Archivo por meses: agosto 2011

Los franciscanos y la fundación del Convento de Ocopa

Luego de sus incursiones por la Selva Central, los franciscanos se convencieron de la necesidad de contar con un convento, un “centro de operaciones”, donde preparar el personal que trabajaría en las conversiones de los indios de la región y también que pudieran auxiliar a las misiones ante cualquier eventualidad. De esta manera, convinieron en solicitar el anexo de Santa Rosa de Ocopa, en el valle de Jauja, para tal objetivo.

De esta manera, el 19 de abril de 1725, bajo el impulso de fray Francisco de San José, se autorizó la apertura de un hospicio de conversiones en Ocopa para, según el padre Amich que “en él se pudiesen curar los enfermos que salían de la montaña, y prevenirse los que hubiesen de entrar en ella”. Al año siguiente, fue ampliado el hospicio y, en 1732, se solicitó al Rey de España el permiso para establecer en el hospicio un seminario de misioneros.

Mención aparte merece el padre Francisco de San José, quien ya había trabajado en restaurar las misiones de panayahua, de Chanchamayo y Perené, y en fundar las de Pozuzo y Tilingo. Abrió nuevos caminos y, con los refuerzos que recibió desde España, continuaron fundando los pueblos de Chanchamayo (1732-33), en las riberas de los ríos Perené, Pangoa y Huallaga. De Ocopa, además, partieron las expediciones al Gran Pajonal y a las pampas del Sacramento, llevadas a acabo por los padres Juan de la Marca y Simón Jara, respectivamente. Al momento del fallecimiento del padre San José (1736), su obra siguió en expansión, pero algún tiempo después (1742), la rebelión de Juan Santos Atahualpa desbarató la obra misional, pues su levantamiento, como veremos más adelante, afectó las regiones de Chanchamayo, Perené, Pangoa, Gran Pajonal, Pachitea, Palcazu y Alto Ucayali.

Está claro, pues, el rol que jugaría Ocopa en las campañas misioneras de la selva central sería de primera importancia. Los franciscanos organizaron y planificaron, desde allí, sus entradas a la Amazonía, así como también se determinarían los lugares de las nuevas conversiones. Además, desde Ocopa se apoyaron las expediciones y exploraciones de nuevas rutas de penetración al Oriente. No cabe duda que con la apertura de Ocopa así como del Colegio de Misioneros se reforzó la política misional de los seguidores de San Francisco de Asís. Y no solo hay que destacar la obra del padre San José sino también la de otros nombres ilustres de la orden franciscana como José Amich, Pedro Gonzáles Agüero, Alonso Abad y Manuel Sobreviela.
El padre Amich, quien había sido piloto de la Real Academia Española, trazó los primeros mapas de las misiones franciscanas y el primer relato histórico del convento de Ocopa. Por su lado, el padre Abad dio su nombre al boquerón que descubriera en 1757. El padre Sobreviela, notable científico, intuyó que el progreso de las misiones iba ligado al de la industria, el comercio, los caminos y la agricultura; llegó a tener 85 misioneros bajo su mano quienes, a su vez, cuidaban de 31 mil nativos, agrupados en 103 pueblos. Otros nombres destacado de esta época heroica misional fueron los padres Alonso Carvallo, Buenaventura Márquez, Narciso Girbal y Francisco Álvarez Villanueva.

Como escribió con razón el padre Heras, “Ocopa era el punto de partida de todos los caminos que recorrían las misiones de la selva peruana y meta donde terminaban todas las jornadas que imponían obligado descanso. De él han salido durante 250 años cumplidos, esforzados soldados de la fe a luchar el buen combate”.

Pero el proceso de ocupación misionera de la selva central estuvo acompañado por el establecimiento de grandes y medianas propiedades agrícolas, con numerosos campesinos andinos de mano de obra. El mayor número de haciendas se concentró en los valles de Vitoc y Chanchamayo, casi todas ellas de propietarios tarmeños, y su producción se centraba en aguardiente de caña, coca y textiles para abastecer al mercado minero de Cerro de Pasco.

Los franciscanos también entraron al circuito comercial. En sus misiones producían caña para la elaboración de azúcar, melazas y aguardiente. Fueron famosos, por ejemplo, los extensos cañaverales que administraban en la misión de Quimiri, donde se menciona la existencia de un trapiche de bronce; también se menciona la existencia de otro trapiche en la misión de Eneno, próxima al Cerro de la Sal. A la producción de de coca y caña se añadían los cultivos de panllevar, donde los indios estaban obligados a trabajar tres días por semana. Todo parece indicar que las mayores rentas que recibían los franciscanos provenían de la producción de aguardiente.

Sin estos ingresos, por último, es difícil entender cómo los franciscanos pudieron financiar sus expediciones de evangelización, el mantenimiento de las misiones, la construcción y ornamentación de sus conventos e iglesias y la compra de artículos para distribuir entre los indígenas.

