Archivo por meses: Mayo 2017

NADA ESPECIAL. CUENTOS DE GOYO TORRES

Las recientes publicaciones de Goyo Torres (Arequipa, 1964) —la novela corta Espejos de humo (Cascahuesos, 2010) y el cuento Cuando llegaron los wayruros (Texao, 2015)— confirman el interés del autor por la representación literaria de la historia, la exploración literaria de sus intersticios y el cuestionamiento de sus límites. Sin embargo, Nada especial (Aletheya, 2016) avanza sobre otros tópicos

Nada especial (Aletheya, 2016) reúne 18 cuentos entre los que destacan aquellos cuyos personajes habitan en la marginalidad social, moral o económica: orates, pobres, oportunistas, viejos que viven sin mayores expectativas e individuos frustrados. No obstante, en cuentos como «Humberto», «Puesto de manzanas» y «El ángel loco», la demencia es la manifestación de un saber o de facultades superiores a las de la gente normal. Humberto, un orate quien antes de un accidente era profesor de primaria, luego devino erudito popular que disertaba públicamente sobre artes, letras, cine y política. Su desgracia sobreviene cuando importuna al poder religioso y al poder político local. Rebeca pulula en las inmediaciones de un mercado de frutas al acecho de una recién nacida. El joven campanero de un pueblo declara ser un ángel, por lo cual es tomado como loco hasta que una emergencia lo obligó a demostrar su condición  celestial.

El autor utiliza variedad de enfoques narrativos. Excepto «Futuro imperfecto», «El viejo» y «¡Hierbasanta hierbasanta!», relatados mediante un narrador protagonista, en el resto de cuentos emplea el narrador testigo, omnisciente, limitado y observador. Este último adquiere un despliegue importante en «Cartas de amor», donde el narrador expone las vicisitudes de una pareja de esposos que atraviesa una crisis matrimonial exclusivamente a partir de acciones observables de los personajes. De otra parte, el suspense recibe un tratamiento logrado en «Tiempo suplementario». Juegan a favor de la historia la concisión del relato basada en imágenes visuales y cinestésicas adecuadas para el argumento: «El portero de abalanzó con avaricia, estiró el brazo izquierdo todo cuanto pudo. Apenas rozó el esférico y provocó que se desviara milímetros».

Arequipa es un referente ocasional en algunos cuentos. A diferencia de la novela Espejos de humo, no se advierte una preocupación explícita por narrar la ciudad como escenario literario u otorgarle alguna condición primordial a esta ambientación. «Humberto», «Caldo de gallo», «Escenas cotidianas» y «Nada especial» explicitan la referencia a la ciudad de Arequipa a través de calles, avenidas, localidades y establecimientos conocidos; sin embargo, se trata de una representación alejada de toda pretensión regionalista, histórica o de alguna otra índole semejante.

«Escenas cotidianas» es un relato singular que admite ser leído en el contexto del advenimiento de los nuevos modos de producción y consumo en esta región. Narra el progresivo declive de una vieja comerciante de golosinas que sucumbe ante la llegada de un emprendimiento avasallador el cual irrumpe con exitosa violencia en diversas zonas de la ciudad. Así, al comercio ambulatorio del ayer solo le resta desaparecer ante la emergencia del emprendimiento capitalista. Esta situación se agrava toda vez que se cuenta cómo los poderes que toleraban o incluso se servían de este modo de consumo informal ahora lo desestiman y adhieren hacia el capitalismo de baja intensidad: «Todos los carritos era similares: llevaban el mismo logo y las muchachas que atendían vestían los mismos atuendos […] — Es una empresa nueva que acaba de establecerse en la ciudad […] La anciana anduvo ensimismada durante varios días. Sus ventas, efectivamente, disminuyeron […]». Este cuento nos motiva a examinar el impacto económico de las grandes inversiones en la vida cotidiana de una población que durante década y media desde que inició el siglo XX observa a diario transformaciones radicales en el semblante de la ciudad y de las relaciones entre sus habitantes: de la solidaridad al pragmatismo, de la autonomía a la dominación económica. En otros términos, «Escenas cotidianas» representa el aliento exánime de una clase trabajadora informal que ni bien se formaliza ingresa a un sistema económico depredador al cual no puede enfrentar.

El libro cierra con «Hierbasanta, hierbasanta», premio Copé de Bronce 2012. El marco referencial son los años del conflicto armado interno en Sayla, un remoto poblado de la serranía del departamento de Arequipa próximo a Ayacucho. El cuento desarrolla un contrapunto entre una confusa captura de tres terroristas por parte de las rondas campesinas y la interpretación de los danzantes de tijeras durante las celebraciones de una fiesta comunal. De modo semejante a Cuando llegaron los huayruros, nuevamente el juego adopta una función narrativa que se superpone a realidad: los jóvenes juegan a la confrontación entre militares y terroristas; sin embargo, esta representación trasciende lo lúdico y se constituye en un presagio de la tragedia que se cierne sobre el pueblo. La cuestión esencial de este cuento es la génesis de la verdad histórica como un relato que se construye a partir de las tensiones entre las historias privadas y las historias públicas de un colectivo.

 

TRANSMUTACIONES. INTERTEXTUALIDAD, PARODIA Y REESCRITURA CREATIVA

 

Entre los cuentarios publicados en 2016, Transmutaciones (Lima, Vivirsinenterarse), de Dennis Arias Chávez, destaca por el despliegue de una narrativa versátil en cuanto a los temas, aunque estructuralmente coherente en todos los relatos que componen este libro.

