sus hijos una visita, y ha escogido el lugar y la hora en que llamean las hogueras. Ha vuelto a tomar la forma humana que revistió, hace quince siglos, por espacio de treinta años. Aparece entre las cenizas de las hogueras, donde la víspera, el cardenal gran inquisidor, en presencia del rey, los magnates, los caballeros, los altos dignatarios de la Iglesia, las más encantadoras damas de la corte, el pueblo en masa, quemó a cien herejes. Cristo avanza hacia la multitud, callado, modesto, sin tratar de llamar la atención, pero todos le reconocen. El pueblo, impelido por un irresistible impulso, se agolpa a su paso y le sigue. Él, lento, una sonrisa de piedad en los labios, continúa avanzando. El amor abrasa su alma; de sus ojos fluyen la Luz, la Ciencia, la Fuerza, en rayos ardientes, que inflaman de amor a los hombres. Él les tiende los brazos, les bendice. De Él, de sus ropas, emana una virtud curativa.

 Un viejo, ciego de nacimiento, sale a su encuentro y grita: "¡Señor, cúrame para que pueda verte!" Una escama se desprende de sus ojos, y ve. El pueblo derrama lágrimas de alegría y besa la tierra que Él pisa. Los niños tiran flores a sus pies y cantan Hosanna, y el pueblo exclama: "¡Es Él! ¡Tiene que se r Él! ¡No puede ser otro que Él!" Cristo se detiene en el atrio de la catedral. Se oyen lamentos; unos jóvenes llevan en hombros a un pequeño ataúd blanco, abierto, en el que reposa, sobre flores, el cuerpo de una niña de diecisiete años, hija de un personaje de la ciudad.–¡Él resucitará a tu hija! –le grita el pueblo a la desconsolada madre. El sacerdote que ha salido a recibir el ataúd mira, con asombro, al desconocido y frunce el ceño. Pero la madre profiere: –¡Si eres Tú, resucita a mi hija! Y se posterna ante Él. Se detiene el cortejo, los jóvenes dejan el ataúd sobre las losas. Él lo contempla, compasivo, y de nuevo pronuncia el Talipha kumi (Levántate, muchacha). La muerta se incorpora, abre los ojos, se sonríe, mira sorprendida en torno suyo, sin soltar el ramo de rosas blancas que su madre había colocado entre sus manos. El pueblo, lleno de estupor, clama, llora.

En el mismo momento en que se detiene el cortejo, aparece en la plaza el cardenal gran inquisidor. Es un viejo de noventa años, alto, erguido, de una ascética delgadez. En sus ojos hundidos fulgura una llama que los años no han apagado. Ahora no luce los aparatosos ropajes de la víspera; el magnífico traje con que asistió a la cremación de los enemigos de la Iglesia ha sido reemplazado por un tosco hábito de fraile. Sus siniestros colaboradores y los esbirros del Santo Oficio le siguen a respetuosa distancia. El cortejo fúnebre detenido, la muchedumbre agolpada ante la catedral le inquietan, y espía desde lejos. Lo ve todo: el ataúd a los pies del desconocido, la resurrección de la muerta... Sus espesas cejas blancas se fruncen, se aviva, fatídico, el brillo de sus ojos. –¡Prendedle!– les ordena a sus esbirros, señalando a Cristo. Y es tal su poder, tal la medrosa sumisión del pueblo ante él, que la multitud se aparta, al punto, silenciosa, y los esbirros prenden a Cristo y se lo llevan. Como un solo hombre, el pueblo se inclina al paso del anciano y recibe su bendición. Los esbirros conducen al preso a la cárcel del Santo Oficio y le encierran en una angosta y oscura celda.

