Albert Camus: la memoria del pobre entre el absurdo y la rebelión

“Le seul moyen d’affronter un monde sans liberté est de devenir si absolument libre qu’on fasse de sa propre existence un acte de révolte.” Albert Camus, L’Homme révolté
Albert Camus (1913-1960), despliega la fuerza de su pensamiento poético en su obra maestra, El hombre rebelde (1952). En su ensayo filosófico Camus “se propone proseguir, ante el asesinato y la rebelión, una reflexión comenzada alrededor del suicidio y de la noción de absurdo”, expuesta en su obra filosófica germinal, El mito de Sísifo (1942). En los ciclos camusianos de creación, el absurdo se vuelca en la rebelión y al final gira en el amor. Entre el primer y ultimo ensayo, el pensador poético plantea: “Desde la memoria del pobre, en la luz (del absurdo y la rebelión), el mundo sigue siendo nuestro primer y último amor”. Este manifiesto camusiano, tiene una actualidad absoluta en este tiempo de tragedia y esperanza.

El horror ante el asesinato y el despojo lógico

En la gran crisis mundial del Siglo XX largo, tiempo de asesinato y despojo de inmensas masas de víctimas inocentes, se conmovieron los cimientos más profundos de la humanidad. Ante esta realidad, Camus se pregunto: “¿La vida tiene sentido de ser vivida?”. Su primera respuesta fue el absurdo, seguida luego por la rebelión y, antes de su muerte, por el amor.

La porción inocente consciente de la humanidad vivió el siglo en la compleja combinación de estas tres respuestas. Camus encontró su fuerza en la “memoria de los pobres”, en “ese secreto de luz cálida, (…) que lo había ayudado a vivir y a vencerlo todo” .

El encuentro de la inocencia con experiencia

Las relaciones de amistad y de admiración intelectual entre Hannah Arentd y Albert Camus son notorias, se asemejan a las que Arendt tuvo con Walter Benjamín. Terminada la Segunda Guerra Mundial, entre 1945 y 1949, Karl Jaspers y Hannah Arendt volvieron a reunirse en la empresa común: “La filosofía debería volverse concreta y práctica, sin olvidar por ello ni un solo momento su origen”.

La revista Die Waltung, fundada por Jaspers, fue un lugar significativo de la reforma intelectual y moral del pensamiento de nuestra civilización, Albert Camus fue uno de sus más importantes colaboradores. En este proyecto Arendt se aproxima a Camus y a su obra, señalando que dentro de la filosofía de la existencia francesa, Camus, en particular, era “un nuevo tipo de persona, alguien que sencillamente y sin nacionalismo europeo alguno era un europeo”.

En 1952, Arendt realizó un viaje desde Nueva York hasta el viejo continente, llevando su obra maestra Los orígenes del totalitarismo, publicada en inglés. En su estadía en Paris quedo muy decepcionada del “hegelianismo organizado” de los intelectuales franceses, salvo de Camus “Ayer vi a Camus; sin duda, el mejor hombre que hoy tiene Francia. Esta muy por encima del resto de los intelectuales (franceses). “

Ese mismo año Camus publico El hombre rebelde, el “hegelianismo organizado” —Jean Paul Sartre, Simone de Beauvioir, etc.— reaccionaron ideológicamente y sin escrúpulos para aislarlo. Camus conoció tiempos de soledad, Arendt le envió una carta que expresaba su reconocimiento “He leído El hombre rebelde, me gusta mucho” .

En 1957, Camus recibió el Premio Nobel en Literatura, preparaba una novela que llamaba El primer hombre. A la mitad del camino, el 4 de enero de 1960, Camus encontró la muerte en un accidente de automóvil.

En los años sesenta, dos obras maestras, Sobre la revolución de Hannah Arendt y El hombre rebelde de Albert Camus, fueron la lectura obligatoria en la rebelión del discurso libre de los estudiantes de Berkeley.

El absurdo

La existencia humana, en tiempo de mega crisis, de asesinato y despojo lógico, se precipita al abismo del absurdo. En el imaginario se produce una catástrofe de sentido, las representaciones colectivas se pueblan de guerras y de campos, y de sus víctimas en masa. En la mitología, la leyenda antigua de Sísifo, la maldición ritual de subir y bajar de una montaña sin propósito alguno, es el sin sentido mismo.

El pensamiento poético de Camus, bebe del pozo de su tiempo, mas allá del nihilismo de Andre Gide, plantea la única pregunta significante ante esta trágica concreción: “¿Vale la pena la vida de ser vivida?. ” El suicidio colectivo se torna una respuesta metafísica hipotética frente a una catástrofe del sentido de la existencia humana.

La rebelión

El asesinato y el despojo lógico se incrementan rompiendo todo límite humano y moral. El problema de la rebelión adquiere sentido preciso en el pensamiento occidental con el cristianismo. Camus propone una rebelión con sentido —opuesta al resentimiento, a la dominación y a la violencia—.

La rebelión metafísica, la rebelión histórica, y la rebelión y el arte se encuentra escindidas entre el bien y el mal, y el mal radical. La crítica demoledora de Camus a las rebeliones históricas más importantes por su extensión e intensidad en el mundo, el bolchevismo y el nazismo, posee un sorprendente parecido con la de Walter Benjamín en sus notables “Tesis sobre la filosofía de la Historia”.

La rebelión del medio día que plantea Camus, se halla en el polo opuesto de la rebelión en nombre de la ideología y el terror. En el imaginario, el mito y el pensamiento del medio día, a la mitad del camino, entre los extremos racionales, cínicos y violentos de la criba de la modernidad, se revela la luz del amor al mundo del hombre en rebelión.

Desde la memoria del pobre, el secreto de luz cálida

Los ciclos simbólicos y conceptuales de la creación camusiana, conducen al misterio del soplo del secreto de luz cálida en el mundo, desde la memoria del pobre: “La solidaridad de los hombres se funda en el movimiento de rebelión y éste, a su vez, no encuentra justificación sino en esa complicidad. Tendremos, por lo tanto, derecho a decir que toda rebelión que se autoriza a negar o a destruir esa solidaridad pierde por ello el nombre de rebelión y coincide en realidad con un consentimiento homicida” .

“Apocalipsis: el amor nunca muere”, en Solidaridad frente a homicidio: ensayos sobre la no violencia militante en el siglo veintiuno. Ideele. Lima: 2003.

Camus

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