LAS RAICES DEL MAL

Sinesio López Jiménez
En el mundo moderno la política y la empresa son actividades de caudillos que difieren en los objetivos que buscan. Mientras los caudillos políticos anhelan el honor y la gloria, los caudillos empresariales persiguen la riqueza y el poder económico. Los objetivos distintos los obligan a buscar medios específicos que los llevan por rutas diferentes. En algún momento de su recorrido, los caminos se cruzan y se produce lo que Max Weber llamó afinidad electiva, esto es, un encuentro fortuito pero productivo.

Los empresarios descubren que los políticos pueden ofrecerles seguridades de diverso tipo (jurídica, coercitiva, etc.) para continuar su aventura y los políticos encuentran una mina de oro: los empresarios pueden financiar sus actividades políticas y ofrecer una base material a sus ambiciones. Desde ese momento el encuentro fortuito se transforma en una relación estructural: No hay empresa capitalista sin las seguridades que le ofrecen los políticos y el Estado moderno ni hay partidos ni Estado sin el financiamiento de las empresas vía impuestos a la renta o la canalización del impuesto al trabajo y del IGV. Esta es la tesis central del historiador Otto Hintze, discípulo de Max Weber.

A pesar de los esfuerzos que se hacen por mantener la diferencia y la distancia entre las actividades empresariales y la esfera política, la relación estructural es contaminante porque muchas veces las confunde y las superpone generando lo que Michael Walzer ha llamado intercambios bloqueados, esto es, injusticias. Se compra poder político con dinero y se paga el financiamiento de las empresas con favores políticos. Se ingresa de ese modo al núcleo de la corrupción política y económica y a la mercantilización de la política que eleva enormemente los costos de esta y, sobre todo, de las campañas electorales.

Las empresas financian legalmente las campañas electorales de los políticos que, una vez en el gobierno, pagan a los financistas con políticas públicas que los favorecen. Esta modalidad es injusta e irregular, pero aparece cubierta de una cierta legalidad y, en todo caso, no genera mucho escándalo porque es, más o menos, “transparente”. En cambio, es escandaloso y sancionado penalmente el financiamiento empresarial a través de coimas que constituyen una especie de pago ilegal a los gobernantes por los favores políticos recibidos (licitaciones amañadas, políticas públicas a favor de empresas y leyes con nombre propio). Este es el caso de Lava Jato de Brasil que se irradia a casi toda AL, además de los casos locales de cada país.

El delito mayor es, sin embargo, la narcopolítica que asume varias modalidades: el financiamiento de los políticos y sus campañas electorales con dinero del narcotráfico, el ingreso de narcotraficantes a la política, etc. Los medios hacen escarnio sobre todo del financiamiento externo de las campañas electorales, en particular si proviene del chavismo, olvidando el financiamiento social-demócrata o el socialcristiano. Las derechas buscan afanosamente en las agendas de Nadine la plata de Chávez. Los financiamientos con fondos provenientes del asalto al fisco (caso de Fujimori) parecen interesarle poco o nada.

La lucha contra la corrupción pasa parcialmente por la dación de una ley que limite en forma drástica el financiamiento de los partidos y de las campañas electorales.

ENTRE LA FARSA Y EL SUICIDIO

Sinesio López Jiménez
No todas las elecciones políticas son buenas. Si son generales, libres, limpias, competitivas y periódicas o, para decirlo en breve, si son limpias y justas entonces son indiscutiblemente legítimas. En varios países de América Latina las elecciones son generalmente limpias (en el acto del sufragio), pero no son justas porque el proceso electoral (el dinero de la campaña, el apoyo del gobierno, la inclinación y la concentración de los medios, etc.) no es verdaderamente competitivo puesto que todos los recursos del poder se inclinan a favor del candidato de los ricos, del gobierno o de ambos. El problema en este caso es que se no ha logrado precisar el grado de injusticia que convierte a las elecciones en ilegítimas. Esta es una tarea pendiente.