Muere el día, y una noche de luna una noche española, cálida y olorosa a limoneros y laureles, le sucede. De pronto, en las tinieblas se abre la férrea puerta del calabozo y penetra el gran inquisidor en persona solo  alumbrándose con una linterna. La puerta se cierra tras él. El anciano se detiene a pocos pasos de umbral y, sin hablar palabra, contempla, durante cerca de dos minutos, al preso. Luego, avanza lenta mente, deja la linterna sobre la mesa y pregunta: –¿Eres Tú, en efecto? Pero, sin esperar la respuesta prosigue –No hables, calla. ¿Qué podías decirme? Demasiado lo sé. No tienes derecho a añadir ni una sola palabra a lo que ya dijiste. ¿Porqué has venido a molestarnos?... Bien sabes que tu venida es inoportuna. Mas yo te aseguro que mañana mismo... No quiero saber si eres Él o sólo su apariencia; sea quien seas, mañana te condenaré; perecerás en la hoguera como el peor de los herejes. Verás cómo ese mismo pueblo que esta tarde te besaba los pies, se apresura, a una señal mía, a echar leña al fuego.

Quizá nada de esto te sorprenda...Y el anciano, mudo y pensativo sigue mirando al preso, acechando la expresión de su rostro, serena y suave. –El Espíritu terrible e inteligente – añade, tras una larga pausa –, el Espíritu de la negación y de la nada, te habló en el desierto, y la Escrituras atestiguan que te "tentó". No puede concebirse nada más profundo que lo que se te dijo en aquellas tres preguntas o, para emplear el lenguaje de la Escritura, en aquellas tres "tentaciones". ¡Si ha habido algún milagro auténtico, evidente, ha sido el de las tres tentaciones! ¡El hecho de que tales preguntas hayan podido brotar de unos labios, es ya, por sí solo, un milagro! Supongamos que hubieran sido borradas del libro, que hubiera que inventarlas, que forjárselas de nuevo. Supongamos que, con ese objeto, se reuniesen todos los sabios de la tierra, los hombres de Estado, los príncipes de la Iglesia, los filósofos, los poetas, y que se les dijese: "Inventad tres preguntas que no sólo correspondan a la grandeza del momento, sino que contengan, en su triple interrogación, toda la historia de la Humanidad futura", ¿crees que esa asamblea de todas las grandes inteligencias terrestres podría forjarse algo tan alto, tan formidable como las tres preguntas del inteligente y poderoso Espíritu? Esas tres preguntas, por sí solas, demuestran que quien te habló aquel día no era un espíritu humano, contingente, sino el Espíritu Eterno, Absoluto. Toda la historia ulterior de la Humanidad está predicha y condensada en ellas; son las tres formas en que se concretan todas las contradicciones de la historia de nuestra especie. Esto, entonces, aún no era evidente, el porvenir era aún desconocido; pero han pasado quince siglos y vemos que todo estaba previsto en la Triple Interrogación, que es nuestra historia.¿Quién tenía razón, di? ¿Tú o quien te interrogó?... Si no el texto, el sentido de la primera pregunta es el siguiente: "Quieres presentarte al mundo con las manos vacías, anunciándoles a los hombres una libertad que su tontería y su maldad naturales no lo permiten comprender, una liberad espantosa, ¡pues para el hombre y para la sociedad no ha habido nunca nada tan espantoso como la libertad!, cuando, si convirtieses en panes todas esas piedras peladas esparcidas ante tu vista, verías a la Humanidad correr, en pos de ti, como un rebaño, agradecida, su misa, temerosa tan sólo de que tu mano depusiera su ademán taumatúrgico y los panes se tornasen piedras."

