¿Y COMO LO HACEN?

 

                                   Sinesio López Jiménez

La corrupción es destructora de la política, de la sociedad y, a la larga, de la misma economía. Ella conduce a la antipolítica, a la desmoralización social y probablemente al estancamiento económico. Ella ha convertido a algunos políticos de origen social modesto en ampulosos millonarios y ha incrementado significativamente las ganancias de grandes empresas nacionales y extranjeras. No se trata de una empresa, sino de varias, por no decir casi de todas. Stiglitz afirma que en los presupuestos de las grandes corporaciones figura un rubro dedicado a la corrupción.

Para comprenderla a cabalidad hay que desplegar diversos enfoques interdisciplinarios, pero es la economía política la que permite entender algunos aspectos sustantivos de la misma. Sugiero algunas ideas exploratorias sobre el tema.

En primer lugar, hay una relación estructural entre la economía y la política en el capitalismo. Ella consiste en lo siguiente: El Estado promueve la inversión privada y garantiza la seguridad jurídica de las inversiones del capital y este, a cambio, ofrece los impuestos necesarios para que el Estado se organice y funcione. A los políticos les interesa que a los capitalistas les vaya bien porque de ese modo ellos resultan también favorecidos. Este es un intercambio legalizado y legitimado, pero puede ser fuente de inequidad y de corrupción, en particular por el lado de la capacidad impositiva (evasión, elusión, regresión, etc).

En segundo lugar, hay una relación coyuntural entre la economía y la política que se desarrolla en los procesos electorales competitivos para acceder al gobierno en los regímenes democráticos. La competencia electoral se desarrolla principalmente a través de los medios (en particular la TV) que son muy costosos y obliga a los políticos a buscar los recursos económicos necesarios para financiarla. El financiamiento puede ser público (franjas electorales) o privado que, a su vez, puede ser legal (de individuos o empresas) o ilegal (robos al fisco, coimas de empresas, narcotráfico, etc).

Algunos candidatos han desarrollado sus campañas dentro de la legalidad, pero sospecho que otros han apelado a la corrupción disfrazándola de actividades legales. No es posible ni creíble que algunos candidatos financien sus millonarias campañas electorales con rifas, polladas o contribuciones de sus modestos militantes. El problema es que los organismos electorales son incapaces para controlarlos y el poder judicial es incapaz para juzgarlos y sancionarlos.

En tercer lugar, hay una relación entre la economía y la política que surge de las políticas públicas que despliega el Estado. Para analizar la corrupción en este nivel hay que considerar principalmente cuatro políticas públicas: Las privatizaciones de las empresas públicas, las inversiones públicas, las concesiones del Estado a las empresas privadas y las Alianzas Público Privadas.   La corrupción del fujimorismo se produjo en las dos primeras mientras la corrupción de los tres gobiernos democráticos (Toledo, García y Humala) se ha dado en las dos últimas. Vuelvo sobre la corrupción que nace de estas cuatro políticas públicas en la próxima columna.

 

ENTRE EL ESCEPTICISMO Y LA ESPERANZA

 

                                               Sinesio López Jiménez

Una de las cosas peores de la corrupción no es la inmoralidad de los gobiernos y de los estados sino la desmoralización de las sociedades cuando ella no es castigada sino que es mantenida en la impunidad. Sospecho que cuando se llega a ese nivel y se percibe que todo está podrido, incluida la sociedad, ya no hay un punto de retorno, salvo las salidas anti-institucionales. Creo que no hemos llegado aún a ese nivel de desesperanza. Sospecho que la mayoría de los peruanos se mueve entre el escepticismo y la esperanza.

Hay un gran escepticismo sobre la capacidad de las instituciones de control horizontal (Congreso, Fiscalía y Jueces, Procuradoría, CNM, TC y Contraloría) para denunciar, combatir y sancionar la corrupción. Para comenzar, la denuncia traumática sobre la corrupción de Odrebecht y de algunos funcionarios peruanos no proviene de ellos sino de la justicia norteamericana y brasileña. Los organismos peruanos de control, con alguna que otra honrosa excepción, no la vieron o, si la vieron, silbaron al techo. Todos pasaban piola. Hoy se ven empujados por la justicia norteamericana y brasileña y por los medios.