Las elecciones de los regímenes autoritarios (las de Fujimori, por ejemplo) y las de diversos tipos de dictaduras no son limpias ni justas porque se hacen para perpetuarse en el poder. Eso hace de ellas una farsa. El caso más notorio es el de la dictadura portuguesa que durante 40 años (1933-1974) tuvo elecciones generales y periódicas, no para abrir las puertas a la alternancia en el poder, sino para perpetuarse en él. Este es el caso de un verdadero autoritarismo competitivo.

Algo parecido a las elecciones generales sucede con las elecciones para designar candidatos o primarias que pueden ser de diverso tipo. Las mejores primarias son las elecciones abiertas (a todos los ciudadanos), obligatorias y vinculantes (realizadas por los organismos electorales del Estado) como en USA, Chile, Argentina, entre otros. Las peores son las que realizan los dueños de la pelota para legitimar su candidatura. Este es el caso peruano donde no hay partidos sino caudillos, entornos e inscripción electoral. Va a ser muy interesante observar (si se puede) la elección como candidatos a la presidencia de la República de los señores Araoz, Acuña, PPK e incluso del Apra de García que ya no tiene los militantes de antes, pero conserva los padrones. Casi todas son primarias bamba. Lo que sorprende es que los organismos electorales les exijan solemnemente cumplir con lo que a todas luces es una farsa.

En la izquierda, los dueños de la pelota (Simons y Arana) han querido hacer lo mismo, pero no han podido. Tanto Unete por la democracia como el Frente Amplio van a realizar, por separado, primarias con diversos candidatos para quitarles la pelota a los dueños de la misma. ¿Será posible?. Es difícil, pero no imposible. Es posible que Verónica Mendoza le gane a Arana en el Frente Amplio así como Sergio Tejada (si compite) les gana a Goyo y a Simons en Unete si las elecciones son abiertas en las que, además de los militantes, participen efectivamente los izquierdistas independientes, los simpatizantes y los progresistas. De lo contrario, se imponen las capillas. Gane quien gane el problema es que las llamadas “primarias” en la izquierda legitiman su fragmentación y si ganan Verónica y Sergio se quema una buena plancha unitaria de la izquierda y del progresismo: La plancha de los treintones. Es un suicidio.

Las izquierdas tienen muy poco tiempo para evitar el suicidio si presionan a los dueños de las franquicias electorales (Simons y Arana) para ponerse de acuerdo en hacer una elección primaria unitaria y abierta de todas las izquierdas (sin vetos) para designar una buena plancha presidencial unitaria. Esto es también difícil, pero no imposible.

TEMOR, AMOR Y ODIO

Sinesio López Jiménez
En la campaña le temían y buscaban destruirlo; en la hora del triunfo combinaron la presión, el atarantamiento y la seducción hasta someterlo; antes de asumir el mando ya las derechas tenían asegurados los puestos claves del gobierno (MEF y BCR); una vez en el gobierno seguía la presión angurrienta para que se deshaga de la izquierda y se preparaban para coparlo. Una vez capturado, Humala sufrió el síndrome de Estocolmo y asumió sin remordimientos el modelo neoliberal, se subió feliz a la ola del boom exportador (Conga va sí o sí), se olvidó de la diversificación productiva y desplegó las banderas de un asistencialismo focalizado.

Fueron dos años de gloria y de matrimonio feliz entre Humala y las derechas que lo sentían su gobierno. Todos fueron felices y comieron perdices. La pareja presidencial gozó las mieles del poder y los halagos de las derechas. De repente todo cambió entre ellos. Las derechas políticas y mediáticas comenzaron a cuestionarlo. Sólo la CONFIEP y los grupos empresariales en general se mantuvieron fieles. ¿Qué sucedió?. ¿Qué produjo la ruptura entre las derechas políticas y mediáticas con el gobierno de Humala?. ¿Fue un acontecimiento específico o un conjunto de acontecimientos que explican la ruptura? Me inclino por lo segundo.

Varios factores explican el distanciamiento que se transformó rápidamente en enemistad y odio. En primer lugar, la megacomisión investigadora de García y la revelación de los “narco-indultos” que han afectado seriamente su candidatura a la Presidencia por tercera vez. En segundo lugar, la negativa de Humala a indultar a Alberto Fujimori, lo que reavivó y agudizó los odios del fujimorismo contra el humalismo. En tercer lugar, la concentración mediática que impulsó el grupo de El Comercio para que las derechas no volvieran a experimentar los miedos del 2011, según lo expresó su propio director.

