Archivo por meses: junio 2010

Plotino: gran poeta universal de la vida y de la muerte

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“Plotinio” (2007). Fuente: Dianoia (http://gallery.dianoia.es)
A Karl Jaspers, filósofo alemán, maestro de la inspiración.
Plotino, gran poeta universal de la vida y de la muerte.

¿Por qué poetizaste en las Enéadas, sobre la vida del espíritu, que trascendía la de Aristóteles y la de Platón?

Maestro que inspiraste al gran Agustín de Hipona.

Plotino, lepra, creatividad, misterio.

Estamos ante la grandeza de tu recreación, desde tu rincón de soledad de leproso.

Plotino, arquetipo de la condición humana.

Los poetas de a de verás, epidemia de la creación que quiebran todo límite humano.

Poesía de la vida y de la muerte, verdadera poesía.

Poeta, vivo y muerto, verdadero poeta.

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La danza de la muerte de los más chiquitos y los más olvidados

La mirada y la escritura revela la visión de Federico García Lorca, caminando entre la calles y los sueños de Nueva York, ve la danza de la muerte, en su notables poemas reunidos en, Un poeta en Nueva York, escritos entre 1929 y 1930. Su expresión poética central: “Pero no son los muertos los que bailan, estoy seguro.”.

En esta Tierra de nuestros dolores y alegrías, la palabra poética de Lorca aparece poderosamente lúcida: “Pero no son los muertos los que bailan, estoy seguro”. Los muertos vivientes o los muertos sin vida, los más chiquitos y los más olvidados, de nuestro tiempo de solidaridad frente a homicidio.

Desde estas Páginas libres, somos concientes de estar escribiendo sobre el dolor y la muerte, nos sentimos paradojalmente como viviendo dentro y fuera de estos sentimientos límites. Algo dentro de nosotros se manifiesta así, aunque desplegamos los escudos ecológicos frente a este sentir.

Estamos en los andes centrales de Sudamérica, en busca del Rostro del Prójimo: “los niños pobres”, “las lágrimas de la niña muerta”, en la huella de las hondas tensiones entre el absurdo, la rebelión y el amor.

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Sor Juana Inés de la Cruz: se hizo monja para poder pensar

No me refiero únicamente a la celeridad con que los virreynatos de Nueva España y Perú se convirtieron en sociedades ricas y complejas con centros urbanos de primera magnitud como México y Lima, sino a la existencia previa, en ambos países, de altas civilizaciones. Entre los argentinos y su tierra no se interpone la sombra impalpable del otro lenguaje. Ese lenguaje se ha disuelto con los huesos de aquellos que lo hablaban: los indios exterminados del siglo XVI.
Octavio Paz, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe

Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe (1982), obra monumental de Octavio Paz, evoca el pensamiento apasionado por la lengua de la Mancha. La poetisa mexicana e hispanoamericana más grande de la Colonia española de las Indias o de las Américas, nos remite a los grandes escritores fundacionales de nuestra lengua, como el Inca Garcilaso de la Vega, peruano y universal.

Los Comentarios Reales, obra maestra del Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616), nos lleva a la memoria del bien perdido, a la creación de la lengua de la Mancha como el arte de escribir con un talento y un trabajo artístico excepcional, que universaliza la lengua castellana en Hispanoamérica y el mundo. Como ilumina Mario Vargas Llosa en, El Inca Garcilaso y la lengua de todos: “Pero, si hay que buscar un principio en el largo camino del español, desde sus remotos orígenes en las montañas asediadas de Iberia hasta su formidable proyección presente, no estaría mal señalarle como fecha y lugar de nacimiento los de los Comentarios Reales que escribió, hace cuatro siglos, en un lugar de Andalucía, un cuzqueño expatriado al que espoleaba una agridulce melancolía y esa ansiedad de escribidor de preservar la vida o de crearla, sirviéndose de las palabras”.

Los dos grandes escritores poéticos, desde los Andes y Mesoamérica, el Inca Garcilaso de la Vega y Sor Juana Inés de la Cruz, recrean, fundan y globalizan nuestra lengua en los siglos XVI y XVII -los siglos de oro españoles-, y abren caminos maduros y originales a los escritores hispanoamericanos contemporáneos.

No vamos a negar que en el Siglo XX, César Vallejo, gran poeta universal, abre una huella originalísima e irrepetible. No vamos a negar que en este siglo veinte largo, Mario Vargas Llosa y José María Arguedas, con la fuerza y la delicadeza de sus notables fragmentos, no sólo nos colocan frente a dos visiones de una misma América, sino ante un aporte significante a la lengua hispanoamericana.

En estas Páginas Libres, nuestra exploración, como lectores, camina inspirativamente por los caminos de Sor Juana Inés de la Cruz y del Inca Garcilaso de la Vega, de sus magníficas creaciones. El libro de Octavio Paz, sobre la trama histórica, la vida y la obra de la gran poetisa mexicana, es un comienzo en esta andadura por las huellas insondables de la escritura: “La noche vertiginosa y cíclica de Sor Juana nos revela de pronto su centro fijo: Primero Sueño no es el poema del conocimiento, sino del acto de conocer. El poeta trasmuta sus fatalidades históricas y personales. Una vez más la poesía se alimenta de historia y biografía. Una vez más las trasciende.”.

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