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Los franciscanos en la selva central

Lo que actualmente llamamos genéricamente con el nombre de “selva central” ingresó de manera muy temprana a la historia de la conquista española cuando, en 1535, el capitán Alonso de Alvarado, al mando de 13 soldados, hizo su ingreso a la zona de Chachapoyas donde fundó, al año siguiente, una ciudad con el nombre de “San Juan de la Frontera”. El mismo Alvarado, pocos años más tarde, penetra en el valle del Huallaga y fundó la ciudad de Moyobamba (1539). Por su lado, Alonso Mercadillo, utilizando la entrada de Huánuco, ingresa al señorío de los chupaychus y, siguiendo el curso del Huallaga, llega hasta la zona de Maynas (1540). Todos estos pueblos o pequeñas ciudades, fundados en la Ceja de Selva, tuvieron para lso españoles una especial importancia. Se trataba de centros políticos-administrativos que pertimitrían la penetración a la Selva Baja. Asimismo, estas poblaciones dinamizaron la vida económica de la amzonía pues no solo fueron unidades agrícolas sino que también se convirtieron en puntos de producción artesanal.

Esta historia, como sabemos, fue paralela a otra más fantástica o mítica, pero también trágica. Inmediatamente después de la conquista europea, la amazonía se convirtió en el territorio de la búsqueda de El Dorado. Fueron muchas las expediaciones que, infructuosamente, intentaron descubrir aquella “ciudad de oro” que algunos mitos europeos o leyendas incaicas despertaron la ambición de los aventureros. Los nombres de Gonzalo Pizarro, Francisco de Orellana, Pedro de Candia, Pedro de Ursúa o Lope de Aguirre están asociados a esta quimera o, más aún a una ilusión que las propias autoridades alentaron hábilmente para evitar alguna revuelta o deshacerse de individuos problemáticos.

Sin embargo, hasta inicios del siglo XVII, los españoles no habían explorado de manera detallada la zona de Chanchamayo. Según el padre D. Ortiz, “al estudiarse la historia de los descubrimientos geográficos en el Perú, sorprende ver que los conquistadores, aventureros y misioneros que ya habían recorrido casi en toda su extensión el territorio peruano y penetrado en la montaña por los puntos más apartados y extremos del norte y del sur, esto es, al oriente del Cusco y , por la región amazónica, sin embargo, antes de 1634 ninguno había atravesado la cordillera oriental y penetrado en la región de los bosques en la parte central al oriente de Lima, hallándose la montaña de Chanchamayo a una distancia tan corta. Bien puede ser que se haya hecho alguna expedición, pero lamentablemente no está citada por los historiadores”.

Las misiones y la ocupación de la Selva Central.- Sin duda, fueron los frailes y clérigos los que exploraron la selva llevando la evangelización, la Biblia y la Cruz, los forjadores de la integración de la amazonía al territorio del Virreinato, primero, y la República peruana, después. Fueron ellos, también los que escribieron la historia, describieron la geografía y estudiaron las lenguas y las costumbres de los pueblos amazónicos. Los testimonios dan cuenta de más de 140 pueblos fundados por ellos y unas 170 crónicas, con descripciones e informes de valor incalculable. Hoy, centenares de miles de aborígenes que hablan, profesan la religión católica y votan en las elecciones lo hacen gracias a esta larga historia que se remonta al siglo XVII.

En efecto, si llevamos este tema al terreno puramente histórico, la acción de los misioneros católicos en al Amazonía, durante los siglos XVII y XVIII, h asido objeto de duras críticas como de reconocimiento por los esfuerzos que realizaron por “civilizar” a los indios amazónicos. Fueron los jesuitas y los franciscanos quienes jugaron un papel fundamental en el proceso misional del oriente peruano. En este sentido, la actividad misional fue apoyada por la fuerza de las armas, empleada especialmente cuando la población aborigen oponía resistencia al establecimiento de las reducciones efectuada por los curas misioneros.

Para el padre Armando Nieto, la historia de estas misiones es grandiosa y estimulante por el heroísmo desplegado debido a las dificultades y obstáculos enormes de todo tipo: impenetrabilidad de los bosques, peligros mortales de pongos y turbiones, clima tórrido, pesado y malsano; fieras y serpientes, enfermedades tropicales, hostilidad y desconfianza por parte de las tribus; la barrera lingüística por la infinidad de dialectos; carencia absoluta de comodidades y de un mínimo de existencia cilvilizada. En realidad, cuando leemos las relaciones o crónicas de los misionesros se percibe un aliento caso sobrehumano, alentado por el impulso de la fe, capaz de sobrellevar cualquier tipo de adversidad.

Jesuitas y franciscanos se repartieron el territorio. Los jesuitas cubrieron la región nor oriental, especialmente al zona comprendida por los ríos Marañón y sus afluentes (Nieva, Santiago y Morona), Amazonas, Napo, Ucayali y parte del Huallaga. Su centro de operaciones estuvo en Quito. Desde allí penetraron, siguiendo la ruta de Orellana, hasta fundar Maynas, en 1638.