Finalmente, el adelanto inusitado de la campaña electoral del 2016 lanzado por García para defenderse de los narco-indultos acusando a la pareja presidencial de querer sacarlo de la competencia política porque quería perpetuarse en el poder a través de la primera dama. Los medios concentrados hicieron eco de las denuncias de García y emprendieron una campaña contra de Nadine Heredia hasta destruirla, como lo venía haciendo también con los líderes de las izquierdas. Haber recibido dinero de Chávez, estar vinculada a la corrupción debido a su amistad con Belaúnde Lossio, interferir en el gobierno sin haber sido elegida fueron las acusaciones principales hasta convertirla, según las encuestas, en la política más corrupta del Perú mientras Keiko Fujimori aparecía casi inmaculada.

La desaceleración de la economía, atribuida por las derechas a las políticas económicas equivocadas del gobierno, a los conflictos mineros y a las trabas burocráticas, a la incapacidad de los gobiernos regionales y a las políticas sociales desplegadas, ha potenciado las acusaciones contra la pareja presidencial y ha preparado el terreno para el retorno de los representantes directos y genuinos de la derecha dispuestos acabar con la descentralización y con las políticas sociales, conforme lo anuncian sus probables ministros de Economía y Finanzas.

DISPUTANDO EL TRONO

Sinesio López Jiménez
Es una pelea de blancos, esto es, una peleita. Es un debate animado entre Segura, el actual ministro de economía, y los que disputan sucederlo (Carranza, ex-ministro de García y Abusada, ex-asesor de varios ministros de Economía y Finanzas de Fujimori). Sólo falta Kuczinsky para completar las visiones de los candidatos de las derechas y del neoliberalismo, aunque sospecho que el gringo se aproxima más a los puntos de vista de Segura. Para que deje de ser una pelea de blancos (pues todos se mueven en los marcos neoliberales) la prensa escrita debiera invitar también a los economistas de izquierda y progresistas que cuestionan al modelo neoliberal. Los lectores se verían beneficiados.

La discusión se centra en la desaceleración, en el grado en que ella afecta al Perú, en sus causas y en la eficacia de las políticas económicas para salir de ella. Mientras que Segura afirma que la desaceleración toca a todos los países de AL y del Caribe (pues todos ellos crecerán a un promedio de 0.5% en el 2015) y que el Perú es el enfermo menos grave del hospital (pues crecerá a una tasa de 3.5), Carranza y, en particular, Abusada se empeñan en demostrar que el Perú está casi moribundo debido a las políticas del gobierno de Humala.

Carranza sostiene que las tasas de crecimiento de AL varían, que los países (Argentina y Venezuela) que inflaron su gasto corriente y el crecimiento (a partir de los buenos precios de sus materias primas) entre 2006 y 2011, hoy tienen tasas negativas de crecimiento; que los países que mantuvieron la disciplina fiscal y redujeron el nivel de endeudamiento (Colombia y México) mantienen su tasa de crecimiento (4.9 y 2.3 respectivamente) del 2006 hasta ahora y que Perú y Chile han bajado ahora a la mitad su tasa de crecimiento del 2006-2011 porque la inversión ha caído debido a las malas políticas económicas que se vienen aplicando (El Comercio,04/08/15).

Para Segura las causas de la desaceleración son “los precios de las materias primas en declive por quinto año consecutivo, expectativas de mayores costos financieros, salidas de capitales que presionan al alza los tipos de cambio y menor crecimiento de los principales socios comerciales”. Reconoce que hay un factor interno (la incertidumbre electoral) que agrava la situación, pero que “la magnitud del actual debilitamiento de la confianza empresarial excede lo explicado por el deterioro del contexto externo o el ruido electoral” (El Comercio, 02/08/15 y La República 02/08/15). ¿Qué factor es este que sale de los marcos explicativos de la desaceleración y que la agrava?. Misterio por develar.

