¿LA TIA NO VA O YA FUE?

Sinesio López Jiménez

Si las encuestas miden la correlación social y política de fuerzas, entonces Tia María no va porque ya fue (para decirlo en el lenguaje de los jóvenes). La encuesta urbana de Ipsos (del 12-15 de mayo) muestra un empate técnico en el nivel nacional entre los que están a favor del proyecto y los que se oponen (si se toma como base los que están informados sobre el tema: 51%). En las regiones del sur la oposición sube a 54% y los simpatizantes bajan a 38%. Es probable que si la encuesta se hubiera extendido al área rural la oposición habría sido mayor. Hay que recordar que Conga quedó cancelado cuando más del 70% de los cajamarquinos expresó su oposición a ese proyecto.
La medida de suspensión acordada por la empresa y el gobierno (y postulada por Keiko Fujimori, PPK y Toledo y susurrada por la CONFIEP) se coloca en el medio entre el apoyo y la oposición. La medida como es obvio, irrita a quienes quieren imponer el proyecto a como dé lugar y los que quieren cancelarlo. Los primeros tienen el poder mediático y son los más aguerridos y chillones. Quieren que el gobierno declare el Estado de emergencia para aplicar el proyecto aunque el costo sean los muertos, heridos y los encarcelamientos de los opositores. La derecha social y política (quizás por razones electorales) está de acuerdo con la suspensión temporal del proyecto, pero la derecha mediática está visceralmente en contra.

Los opositores al proyecto son la mayoría de los pobladores de Islay, de Arequipa y de las regiones del sur y las izquierdas. Estas combaten a Tía María como antes a Conga en defensa de la agricultura, del medio ambiente y de la salud de la población, pero negocian abiertamente con otras empresas mineras mejores condiciones para la población. Su lucha contra la minería es relativa, en unos casos de oposición y en otros de negociación, dependiendo su posición política de la demanda social de la gente. Las izquierdas no inventan el malestar de la población. Es un error conceptual y práctico pensar que las izquierdas inventan los conflictos mineros y que la gente de las zonas mineras es idiota y manipulable.
Todas la derechas (sociales, políticas y mediáticas) comparten esta visión estereotipada de las izquierdas, como probablemente estas tienen la misma visión de las derechas. Debajo de estas visiones estereotipas existe, sin embargo, un conflicto social real entre las empresas mineras y los pobladores de diversa naturaleza e intensidad. Todo esto explica que la forma de conflicto sociopolítico en el campo de la explotación de los recursos naturales sea la confrontación, que sea muy difícil el diálogo y que el recurso político más fácil sea la declaración del Estado de emergencia que aplasta las libertades de la gente en nombre de la libertad y del derecho.

