VERDAD HISTÓRICA, MENTIRAS VERDADERAS

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Fuego secreto
Luis Enrique Tord
Editorial Universitaria. Universidad Ricardo Palma
Lima, 2005

La relación entre historia y literatura ha sido abordada desde diversas perspectivas según el punto de vista del investigador o del escritor. Borges consideraba que la historia es un relato tan ficcional como un cuento, puesto que la labor del historiador se confunde con la del escritor al momento de evocar hechos pasados y reacomodarlos en el presente con arreglo a una ideología particular o las circunstancias del momento. Mario Vargas Llosa sostiene que la literatura, específicamente la novela, no es un documento histórico por más realista que parezca, porque la esencia de la literatura, a su modo de ver, es transgredir una realidad nefasta para el escritor a fin de convertirla en un «mundo aparte» más satisfactorio. En este sentido, la novela subvierte la realidad; no desea imitarla, sino transformarla. En la mesa redonda sobre Todas las sangres, científicos sociales y críticos literarios sostuvieron un debate similar en torno a la obra de José María Arguedas: los científicos sociales insistieron en estudiar su obra como un documento histórico, sociológico y antropológico sin tomar en cuenta que el texto literario adquiere su realización mediante un registro representacional, ficcional, lo que Roland Barthes denominó «efecto de realidad». No es competencia de la crítica literaria evaluar la veracidad de la información histórica de un texto literario, pero sí analizar lo que este uso representa como estrategia de verosimilitud.

En Fuego secreto (2005), Luis Enrique Tord (Lima, 1942), reconocido historiador, narrador y antropólogo, nos entrega un conjunto de relatos que tratan este tema tan discutido, donde la voz de un narrador en primera persona nos revela sus acuciosas investigaciones sobre hechos históricos con sorprendente precisión de fechas y lugares. En el ámbito de la creación literaria ha obtenido en tres oportunidades el Premio COPE de Cuento, ocupando el primer lugar en 1987, y con el Premio Nacional de Novela 1998 convocado por la Universidad Nacional Federico Villarreal; el Premio Nacional de Cultura, Premio Jaime Bauzate y Meza y Premio Luis A. Eguiguren. Recientemente, reunió todos sus cuentos en un solo libro, Revelaciones. Relatos reunidos 1979-2011 (Prisa Ediciones, 2011).

De Fuego secreto me sorprendieron «Amarilis Indiana» y «Nueva Atlántida», porque, a diferencia del resto de cuentos, el narrador no abunda demasiado en datos referenciales que retrasan la fluidez de la narración (los cuales estarían plenamente justificados en un informe o pesquisa histórica). María de Rojas y Garay, protagonista de «Amarilis Indiana», es una distinguida joven huanuqueña desinteresada completamente por el matrimonio y dedicada sobre todo a las tertulias literarias y la lectura. En vista que su familia la conminó a casarse es que accedió a la petición del hidalgo don Gómez Ramírez de Quiñónez, lo cual no la alejó de la lectura de su autor predilecto: el dramaturgo español Lope de Vega. Al enviudar, María de Rojas y Garay decide ordenarse como monja y tiempo después, dejó una extensa carta dirigida a Lope de Vega, en la cual le manifiesta su admiración intelectual y su amor. Todos estos acontecimientos son expuestos por el narrador-investigador, quien testimonia haber hallado el manuscrito de dicha carta, la cual forma parte del intertexto del cuento. Como se puede apreciar, esta historia se aproxima a una de las hipótesis que explican la identidad de Amarilis, a quien se atribuye la autoría de la «Epístola a Belardo».

Pese a que los relatos están bien estructurados y exhiben una prosa seductora, limpia y abundante, el exceso de información documental —que a fin de cuentas no brindan necesariamente mayor o menor verosimilitud— fatiga al lector, pues por momentos, queda la sensación de estar leyendo un informe de investigación histórica; aparte de ello, Tord repite la misma estrategia en todos los cuentos: un investigador que a consecuencia de sus pesquisas decide contar una historia y revelar al lector la verificación de sus hipótesis o la desestimación de las investigaciones de otros historiadores.

Un conjunto de relatos cuya poética no problematiza la relación entre historia y literatura sino que apela a la erudición documental como estrategia de verosimilitud, recurso que, por el contrario, refuerza la falacia referencial, por la cual la realidad se toma como fuente incontrastable para ser representada fielmente desde la literatura.

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