Los franciscanos y el Cerro de la Sal.- Los frailes de San Francisco fueron los que se reservaron la Selva Central, utilizando las entradas de Huánuco y Andamarca. Hasta inicios del siglo XVIII, realizan entradas a los indios de motilones (Chachapoyas, Moyobamba y Lamas) y a los indios panataguas de Huánuco. Asimismo, a Chanchamayo, la zona oriental de Jauja, a los indios cholones e hibitos (misión de Cajamarquilla o Pataz) y a las provincias de Urubamba y Madre de Dios.

Al igual que los jesuitas, se preocuparon en fundar pueblos y reducciones para intruir a los indios en la religión católica. Para fundar estos pueblos se valieron de obsequios y otros ofrecimientos; en ocasiones, el uso de la fuerza también fue un método para conseguir sus objetivos. Pero, a diferencia de los jesuitas, los franciscanos tuvieron que enfrentar una resistencia mucho mayor por parte de los grupos a quienes pretendieron “civilizar”.

Ya en 1580, los franciscanos habían fundado un convento en Huánuco. Desde allí incursionaron por el Huallaga donde fundaron varias reducciones, en el señorío de los panatahuas. Un año especialmente clave fue 1635 cuando intentaron ingresar al Cerro de la Sal, sabiendo que a ese lugar acudían grupos de diversas tribus para aprovisionarse de aquel producto. Ese año fundaron el pueblo de Quimiri (la Merced), en las inmediaciones del Cerro de la Sal, con el propósito de conquistarlo.

Pero ¿cómo era el Cerro de la Sal? Los testimonios más detallados, en realidad, corresponden al siglo XIX. Uno de los que llegó al lugar fue el sabio italiano Antonio Raimondi quien nos dejó la siguinte descripción: “Hacia el oriente de la gran cordillera nevada que ladea la extensa laguna de Junín o de Chinchaycocha, se desprende un ramal, dirigiéndose al Este y luego al Sur Este, dividiendo las aguas que van al río Pachitea, de las que afluyen al río Chanchamayo. El remate de este ramal de la cordillera, es formado por el famoso Cerro de la Sal, así llamado porque tiene una gran veta de sal gemma… Este célebre cerro, al que recurren para proveerse de sal, los nativos de distintas naciones, fue descubierto por los misioneros franciscanos, siendo el primero que lo visitó Fray Jerónimo Jiménez en el año de 1635, que ingresa por las montañas de Huancabamba, llegando al Cerro de La Sal, para posteriormente remontar a Chanchamayo, desde su confluencia con el río Paucartambo donde fundara la primera población con el nombre de San Buenaventura de Quimiri, que sería posteriormente el primer pueblo de La Merced… Dos caminos se abrieron por esta región; el principal y el más remoto fue el de la quebrada de Tarma y Acobamba, siguiendo después el curso del río Chanchamayo, hasta dos leguas más allá del río Paucartambo y el Valle de Huancabamba, pasando por la población del mismo nombre, que fuera fundada por los misioneros, poco antes de la entrada del padre Jiménez, quien siguió esta ruta para llegar al Cerro de la Sal”.

Por su parte, el misionero José Amich nos presenta la siguiente descripción: “En este paisaje se eleva dicho cerro como un pan de gran altura, poblado de monte, excepto en la cumbre que solamente tiene algunos matorrales de palmas… Este cerro tiene una veta de sal, que desde la cumbre corre al sur oeste por espacio de más de tres leguas y, otras tantas hacia el noreste; dicha veta de sal tiene de ancho regularmente treinta varas. La sal es de piedra mezclada con algún barro colorado… El Cerro de La Sal es muy famoso por el gran concurso de indios infieles, que las naciones más remotas de la montaña acuden a él por sal; porque dentro de la montaña no hay salinas, entonces les es forzoso venir a este cerro a buscarla, los uno para su uso y consumo y otros para comercializar con ella otras cosas que necesitan las otras naciones… El Cerro de La Sal es un verdadero punto estratégico; por un lado domina la hoya del río Chanchamayo, y por el norte domina la del Pachitea; pues el Pichis, afluente de este último río, tiene algunas vertientes en el mismo Cerro de la Sal… Fray Jerónimo Jiménez, construye en el Cerro de la Sal una capilla con el nombre de San Francisco de Salinas, luego funda el pueblo de Quimiri con el nombre de San Buenaventura de Quimiri a la izquierda de las orillas del río Chanchamayo. En esta gesta de conquista misionera en la ruta descrita, también interviene el Padre Cristóbal Larios, que en compañía del Fray Jiménez son muertos con flechas por los nativos en el año de 1637”.
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¿Cómo nació la Pontificia Universidad Católica del Perú?