LA SANGRE Y LA TINTA

Sinesio López Jiménez
Tía María no solo tiene quien la defienda (el Estado) sino también quien le escriba (la prensa conservadora). La sangre y la tinta se mezclan para defender, imponer y legitimar los intereses de una empresa en contra de los intereses legítimos de un amplio sector de la población de Arequipa. Lo peor del caso es que algunos escribas de ultraderecha quieren más sangre siempre y cuando no sea la suya sino la de los otros. No es la primera vez. Ya tuvimos el caso reciente de Conga en Cajamarca, el no tan reciente de Cerro de Pasco y otros más. En realidad, es la historia de siempre. En gran medida, la historia peruana (lo digo sin demagogia y más bien con pena) está hecha de sangre y de tinta. Es el lado malo de la historia porque el Perú tiene también otra historia edificante.
En todos los casos el conjunto del Estado se pone en movimiento para apoyar a la gran empresa y reprimir a la población. Asume su representación y apalea y dispara contra la población. Apela a todas sus competencias (que quizás son muchas) y a sus capacidades (que son pocas) para ponerlas al servicio de intereses particulares en desmedro de los intereses de la gente. Los funcionarios (algunos eficientes y honestos), los ministerios (algunos organizados especialmente para defender a la población), las leyes (los fiscales y los jueces), la policía y el ejército, la mayoría de los aparatos del Estado acuden presurosos a defender a Tia María e imponer el orden en Cocachacra, Islay y Arequipa.
El Estado, el gobierno, la empresa y la derecha buscan un chivo expiatorio y lo han encontrado supuestamente en “los terroristas anti-mineros” y en las izquierdas que acompañan las protestas de la gente que defiende la agricultura, el medio ambiente y su vida misma. Las culpables son las izquierdas que manipulan a la población supuestamente ignorante. Son antimineros que no quieren el progreso del país, pero se oculta el hecho que esas mismas izquierdas acompañan el diálogo y las negociaciones de la población con las empresas mineras que funcionan en otras zonas del país. Las izquierdas no inventan las protestas sociales que son de diverso tipo, unas son de oposición a la minería y otras de negociación. Sólo las acompañan y buscan representar a los sectores contestatarios, como todas las izquierdas de todo el mundo.
¿Por qué el Estado peruano se pone (en general) al servicio de los intereses particulares de la gran empresa minera?. Hay varias razones, pero destaco dos. La primera, la explotación de los recursos naturales brindan al Estado abundantes ingresos fiscales fáciles. Este facilismo, como han mostrado muchos investigadores sobre el estado, bloquea a la larga la posibilidad de construir un estado con capacidades de diverso tipo. Segundo, el Estado no es autónomo sino que se somete fácilmente a los intereses de las élites privadas, a las presiones sociales y a los grandes poderes internacionales. Eso se debe, entre otras cosas, a la inexistencia de una élite de funcionarios públicos calificados que puedan competir de igual a igual con la élite privada y a los gobernantes que, pese a haber ganado las elecciones con los votos de los sectores contestarios, terminan gobernando para los ricos.

LAS DOS JAULAS DE HIERRO

Sinesio López Jiménez
Cuando un capitalista invierte crea dos jaulas de hierro, una para la sociedad y otra para el Estado. Las sociedades y los estados pueden romper parcialmente esas jaulas a través de la acción colectiva y de una política impositiva progresiva, respectivamente, pero siempre dentro de los límites del capitalismo. Ahora que está en debate la inversión de Tía María vale la pena recordar algunas ideas de fondo sobre el tema.
El capitalismo es un sistema en el que muchos recursos escasos son de propiedad privada y las decisiones sobre su asignación son una prerrogativa privada. La democracia es un sistema mediante el cual las personas como ciudadanos pueden expresar sus preferencias sobre la asignación de recursos que ellos privadamente no poseen. Por tanto, la cuestión perenne de la teoría y la práctica políticas alude a la competencia de estos dos sistemas de uno con respecto al otro. ¿Es posible que los gobiernos controlen una economía capitalista? En particular ¿es posible dirigir la economía contra los intereses y preferencias de quienes controlan la riqueza productiva? (Przeworski & Wallerstein, 2008: 58).
Las personas pueden tener derechos políticos, votar y elegir a los gobiernos capaces de seguir los mandatos populares. Pero la capacidad efectiva de los ciudadanos y de cualquier gobierno para alcanzar sus objetivos está limitada por el poder público del capital. La naturaleza de las fuerzas sociales y políticas (por más poder que tengan) no altera estos límites ya que son características estructurales del sistema, no de los ocupantes de los cargos gubernamentales ni de los ganadores de las elecciones. No importa cómo el Estado se organiza y lo que es legalmente capaz o incapaz de hacer. Los capitalistas no tienen ni siquiera que organizarse y actuar de manera colectiva: basta con que persigan ciega y estrechamente su interés privado propio para restringir drásticamente las opciones de todos los ciudadanos y los gobiernos.
En el capitalismo toda la sociedad depende de la asignación de los recursos elegidos por los dueños del capital. Las decisiones privadas de inversión tienen consecuencias públicas y de larga duración: determinan las posibilidades futuras de la producción, el empleo y el consumo de todos. Debido a que las posibilidades futuras de consumo dependen de la inversión privada, todos los grupos sociales se ven limitados por el efecto que pueden tener sus acciones sobre la voluntad de invertir de los dueños del capital, la misma que depende, a su vez, de la rentabilidad de la inversión. En una sociedad capitalista, el intercambio entre el consumo presente y futuro de todos pasa por un trade-off entre el consumo de quienes no poseen un capital propio y las ganancias de los que lo poseen (Wallerstein & Przeworski, 2008: 59).
Esta determinación rígida se aplica especialmente a los asalariados que cuidan tanto sus salarios futuros como sus ingresos presentes. Si las empresas responden a los aumentos salariales exigidos con menos inversión, los asalariados pueden ser los más interesados en moderar sus demandas salariales. Los ingresos futuros de los trabajadores dependen de la realización de los intereses actuales de los capitalistas. Lo mismo le pasa al Estado y a los gobiernos que se enfrentan a un trade-off entre distribución y crecimiento, entre la igualdad y la eficiencia. Ellos pueden negociar una distribución más (o menos) igualitaria de ingresos a cambio de menos (o más) inversión, pero no pueden alterar los términos de este trade-off:

LA CORRIDA AL CENTRO

 

                                                           Sinesio López Jiménez

García ha recordado estos días que es aprista y que no cree mucho en el mercado al que, sin embargo, rindió pleitesía en su segundo gobierno. PPK ha dicho que ojalá la gente lo identifique con la izquierda y que él no es de derecha sino un hombre progresista. Keiko (en  declaraciones anteriores) ha reivindicado su pertenencia al centro. Un sector importante de la izquierda busca ubicarse también en la centro-izquierda. ¿Qué magia tiene el centro para atraer a fuerzas políticas y candidatos de polos opuestos?. Hay varias razones que convierte al centro en una especie de imán político.

Primero, el centro (según las encuestas) es el espacio sociopolítico y electoral más amplio comparado con los espacios de la derecha y de la izquierda. Esta distribución puede cambiar por regiones. Lima tiene, sin duda, el centro más abultado. Es probable que el norte más moderno tienda a reproducir los espacios sociopolíticos de Lima, pero que el centro y el sur (más rezagados y discriminados) tengan un espacio nacional popular más amplio. Segundo, la clase media, que alimenta generalmente al centro político, ha crecido gracias al boom exportador y a la movilidad social que lo acompaña.

Tercero, el Perú tiene probablemente una de las sociedades más conservadoras de AL gracias al efecto combinado de cuatro factores: el terrorismo y el miedo que generó en los 80 y 90 del siglo pasado, la sensación de bonanza que produjo el boom exportador en este siglo, la imposición de un modelo neoliberal extremo al que el boom exportador le dio una cierta legitimidad y el poder enorme de la prensa de derecha, acentuado hoy gracias a la prensa concentrada.

A estos datos estructurales hay que añadir otros de coyuntura para explicar el deslizamiento hacia el centro de las fuerzas políticas. Primero, la mitad del país rechaza a los candidatos más mimados de la derecha (García, Keiko y PPK), pese a los grandes esfuerzos de la prensa concentrada por imponerlos a la opinión pública. Segundo, el centro y la izquierda aún no tienen candidatos atractivos que los representen. La prensa concentrada primero intentó destruir toda posibilidad de una representación política propia y ahora trata de coparlos.

Tercero, los polos opuestos de la política tienen una clara consciencia de la necesidad de su desplazamiento hacia el centro para pasar a la segunda vuelta y para alzarse finalmente con el triunfo. Uno de la derecha (Keiko probablemente) tiene más o menos garantizado su pase a la segunda vuelta, pero ni García ni PPK pueden cantar victoria. Necesitan el centro para pasar a la segunda vuelta. El caso de la izquierda es más dramático. Necesita la unidad para existir políticamente y combatir contra el enemigo común: las fuerzas neoliberales. Si va unida y representada por una candidata o un candidato de jale  puede conseguir (optimistamente) entre el 10 y el 15%, pero si quiere pasar a la segunda vuelta tiene que formar una coalición sociopolítica con el centro.