Pero tú no quisiste privar al hombre de su libertad y repeliste la tentación; te horrorizaba la idea de comprar con panes la obediencia de la Humanidad, y contestaste que "no solo de pan vive el hombre", sin saber que el espíritu de la tierra, reclamando el pan de la tierra, había de alzarse contra ti, combatirte y vencerte, y que todos le seguirían, gritando: "¡Nos ha dado el fuego del cielo!" Pasarán siglos y la Humanidad proclamará, por boca de sus sabios, que no hay crímenes y, por consiguiente, no hay pecado; que solo hay hambrientos. "Dales pan si quieres que sean virtuosos." Esa será la divisa de los que se alzarán contra ti, el lema que inscribirán en su bandera; y tu templo será derribado y, en su lugar, se erigirá una nueva Torre de Babel, no más firme que la primera, el esfuerzo de cuya erección y mil años de sufrimientos podías haberles ahorrado a los hombres. Pues volverán a nosotros, al cabo de mil años de trabajo y dolor, y nos buscarán en los subterráneos, en las catacumbas donde estaremos escondidos – huyendo aún de la persecución, del martirio –, para gritarnos: "¡Pan! ¡Los que nos habían prometido el fuego del cielo no nos lo han dado!" Y nosotros acabaremos su Babel, dándoles pan, lo único de que tendrán necesidad. Y se lo daremos en tu nombre. Sabemos mentir. Sin nosotros, se morirían de hambre. Su ciencia no les mantendría.

Mientras gocen de libertad les faltará el pan; pero acabarán por poner su libertad a nuestros pies, clamando: "¡ Cadenas y pan!" Comprenderán que la libertad no es compatible con una justa repartición del pan terrestre entre todos los hombres, dado que nunca – ¡nunca! – sabrán repartírselo. Se convencerán también de que son indignos de la libertad; débiles, viciosos, necios, indómitos.Tú les prometiste el pan del cielo. ¿Crees que puede ofrecerse ese pan, en vez del de la tierra, siendo la raza humana lo vil, lo incorregiblemente vil que es?

Con tu pan del cielo podrás atraer y seducir a miles de almas, a docenas de miles, pero ¿y los millones y las decenas de millones no bastante fuertes para preferir el pan del cielo al pan de la tierra? ¿Acaso eres tan sólo el Dios de los grandes? Los demás, esos granos de arena del mar; los demás, que son débiles, pero que te man, ¿no son a tus ojos sino viles instrumentos en manos de los grandes?... Nosotros amamos a esos pobres seres, que acabarán, a pesar de su condición viciosa y rebelde, por dejarse dominar. Nos admirarán, seremos sus dioses, una vez sobre nuestros hombros la carga de su libertad, una vez que hayamos aceptado el cetro que – ¡tanto será el miedo que la libertad acabará por inspirar les! – nos ofrecerán. Y reinaremos en tu nombre, sin dejarte acercar a nosotros. Esta impostura, esta necesaria mentira, constituirá nuestra cruz. Como ves, la primera de la tres preguntas encerraba el secreto del mundo. ¡Y tú la desdeñaste! Ponías la libertad por encima de todo, cuando, si hubieras consentido en tornar panes las piedras del desierto, hubieras satisfecho el eterno y unánime deseo de la Humanidad; le hubieras dado un amo.

El más vivo afán del hombre libre es encontrar un ser ante quien inclinarse. Pero quiere inclinarse ante una fuerza incontestable, que pueda reunir a todos los hombres en una comunión de respeto; quiere que el objeto de su culto lo sea de un culto universal; quiere una religión común. Y esa necesidad de la comunidad en la adoración es, desde el principio de los siglos, el mayor tormento individual y colectivo del género humano. Por realizar esa quimera, los hombres se exterminan. Cada pueblo se ha creado un dios y le ha dicho a su vecino: "¡Adora a mi dios o te mato!" Y así ocurrirá hasta el fin del mundo; los dioses podrán desaparecer de la tierra, mas la Humanidad hará de nuevo por los ídolos lo que ha hecho por los dioses. Tú no ignorabas ese secreto fundamental de la naturaleza humana y, no obstante, rechazaste la única bandera que te hubiera asegurado la sumisión de todos los hombres: la bandera del pan terrestre; la rechazaste en nombre del pan celestial y de la libertad, y en nombre de la libertad seguiste obrando hasta tu muerte. No hay, te repito, un afán más vivo en el hombre que encontrar en quien delegar la libertad de que nace dotada tan miserable criatura. Sin embargo, para obtener la ofrenda de la libertad de los hombres, hay que darles la paz de la conciencia. El hombre se hubiera inclinado ante ti si le hubieras dado pan, porque el pan es una cosa incontestable; pero si, al mismo tiempo, otro se hubiera adueñado de la conciencia humana, el hombre hubiera dejado tu pan para seguirle. En eso, tenías razón; el secreto de la existencia humana consiste en la razón, en el motivo de la vida. Si el hombre no acierta a explicarse por qué debe vivir preferirá morir a continuar esta existencia sin objeto conocido, aunque disponga de una inmensa provisión de pan.Pero ¿de qué te sirvió el conocer esa verdad? En vez de coartar la libertad humana, le quitaste diques, olvidando, sin duda, que a la libertad de elegir entre el bien y el mal el hombre prefiere la paz, aunque sea la de la muerte. Nada tan caro para el hombre como el libre albedrío, y nada, también, que le haga sufrir tanto. Y, en vez de formar tu doctrina de principios sólidos que pudieran pacificar definitivamente la conciencia humana, la formaste de cuanto hay de extraordinario, vago, conjetural, de cuanto traspas a los límites de las fuerzas del hombre, a quien, tú que diste la vida por él!, diríase que no amabas. Al quitarle diques a su libertad, introdujiste en el alma humana nuevos elementos de dolor.