El padre Jorge Dintilhac

La Universidad Católica del Perú se fundó en 1917 y fue la primera universidad privada del país. La idea de fundar una universidad católica fue madurando en los círculos religiosos y académicos de Lima desde comienzos del siglo XX. Ya El Vaticano había tomado nota de la situación y, en 1899, en el Concilio Plenario de América Latina, convocado por el papa León XIII en Roma, se llegó a la conclusión de que era necesario “fortalecer la educación católica a todo nivel” en los países de la región. En 1888, se había fundado en Chile la primera universidad católica del continente; en 1910, entró en funciones una institución similar en Argentina. En el Perú, la iniciativa fue tomada por la Orden de los Sagrados Corazones de Jesús, en un proyecto en el que intervinieron muchas personas, pero que fue encabezado por el padre Jorge Dintilhac, de los Sagrados Corazones, y laicos como Carlos Arenas y Loayza, Guillermo Basombrío, Víctor González Olaechea, Raimundo Morales de la Torre y Jorge Velaochaga.

Para poder fundar la Católica, el padre Jorge tuvo que superar más de un obstáculo. En principio, la falta de capital. Aparecieron entonces diversos colaboradores, como doña Josefina Araraz, una anciana que, en 1916, donó su pequeña fortuna a la futura universidad. Por su parte, con un aporte de 20 mil soles, el padre Florentino Prat, Superior de la congregación de los Sagrados Corazones, acondicionó los ambientes del Colegio de La Recoleta, ubicado en la Plaza Francia, para acoger a los primeros estudiantes universitarios. Pese a la oposición que el proyecto del padre Dintilhac despertaba en cierto sector de la prensa, muy crítica respecto de la educación cristiana (por ley del 11 de noviembre de 1915 se estableció la libertad de cultos, suprimiento el artículo 4° de la Constitución de 1860, que reconocía a la Iglesia católica como religión del Estado), a la causa se fueron uniendo cada vez más colaboradores, algunos de ellos muy influyentes, como el Arzobispo de Lima, monseñor Pedro García Naranjo; la esposa del presidente de la República, Carmen Heeren de Pardo; y Rosa Mujica de Bentín, esposa del vicepresidente (ambas tenían a sus hijos en el Colegio de La Recoleta).

El lunes 26 de febrero de 1917, el diario El Comercio publicó los detalles de la organización de la proyectada Universidad Católica a través de un texto enviado por el propio padre Dintilhac. En su primer párrafo dice así: “Con fecha 24 de diciembre de 1916 y en virtud del artículo 402 de la ley orgánica de instrucción, quedó autorizado por el supremo gobierno, el establecimiento de un centro libre de estudios superiores, bajo el nombre de Academia Universitaria, la cual empezará a funcionar este año de 1917 en el colegio de los Sagrados Corazones (Recoleta). Este centro intenta ser una completa Universidad Católica; así es ya conocido en la sociedad y de ahí el epígrafe de este prospecto”. Luego, añade: “Una dolorosa y universal experiencia de todos los pueblos y el mismo movimiento filosófico contemporáneo, eminentemente espiritualista, están concientes en reconocer la suma importancia del elemento ético y religioso para la vida, en todas sus manifestaciones y especialmente en la educación. Por esto cada día se siente más entre nosotros la necesidad de un centro de estudios verdaderamente superiores, donde los hijos de familia en esa alta esfera de la educación que es la decisiva del porvenir de los individuos y de las sociedades, puedan integrar y concluir su formación intelectual, dentro de un ambiente rigurosamente científico; y de un orden moral cristiano tan perfecto, que al hacerlos mejores, los haga también más aprovechados y por consiguiente más útiles a la patria“.

Luego, el padre Dintilhac, añade: “En vista, pues, de estas consideraciones y al amparo de la ley que reconoce la libertad de enseñanza, el que suscribe deseoso de ayudar a los padres de familia en el mejor cumplimiento del máximo de sus deberes y de excitar el celo y asegurar la cooperación de cuantas personas amen al país y comprendan la trascendencia vital de la educación verdaderamente científica e íntegramente cristiana de la juventud, pone en conocimiento del público que desde la fecha queda establecida en esta capital, en el local del colegio de los Sagrados Corazones (Recoleta) una Universidad Católica, a fin de que en ella reciban los jóvenes, cuyos padres lo deseen, una educación intelectual superior tan científica como cristiana, y al mismo tiempo puedan debida y fructuosamente prepararse para los grados oficiales universitarios”. Lo que sigue del texto es interesante: “Para este fin se cuenta ya para la dirección de la universidad y enseñanza de los cursos con un grupo de personas idóneas y respetables. Los derechos de enseñanza serán los mismos que por matrícula y examen se abonan en la Universidad Mayor de San Marcos; y como todas las clases serán públicas, habrá también matrículas de asignaturas especiales para cuantos lo deseen. Con los protectores insignes y padres de alumnos se formará un patronato, que lo será de la universidad“.