¿Qué se puede esperar de la Comisión del Congreso encargada de investigar el Lava Jato?. Poco o nada. La mayoría de sus integrantes apoyaron a los gobiernos acusados de corrupción.  Algunos han ofrecido poner las manos al fuego e inmolarse por sus líderes. Es obvio que la mayoría, lejos de investigar la corrupción, va a blindar a sus presidentes y funcionarios. Poco es lo que puede hacer allí algún congresista que nada tuvo que ver con los gobiernos corruptos.

Y ¿qué podemos esperar de los jueces y fiscales?. Si nos atenemos al papel que han jugado en las últimas décadas no es mucho lo que se puede esperar de ellos. Siempre hay excepciones. Los fiscales que acusaron y los jueces que encarcelaron a los corruptos del gobierno de Fujimori merecen un reconocimiento especial. Hay, sin duda, fiscales y jueces honestos. Pero la mayoría de ellos, comenzando por las cabezas, parecen haberse dedicado a blindar y a encubrir a los presidentes y funcionarios acusados de corrupción. Frente al enorme desafío actual, tienen la oportunidad de mostrar que son capaces de cambiar.

Lo mismo se puede decir de los otros organismos institucionales de control horizontal (Procuradorías, CNM, TC y Contraloría), lo que es una lástima porque sus decisiones son vinculantes. Obligan a todos también los mecanismos del control vertical, en particular los que provienen de los resultados electorales. La eficacia de estos es, sin embargo, desigual. Funcionaron bien durante los últimos tres gobiernos: Redujeron su representación (Apra 2011 y 2016) o la desaparecieron (el fujimorismo el 2001, Perú Posible, 2006 y 2016 y Gana Perú 2016). Los electores castigaron su pobre desempeño y la corrupción.

No todo, sin embargo, está perdido. En las horas más difíciles y en los grandes desafíos han aparecido los grandes movimientos de la ciudadanía y de la sociedad civil que adquieren una gran fuerza política cuando van acompañados por la denuncia y la difusión de los medios. La pregunta no es si va emerger o no una gran movilización social anticorrupción sino en qué momento va a aparecer. En esto radica la esperanza de salir del fango en que nos encontramos.

CORRUPCION Y DEMOCRACIA


                                               Sinesio López Jiménez

Los estados desarrollados son, por lo general, menos corruptos que los estados post-coloniales porque sus funciones y capacidades están claramente diferenciadas del sistema económico y sus relaciones de interdependencia están bien institucionalizadas. En los estados post-coloniales, en cambio, las diferencias entre los sistemas económicos y políticos son borrosas y sus interdependencias no están sometidas a reglas y normas respetadas por todos.

Los gobiernos y los regímenes democráticos son menos corruptos que los gobiernos y regímenes no democráticos porque cuentan con controles horizontales, verticales y sociales que buscan impedir la corrupción y, cuando ella se produce, tratan de evitar la impunidad. Los gobiernos y regímenes no democráticos (dictaduras, autoritarismos, totalitarismos, etc), en cambio, no respetan la ley ni las instituciones. Son el reino de la arbitrariedad, del robo y de la impunidad.  Transgreden la ley y roban impunemente.

Las democracias no son inmunes a la corrupción, especialmente aquellas que no se han consolidado como tales o tienen, como ha señalado Phillipe Schmitter, una consolidación mínima o básica de alternancia en el poder, pero que no han alcanzado una consolidación amplia e institucionalizada. Ellas “exhiben una accountability horizontal débil o intermitente” (O´Donnell).  Este parece ser el caso nuestro y de gran parte de las democracias de AL.

