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TRANSMUTACIONES. INTERTEXTUALIDAD, PARODIA Y REESCRITURA CREATIVA

 

Entre los cuentarios publicados en 2016, Transmutaciones (Lima, Vivirsinenterarse), de Dennis Arias Chávez, destaca por el despliegue de una narrativa versátil en cuanto a los temas, aunque estructuralmente coherente en todos los relatos que componen este libro.

Un aspecto primordial en Transmutaciones son los vínculos intertextuales que mantiene con la cuentística de Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Julio Ramón Ribeyro y Horacio Quiroga. «Los B» sigue la estructura, tono y registro de los cuentos del autor de Ficciones: sociedades secretas, referencias históricas y filosóficas, metáforas borgianas fundamentales (el archivo, el libro, lo infinito, el azar, la originalidad, la multiplicidad) y otras fórmulas de erudición libresca habituales en la obra del escritor argentino. La subversión de lo cotidiano, el libre juego del azar y el desenlace insólito, frecuentes en las narraciones breves de Cortázar, son recursos desplegados en «Un rinoceronte en la ciudad», «Fenómenos psíquicos» y «Transmutaciones». Este último sugiere que el talento literario resulta de la intervención deliberada de los transmutadores, sus verdaderos artífices, quienes invocan los espíritus más renombrados del canon literario mundial para que habiten en un cuerpo extraño. De este modo, en una sociedad posmoderna con tintes distópicos, Nabokov, Víctor Hugo, Faulkner o Vargas Llosa viven una existencia paradójica: son genios atrapados en un cuerpo que no les corresponde.

Un hecho significativo es que los transmutadores hayan trastocado los principios rectores de su tradición: invocar espíritus de personalidades vivas en lugar de celebridades literarias muertas. Y lo es porque el transmutador, en este contexto, emula la performance de cierta industria editorial contemporánea y globalizada que apuesta por la producción masiva de clones literarios de segundo orden, que si bien alcanzan notoriedad son un pálido reflejo de los genios en quienes se inspiran. También porque este accionar de los transmutadores recoge el impacto del giro posmoderno: el agotamiento de los grand récits deja un estrecho margen para poner en valor a las figuras canónicas; a lo sumo, se apela al canon contemporáneo, o a lo que le resta de grandeza. El cuento coloca como sujeto transmutado a un Vargas Llosa que tiene muy poco que ofrecer o que ofrece no más de lo que dispone en el presente. Prueba de ello es que la reversión de la transmutación culmina en la muerte del joven elegido y en una aparente involución del novelista.

Este relato también dialoga directamente con «Doblaje», de Ribeyro; no obstante, «Transmutaciones» radicaliza la inversión de los términos opuestos. En el cuento de Ribeyro, el doble es la realización opuesta de su semejante, con el cual nunca tuvo contacto. El que se supone original o verdadero intuye la existencia de su doble, pero no llega a conocerlo. En el cuento de Dennis Arias, los personajes no solo son radicalmente opuestos, sino que necesariamente entran en contacto mediante la intervención de los transmutadores, trasunto literario de una especie médiums entre sujetos terrenales y ultraterrenos.

Los cuentos de horror, en sus pasajes más logrados, nos remiten a Horacio Quiroga, especialmente, «Las niguas», remake creativo de «El almohadón de plumas», con la diferencia que Arias narra una cama plagada de bichos que le succionan la vida al personaje. En «Cuy de monte», este roedor deviene feroz animal salvaje el cual en manada cobra venganza devorando a su cazador-verdugo ante la atónita mirada de una pareja. La amenaza que representa este inofensivo animalito, cuya cría está habitualmente destinada al consumo doméstico o como mascota, proviene de la inversión de los valores convencionales: el cuy de monte ya no es devorado, sino que devora a su depredador.

Este recurso, frecuente en la cuentística de Cortázar a través de revelaciones sorpresivas y giros inesperados, también es utilizado en «Un rinoceronte en la ciudad». Por un lado, dialoga con «La noche boca arriba» donde se subvierte la relación entre sueño y realidad al revelarse que el muchacho que conducía una moto era, en verdad, un guerrero moteca a punto de ser sacrificado; mientras que el cuento de Arias nos presenta a un hombre atribulado por el prominente cuerno que yergue sobre su cabeza, cuyo desenlace nos revela a un rinoceronte inmerso la ciudad. Por otro lado, este cuento posee resonancias kafkianas insoslayables: «Aquella mañana un sueño extraño lo llevó a dar tumbos por el suelo», «“¿Cuándo empezó esto?”. Hace un esfuerzo por recordar: “Después de aquel sueño tumultuoso”, se dice». Yamil, hombre-rinoceronte (o rinoceronte-hombre), al igual de Gregor Samsa, hombre-insecto (o insecto humano), está contrariado por la súbita metamorfosis que asalta a cuerpo y la pérdida de su empleo.

Esta intertextualidad incorpora la parodia para emular un texto o realidad precedentes con el añadido de la inversión de valores. El humor irónico en «Fenómenos psíquicos» parodia la situación post mortem de los políticos corruptos: son condenados a vivir eternamente en el cielo donde impera la ley y la justicia.

«Los palqueros» es un cuento singular donde el narrador expone con precisión antropológica los ritos y la asimilación del fútbol en una comunidad de los andes centrales. Es un cuento sobre los intersticios de la mirada sobre el otro y la dinámica entre tradición e innovación. El narrador-personaje opina «que lo peor que le puede pasar al espíritu de una tradición es ser corrompido por la modernidad». Esta mirada antropológica contradice el discurso transculturador de los palqueros, quienes innovaron cambios sobre una tradición deportiva que impone sus reglas a nivel global. Por ello es también singular que se trate del fútbol: deporte e industria globalizado, homogenizante y enajenante.

Respecto a Ciudad lineal (Travesía, 2015), Transmutaciones confirma los tópicos narrativos preferidos por su autor y la genealogía de sus influencias literarias. Sin embargo, el erotismo, la reficcionalización histórica y la representación de los personajes femeninos todavía requieren de un mayor tratamiento para desarrollar una propuesta original. La variación argumental, aunque inevitable, precisa, cuando es manifiestamente expresa, introducir un «elemento añadido» que le permita avanzar hacia una poética más heterogénea y menos deudora del canon cuentístico que, posiblemente, el autor admira. Es decir, sabotear esas fidelidades estéticas.