Archivo por meses: Agosto 2011

BELLATÍN Y SUS FLORES DEL MAL

La seguridad de una vida feliz sin sobresaltos es cuestionable si tomamos en cuenta la cantidad de desgracias que amenazan al ser humano en la vida moderna. Esta bien podría ser la síntesis de Flores (2002) de Mario Bellatín que trata el tema de la tragedia personal. Los personajes de esta novela lidian con un drama vivencial y al mismo tiempo aprenden a convivir con él: las malformaciones, la muerte, la piratería farmacéutica, la falta de amor de un padre hacia su hijo, el descubrimiento de la sexualidad y la religión están presentes a lo largo de la historia. Lo trágico es tratado con exageración en todos los relatos, lo que amplifica el desasosiego frente a la vida y a la supuesta seguridad que en cualquier momento podría desvanecerse.

En «Pensamientos», se narra acerca del nacimiento de un escritor, cuya madre dio a luz a dos niños que nacieron con deformidades físicas. A uno de ellos le faltaba una pierna y al otro, ambos brazos. El padre, al enterarse de ello, no pudo sobreponerse al impacto de la noticia que le dio el médico. Entonces, se retiró con el pretexto de que salía a tomar un poco de aire; sin embargo, aquella fue la última vez que se le vio. En «Azahares», se cuenta la historia de los gemelos Kuhn, varón y mujer, quienes nacieron producto de una relación incestuosa. Eran hijos de una pareja de hermanos portadores de una enfermedad genética: sus cuerpos estaban llenos de lunares. Cuando los llevaron al médico, luego examinarlos, advirtió a los padres que fueran preparando a los hermanos para que se casen cuando llegue el momento, ya que solo la unión carnal entre ambos eliminaría la enfermedad.

La novela está escrita en un lenguaje sencillo. Los relatos no están vinculados entre sí directamente ni siguen una linealidad. Lo que les da cohesión es la vivencia de una tragedia y las situaciones límite derivadas de su aparición. Los personajes aparecen repentinamente y manifiestan una actitud solitaria. El empleo de nombres propios es muy escaso, lo que brinda a la historia un mayor misterio y complejidad. Asimismo, Bellatín reitera una fórmula que tiende a convertirse en el sello distintivo de su narrativa y la de su generación: la desterritorialización. En ningún momento, se hace referencia al espacio geográfico en el que se desarrolla la acción de los personajes, tal como sucede en otras novelas suyas como Salón de belleza (1994).

Flores ratifica su gusto por los aspectos más sórdidos y decadentes del ser humano sin llegar a regodearse en la miseria por la miseria misma, sino que matiza dicha tendencia con un lenguaje minimalista, pero contundente. Esta novela ratifica a Bellatín como uno de los escritores latinoamericanos más cautivantes en la actualidad. Sigue leyendo