Otro dolor de cabeza lo representó la constitución legal de la nueva institución educativa. Por fin llegó el 24 de marzo de 1917, fecha en que el Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción publicó el Decreto Supremo que daba luz verde a la creación de la Universidad Católica con dos facultades: Letras y Jurisprudencia. El decreto llevaba la firma del presidente José Pardo y Barreda. La Universidad Católica del Perú había nacido. No la fundó la Iglesia ni el Arzobispado. Según el registro de firmas de profesores de aquel primer año, la primera clase (Estética) la dictó en la mañana del 10 de abril el profesor Raimundo Morales de la Torre en el local de la Plaza Francia. Asistieron nueve alumnos. En 1937, el padre Jorge inscribió a la Universidad como asociación civil sin fines de lucro y, recién en 1942, cuando la Católica cumplió 25 años, el papa Pío XII le concedió el rango de Pontificia que, en la práctica, más funcionó como título honorífico, pues la Universidad siguió rigiéndose por las leyes peruanas. En el futuro, ni la herencia de Riva-Agüero ni las leyes universitarias ni el Concordato vigente entre el Perú y el Vaticano (1979) variaron la naturaleza jurídica de la Universidad.

Nota: los subrayados son nuestros

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Ciclo multidisciplinario: ‘Identidad nacional: ¿intercultural o multicultural?

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Este 24, 25 y 26 de agosto la Asociación Encuentro Psicológico (AEP) realizará por segundo año consecutivo uno de sus eventos más grandes: el Ciclo Multidisciplinario de Conferencias, el cual este año tendrá como tema la Identidad Nacional. Al igual que el año pasado, este año tenemos el honor de contar con la presencia de reconocidos profesionales de diferentes especialidades, de la talla de Fidel Tubino, Teresa Valiente, Antonio Zapata, Juan Luis Orrego, Agustín Espinosa, entre otros.

Al recurrir al diálogo de profesionales de diversas disciplinas -como la psicología, filosofía, historia, antropología, sociología, educación y comunicaciones- se podrá aprehender el fenómeno en toda su complejidad; discutiendo la propuesta de una identidad única, y cuestionando su condición estática en un país tan diverso y variado como lo es el Perú. De esta manera se buscará abordar la construcción de la identidad nacional dentro de un enfoque intercultural en una nación en la que conviven diversas culturas.

Esperamos su asistencia.
Fechas: 24, 25 y 26 de agosto, de 6:00pm a 9:00pm

Lugar: Sala de Eventos de la Facultad de Estudios Generales Ciencias, PUCP

Entrada libre previa inscripción: mandar nombre completo y DNI a la siguiente dirección (escribir la dirección, no copiarla y pegarla): inscripciones.ciclo.aep@gm​ail.com
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Nuevo libro: ‘Lima imaginada’

¿Lima es fea, ‘horrible’, como dijo Salazar Bondy, o ‘linda’, según lo insinuó un alcalde? Sin duda es una cuestión de percepción, de la perspectiva de cada habitante de acuerdo con el lugar desde donde la mira, percepción que por cierto es de una variabilidad tan grande como los estilos de vida y la desigualdad que caracteriza a esta metrópolis que sobrepasa los nueve millones de habitantes. Este libro contiene un estudio acucioso de las preferencias, hábitos y modos de ver la ciudad sobre la base de los resultados de una minuciosa encuesta, junto con una reflexión acerca de la vigencia tanto de leyendas urbanas del pasado reciente como de las antiguas tradiciones de la Lima criolla. El autor apunta su texto hacia una crisis de representación de lo urbano dada la nutrida problemática de la capital peruana. Se potencian los imaginarios de la ciudad, de lo desconocido: la construcción colectiva de espacios deseados, aborrecidos o temidos pasa a ser un proceso constante de reinvención mental que anda pisándole los talones a las transformaciones urbanísticas, algunas de ellas lamentables.

Su autor, Javier Protzel, es profesor principal de la Facultad de Comunicación e investigador del Instituto de Investigación Científica de la Universidad de Lima. Sociólogo de formación, tempranamente adoptó una práctica intelectual interdisciplinaria, interesándose en la observación de las culturas urbanas, particularmente la de Lima, su ciudad de nacimiento. En este libro retoma, bajo un sesgo diferente, temas ya presentes en Procesos interculturales. Textura y complejidad de lo simbólico, publicado por este Fondo Editorial en el 2006. Igualmente, regresa al empleo de los textos literarios como elementos de reflexión pero también de construcción de una realidad siempre discutible y cambiante. Fiel a esa búsqueda del sentido mediante el estudio de las poéticas y los conflictos contenidos en la narrativa, escribió Imaginarios sociales e imaginarios cinematográficos, aparecido en el 2009. Ha sido docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú y de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, así como profesor invitado en varias universidades extranjeras.