Para Abusada y Carranza el centro de todos de los males es el modelo humalista de “incluir para crecer” porque con él está condenando a toda la nación a la exclusión y al estancamiento. “El crecimiento- dice Abusada- se ha frenado por la ineficacia del gobierno en promover la inversión privada y por su incapacidad para llevar a cabo la inversión pública” (El Comercio, 31/0//15). Los factores internacionales son casi irrelevantes. En resumen, para Segura, la causa principal de la desaceleración proviene de un prolongado y severo shock externo mientras que para Carranza y Abusada radica en las malas políticas económicas del actual gobierno que no dan confianza a los inversionistas. ¿No son acaso las políticas económicas de Humala la continuidad de las de gobiernos anteriores?. ¿Castilla no fue acaso Viceministro de García?.

LO QUE VIENE

Sinesio López Jiménez
Este, como los anteriores, es el gobierno de las oportunidades perdidas. Todos ellos han desperdiciado el boom exportador más largo de la historia peruana para construir un país mejor. Con la enorme riqueza producida en más de una década, las élites pudieron impulsar la diversificación de la economía peruana para que ella tenga un motor propio. Este hubiera ayudado a cambiar la estructura social y a reducir drásticamente la informalidad que nos agobia. Pudieron haber reconstruido el Estado creando múltiples capacidades para desempeñar mejor las competencias que tienen que ver no sólo con el crecimiento económico sino también con el bienestar de la gente. Todos esos cambios hubieran contribuido, a su vez, a pasar de la mera alternancia electoral (que ya es algo) a la consolidación amplia e institucional de la democracia y a mejorar su calidad.

El último año de gobierno de Humala será peor, más difícil y turbulento. Económicamente malo y políticamente peor. Los paquetes económicos lanzados no han tenido el impacto reactivador que esperaban el gobierno y las derechas. De los que vendrán, como producto de la delegación de facultades del Legislativo, se espera poco o nada. Ellos no son suficientemente anti-cíclicos porque tienen un sello neoliberal: atacan el problema de la recesión, no por el lado de la demanda, sino por el lado de la oferta. Las derechas se desgañitan diciendo que la nula eficacia de los paquetazos es por falta de confianza de los empresarios como si esta dependiera sólo de lo que hace o deja de hacer el gobierno. La verdad es que la confianza empresarial depende principalmente de las expectativas de rentabilidad de sus inversiones que, a su vez, dependen de la demanda y de los precios del mercado internacional, especialmente en una economía primario-exportadora.

Pese a la gravedad de la crisis económica, las dificultades mayores van a venir de la crisis política, si se considera lo que va a pasar con Gana Perú, con la coalición implícita del gobierno con Perú Posible, con la relación entre el gobierno y el Congreso ( hoy en manos del fujiaprismo), con la fuerte tensión entre el gobierno y la prensa concentrada y con el turbulento escenario electoral que se avecina. Gana Perú seguirá desgranándose hasta la insignificancia y engrosando las filas de otros grupos políticos, incluido el fujimorismo (¡qué vergüenza!) debido a la torpeza, mezquindad, arbitrariedad y patrimonialismo con que la pareja presidencial manejan “su partido”.

Para fines prácticos ya está rota la coalición del gobierno con Perú Posible que, curiosamente, puede encontrar en la coalición fujiaprista del Congreso un bálsamo para las cuitas de su jefe. La relación entre el gobierno y el Congreso no será de cogobierno sino que se moverá entre la coordinación y la confrontación especialmente en los temas de corrupción y del proceso electoral. La agresión permanente de la prensa concentrada contra el gobierno se puede transformar en confrontación abierta si la pareja presidencial pierde el miedo y se atreve a contestarle. Con casi el 50% de la gente en contra, el proceso electoral no será un paseo triunfal de los candidatos de la derecha, especialmente si las izquierdas logran la unidad y lanzan un (a) candidato (a) que represente a los descontentos con el gobierno y con el modelo neoliberal. Eso parece que anuncian remolonamente las encuestas.