Los desplazamientos de la derecha al centro pueden ser muy resistidos y poco creíbles en unos casos más que en otros. El anti-aprismo (y el antialanismo) hoy parecen ser más fuertes que el anti-fujimorismo. PPK tiene problemas no resueltos de identidad nacional y, por eso mismo, puede encontrar una fuerte resistencia del Perú profundo.

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UN MODELO PARA ARMAR

 

Sinesio López Jiménez

La izquierda es un enorme rompecabezas cuyas piezas desordenadas y dispersas hay que colocar en su sitio para darle forma al muñeco. ¿Es esta una ventaja política o una desventaja?. Puede ser una  desventaja para quienes creen que es mejor escribir sobre una pizarra en blanco que sobre una borroneada y con muchas enmendaduras. Es mejor inventar todas las piezas que usar las desgastadas. Hay que crear un actor político nuevo sin las taras del pasado. Esta tarea implica un tiempo que desborda las urgencias políticas y electorales. Construir una élite política lleva entre 10 y 15 años y el éxito no está garantizado. Además, quienes se propongan esa tarea se van a encontrar con una inevitable herencia del pasado. No hay construcción pura que salga de la nada.  A quienes hablan de pureza política habría que recordarles los versos de Nicolás Guillén: No voy a decirte, mujer, que soy un hombre puro…

¿Cuáles son las piezas de un modelo de izquierda para armar?. Hay varias, pero señalo las más importantes. Primero, todas las izquierdas tienen el mismo sueño o algo parecido que configura un horizonte utópico común: el cambio con justicia sin menosprecio de la libertad. Esta es un valor que las izquierdas de AL aprendimos cuando (en los 80) transitamos de la revolución a la democracia. Segundo, todas comparten, quizás con énfasis diferentes, el mismo programa de gobierno para combatir contra un enemigo común: los puntos centrales de la Gran Transformación. Tercero, existe un espacio nacional-popular que la izquierda está en condiciones de representar si evita la fragmentación. Este es un dato histórico que reaparece constantemente en las encuestas y en las elecciones cuando hay un buen candidato que lo represente.

Cuarto, la izquierda tiene cuadros políticos con distintos niveles de experiencia que están dispersos en todas las organizaciones y corrientes de izquierda, pero sumados formarían un gran partido. Divididos como están ahora son débiles, pero juntos en un gran proyecto de transformación democrática podrían tener una gran fuerza política. Quinto, los pequeños partidos de izquierda, unos más que otros, mantienen una cierta influencia en los movimientos sociales contestatarios. Este nexo político-popular, hoy débil pero existente, parece ser un monopolio de la izquierda.

Sexto, las izquierdas cuentan con cuadros que tienen experiencia de gobierno. Si se asocian entre ellos y con cuadros progresistas que tienen una tradición izquierdista pueden constituir un equipo de gobierno de primera. Séptimo, las izquierdas tienen pocas y dispersas representaciones parlamentarias, pero juntas podrían ser un grupo parlamentario que cuente en el Congreso. Finalmente, existe una corriente intelectual de izquierda, suelta y dispersa, que ya no tiene la importancia de otras décadas, pero existe.

¿Qué falta?. La pieza clave en un régimen presidencialista: el candidato, además de la voluntad de unidad y el mínimo de racionalidad política. Resignarse a la división es aceptar de antemano la derrota. Conozco a casi todos los dirigentes de izquierda, sus virtudes y sus defectos. Pienso que sus diferencias políticas son disfraces ideológicos de pequeñas ambiciones que podrán ser alcanzadas, no en la fragmentación, sino en la unidad. La fragmentación de la izquierda es un suicidio político.

 

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ESTANCAMIENTO Y COYUNTURA ELECTORAL

 

Sinesio López Jiménez

El estancamiento económico será uno de los temas centrales del debate en la coyuntura electoral que se avecina. El problema de fondo será si ese debate se desarrolla dentro de los marcos del modelo neoliberal primario exportador en problemas o se desborda para poner en cuestión el modelo mismo. En el 2014 ya ha sido un tema de agenda en la que han participado activamente el gobierno, los actores sociales (en particular la CONFIEP), los economistas de diversas orientaciones y los medios.

