Huacas en San Isidro

En el cruce de las avenidas El Rosario y Nicolás de Rivera el Viejo (altura de la cuadra 9 de la avenida Javier Prado Oeste), en el corazón del San Isidro residencial, contemplamos un imponente centro ceremonial de forma piramidal, la Huaca Huallamarca o “Pan de Azúcar” (nombre de una antigua hacienda del lugar). Se trata de un templo con entierros de una prolongada ocupación, desde el siglo III de nuestra era hasta la ocupación inca en el siglo XV. “Marca” significa pueblo, lugar o comarca en quechua; “huallamarca” sería “el lugar o el pueblo de los huallas”. Cuando los incas llegaron al valle del Rímac, encontraron varios grupos étnicos provenientes de la sierra; los huallas vendrían a ser uno de ellos.

Como mencionábamos, se trata de un edificio piramidal formado por hasta cinco fases constructivas que se suceden una sobre la otra; la pirámide tiene unos 20 metros de alto. Fue construido en base al alineamiento y sucesión de pequeños adobes en forma de “granos de maíz”. Sus orígenes se relacionan con la cultura Lima y los pobladores de su entorno estaban asociados al cultivo de tierras regadas por el desaparecido río Huatita (afluente del Rímac). Los entierros y objetos encontrados en este sitio arqueológico son de enorme valor documental. Desde momias (la más representativa es la de una mujer con los cabellos más largos del Perú prehispánico) hasta tejidos, juguetes y ceramios asociados a la cultura Lima y a las influencias de Wari. Cabe destacar que en 1958 se rescataron 48 fardos en la cúspide de la pirámide y con este hallazgo se empezó a montar el actual museo de sitio

En la segunda mitad del siglo XX, la Municipalidad del distrito, con el asesoramiento del arqueólogo Arturo Jiménez Borja, quiso salvar Huallamarca de la destrucción debido al crecimiento inmobiliario de la zona. De esta manera, se conservó el yacimiento y se “reconstruyó” para que el visitante pudiera observar cómo pudo haber sido su aspecto original. Este método, influenciado por las corrientes de “puesta en valor” de México o Europa de aquellos años y muy opinable para los “puristas” nos permite ver la impresionante rampa y perfectas plataformas que luce hoy Huallamarca y que, en realidad, no representan al aspecto que tuvo en su tiempo. Hoy en día, las convenciones de la UNESCO y las tendencias de la nueva arqueología están reñidas con este tipo de reconstrucciones “idealizadas” (caso semejante vemos en Puruchuco, con la mano también de Jiménez Borja).


Huaca Huallamarca

La Huaca Santa Cruz también está ubicada en lo que era el valle del Huatita, en la cuadra 3 de la actual avenida Belén. Pertenece a la época del señorío Ichma, que data de los años 1.000 al 1.500 d.C. Se trata de una pequeña plataforma construida por muros de tapia; en su cima se pueden apreciar recintos cuadrangulares y algunos patios. Según los trabajos arqueológicos, fue un centro administrativo, de rasgos palaciegos, y contiene un pequeño cementerio de la época inca con más de 100 tumbas. Se conectaba con la huaca Pucllana mediante un camino y un sistema de canales. Un gran estanque existía al Este de la huaca; se llama también “Huaca Santa María de Santa Cruz”.

En los últimos años, arqueólogos iniciaron el proceso de limpieza en esta huaca para ponerla en valor. Concretamente, se ha retirado el material que colapsó con la destrucción del sitio arqueológico a partir de la década de 1940. Lamentablemente, en Santa Cruz, sólo se dejaron las estructuras más “relevantes” y hoy el sitio parece arrinconado junto a la Residencial Santa Cruz. Sin embargo, un par de hechos recientes colocaron a la huaca Santa Cruz en el centro de la noticia:

El primero ocurrió este año, cuando se encontró en fardo funerario de 400 años de historia. La momia, de unos 60 centímetros, presenta un cuerpo en forma de galleta, atado de pies y manos, tendido en forma vertical y sobre una plataforma rocosa; seguramente, se le rindió culto el día de su muerte en ese lugar. Una sonrisa maquiavélica asoma mostrando enormes dientes. La directora del Museo de Huallamarca, Lydia Casas, dijo: Esta momia sería la primera de una serie de fardos que se podrían encontrar en esta huaca. Este hallazgo no fue casual, ya que en la zona antes se enterraban muertos. No descartamos que se descubran más restos.

El segundo hecho tiene que ver con el hallazgo de momias republicanas. Arqueólogos hallaron en esta huaca una momia que corresponde a un culí del siglo XIX. El cuerpo, envuelto en tela, fue encontrado a 20 centímetros de profundidad; todavía se desconoce la edad de este trabajador chino. ¿Por qué un chino sería enterrado en una huaca? En la época republicana, muchas personas de origen extranjero eran enterradas en las huacas prehispánicas al escasear cementerios para no católicos. Por ejemplo, los culíes chinos, cuando morían en las haciendas, eran enterrados en estos lugares considerados “sagrados” y no en las iglesias o cementerios cercanos. Es el caso, por ejemplo, de la Huaca Panteón Chino, entre las calles Río Moche y Río Huaura, en Pueblo Libre, y hoy rodeada de viviendas. Respecto al hallazgo de la momia del culí, la arqueóloga Lyda Casas comentó: Es probable que el entierro en estas condiciones haya sido por una necesidad. Las poblaciones que trabajaban en un sitio desconocido y fallecen antes de insertarse en la sociedad, son enterradas en los sitios disponibles que consideran sagrado, o en los que por lo menos no serían vulnerados.

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