Querías ser amado con un libre amor, libremente seguido. Abolida la dura ley antigua, el hombre debía, sin trabas, sin más guía que tu ejemplo, elegir entre el bien y el mal. ¿,No se te alcanzaba que acabarías por desacatar incluso tu ejemplo y tu verdad, abrumado bajo la terrible carga de la libre elección, y que gritaría: "Si Él hubiera poseído la verdad, no hubiera dejado a sus hijos sumidos en una perplejidad tan horrible, envueltos en tales tinieblas?" Tú mismo preparaste tu ruina: no culpes a nadie. Si hubieras escuchado lo que se te proponía... Hay sobre la tierra tres únicas fuerzas capaces de someter para siempre la conciencia de esos seres débiles e indómitos – haciéndoles felices –  el milagro, el misterio y la autoridad. Y tú no quisiste valerte de ninguna. El Espíritu terrible te llevó a la almena del templo y te dijo: "¿Quieres saber si eres el Hijo de Dios? Déjate caer abajo, por que escrito está que los ángeles tomarte han en las manos." Tú rechazaste la proposición, no te dejaste caer. Demostraste con ello el sublime orgullo de un dios; ¡pero los hombres, esos seres débiles, impotentes, no son dioses! Sabías que, sólo con intentar precipitarte, hubieras perdido la fe en tu Padre, y el gran Tentador hubiera visto, regocijadísimo, estrellarse tu cuerpo en la tierra que habías venido a salvar. Mas, dime, ¿hay muchos seres semejantes a ti? ¿Pudiste pensar un solo instante que los hombres serían capaces de comprender tu resistencia a aquella tentación? La naturaleza humana no es bastante fuerte para  prescindir del milagro y contentarse con la libre elección del corazón, en esos instantes terribles en que las preguntas vitales exigen una respuesta. Sabías que tu heroico silencio sería perpetuado en los libros y resonaría en lo más remoto de los tiempos, en los más apartados rincones del mundo. Y esperabas que el hombre te imitaría y prescindiría de los milagros, como un dios, siendo así que, en su necesidad de milagros, los inventa y se inclina ante los prodigios de los magos y los encantamientos de los hechiceros, aunque sea hereje o ateo.

Cuando te dijeron, por mofa: "¡Baja de la cruz y creeremos en ti!", no bajaste.Entonces, tampoco quisiste someter al hombre con el milagro, porque lo que deseaba de él era una creencia libre, no violentada por el prestigio de lo maravilloso; un amor espontáneo, no los transportes serviles de un esclavo aterrorizado. En esta ocasión, como en todas, obraste inspirándote en una idea del hombre demasiado elevada: ¡es esclavo, aunque haya sido creado rebelde! Han pasado quince siglos: ve y juzga.¿A quién has elevado hasta ti? El hombre, créeme, es más débil y más vil de lo que tú pensabas. ¿Puede, acaso, hacer lo que tú hiciste? Le estimas demasiado y sientes por él demasiado poca piedad; le has exigido demasiado, tú que le amas más que a ti mismo. Debías estimarle menos y exigirle menos. Es débil y cobarde. El que hoy se subleve en todas partes contra nuestra autoridad y se enorgullezca de ello, no significa nada. Sus bravatas son hijas de una vanidad de escolar. Los hombres son siempre unos chiquillos: se sublevan contra el profesor y le echan del aula; pero la revuelta tendrá un término y les costará cara a los revoltosos. No importa que derriben templos y ensangrienten la tierra: tarde o temprano, comprenderán la inutilidad de una rebelión que no son capaces de sostener.