Lo que se ha discutido hasta ahora son las causas del estancamiento y las propuestas para salir de él. Una de las cosas que más llama la atención es la contraposición de de los tecnócratas neoliberales que están en el gobierno y los que se ubican ahora en la oposición, pero que fueron ministros o altos funcionarios en los gobiernos neoliberales anteriores. Mientras los tecnócratas oficialistas ponen énfasis en los factores externos  (baja de la demanda y de los precios de los commodities, elevación de las tasas de interés en USA) para explicar la desaceleración, los tecnócratas opositores menosprecian la importancia  de los factores externos y ponen el acento más bien en los factores internos.

Según el neoliberalismo opositor el crecimiento ha disminuido drásticamente porque han bajado las inversiones privadas y púbicas (además de las exportaciones) que, a su vez, se han visto paralizadas o reducidas debido a la falta de confianza de los empresarios (en el caso de las privadas) y a la ineficiencia del gobierno central y de los gobiernos regionales (en el caso de la pública). La falta de confianza empresarial se debería, a su turno, al temor empresarial a los indicios (compra de Repsol, fortalecimiento de Petro-Perú)  que anuncia el temido programa de la Gran Transformación, a las diversas trabas que pone el gobierno (tramitología, consulta previa, etc.) y al ruido político que, curiosamente, vendría de los voceros del gobierno y principalmente del Presidente de la República.

Carranza, el ex -ministro del de Economía y Finanzas de García ha ido más allá al sostener que el estancamiento obedece al cambio de modelo de desarrollo que ha pasado de un modelo liberal a un modelo inclusivo que habría quitado recursos indispensables para la inversión y el crecimiento. Esta discutible tesis pone en cuestión las diversas políticas asistencialistas del gobierno y apuesta a un modelo neoliberal extremo. Humala, que ha percibido su sentido reaccionario y anti-electoral para los intereses de García, denuncia que la oposición pretende eliminar los programas sociales. Esto explica quizá que Carranza cambie de tema y anuncie que, en adelante, va a estudiar a los monos para examinar los factores que pongan al Perú en la ruta de la prosperidad.

Pese a la discrepancia de los neoliberales en el diagnóstico del estancamiento existe un cierto consenso en la propuesta de paquetazos que el gobierno ha lanzado para salir de la crisis. Sus efectos, sin embargo, no se sienten hasta ahora mientras la situación se puede poner color de hormiga no sólo en el Perú sino en toda América Latina. Eso pone sobre el tapete al modelo neoliberal mismo. En el Perú esa tarea parece estar reservada para izquierda siempre y cuando logre presentar una alternativa política que exprese la unidad, la confianza y la representación de los sectores populares y mesocráticos y del conjunto de las izquierdas y del centro.

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CATERIANO, EL POLITICO

 

Sinesio López Jiménez

Cateriano es el más político de todos los ministros que, en su mayoría, son tecnócratas neoliberales. Cada político tiene su estilo y  el señor Cateriano tiene el suyo. No cultiva el humor ni la ironía ni se mueve en la política con un animus jocandi ni es un hombre ducho en el arte de la esgrima verbal, pero tampoco anda buscando bronca con todo el mundo. Su estilo es más bien directo y franco cuando debate  con sus adversarios que se circunscriben al aprismo y al fujimorismo. No es sumiso ni se deja pisar el poncho como ellos quisieran y responde a sus ataques con argumentos y sin calumnias. ¿Eso lo hace controversial y lo descalifica como Primer Ministro?.  No, porque la política, después de todo, no es un té de tías sino lucha por el poder.