Lima imaginada
2011, 446 pp.
isbn 978-9972-45-254-3

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Coloquio Internacional ‘Universidad y Nación’

PROGRAMA

Miércoles 24 de agosto
Instituto Riva Agüero (Jirón Camaná 459, Lima)
5:30 p.m.
Conferencia magistral
Benedict Anderson | Cornell University

Jueves 25 de agosto
Auditorio de Humanidades, campus PUCP (Av. Universitaria 1801, San Miguel)

9:00 a.m.
Mesa 1: Construcción de la nación
• Sinesio López: “Estado y nación en el Perú del siglo XX”
• Germán Peralta: “Universidad y nación peruana en la generación de 1920”
• Liliana Regalado: “Distintas formas de ser peruano: Franklin Pease, nación y mundo andino”
11:00 a.m. Pausa

11:30 a.m.
Plenaria
• Salomón Lerner: “Universidad y proyecto democrático de nación: la gestación de una sociedad ciudadana”

1:00 p.m. Pausa

3:00 p.m.
Mesa 2: Integración nacional y esfera pública
• Margarita Guerra: “La identidad nacional y la universidad: la concepción de las generaciones durante la Reconstrucción y la República Aristocrática”
• Nelson Manrique: “La gran fractura histórica, dos siglos después”
• Antonio Zapata: “Universidad e integración nacional en el siglo XX peruano: encuentros y desencuentros”
5:00 p.m. Pausa

5:30 p.m.
Mesa 3: Testimonios
• José Agustín de la Puente: “La nación peruana y la Pontificia Universidad Católica del Perú”
• Enrique González Carré: “La Universidad de Huamanga y la región de Ayacucho”
• José Ignacio López Soria: “Construyendo el Perú”

Viernes 26 de agosto
Auditorio de Humanidades, campus PUCP

9:00 a.m.
Mesa 4: Mujer y nación
• Francesca Denegri: “Mujer romántica, universidad y nación”
• María Emma Mannarelli: “Nación peruana y discurso en torno de la mujer, siglos XIX y XX”
• Patricia Ruiz Bravo: “Las mujeres y la nación: pertenencia, diferencia y exclusión”
11:00 a.m. Pausa

11:30 a.m.
Plenaria
• Carmen Mc Evoy: “Educación y nación. La contribución del civilismo a la formación ciudadana y a la construcción del Estado en el Perú, 1872-1876”
• José Luis Rénique: “A nombre de la nación: universidad y región en la sierra peruana”
1:00 p.m. Pausa

3:00 p.m.
Mesa 5: Discurso, lengua y nación
• Ciro Alegría: “Universidad y Estado-nación, una unión transitoria”
• Carlos Garatea: “Entre la nación y la universidad: la identidad de la lengua española y el discurso académico”
• Gonzalo Portocarrero: “La universidad pública y la emergencia del nacionalismo andino”
5:00 p.m. Pausa

5.30 p.m.
Mesa 6: Universidad y poder
• Enrique Bernales: “Las fuentes del poder universitario”
• Manuel Burga: “San Marcos y el Estado (S. XX): del poder a la impotencia”
• Javier Sota Nadal: “Universidad y poder político: una relación traicionada”

Informes:

Departamento Académico de Humanidades – Pontificia Universidad Católica del Perú
Teléfono: 626-2000 anexos 4480 y 4448 | Fax: 626-2875 | jefdh@pucp.edu.pe | http://departamento.pucp.edu.pe/humanidades/
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Nuevo libro: ‘Ejercicios de Hegemonía: lecturas de la Argentina contemporánea a la luz del pensamiento de Antonio Gramsci’

Guido Galafassi (compilador), Natalia Lascano, Verónica Hendel, Marisol Esteve, Claudia Composto
Ediciones Herramienta, Buenos Aires, Argentina, julio de 2011, 336 páginas.
ISBN: 978-987-1505-20-3

Introducción

Pensar y ejercitar a partir del concepto Hegemonía, recogiendo los escritos originales del propio Gramsci, implica hoy en día caminar a contrapelo. Especialmente luego de tantas versiones ambiguas y dietéticas que han circulado durante los últimos tiempos, y que se han caracterizado por cierta obstinación de la intelectualidad contemporánea por negar la propia historia en tanto sinónimo de profunda lucha antisistema, es decir, aquello que implica el debate en torno a la filosofía de la praxis. Por otro lado, pero fuertemente encadenado a lo recién señalado, el concepto Hegemonía nos obliga a cuestionarnos acerca de esa convivencia con una sensación de relativa desorientación frente a las derrotas y fracasos del llamado “socialismo real” y la imposición temporaria, y nunca exenta de crisis, de las ideas individualistas extremas ligadas al neoliberalismo y de aquellas otras complementarias y apáticamente conservadoras provenientes del pensamiento posmoderno del fin de la historia. El pensamiento de Antonio Gramsci, nos compromete también a pensar en clave dialécticamente crítica abandonando cualquier intento dogmático y mecanicista, de lo que Lukács gustaba llamar el marxismo vulgar.