Guillermo O´Donnell sostiene que “la debilidad de la accountability horizontal implica que los componentes liberales y republicanos de ellas son endebles. Las poliarquías (o democracias realmente existentes:slj) son la síntesis de tres corrientes históricas o tradiciones: democracia, liberalismo y republicanismo. Esta convergencia es parcialmente contradictoria porque algunos principios básicos de cada una de estas corrientes son inconsistentes con los principios básicos de las otras, lo que complejiza a las poliarquías pero las hace dinámicas y abiertas”.

El componente liberal asume al individuo como realidad primordial y enfatiza los derechos y libertades civiles mientras el componente republicano asume la comunidad de ciudadanos como la realidad primordial, defiende el bien común, enfatiza los derechos políticos, trata de hacer compatible el interés individual con el bien común y, si no lo logra, sacrifica al primero en nombre del segundo. Ambos distinguen entre la esfera pública y la privada, pero el liberalismo valora más la segunda y el republicanismo la primera. La discrepancia entre liberalismo y republicanismo lleva a conclusiones divergentes acerca de los derechos y obligaciones de los ciudadanos, el sentido de la participación política, el carácter de la sociedad civil.

En la democracia y en el republicanismo las autoridades no aceptan restricciones en sus decisiones y nada impide que los mejores gobiernen en favor del bien público, mientras que el liberalismo sostiene que hay derechos que no pueden ser violados por agentes públicos o privados (transgresión). El neoliberalismo actual ha fortalecido el componente liberal y ha debilitado el componente republicano, ha fortalecido el rechazo a la transgresión, pero es tolerante frente a la corrupción.

 

LA CORRUPCION EN LOS TIEMPOS DE BOOM

 

                                       Sinesio López Jiménez

La corrupción nace de una relación perversa de los intereses privados con los asuntos públicos. Ella es la apropiación privada de lo público violando las normas que lo protegen. Ha existido siempre porque la existencia de la relación de lo público con lo privado es anti-diluviana.

Lo que ha cambiado es la forma de corrupción porque cambiantes son las relaciones público-privadas. En el mundo clásico, por ejemplo, la relación entre lo público y lo privado estaba territorializada (lo público estaba en la polis y lo privado en el oikos) mientras en el mundo moderno (desde la monarquía absoluta en adelante) está corporizado: una pequeña parte nuestra como individuos es pública (estatal) mientras la mayoría de nuestras actividades es privada (Koselleck).

En el mundo moderno, en el capitalismo especialmente, se ha desarrollado una relación estructural entre los intereses privados y los intereses públicos del Estado que puede ser una fuente de corrupción. Sin promoción de la acumulación y sin seguridad jurídica que ofrece el Estado no hay capitalismo y sin los impuestos que vienen de los privados no hay Estado moderno (Kintze, Offe etc).

En los países poco desarrollados como los nuestros, esta diferenciación estructural es borrosa y se presta, por un lado, a la permanente injerencia de los intereses privados en las políticas públicas del Estado para beneficio propio y, por otra, a la apropiación privada de los bienes públicos por parte de los funcionarios del Estado. Tanto lo uno como lo otro son corrupción.  En los países de AL ella es endémica. Se da en todos tiempos, en todos los regímenes políticos, en todos los gobiernos, en unos más que otros, pero es algo generalizado. Es un escándalo cuando la corrupción se produce en grande en una situación de inflación (García en su primer gobierno) o en una situación recesión (Fujimori al final de su gobierno).

La corrupción, aunque sea enorme, puede pasar piola en tiempos de boom de las exportaciones. Pocos se escandalizan. Todos ganan, unos más que otros, pero todos se sienten más o menos bien. Esos son los tiempos propicios para el desarrollo de la cultura permisiva con la corrupción. No importa que el gobierno robe con tal que haga obra que me favorece. La cosa cambia cuando se acaba el boom y llega el tiempo de las vacas flacas. Entonces la corrupción presente o pasada se vuelve más visible y más escandalosa. Es lo que está pasando ahora en el Perú y en AL.