El señor Cateriano ha declarado que  su nuevo rol le exige un cierto cambio de estilo  y que, por esa razón, buscará el  diálogo con todas las fuerzas políticas, sociales y empresariales. García, su principal adversario, le ha tendido un ramo de olivo y ha sostenido que los cargos honoríficos cambian a las personas.  Ambos tienen razón porque en la política, como en el teatro, los actores tienen que adecuar su comportamientos y estilos a los roles y papeles que asumen o les son asignados. Que haga bien o mal su papel depende de la calidad del actor.

El señor Cateriano es un demócrata- liberal de centro derecha que lidia más con la extrema derecha política que con otras fuerzas políticas sobre temas que tienen que ver con la corrupción, las libertades y la democracia, pero comparte con ella y con todas las derechas el modelo neoliberal primario exportador que se viene aplicando en el Perú desde 1990 en adelante. El modelo va a ser, sin duda, el punto de encuentro y de acuerdo con todas las derechas políticas y con el mundo empresarial, pero va a ser también el punto de disenso y de confrontación con las izquierdas y con los movimientos sociales contestatarios. ¿Será capaz de manejar y administrar estas contradicciones y tensiones inevitables?. Hic Rodhus, hic salta. Aquí veremos su grandeza o su pequeñez como político.

Cualquiera sea la amplitud de los acuerdos del Primer Ministro con las oposiciones políticas y sociales que le permitan obtener el voto de confianza en el Congreso, ellos pueden tener un alcance muy limitado en el tiempo debido al contexto en el que se producen: el estancamiento económico, la creciente protesta social y la coyuntura electoral. El estancamiento económico está dando pie a distintas lecturas y apuestas en el mismo campo de la derecha, en particular en el APRA por razones electorales. Escuchar, atender y entender  los reclamos de los movimientos sociales anti-mineros ha sido y es  difícil para las derechas y para todos los gobiernos neoliberales. Todos ellos han prestado más atención a las exigencias de los inversionistas que a las demandas de la gente.

Esta actitud del gobierno y de los políticos puede cambiar por la coyuntura electoral. Esta lleva también a las oposiciones de diverso signo a tomar distancia de la gestión de un gobierno desgastado. El señor Cateriano tendrá que desplegar todas sus habilidades políticas para manejar una coyuntura electoral muy movida y complicada sin fracasar en el intento.

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LA POLITICA: VOLATILIDAD Y ESTABILIDAD

 

Sinesio López Jiménez

Desde 1990 en adelante, pero sobre todo durante el humalismo,  la política se caracteriza por la volatilidad de los cuadros políticos y la estabilidad de los tecnócratas neoliberales. Seis gabinetes en tres años y medio de gobierno con siete meses de duración en promedio revelan un alto índice de volatilidad política. El cambio de los gabinetes arrastra a los políticos pero mantiene en sus puestos a los tecnócratas neoliberales. Castilla, ministro de Economía y Finanzas, vio desfilar a varios equipos políticos mientras él se aferraba a su puesto de mando.

¿Qué explica este doble dinámica en el neoliberalismo?. ¿Porqué la política es volátil mientras la economía mantiene a sus principales cuadros?. Hasta ahora vemos que la volatilidad política asume tres modalidades: electoral, partidaria y de gabinetes. Aún no llega hasta la presidencia de la República, pero la ronda.  Estas formas de volatilidad están interconectadas: una incide en la otra hasta establecer una relación circular. La volatilidad electoral incide en la fragmentación y en la volatilidad partidaria y ésta, en la de los gabinetes.

A su vez, la volatilidad de los gabinetes refuerza la volatilidad partidaria y ésta, la volatilidad electoral, pero la línea de fuerza va de esta hacia arriba (partidos y gabinetes). El epicentro de la volatilidad política está ocupado, sin embargo, por los partidos políticos. Si éstos se reconstruyeran como un sistema de partidos bien organizados, la volatilidad desaparecería. Pero los partidos en la práctica no existen. Todos ellos se han transformado en liderazgos personalistas con franquicia electoral.