Verterán estúpidas lágrimas; pero, al cabo, comprenderán que el que les ha creado rebeldes les ha hecho objeto de una burla y lo gritarán, desesperados. Y esta blasfemia acrecerá su miseria, pues la naturaleza humana, demasiado mezquina para soportar la blasfemia, se encarga ella misma de castigarla.La inquietud, la duda, la desgracia: he aquíel lote de los hombres por quienes diste tu sangre. Tu profeta dice que, en su visión simbólica, vio a todos los partícipes de la primera resurrección y que eran doce mil por cada generación.Su número no es corto, si se considera que supone una naturaleza más que humana el llevar tu cruz, el vivir largos años en el desierto, alimentándose de raíces y langostas; y puedes, en verdad, enorgullecerte de esos hijos de la libertad, del libre amor, estar satisfechos del voluntario y magnífico sacrificio de sí mismos, hecho en tu nombre. Pero no olvides que se trata solo de algunos miles y, más que de hombres, de dioses. ¿Y el resto de la Humanidad? Qué culpa tienen los demás, los débiles humanos, de no poseer la fuerza sobrenatural de los fuertes? ¿Qué culpa tiene el alma feble de no poder soportar el peso de algunos dones terribles? ¿Acaso viniste tan sólo por los elegidos? Si es así, lo importante no es la libertad ni el amor, sino el misterio, el impenetrable misterio. Y nosotros tenemos derecho a predicarles a los hombres que deben someterse a él sin razonar, aun contra los dictados de su conciencia. Y eso es lo que hemos hecho. Hemos corregido tu obra; la hemos basado en el "milagro", el "misterio" y la "autoridad". Y los hombres se han congratulado de verse de nuevo conducidos como un rebaño y libres, por fin,  del don funesto que tantos sufrimientos les ha causado.

Di, ¿hemos hecho bien? ¿Se nos puede acusar de no amar a la Humanidad? ¿No somos nosotros los únicos que tenemos conciencia de su flaqueza; nosotros que, en atención a su fragilidad, la hemos autorizado hasta para pecar, con tal que nos pida permiso? ¿Por qué callas? ¿Por qué te limitas a mirarme con tus dulces y penetrantes ojos? ¡No te amo y no quiero tu amor; prefiero tu cólera! ¿Y para qué ocultarte nada? Sé a quién le hablo. Conoces lo que voy a decirte, lo leo en tus ojos... Quizá quieras oír precisamente de mi boca nuestro secreto. Oye, pues: no estamos contigo, estamos con Él... ; nuestro secreto es ése. Hace mucho tiempo – ¡ocho siglos! – que no estamos contigo, sino con Él. Hace ocho siglos que recibimos de Él el don que tú, cuando te tentó por tercera vez mostrándote todos los reinos de la tierra, rechazaste indignado; nosotros aceptamos y, dueños de Roma y la espada de César, nos declaramos los amos del mundo. Sin embargo, nuestra conquista no ha acabado aún, está todavía en su etapa inicial, falta mucho para verla concluida; la tierra ha de sufrir aún durante mucho tiempo; pero nosotros conseguiremos nuestro objeto, seremos el César y, entonces, nos preocuparemos de la felicidad universal. Tú también pudiste haber tomado la espada de César; ¿por qué rechazaste tal don? Aceptándole, hubieras satisfecho todos los anhelos de los hombres sobre la tierra, les hubieras dado un amo, un depositario de su conciencia y, a la vez, un ser en torno a quien unirse, formando un inmenso hormiguero, ya que la necesidad de la unión universal es otro de los tres supremos tormentos de la Humanidad. La Humanidad siempre ha tendido a la unidad mundial. Cuanto más grandes y gloriosos, más sienten los pueblos ese anhelo. Los grandes conquistadores, los Tamerlan, los Gengis Kan que recorren la tierra como un huracán devastador, obedecen, de un modo inconsciente, a esa necesidad. Tomando la púrpura de César, hubieras fundado el imperio universal, que hubiera sido la paz del mundo. Pues, ¿quién debe reinar sobre los hombres sino el que es dueño de sus conciencias y tiene su pan en las manos?