Es cierto también que en los tiempos de boom la corrupción es realmente mayor. El Estado obtiene más recursos, las empresas pueden obtener más beneficios si entran en contubernio con los presidentes y los funcionarios del Estado (sobrevalorando las obras que construyen, pagando menos impuestos, repartiendo más coimas, etc) y estos pueden robar más. Los presidentes se vuelven odriistas (hechos y no palabras) y prefieren las obras faraónicas en lugar de gastar en la gente a través de políticas sociales. La construcción de bienes públicos y de elefantes blancos se transforma en negociazos privados de las empresas y de los funcionarios corruptos.

 

PPK PONE LA OTRA MEJILLA

         

                                         Sinesio López Jiménez

Una cosa es dialogar con la frente en alto y otra es dialogar poniendo la otra mejilla. Los fines de la política (equilibro de poderes, democracia, gobernabilidad, promoción del desarrollo, etc) no se logran con la aplicación de las enseñanzas del Sermón de la Montaña sino que exigen con frecuencia combinar la energía y la dignidad con el diálogo. El Sermón de la Montaña sirve para ir al cielo, pero no es aconsejable usarlo para conquistar o conservar el poder en este mundo.

La política no es sólo la fuerza como pensaban Max Weber y Carl Schmitt ni es sólo el diálogo como pensaba Hannah Arendt. Se parece más al centauro maquiavélico como pensaba Gramsci: Es mitad potro y mitad hombre, es fuerza y razón al mismo tiempo. En los países en donde la esfera pública y la sociedad civil son vigorosas, predominan el diálogo y el intercambio de razones. En cambio, en los países en donde no existen la esfera pública ni la sociedad civil o ellas son muy débiles predominan la imposición y la fuerza. El Perú está en una situación intermedia.

En los cien primeros días del gobierno, el Ejecutivo apeló al diálogo mientras el fujimorismo combinó la fuerza y el diálogo. El fujimorismo hizo concesiones (dio el voto de investidura al gabinete y concedió facultades legislativas al Ejecutivo), pero también ejerció la dictadura de la mayoría (elección del Defensor del Pueblo, imposición de la ley de rehenes de FP, elección de los representantes del Congreso en el BCR). Luego de la censura de Saavedra, el fujimorismo parece dispuesto a ejercer sólo la dictadura de la mayoría para romper el equilibrio de poderes, atentar contra la democracia, debilitar más aún más al Ejecutivo e imponer, en su momento, la vacancia presidencial.

El Ejecutivo, en cambio, no ha sabido (o ha tenido interés o ambas cosas a la vez) limitar la dictadura de la mayoría del Congreso con los recursos que la Constitución le da. Podía haber apelado al voto de confianza al gabinete para frenar la voracidad de la dictadura de la mayoría fujimorista, pero no lo hizo porque no quería apelar a una política confrontacional, pero si tolera la política confrontacional del fujimorismo. PPK cree ingenuamente que sólo con el diálogo puede contener al fujimorismo.

La exigencia del voto de confianza no es incompatible con el diálogo. PPK debió exigir el voto de confianza y llamar al diálogo. Es el diálogo con la frente en alto.  Es un error, desde el punto de vista del gobierno, sólo llamar al diálogo. Y el error más grave es permitir que en el diálogo con la Fujimori se cuele Cipriani, el representante de la Iglesia conservadora y del Opus Dei. Es el diálogo poniendo la otra mejilla.

Cipriani no sólo busca lavarse la cara e imponer sus ideas conservadoras al gobierno sino que también pretende ser el cemento de una coalición entre PPK y el fujimorismo para establecer el cogobierno entre ellos como quieren los poderes fácticos. Si PPK cede a las pretensiones del fujimorismo, de Cipriani y de los poderes fácticos, entonces traiciona a sus electores, pierde legitimidad y, en la práctica, se acaba su gobierno.