En este libro, por lo tanto, hemos querido reunir resultados de investigaciones puntuales, analizados todos a la luz de las definiciones y debates implícitos en la categoría hegemonía. Pero los textos intentan ir un poco más allá, ya que constituyen el producto de un proceso de discusión continuo entre todos los autores, enmarcado en un proyecto de investigación colectivo con sede en la Universidad Nacional de Quilmes. Si bien en cada capítulo se configuran lecturas particulares, donde cada autor vuelca su propia impronta, este libro constituye un intento de un real trabajo en equipo a partir de ciertos ejes en común que han sido la clave del debate y del armado final de los artículos. Es decir, desde el comienzo se tuvo la intención de no hacer una simple compilación sobre una determinada temática sino que a partir de un eje teórico, central a la perspectiva de trabajo del equipo, se analizaron los casos elegidos en pos de ejercitar colectivamente lecturas e interpretaciones que hicieran foco en la articulación entre teoría y estudios de caso. El proceso dialéctico de construcción de hegemonía se constituyó en un andarivel esencial para comenzar a recorrer este camino de construcción colectiva de conocimiento, en un intento por acercarse a los postulados básicos de la filosofía de la praxis.

El primer capítulo, tendrá como objetivo el comenzar a descifrar y caracterizar las relaciones entre acumulación y hegemonía en los distintos entramados que se constituyen en el proceso de construcción sociohistórica en relación al desarrollo productivo y territorial de la Patagonia. “Acumulación y hegemonía en las tres Patagonias. Una lectura crítica sobre la historia regional” parte del cruce entre bloque histórico (entre clases hegemónicas) y territorio patagónico en tanto que este fue visto como un “vacío” a ser ocupado. Entendiendo a la hegemonía como un ejercicio dialéctico entre coerción y consenso, se analizan las prácticas, en algunos casos en pugna, de las propias clases hegemónicas en su intento por llenar este vacío, prácticas que muchas veces se fueron dando sin demasiada planificación sino a partir de iniciativas aisladas de ciertos grupos e intereses, pero que en otros casos contó con cierto diseño productivo-territorial, ya sea del Estado central o los Estados provinciales más la participación amplia del capital, siendo estas últimas aquellas que determinaron el perfil característico del proceso de acumulación patagónico hasta el presente. Es así que se fueron conformando diferentes intentos de ocupación y establecimiento poblacional y productivo hasta que finalmente se comienzan a consolidar procesos más extensos y de cierta constancia histórica conformando patrones y sistemas con características bien particulares pero basados todos en la extracción de ciertos potenciales naturales para su mayoritaria exportación extrarregional. Se reconocen y analizan a lo largo del capítulo a la “Patagonia Ganadera” primero, la “Patagonia Energética” luego, para finalizar el estudio con la más actual “Patagonia Minera”, poniendo el énfasis en descubrir en cada una de ellas la particular correlación dialéctica entre acumulación y hegemonía.

El siguiente capitulo, “Concepciones hegemónicas sobre la Revolución Sandinista en los diarios argentinos: La Nación, La Prensa y Clarín, 1979-1982”se propone realizar un acercamiento a las visiones hegemónicas sobre la Revolución Sandinista de Nicaragua en la Argentina dictatorial. Para esto se analizan las concepciones presentadas por los principales diarios nacionales (La Prensa, La Nación y Clarín) en su tratamiento del tema, resaltando su carácter de intelectuales orgánicos de las clases dominantes, en el sentido amplio propuesto por Gramsci en su análisis de la superestructura. Se establecen los puntos de acuerdo y divergencia entre los discursos de los distintos periódicos, así como con la concepción propuesta por la Junta Militar gobernante, basada en la Doctrina de la Seguridad Nacional y justificadora de la intervención clandestina que los militares argentinos llevaron adelante en el conflicto centroamericano. Se puede observar entonces que, si bien la emergencia de la Revolución Sandinista fue vista con preocupación por las clases dominantes argentinas, esta preocupación no cobró la misma forma en todos los casos y las conclusiones que se sacaron sobre lo que ocurría no fueron las mismas. El análisis de las posiciones de los principales diarios nacionales sobre el tema permitirá vislumbrar cómo en este punto aparecen tensiones y discursos hegemónicos superpuestos que, en consonancia con las tensiones presentes entre distintas fracciones de las clases dominantes argentinas, son expresión de concepciones políticas más generales sobre el conflicto social, la situación internacional y el lugar de la Argentina en el mundo.