Tomamos la espada de César y, al hacerlo, rompimos contigo y nos unimos a Él. Aún habrá siglos de libertinaje intelectual, de pedantería y de antropofagia – los hombres, luego de erigir, sin nosotros, su Torre de Babel, se entregarán a la antropofagia–; pero la bestia acabará por arrastrarse hasta nuestros pies, los lamerá y los regará con lágrimas de sangre. Y nosotros nos sentaremos sobre la bestia y levantaremos una copa en la que se leerá la palabra "Misterio". Y entonces sólo entonces, empezará para los hombres el reinado de la paz y de la dicha. Tú te de tus elegidos, pero son una mi noria: nosotros les daremos el re y la calma a todos. Y aun de esa minoría, aun de entre esos "fuertes" llamados a ser de los elegidos, ¡cuántos han acabado y acabarán por cansarse de esperar, cuán tos han empleado y emplearán contra ti las fuerzas de su espíritu y el ardor de su corazón en uso de la libertad de que te son deudores! Nosotros les daremos a todos la felicidad, concluiremos con las revueltas y matanzas originadas por la libertad. Les convenceremos de que no serán verdaderamente libres, sino cuando nos hayan confiado su libertad  .¿Mentiremos? ¡No! Y bien sabrán el los que no les engañamos, cansados de las dudas y de los terrores que la libertad lleva consigo.

La independencia, el libre pensamiento y la ciencia llegarán a sumirles en tales tinieblas, a espantarlos con tales prodigios, a causar los con tales exigencias, que los menos suaves y dóciles se suicidarán; otros, también indóciles, pero débiles y violentos, se asesinarán, y otros –los más–, rebaño de cobardes y de miserables, gritarán a nuestros pies: "¡Sí, tenéis razón! Sólo vosotros poseéis su secreto y volvemos a vosotros! ¡Salvadnos de nosotros mismos!" No se les ocultará que el pan –obtenido con su propio trabajo, sin milagro alguno– que reciben de nosotros se lo tomamos antes nosotros a ellos para repartírselo, y que no convertimos las piedras en panes. Pero, en verdad, más que el pan en sí, lo que les satisfará es que nosotros se lo demos. Pues verán que, si no convertimos las piedras en partes, tampoco los panes se convierten, vuelto el hombre a nosotros, en piedras.

¡Comprenderán, al cabo, el valor de la sumisión! Y mientras no lo comprendan, padecerán. ¿Quién, dime, quién ha puesto más de su parte para que dejen de padecer? ¿Quién ha dividido el rebaño y le ha dispersado por extraviados andurriales? Las ovejas se reunirán de nuevo, el rebaño volver á a la obediencia y ya nada le dividirá ni lo dispersará. Nosotros, entonces, les daremos a los hombres una felicidad en armonía con su débil naturaleza, una felicidad compuesta de pan y humildad. Sí, les predicaremos la humildad – no, como Tú, el orgullo. Les probaremos que son débiles niños, pero que la felicidad de los niños tiene particulares encantos. Se tornarán tímidos, no nos  perderán nunca de vista y se estrecharán contra nosotros como polluelos que buscan el abrigo del ala materna. Nos temerán y nos admirarán. Les enorgullecerá el pensar la energía y el genio que habremos necesitado para domar a tanto rebelde. Les asustará nuestra cólera, y sus ojos, como los de los niños y los de las mujeres, serán fuentes de lágrimas. ¡Pero con que facilidad, a un gesto nuestro, pasarán del llanto a la risa, a la suave alegría de los niños! Les obligaremos, ¿qué duda cabe?, a trabajar; pero los organizaremos, para sus horas de ocio, una vida semejante a los juegos de los niños, mezcla de canciones, coros inocentes y danzas.