QUE SE VAYAN TODOS

Sinesio López Jiménez
La unidad de la izquierda no basta. Es necesaria, pero no suficiente. La izquierda necesita también un(a) buen(a) candidato(a) para obtener un resultado decoroso en las elecciones generales del 2016. La última encuesta urbano-rural de IPSOS (de mediados de julio) presenta dos escenarios para la izquierda. En uno, se presentan todos los candidatos voceados hasta ahora y cada uno de ellos obtiene el 1%. En otro, corre un candidato único por la izquierda (Arana) y sigue obteniendo el 1%. Ni siquiera suma lo que obtuvieron los otros candidatos de izquierda.

Los resultados del segundo escenario muestran que un supuesto candidato unitario que salga de los candidatos voceados ni siquiera suma, ni menos multiplica, como podría esperarse. No puede decirse que su punto de partida es 5% que es la suma de los resultados obtenidos por todos ellos. Es probable que los votos que obtiene Arana en la encuesta provengan de los fieles de su propia capilla. No hay el transvase que podría esperarse gracias a la unidad.

La unidad de la izquierda es, sin embargo, necesaria. Es mejor la unidad que la fragmentación política. El creciente descontento social con el gobierno y con el orden neoliberal necesita una única representación política que hasta ahora no la encuentra. Los candidatos de centro o derecha no lo expresan, aunque se esfuerzan por disfrazarse para expresarlo. Los ciudadanos contestatarios ya los conocen y desconfían de ellos. Pero tampoco se siente representados por los candidatos actuales de las izquierdas separadas o unidas.

Si existe un gran descontento social que puede ser mejor representado por las izquierdas, pero que no se siente expresado por los actuales candidatos izquierdistas, entonces el problema proviene de estos. Que se vayan todos y que vengan candidatos nuevos en los que los movimientos contestatarios y el descontento social se sientan representados. Que se replieguen, no a sus cuarteles de invierno, sino a los espacios sub-nacionales en donde tienen una cierta representación y que ayuden a abrir las puertas a los liderazgos de las nuevas generaciones. Todo esto requiere de los viejos dirigentes un generoso desprendimiento, grandeza moral y visión de futuro.

Es un error que cada uno de estos frentes convoque a elecciones para elegir a su candidato y legitimar la división. No es una elección general en la que van a participar todos los izquierdistas y los movimientos contestatarios porque eso requiere la unidad previa de todos ellos. Son elecciones de cada frente que refuerzan la fragmentación. Sería mejor que los dirigentes de las izquierdas hicieran un gran esfuerzo por dialogar, llegar a un acuerdo de repliegue de todos sus pre-candidatos y al mismo tiempo de lanzamiento de una candidatura de prestigio en la que se sientan representados todos los ciudadanos descontentos y contestatarios y todas las izquierdas.

Los resultados de las encuestas aconsejan buscar candidatos (as) de las nuevas generaciones. Sería una gran novedad el lanzamiento de una plancha con figuras jóvenes que tienen ya un cierto reconocimiento público. Esa plancha de treintones (as) tendría probablemente un gran impacto social y político. Audacia es el juego.

MAS ALLA DEL MANIQUEISMO

Sinesio López Jiménez
Luego de las múltiples críticas al estudio del IPE sobre la pérdida de USS/.67, 000 millones de dólares debido a los conflictos mineros y a las trabas burocráticas, sus autores van a tener que hacer no solo una rebajita sino una nueva investigación, teórica y metodológicamente mejor fundamentada. Para comenzar van a tener que cambiar el planteamiento maniqueo del problema: las empresas mineras invierten y traen crecimiento, los antimineros introducen el conflicto y bloquean la inversión y el Estado coloca trabas burocráticas que demoran o hacen inviables los proyectos de inversión. Esta es una película más o menos conocida: las empresas mineras hacen el papel de buenos y los malos son los pobladores (antimineros) y el Estado.