El capítulo “La condición de la agro-biotecnología. Producción de conocimiento y construcción de hegemonía en la región pampeana argentina (2002-2010)” busca rastrear las huellas de los principales cuestionamientos realizados recientemente a ciertos procesos y elementos vinculados a la agro-biotecnología, en el marco de un conjunto de estrategias desarrolladas por grupos de intelectuales orgánicamente vinculados a los principales grupos de poder del agro pampeano. Dichos cuestionamientos han sido realizados por una serie de organizaciones sociales de distinto tipo. A lo largo del capítulo, la noción de agro-biotecnología va mutando desde sus acepciones más frecuentes, asociadas al ámbito de la ciencia, la tecnología y la producción de semillas, hasta aquello que constituye uno de los principales aspectos a estudiar: los modos en los cuales la agro-biotecnología forma parte esencial de un conjunto de prácticas, expectativas, significados y valores que se constituyen en un sentido predominante de la realidad, desempeñando un papel clave en el proceso de construcción de lo hegemónico en el agro pampeano actual . Es por ello que en dicho capítulo la noción de agro-biotecnología se encuentra emparentada y es considerada como sinónimo de ese sentido predominante y hegemónico del agro pampeano que se pretende analizar.

El cuarto capítulo, “Todas las voces, ¿todas?: discurso hegemónico en el conflicto campo-gobierno por las retenciones móviles en 2008” propone un análisis del conflicto desatado en marzo de 2008 a raíz de la Resolución 125 que planteaba un freno a las exportaciones a través de la implementación de retenciones móviles a los principales productos de exportación (soja, girasol, trigo y maíz). Para ello indagará hasta qué punto la apelación a una identidad de “nación-campo” funcionó como legitimadora del discurso y las prácticas de los productores nucleados en la Mesa de Enlace y cómo apelando al mismo discurso el gobierno intentó generar consenso y legitimidad respecto a la Resolución 125. Sostendremos que los sectores nucleados en la Mesa de Enlace, manejándose en un equilibrio entre consenso y coerción lograron el consentimiento de la clase media urbana a una situación que no resultaría objetivamente positiva para dicha clase. También se analiza la situación y discursos del Movimiento Nacional Campesino Indígena, partiendo de considerar que se trata de una organización que busca ser visibilizada por la clase media como una postura alternativa, para lo cual apela no sólo al componente campesino sino a la identidad indígena de muchas de las organizaciones que lo componen. Para realizar este análisis es que se vuelve a tomar el concepto de hegemonía entendiéndolo como un equilibrio entre consenso y coerción, pudiendo haber momentos en los cuales predomina uno u otro pero actuando generalmente el consenso como “revestimiento” de la coerción, ya que para que la hegemonía funcione como tal debe darse un cierto equilibrio aunque más no sea “de compromiso”.

En el último capítulo, “Transnacionales mineras y estrategias hegemónicas de producción de consenso y legitimidad social en contextos de disputa territorial. Apuntes de investigación para la construcción de una tipología analítica”, se abordarán las prácticas hegemónicas ejercidas por las transnacionales mineras, a fin de contrarrestar la emergencia y/o proliferación de resistencias sociales respecto de sus operaciones en las localidades donde afincan. Durante los años ´90, el Estado argentino desarrolló el marco jurídico-político-administrativo propicio para la expansión sin precedentes de la inversión extranjera directa en el sector minero, iniciando un acelerado desarrollo de la minería metalífera a gran escala en el país. No obstante, la emergencia y multiplicación de resistencias sociales una década más tarde, abrió un período de incertidumbre que puso en entredicho la continuidad de esta actividad en Argentina, modificando la correlación de fuerzas sociales, y alertando a Estados y transnacionales mineras sobre la necesidad de (re)construir una hegemonía política y cultural acorde al modo de acumulación extractivo-exportador con base minera. En este sentido, la hipótesis central del trabajo es que en escenarios de disputa por el territorio y los recursos naturales, donde empresas transnacionales mineras y poblaciones movilizadas pugnan por la definición y control de las formas de producción y reproducción de la vida, las primeras despliegan una serie de estrategias que, de conjunto, apuntan a configurar sentidos, producir subjetividades y organizar relaciones sociales de nuevo tipo. Identificamos, por lo menos, tres tipos de estrategias: 1)- comunicacionales, 2)- de intervención social directa, y 3)- de monitoreo y gestión participativa; cuya función general consiste en contemplar las tendencias y necesidades de los grupos sobre los cuales se ejerce la hegemonía, haciendo ciertos compromisos simbólicos y concesiones materiales, pero sin poner en cuestión los intereses fundamentales del grupo dominante.

Contenido

-Acumulación y hegemonía en las tres Patagonias. Una lectura crítica sobre la historia regional (Guido Galafassi)
– Concepciones hegemónicas sobre la Revolución Sandinista en los diarios argentinos: La Nación, La Prensa y Clarín, 1979-1982 (Natalia Lascano)
– La condición de la agro-biotecnología. Producción de conocimiento y construcción de hegemonía en la región pampeana argentina (2002-2010) (Verónica Hendel)
– “Todas las voces, ¿todas?”: discurso hegemónico en el conflicto campo-gobierno por las retenciones móviles en 2008 (Marisol Esteve)
– Transnacionales mineras y estrategias hegemónicas de producción de consenso y legitimidad social en contextos de disputa territorial (Claudia Composto)
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