Hasta les permitiremos pecar – ¡su naturaleza es tan flaca!–. Y, como les permitiremos pecar, nos amarán con un amor sencillo, infantil. Les diremos que todo pecado cometido con nuestro permiso será perdonado, y lo haremos por amor, pues, de sus pecados, el castigo será para nosotros y el placer para ellos. Y nos adorarán como a bienhechores. Nos lo dirán todo y, según su grado de obediencia, les permitiremos o les prohibiremos vivir con sus mujeres o sus amantes y les consentiremos o no les consentiremos tener hijos. Y nos obedecerán, muy contentos. Nos someterán los más penosos secretos de su conciencia, y nosotros decidiremos en todo y por todo; y ellos acatarán, alegres, nuestras sentencias, pues les ahorrarán el cruel trabajo de elegir y de determinarse libremente. Todos los millones de seres humanos se rán así, felices, salvo unos cien mil, salvo nosotros, los depositarios del secreto. Porque nosotros seremos desgraciados. Los felices se contarán por miles de millones, y habrá cien mil mártires del conocimiento, exclusivo y maldito, del bien y del mal. Morirán en paz. pronunciando tu nombre, y, más allá de la tumba, sólo verán la oscuridad de la muerte.

Sin embargo, nos lo callaremos; embaucaremos a los hombres, por su bien, con la promesa de una eterna recompensa en el cielo, a sabiendas de que, si hay otro mundo, no ha sido, de seguro, creado para ellos. Se vaticina que volverás, rodeado de tus elegidos, y que vencerás; tus héroes sólo podrán envanecerse de haberse salvado a sí mismos, mientras que nosotros habremos salvado al mundo entero. Se dice que la fornicadora, sentada sobre la bestia y con la "copa del misterio" en las manos, será afrentada y que los débiles se sublevarán por vez postrera, desgarrarán su púrpura y desnudarán su cuerpo impuro. Pero yo me levantaré entonces y te mostraré los miles de millones de seres felices que no han conocido el pecado. Y nosotros que, por su bien, habremos asumido el peso de sus culpas, nos alzaremos ante ti, diciendo: "¡Júzganos, si puedes y te atreves!" No te temo. Yo también he estado en el desierto; yo también me he alimentado de langostas y raíces; yo también he bendecido la libertad que les diste a los hombres y he soñado con ser del número de los fuertes. Pero he renunciado a ese sueño, he renunciado a tu locura para sumarme al grupo de los que corrigen tu obra. He dejado a los orgullosos para acudir en socorro de los humildes. Lo que te digo se realizará; nuestro imperio será un hecho.

Y te repito que mañana, a una señal mía, verás a un rebaño sumiso echar leña a la hoguera donde te haré morir, por haber venido a perturbarnos. ¿Quién más digno que Tú de la hoguera? Mañana te quemaré. Dixi El inquisidor calla. Espera unos instantes la respuesta del preso. Aquel silencio le turba. El preso le ha oído, sin dejar de mirarle a los ojos, con una mirada fija y dulce, decidido evidentemente a no contestar nada. El anciano hubiera querido oír de sus labios una palabra, aunque hubiera sido la más amarga, la más terrible. Y he aquí que el preso se le acerca en silencio y da un beso en sus labios exangües de nonagenario. ¡A eso se reduce su respuesta! El anciano se estremece, sus labios tiemblan; se dirige a la puerta, la abre y dice: "¡Vete y no vuelvas nunca... , nunca! Y le deja salir a las tinieblas de la ciudad El preso se aleja.”.

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