Luego van a tener que redefinir su concepción hobbesiana del conflicto atribuida a los antimineros que serían, por naturaleza, conflictivos y violentos y entenderlo más bien como una relación social entre diversos actores con diferentes intereses. En este caso los actores son las empresas mineras que buscan invertir para obtener y maximizar la rentabilidad de su inversión, los pobladores que defienden sus propiedades agrícolas, el agua, el medio ambiente, etc, y el Estado que es propietario de las riquezas del subsuelo que concesiona a las empresas mineras para obtener una parte de la renta (impuestos, canon, regalías). Del juego de estos intereses nace el conflicto social que el IPE atribuye exclusivamente a los antimineros.

Los investigadores del IPE tienen que plantear también la distinta dinámica de de los conflictos mineros: Unos son confrontacionales mientras otros entran en negociaciones dependiendo de la forma como se planteen y replanteen los intereses de los protagonistas (tensión o contradicción) y de los alineamientos de fuerza entre ellos. Esto da lugar a distintos tipos de conflictos: antimineros y de coexistencia conflictiva. En los primeros (que son los menos) los pobladores se oponen a las inversiones mineras y al extractivismo y apuestan más bien a otras formas más amigables de desarrollo (la industria, la agricultura, la agroindustria) mientras en los segundos (que son los más) ellos aceptan la inversión minera, negocian las condiciones de la misma y defienden sus propios intereses. El IPE es tuerto porque ve sólo a los conflictos antimineros.

El grado de intensidad los conflictos mineros puede cambiar la naturaleza de los mismos. Ellos podrían pasar de antimineros a negociadores y viceversa. En esta mutación del conflicto (de antimineros a negociadores) pueden jugar un papel central las élites estatales y empresariales si consideran legítimos no sólo sus propios intereses sino también los de los pobladores y logran articular los intereses de los diversos protagonistas con los bienes públicos que interesen a todo el país. Lo que está en juego es la capacidad de las élites para armar coaliciones más o menos amplias que aprovechen el boom exportador para impulsar el desarrollo y construir las capacidades del estado. El IPE sólo quiere que el Estado sea escudo de los intereses de las mineras.

Los países en los que los actores orientados a la exportación dirigieron coaliciones gobernantes (Chile (1848-1883), Argentina (1825-1886), y Mauricio (1825-1895) que se comprometieron con proyectos importantes para proporcionar nuevos bienes públicos y ayudar a la producción de exportación, tuvieron éxito e impulsaron el crecimiento de las capacidades del Estado. Los gobiernos de los países en los que los exportadores estaban políticamente marginados (Colombia (1880-1905), Ghana (1945-1966) y Nigeria (1945-1966)) no pudieron articular los intereses privados con los bienes públicos y las capacidades del Estado se estancaron (Saylor, Ryan, 2014, State Building in Boom Times, Oxford University Press, p. 9).

¿FRACASOMANIA O EXITOMANIA?

Sinesio López Jiménez
Las esgrimas periodísticas pueden ser no sólo un entretenido cruce de plumas sino también el inicio de debates académicos y políticos de fondo cuando los protagonistas son destacados intelectuales (y economistas) como Roberto Abusada y Jurgen Schuldt. Abusada, reconocido economista neoliberal, escribió en El Comercio (30/06/15) Fracasomanía (término rescatado de Hirschmann) para aludir al pesimismo de los intelectuales latinoamericanos que no reconocen el gradualismo en el progreso económico y social sino que prefieren tirar todo por la borda para volver a “las desastrosas políticas del pasado”.

Abusada hace una reseña de un documento (El costo económico de la no ejecución de los proyectos mineros por conflictos sociales y trabas burocráticas) publicado por el Instituto Peruano de Economía (IPE), un think tank neoliberal, en la que sostiene que el Perú, entre 2010 y ahora, ha perdido US$ 67,000 millones “debido a algún grado de conflictividad social o a la inhabilidad del gobierno de tener un marco legal predecible, dar información a los ciudadanos en las áreas de influencia del proyecto y algún mecanismo para enfrentar en el campo político a aquellos grupos interesados en promover el conflicto con fines ideológicos”.