La volatilidad partidaria se agrava con la intervención de otros factores, en particular con los virajes ideológicos y políticos de los “partidos” que ganan las elecciones y con la combinación de impericia, torpeza y arbitrariedad en el manejo del liderazgo político. El viraje de Humala le hizo perder apoyo popular, debilitó a Gana Perú y a su bancada parlamentaria con la salida de los congresistas de izquierda. El pésimo manejo de Gana Perú por la pareja presidencial, el maltrato de algunos cuadros importantes y la imposición arbitraria de otros en cargos decisivos ha terminado en el descalabro de Gana Perú y en la pérdida irresponsable de la mayoría parlamentaria con todo lo que eso implica.

La estabilidad de los tecnócratas neoliberales obedece a varios factores. En primer lugar, ellos gozan del respaldo de la mayoría de los grupos parlamentarios, en particular de los de derecha. En segundo lugar, reciben el apoyo entusiasta de los medios de derecha, especialmente de la prensa concentrada. En tercer lugar, tienen el soporte sólido de la CONFIEP y de los organismos financieros internacionales. Ellos han sido puestos al mando del MEF y del BCR por presión de los poderes fácticos que gobiernan a través de ellos sin haber sido elegidos. Finalmente, las altas tasas de crecimiento gracias al boom exportador les dieron un alto nivel de legitimidad.

Es posible que el estancamiento económico y la crisis del modelo neoliberal primario-exportador obliguen a los tecnócratas neoliberales a circular y a buscar otros aires en la empresa privada o en los organismos internacionales. Es el premio que les espera luego de haber cumplido su servicio civil obligatorio.

 

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DIFICIL, PERO NO IMPOSIBLE

 

Sinesio López Jiménez

 

Hasta ahora las izquierdas vienen comportándose como quieren las derechas: vetos mutuos y fragmentación con probables candidatos irrelevantes. Algunos analistas piensan que la fragmentación de las izquierdas es un dato casi definitivo e inevitable. A mí me parece que no todo está dicho y que la situación podría cambiar para bien de las izquierdas. ¿ Qué factores podrían cambiar esta situación poco auspiciosa para ellas?. Sugiero los más relevantes y probables. Primero, la posibilidad de que las corrientes más unitarias de las izquierdas cuenten también con una franquicia electoral que, en este caso, es un mal necesario en la medida que sin ella no se puede participar en el proceso electoral. Ellas pueden de ese modo anular la capacidad de chantaje de las izquierdas (radicales y moderadas) que tienen la franquicia y favorecer la unidad.

 

Segundo, el probable crecimiento masivo de los movimientos contestatarios que, para tener una mayor incidencia en el campo de la política y del gobierno, necesita una sola representación política y puede presionar (en forma directa o indirecta) a las izquierdas divididas sobre la necesidad de la unidad. Ni la derecha ni el centro pueden ni les interesa representar a los movimientos contestatarios. Este es un papel reservado para las izquierdas. Si la izquierda democrática no es capaz de representar políticamente a las fuerzas sociales movilizadas, lo hará el MOVADEF con otras fuerzas afines.

 

Tercero, si las izquierdas, superando pequeñas ambiciones y sectarismos de capilla, logran redescubrir los enemigos a los que tiene que combatir y derrotar pueden recuperar su identidad política y organizarse como un solo actor decisivo en la lucha política y en la competencia electoral. No sólo es lamentable sino también indecente la fragmentación de la izquierda en pequeños grupos políticamente irrelevantes. El pueblo que no sabe definir con claridad quien es su enemigo es un pueblo sin destino. El establecimiento claro de la enemistad política ayuda a definir, además, las cuestiones programáticas, las coaliciones y las estrategias.

 

Cuarto, si los fragmentados y pequeños grupos de izquierda logran percibir y entender la enorme fuerza de los enemigos a los que tiene que combatir es probable que busquen superar la fragmentación y logren conformar un solo actor político. Se trata de enfrentar a la CONFIEP, al modelo neoliberal extremo, a la ultraderecha política y sus candidatos favoritos (García, Keiko, PPK) y al partido de los medios concentrados (PMC). No es poca cosa. La única posibilidad de enfrentar con cierto éxito a estos enemigos muy poderosos es que las izquierdas no solo se unifiquen sino que sean capaces de organizar un gran frente de centro-izquierda.