 

EL SOMETIMIENTO

 

                                   Sinesio López Jiménez

La censura de Saavedra cambia drásticamente la situación política. Se pasa del equilibrio precario de poderes de los 100 primeros días al sometimiento del Ejecutivo al Congreso. Con la censura de Saavedra no está en juego sólo la reforma educativa, en particular la reforma universitaria, sino también el equilibrio de poderes y la democracia. Después de la caída de Saavedra caerán otros ministros por quítame estas pajas hasta acabar con el gobierno de PPK.

El conflicto político típico de un gobierno dividido (en el que el Ejecutivo está en manos de un partido y el Congreso está en manos de otro partido) en un presidencialismo parlamentarizado (en el que el Presidente es jefe de Estado y jefe de gobierno pero está sometido a excesivos controles parlamentarios) ha sido resuelto, por ahora, en favor del Congreso y del fujimorismo. Estados Unidos con su presidencialismo puro ha tenido (pre-Bush) 50 años de gobierno dividido y ha sabido llevar la fiesta en paz.

Mantener el equilibrio precario hubiera exigido que PPK planteara el voto de confianza al actual gabinete y que lo sacrificara (quizás solo a Zavala) para blindar al que viene, sabiendo que FP no se va a suicidar negándole por segunda vez el voto de confianza. ¿Qué pasó?. Aparte del débil liderazgo de PPK, explican su sometimiento la inexistencia de un partido que lo sostenga, la pusilanimidad (con notables excepciones), el reducido número y la inorganicidad de su bancada parlamentaria, la composición predominantemente tecnocrática del gabinete y la fuerte presión de los poderes fácticos (CONFIEP y medios concentrados).

En una situación parecida (1963-1968), Belaúnde, luego de haber tenido la iniciativa política en los 100 primeros días, pudo mantener el equilibrio precario hasta el momento del golpe de Velazco (1968) gracias a su liderazgo y a su habilidad política, al partido (AP) más o menos fuerte que lo respaldaba y a la coalición de AP con el Partido Demócrata Cristiano (PDC).

En 1990 el Perú tuvo también un gobierno dividido con Fujimori en el Ejecutivo y con AP, el PPC y los liberales de Vargas Llosa en el Congreso y un equilibrio precario entre ambos poderes. Luego de una campaña de hostigamiento y desprestigio, Fujimori acabó con ellos el 5 de abril de 1992, la fecha del autogolpe. ¿Está en el ADN del fujimorismo el autoritarismo, el rechazo al equilibrio de poderes y a la democracia?. ¿Hasta cuándo va a durar el sometimiento del Ejecutivo al Congreso?. ¿Qué viene luego?.

Ahora el fujimorismo opera desde el Congreso, pero el objetivo parece ser el mismo: el golpe del Congreso a PPK. El modelo parece ser Brasil en donde una banda de asaltantes, corruptos como el fujimorismo, dio un golpe blanco a Dilma Roussef manteniendo las formalidades constitucionales. Felizmente no todo es color de rosa para las pretensiones autoritarias del fujimorismo. El antifujimorismo en la calle es un actor poderoso que puede frenarlo y derrotarlo. Está también el FA que puede ser una fuerza política decisiva si mantiene la unidad, se posesiona bien en la coyuntura y acompaña a la calle. El riego es que la calle en algún momento grite: ¡que se vayan todos!.

RUTAS FUTURAS DEL GOBIERNO DIVIDIDO


                                               Sinesio López Jiménez

El desenlace que tenga la interpelación del Ministro de Educación va a definir el tipo de relación entre el Ejecutivo y el Congreso dentro del actual gobierno dividido. Sólo hay dos salidas posibles: Lo censuran o le dan un voto de confianza. Ambos desenlaces dependen sólo de FP debido a la aplastante mayoría con la que controla el Congreso.

Si lo censuran es porque FP busca la confrontación abierta entre el Ejecutivo y el Congreso y el sometimiento del primero al segundo. El fujimorismo sabe que tiene las manos libres y la fuerza suficiente para hacer lo que quiere.  Sabe que el recurso de pedido de confianza a todo el gabinete para evitar la censura de ministros es sólo una amenaza inocua porque cualquier fuerza política no va a caer en la trampa de la disolución del Congreso, sabiendo que puede perder. Es un error pensar que ese recurso constitucional puede ser un mecanismo efectivo para controlar la prepotencia del Congreso en un presidencialismo parlamentarizado.