Lo más interesante del artículo de Abusada es el cambio de chip que se produce en su cerebro gracias a los factores que supuestamente generan enormes pérdidas económicas: “El Estado, los gobiernos regionales y las empresas deberán rediseñar la manera en que se lleva a cabo la explotación de los inmensos recursos naturales que posee el Perú, y ello pasa por reconocer que muchos compatriotas en lugares remotos dudan de los beneficios que les reportará el extraer de manera responsable esa riqueza que yace bajo sus pies…La manera en que se deberán llevar a cabo los grandes proyectos no podrá circunscribirse al proyecto mismo. En cambio, la misma mina deberá ser un componente más de un conjunto de varios otros proyectos promovidos por el Estado que se lleven a cabo simultáneameante con su construcción y la posterior explotación del recurso…”.

Jurgen Schuldt, destacado economista de izquierda, responde a Abusada con el artículo “De mucho sirvieron las protestas por Tía María”, publicado en Hildebrant en sus Trece (Año 6, N. 257) que opone al pesimismo de los intelectuales latinoamericanos “la exitomanía que identifica a los promineros unidimensionales, un comportamiento eficaz para mantener el statu quo o, más sofisticadamente, para hacer cambios para que nada cambie”. Con fina ironía señala que no sólo hay que lamentar las enormes pérdidas económicas sino también las “migraciones involuntarias, cientos de heridos y, por lo menos, cinco vidas” que son irrecuperables.

Schuldt sostiene que las protestas sociales “consiguieron algunas concesiones y compensaciones elementales, pero indispensables, para el Valle del Tambo” (un segundo EIA, un fideicomiso para afrontar daños potenciales, un desalinizadora de US$ 95 millones, etc.). “Pero lo más importante y fructífero de las prolongadas protestas –celebra Schuldt- es que sólo así fue posible, muy recientemente, que algunos intelectuales y opinólogos pro mineros a rajatabla despertaran” y se atrevieran a sugerir un nuevo y complejo diseño para inversiones mineras. Seguiremos con este importante debate.

SUICIDIOS ANUNCIADOS

Sinesio López Jimenez
Los resultados de la encuestas sobre las elecciones del 2016 son muy prematuros, pero útiles para conocer el actual estado de ánimo de los electores frente a determinados políticos que quieren ser candidatos. Las preguntas que se refieren a la primera vuelta son incluso muy pertinentes y plausibles porque pueden (o debieran) servir para que algunos candidatos persistan en sus aspiraciones y otros anuncien su retiro y dejen de hacer el ridículo, además de perder plata y tiempo.

Las preguntas que se refieren a la segunda vuelta en elecciones generales, en cambio, no tienen sentido porque esta es otro partido hablando en términos futbolísticos. No es el segundo tiempo del mismo partido. Tras el rostro de los que pasan a la segunda vuelta se esconden otros jugadores, otra lógica de juego político, otro tiempo y otras circunstancias. Hay que replantear la campaña electoral, redefinir con más precisión el perfil de los adversarios, adecuar los programas y las estrategias, organizar nuevas coaliciones y expresar todos estos cambios en un nuevo discurso sin abandonar el contenido del anterior.

Eso requiere un trabajo político muy fino porque se trata de ganar nuevos votantes sin perder los anteriores. Cuando no se toma en cuenta que la segunda vuelta es otro partido, se puede caer en el ridículo en el que cayó Castañeda en el 2011: Estaba feliz porque ganaba a todos en la segunda vuelta, pero … perdía en la primera. Los datos de la encuestas referidos a la primera vuelta no son, sin embargo, inamovibles porque hay un 40% de los electores que no quieren saber nada con los candidatos favoritos pese a que, como bien anota Santiago Pedraglio, ellos han avanzado un poco en las preferencias y porque todos navegan en aguas movedizas que pueden tornarse turbulentas.

Keiko Fujimori, sin embargo, parece resistir todas las acusaciones y turbulencias casi sin pestañar. Gracias a las campañas mediáticas contra el gobierno, Toledo y García, la ex-primera dama del gobierno más corrupto de la historia aparece como la política menos corrupta, casi impoluta. ¡Cosas veredes, Sancho!. En cambio, a García, a PPK y a Toledo, cualquier vendaval político puede dejarlos como palo de gallinero.