Un aspecto primordial en Transmutaciones son los vínculos intertextuales que mantiene con la cuentística de Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Julio Ramón Ribeyro y Horacio Quiroga. «Los B» sigue la estructura, tono y registro de los cuentos del autor de Ficciones: sociedades secretas, referencias históricas y filosóficas, metáforas borgianas fundamentales (el archivo, el libro, lo infinito, el azar, la originalidad, la multiplicidad) y otras fórmulas de erudición libresca habituales en la obra del escritor argentino. La subversión de lo cotidiano, el libre juego del azar y el desenlace insólito, frecuentes en las narraciones breves de Cortázar, son recursos desplegados en «Un rinoceronte en la ciudad», «Fenómenos psíquicos» y «Transmutaciones». Este último sugiere que el talento literario resulta de la intervención deliberada de los transmutadores, sus verdaderos artífices, quienes invocan los espíritus más renombrados del canon literario mundial para que habiten en un cuerpo extraño. De este modo, en una sociedad posmoderna con tintes distópicos, Nabokov, Víctor Hugo, Faulkner o Vargas Llosa viven una existencia paradójica: son genios atrapados en un cuerpo que no les corresponde.

Un hecho significativo es que los transmutadores hayan trastocado los principios rectores de su tradición: invocar espíritus de personalidades vivas en lugar de celebridades literarias muertas. Y lo es porque el transmutador, en este contexto, emula la performance de cierta industria editorial contemporánea y globalizada que apuesta por la producción masiva de clones literarios de segundo orden, que si bien alcanzan notoriedad son un pálido reflejo de los genios en quienes se inspiran. También porque este accionar de los transmutadores recoge el impacto del giro posmoderno: el agotamiento de los grand récits deja un estrecho margen para poner en valor a las figuras canónicas; a lo sumo, se apela al canon contemporáneo, o a lo que le resta de grandeza. El cuento coloca como sujeto transmutado a un Vargas Llosa que tiene muy poco que ofrecer o que ofrece no más de lo que dispone en el presente. Prueba de ello es que la reversión de la transmutación culmina en la muerte del joven elegido y en una aparente involución del novelista.

Este relato también dialoga directamente con «Doblaje», de Ribeyro; no obstante, «Transmutaciones» radicaliza la inversión de los términos opuestos. En el cuento de Ribeyro, el doble es la realización opuesta de su semejante, con el cual nunca tuvo contacto. El que se supone original o verdadero intuye la existencia de su doble, pero no llega a conocerlo. En el cuento de Dennis Arias, los personajes no solo son radicalmente opuestos, sino que necesariamente entran en contacto mediante la intervención de los transmutadores, trasunto literario de una especie médiums entre sujetos terrenales y ultraterrenos.

Los cuentos de horror, en sus pasajes más logrados, nos remiten a Horacio Quiroga, especialmente, «Las niguas», remake creativo de «El almohadón de plumas», con la diferencia que Arias narra una cama plagada de bichos que le succionan la vida al personaje. En «Cuy de monte», este roedor deviene feroz animal salvaje el cual en manada cobra venganza devorando a su cazador-verdugo ante la atónita mirada de una pareja. La amenaza que representa este inofensivo animalito, cuya cría está habitualmente destinada al consumo doméstico o como mascota, proviene de la inversión de los valores convencionales: el cuy de monte ya no es devorado, sino que devora a su depredador.

Este recurso, frecuente en la cuentística de Cortázar a través de revelaciones sorpresivas y giros inesperados, también es utilizado en «Un rinoceronte en la ciudad». Por un lado, dialoga con «La noche boca arriba» donde se subvierte la relación entre sueño y realidad al revelarse que el muchacho que conducía una moto era, en verdad, un guerrero moteca a punto de ser sacrificado; mientras que el cuento de Arias nos presenta a un hombre atribulado por el prominente cuerno que yergue sobre su cabeza, cuyo desenlace nos revela a un rinoceronte inmerso la ciudad. Por otro lado, este cuento posee resonancias kafkianas insoslayables: «Aquella mañana un sueño extraño lo llevó a dar tumbos por el suelo», «“¿Cuándo empezó esto?”. Hace un esfuerzo por recordar: “Después de aquel sueño tumultuoso”, se dice». Yamil, hombre-rinoceronte (o rinoceronte-hombre), al igual de Gregor Samsa, hombre-insecto (o insecto humano), está contrariado por la súbita metamorfosis que asalta a cuerpo y la pérdida de su empleo.

Esta intertextualidad incorpora la parodia para emular un texto o realidad precedentes con el añadido de la inversión de valores. El humor irónico en «Fenómenos psíquicos» parodia la situación post mortem de los políticos corruptos: son condenados a vivir eternamente en el cielo donde impera la ley y la justicia.

«Los palqueros» es un cuento singular donde el narrador expone con precisión antropológica los ritos y la asimilación del fútbol en una comunidad de los andes centrales. Es un cuento sobre los intersticios de la mirada sobre el otro y la dinámica entre tradición e innovación. El narrador-personaje opina «que lo peor que le puede pasar al espíritu de una tradición es ser corrompido por la modernidad». Esta mirada antropológica contradice el discurso transculturador de los palqueros, quienes innovaron cambios sobre una tradición deportiva que impone sus reglas a nivel global. Por ello es también singular que se trate del fútbol: deporte e industria globalizado, homogenizante y enajenante.

Respecto a Ciudad lineal (Travesía, 2015), Transmutaciones confirma los tópicos narrativos preferidos por su autor y la genealogía de sus influencias literarias. Sin embargo, el erotismo, la reficcionalización histórica y la representación de los personajes femeninos todavía requieren de un mayor tratamiento para desarrollar una propuesta original. La variación argumental, aunque inevitable, precisa, cuando es manifiestamente expresa, introducir un «elemento añadido» que le permita avanzar hacia una poética más heterogénea y menos deudora del canon cuentístico que, posiblemente, el autor admira. Es decir, sabotear esas fidelidades estéticas.