 

Quinto, la comprensión de la enorme fuerza de la derecha ayuda a entender también la abismal debilidad de las izquierdas fragmentadas y puede impulsarlas a la necesidad de la unidad. Esta, si se concreta, es ya un gran logro que, sin embargo, es insuficiente para pasar a la segunda vuelta. Esta hazaña requiere la organización de un frente de centro- izquierda.

 

Finalmente, si se avanzara en el recorrido de los pasos anteriores, las izquierdas podrían estar en mejores condiciones para escoger el candidato viable de la izquierda o, mejor aún, de la centro-izquierda. Este podría ser un independiente de izquierda o un independiente de centro que obtenga el respaldo de todas las izquierdas. ¿Es eso posible?. Difícil, pero no imposible.

 

 

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LA FRANQUICIA ELECTORAL

 

Sinesio López Jiménez

No son un partido. No tienen un proyecto claro, ni una organización activa (con estado mayor, cuadros intermedios, bases militantes) ni relaciones más o menos permanentes con la periferie social que les dé vida, pero tienen una franquicia electoral (inscripción en el JNE) y eso  los convierte, como por arte de magia, en un partido nacional. Este no es otra cosa que un político con una franquicia electoral. Gracias a esa franquicia, los políticos que la poseen pueden competir en las elecciones generales, formar “coaliciones”, dividir a las que se podrían formar, alquilarla (vientres de alquiler) y chantajear a los que no la tienen pero anidan sus pequeñas ambiciones. Todo esto hace de los llamados partidos nacionales una excrecencia morbosa de la colectividad nacional.

¿Y como se obtienen las franquicias electorales? Cuando había partidos, los militantes reclutaban las firmas; cuando ellos se debilitaron, los planillones se llenaban con firmas falsas; y ahora se compran en el mercado. Las firmas ya no expresan la adhesión voluntaria de los ciudadanos a los partidos sino que se han convertido en mercancías. Se calcula que cada firma cuesta más o menos un dólar y que, para alcanzar las cuatrocientos mil y más que exige el JNE con depuraciones de la RENIEC incluidas, es necesario presentar más de  un millón de firmas. La política se ha mercantilizado: se ha introducido el criterio de mercado en la política.

Los bienes y servicios se compran en el mercado con dinero. El ingreso a las universidades se obtiene gracias al mérito. La inscripción de los partidos en el JNE se basa en la adhesión libre y voluntaria de los ciudadanos. Cada esfera de actividad tiene su propio criterio de justicia. El ingreso a la universidad y la inscripción en el JNE no se deben comprar con dinero. Cuando se hace eso, se produce lo que Michael Walzer ha llamado el intercambio bloqueado, esto es, la injusticia. La mercantilización de la inscripción electoral hace que sólo los que tienen dinero, bien o mal habido (habría que investigarlo), puedan inscribirse y competir en los procesos electorales.

La posesión de la franquicia tiene, además, otros efectos sobre el sistema electoral y el sistema de partidos. Sus efectos devastadores sobre los partidos son peores que los del voto preferencial. La franquicia es el peor enemigo de la existencia y fortaleza de los partidos. Para competir en las elecciones ya no se necesita un partido. La exigencia formal de los comités de partido no tiene el nivel de exigencia de la verificación de las firmas y su inexistencia no puede ser sancionada ni afecta en nada a la franquicia. Esta es más que autosuficiente. La transformación de la franquicia en vientre de alquilar también impide la formación de partidos.

La franquicia distorsiona la formación de las coaliciones. Estas ya no se forman por enemistades compartidas o por coincidencias programáticas sino para poder pasar la valla electoral (5%) o, lo que es peor, para impedir la formación de coaliciones de organizaciones cercanas. Esto último es lo que está pasando con la izquierda que ha perdido la brújula en la definición de los enemigos, criterio central para definir las coaliciones y los programas.

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