Que se recorra la ruta de la confrontación o la del sometimiento depende también de la respuesta del Ejecutivo a la censura de los ministros. Si a la censura de Saavedra el Ejecutivo responde designando otro ministro que asuma con más energía su política educativa (Daniel Mora, por ejemplo) se defiende mejor la autonomía de los poderes del Estado y se frena la voracidad de FP. No tiene otra arma para frenarla.

Si, por el contrario, PPK designa a un ministro favorable a los intereses del fujimorismo como ha venido haciéndolo con la Defensoría del Pueblo y con la SUNAT, entonces se abre la ruta del sometimiento del Ejecutivo al fujimorismo. Esta ruta es el fin del gobierno de PPK. Se configuraría entonces una especie de cogobierno en el que el fujimorismo tendría la sartén por el mango.  Su situación sería parecida a la de Humala frente a los poderes fácticos (la CONFIEP y los medios) ¿Cuál de estos caminos escogerá el Ejecutivo?. Es difícil saberlo porque, hasta ahora, ha hecho gestos que van en ambas direcciones.

Cabe también la posibilidad de que no se censure a Saavedra. Esta decisión abre las puertas a la concertación entre el Ejecutivo y el Legislativo dentro de un gobierno dividido. Esta posibilidad se explicaría por cualquiera de las siguientes razones. En primer lugar, el fujimorismo quiere mostrar su fuerza política sin abusar de ella, lo que le traería un aumento de la aprobación ciudadana. En segundo lugar, PPK y Keiko Fujimori habrían establecido un diálogo secreto para concertar en aplicación del dilema del prisionero que, como lo ha recordado el economista Ricardo Lago, les permiten ganar a ambos sólo si cooperan en lugar de confrontar.

La concertación abierta del Ejecutivo con todas fuerzas políticas, entre ellas con el fujimorismo, no constituye un cogobierno sino que es una forma de hacer viable un gobierno dividido parlamentarizado en el que el Ejecutivo está en manos de un partido y el Congreso es controlado por otro partido y en el que el primero tiene un excesivo control parlamentario.

 

FIDEL Y LAS IZQUIERDAS EN AL


                                               Sinesio López Jiménez

La revolución cubana surgió dentro de un contexto político latinoamericano (post 1930) en el que todas las fuerzas progresistas reclamaban una revolución para acabar con la dominación imperialista y con la exclusión oligárquica. En el Perú la izquierda marxista y el Apra de los años 30 postulaban una revolución política y social. Acción Popular, la Democracia Cristiana y el Social-progresismo reclamaban una revolución anti-oligárquica en los 50 y los 60. Incluso los militares calificaron a los cambios que realizaron en los 70 como una revolución.

Lo que quiero decir es que el postulado de una revolución era una demanda mayoritaria entre el 30 y los 70 en el Perú y en AL. Es cierto que cada fuerza entendía la revolución a su modo, pero todas las fuerzas progresivas coincidían en demandar un cambio revolucionario y lo hacían a través de un discurso radical. Es cierto también que a medida que accedían al gobierno moderaban su discurso y sus políticas. Eso sucedió con el Apra desde 1956 y con AP después de 1963.

Los que rechazaban una revolución eran las minoritarias fuerzas conservadoras y las oligarquías que defendían sus intereses y sus privilegios a través de dictaduras militares. Hasta 1978 América Latina tenía sólo tres democracias y los otros diecisiete países tenían regímenes abiertamente autoritarios. De estos, uno (Cuba) era una dictadura socialista, otro (Perú) era una dictadura anti-oligárquica y quince eran dictaduras conservadoras, defensoras de statu-quo.