Mención especial merece el rubro otros que parece ser una especie de cementerio para liliputienses en el que se van a enterrar las ilusiones pasajeras, las ambiciones persistentes y los sueños infundados de políticos que han decidido suicidarse. Este es el caso de los supuestos candidatos de las izquierdas que persisten en mantener la fragmentación política y en destruir las esperanzas de cambio de vastos sectores sociales descontentos con el modelo neoliberal, impuesto y defendido por las derechas. Es una vergüenza que hasta Brad Pizza les gane.

Los resultados de las encuestas (Yehude Simon con 0.5%, Marco Arana con 0.4 y Gregorio Santos con 0.3) debiera impulsarlos a convocar a una conferencia de prensa en que los tres renuncian a sus candidaturas y anuncian que se van a realizar muchos focus groups y encuestas en el nivel nacional y regional para escoger a la mejor candidata o al mejor candidato de la izquierda que sea capaz de atraer no sólo a las fuerzas populares descontentas sino también a las clases medias progresistas que buscan el cambio en democracia.

LA CRISIS POLITICA

Sinesio Lopez Jimènez
La crisis política es generalmente definida como la perturbación temporal de un orden político estable. Ella se presenta como la excepción dentro de la regla. En el Perú neoliberal de 1990 en adelante, en cambio, la crisis política parece ser la regla y el orden político, la excepción. Podemos afirmar que hay ciertos períodos de orden político (autoritario durante el fujimorismo y democrático durante el segundo gobierno de García y parte del de Humala) dentro de una crisis política permanente.

¿Qué explica la permanencia de la crisis política peruana?. Hay varios factores, pero destaco tres de ellos. Primero, la devaluación del Estado y la política que trajo consigo la instalación del orden neoliberal. En 1990 las fuerzas neoliberales externas e internas instalaron un orden económico más o menos estable y blindado, a pesar de ciertos períodos de turbulencia (la recesión de 1998, la nueva recesión del 2008 y la desaceleración del 2014) y mantuvieron un orden político volátil (estado débil, colapso de partidos, debilidad institucional, etc). Segundo, la incapacidad de integración económica y social del nuevo modelo, dejando fuera de sus beneficios a amplios sectores sociales. El boom exportador (que no es parte del modelo) mitigó parcialmente esa incapacidad. Tercero, el desinterés (¿o la incapacidad?) de las fuerzas neoliberales en hacer reformas políticas, institucionales y del estado que habrían dado cierta estabilidad a la política y habrían fortalecido al estado. Sólo les interesó modificar la Constitución para blindar al modelo económico.

No todos los elementos del orden político (el gobierno, el régimen político, la forma de gobierno democrático, el estado, los partidos, el sistema electoral, la constitución y las instituciones políticas en general) experimentan la misma profundidad de la crisis. En unos casos la crisis es más grave que en otros. La crisis actual, por ejemplo, se caracteriza por lo siguiente: Primero, un gobierno débil e inestable, con gabinetes volátiles (6 meses de duración promedio), sin mayoría parlamentaria, es incapaz para enfrentar la desaceleración económica, combatir la corrupción y garantizar la seguridad ciudadana.

Segundo, la forma de gobierno de presidencialismo parlamentarizado ha transformado las tensiones entre Ejecutivo y Legislativo en contradicciones, genera inestabilidad política y da lugar a los rumores de golpe y contragolpe. El control del Congreso por el aprofujimorismo puede generar más inestabilidad como en los 60 del siglo pasado. Tercero, el incremento de la fragmentación parlamentaria hace ingobernable el Congreso y afecta la estabilidad política del país. Cuarto, la inexistencia de un sistema de partidos que canalice la representación de las clases y grupos sociales y ponga tranquilidad a los tiempos agitados. La carencia de partido de gobierno desde 1990 hasta ahora y el manejo patrimonial y arbitrario de las organizaciones políticas existentes potencian la inestabilidad.

Quinto, la debilidad del estado (que, como la mayoría de los estados de AL, tiene muchas competencias y pocas capacidades para desempeñarlas bien) aumenta el desorden y la ingobernabilidad. Pese a las deslealtades de algunos opositores políticos con la democracia, pienso que el régimen político democrático no está en cuestión.