La situación cambió profundamente entre 1978 y 1995. AL que había sido siempre predominantemente autoritaria fue testigo de la virtual desaparición de regímenes abiertamente autoritarios, salvo Cuba y Haití. Además, la ola democratizadora de los 80 es la más larga si se la compara con las anteriores de AL. Esta transformación es uno de los cambios más profundos en la historia política latinoamericana (Mainwaring, Scott y Aníbal Pérez Liñan, 2013, Democracies and Dictatorships in Latin America. Emergence, Survival and Fall, Cambrigde University Press).

La izquierda latinoamericana no fue ajena a este amplio proceso democratizador de los 80 y vivió un periodo de transición confusa de la revolución a la democracia y, por eso mismo, fue tironeada por esos grandes ideales. Fidel, el político más importante de AL, encarnaba la revolución anti-imperialista y anti-oligárquica que encandiló a las juventudes latinoamericanas de los 60 y que desató apoyos entusiastas y resistencias extraordinarias en el mundo de la guerra fría. El pueblo cubano lo amó y lo ama porque lo sacó de la indignidad, de la miseria y del atraso.

Cuando cayó el muro de Berlín se abrieron varios caminos que recorrieron los países comunistas: el de glásnost y perestroika de la URRS que fracasó, el de perestroika con dictadura de China que ha tenido cierto éxito, y el del inmovilismo de los países comunistas de Europa que colapsó estrepitosamente. Cuba apostó por este último con la peculiaridad de que se mantiene en pie. Creo que Fidel pudo haber impulsado una transición de modernización con democracia. Pienso que la izquierda tiene que recoger las grandes contribuciones sociales de la revolución y avanzar hacia la democracia de todos los ciudadanos.

LAS MAFIAS QUIEREN VOLVER

 

                                               Sinesio López Jiménez

Están en desacuerdo, pero no se atreven a cuestionar directamente la ley universitaria que, salvo contadas excepciones, viene funcionando más o menos bien. Sólo apuntan a echarse abajo a la SUNEDU para reemplazarla por la Asamblea Nacional de Rectores (ANR), la vieja articuladora de varias mafias que manejaron el podrido sistema universitario por décadas. Alegan que la SUNEDU viola la autonomía universitaria como si la ANR hubiera sido su celosa guardiana al ponerla en manos de los intereses privados de las mafias. La ley universitaria es buena y hay que hacerle sólo algunos ajustes.

¿Quiénes quieren volver a la ANR?. En primer lugar, los dueños de universidades privadas de pésima calidad que son la mayoría del sistema universitario, que no quieren ningún control que garantice su calidad académica y que sólo están interesadas en lucrar. En segundo lugar, algunas mafias agazapadas en las universidades nacionales que pretenden volver al control de las mismas. En tercer lugar, algunas autoridades eternas de universidades asociativas que ganan altísimos sueldos y que pretenden transformar las sociedades civiles sin fines de lucro en lucrativas empresas privadas, lo que constituiría un robo descarado.

Esta suma de intereses mafiosos se expresa en el proyecto del congresista Velásquez Quesquén que busca cambiar la ley universitaria y que ha recibido, al parecer, el respaldo del fujimorismo. La maniobra pasa por interpelar al Ministro de Educación Jaime Saavedra, impulsor de la actual reforma universitaria junto con el ex-congresista Daniel Mora, censurarlo y obligarlo a renunciar.   Esta es la madre del cordero. Las acusaciones de corrupción en el Ministerio de Educación (el mal manejo de fondos de los Juegos Panamericanos, la compra de computadoras, etc) son triquiñuelas para justificar la interpelación del Ministro Saavedra.

Jaime Saavedra es un excelente economista (egresado de la PUCP y Phd por la Universidad de Columbia) que sabe, como pocos, lo que hay que hacer con la educación en el Perú porque ha investigado sus problemas y desafíos y ha escrito muchos artículos académicos sobre el tema. Es un funcionario honesto que quiere hacer las cosas bien y con transparencia. Si se presume la existencia de corrupción, que se investigue y que sancione a los responsables, pero que no se manche la honra de un buen ministro como Jaime Saavedra.

Lo más irritante de todo esto es que los Catones de afiche son los congresistas partidarios y defensores de los gobiernos más corruptos de la historia (Fujimori y García). ¿Con qué cara, con qué derecho, con qué moral estos partidarios de gobiernos y líderes corruptos se erigen hoy en defensores de la moral pública?. ¿Es necesario recordarles cuántos funcionarios de sus gobiernos están presos por corrupción?. ¿Desconocen acaso a los corruptos que han salido del país huyendo de la justicia? ¿No saben acaso que sus líderes han sido blindado por fiscales y jueces corruptos?.

Si se produce la interpelación y si PPK defiende a su ministro Saavedra con energía, la polarización entre el gobierno y el fujimorismo se pondrá al rojo vivo. Una causa justa bien vale una buena batalla.

CRISIS Y RENOVACION POLITICA

 

                                               Sinesio López Jiménez

Las renuncias y expulsiones que vienen sucediendo en los agrupamientos políticos de diverso signo es un síntoma del malestar que las habita. Tanto en los viejos partidos (Apra, Patria Roja) que sobreviven aún, pero muy disminuidos, como en las agrupaciones partidarias nuevas (Tierra y Libertad-Frente Amplio, PPK, Fuerza Popular) con mayor gravitación electoral se producen contradicciones y tensiones internas que culminan en renuncias y expulsiones.

Las contradicciones y tensiones son de diverso tipo: ideológicas, programáticas, de liderazgo, organizativas. Con frecuencia muchas disputas de liderazgo se disfrazan con un ropaje ideológico y programático. Hay que reconocer, sin embargo, que aún existe un debate ideológico real, en particular en Patria Roja y en el Apra. Sospecho que Patria Roja, como partido comunista ortodoxo, no termina de digerir lo que significa, en términos ideológicos, políticos y programáticos, la caída del muro de Berlín y el triunfo del neoliberalismo en el mundo.

El Apra está viviendo algo parecido. Algunos dirigentes y sus seguidores se niegan a asimilar y digerir el neoliberalismo que les impuso García y su estado mayor. Ellos quieren volver a la tradición socialdemócrata que inspiró al Apra en las primeras décadas. El debate programático será siempre un tema abierto, particularmente en el campo de la izquierda. Un tema central es el programa económico. ¿Cuál es el programa económico de la izquierda para el mediano y largo plazo?. En el corto plazo ha izquierda se mueve en el plano reivindicativo y distributivo tanto en Europa como en AL.

La crisis del 2008-2009 y la desaceleración económica después del 2013 han puesto en cuestión el neoliberalismo como programa económico. Estas crisis revelaron que el “milagro” económico en el Perú y AL no provenía del neoliberalismo sino del boom exportador. La crisis actual de los agrupamientos políticos no es tan apasionada, ni ideologizada ni destructiva como en el pasado. Las renuncias a Tierra y Libertad y la búsqueda de inscripción del nuevo partido Por un Perú Nuevo se producen para fortalecer el Frente Amplio sin afectar la unidad del bloque parlamentario de la izquierda.

Es posible que la crisis partidaria actual genere un proceso de renovación política de los partidos en el campo de los programas, de los liderazgos y de la organización. Si supera su origen dinástico y las disputas de sucesión dinástica y se organiza como un partido moderno, FP puede constituir un sólido partido popular de derecha. Si Por un Perú Nuevo logra su inscripción, construye un enraizamiento popular sólido y fortalece el FA, este podría convertirse en un poderoso partido de izquierda en el Perú. No se puede descartar la existencia de un partido ultraizquierdista formado a partir de los remanentes de Sendero Luminoso. El centro está abierto a agrupamientos políticos renovados o a nuevos agrupamientos que emergen generalmente en épocas electorales.

La crisis “partidaria” actual puede contribuir a superar la fragmentación política, los problemas de representación y a dar origen a un nuevo sistema de partidos con nuevos formatos organizativos y con nuevos anclajes en la vida social.