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El Zorro de Abajo
Blog de Sinesio López Jiménez


 

Sinesio López Jiménez

Sorprende el brusco viraje radical de los políticos y los economistas neoliberales de oposición. Cuando estuvieron en el gobierno dejaron que la economía funcionara en piloto automático, pero hoy en la oposición son hipervoluntaristas. En sus gobiernos dejaron que la sostenida demanda internacional de las materias primas y los altos precios de los commodities movieran a la economía y se durmieron en sus laureles. Sus políticas económicas se limitaron al mantenimiento de los equilibrios macroeconómicos. Atribuyeron, no obstante, las altas tasas de crecimiento a la virtudes del modelo neoliberal y hablaron con  fruición del milagro económico peruano. La verdad es, sin embargo, que la estructura pesó más que su papel de agentes y que sus políticas en el buen desempeño de la economía.

Los lobbies de García, su shock de inversiones y la “teoría” del perro del hortelano eran propuestas para aceitar el buen funcionamiento del piloto automático. Desperdiciaron las oportunidades que les brindaba la bonanza exportadora para diversificar la economía y darle sostenibilidad al crecimiento económico como sostenían los economistas críticos del modelo neoliberal y algunos gurús internacionales del desarrollo como Porter. Producida la desaceleración, relativizan el papel de la demanda internacional y de los altos precios de las commodities  y atribuyen la explicación central de la desaceleración  a las deficientes políticas del gobierno, esto es, a la incapacidad del gobierno para aplicar reformas neoliberales radicales y recuperar la confianza de los inversionistas privados.

Lo que está en discusión a propósito de la desaceleración económica es la evaluación de los factores que inducen a los empresarios nacionales y extranjeros a tener confianza en que su inversión les va a producir altos dividendos. ¿Qué pesa más en la confianza de los empresarios: la demanda internacional y los altos precios de los commodities o las políticas económicas proempresariales de los gobiernos? ¿Es cierto que la mala situación internacional puede ser compensada con buenas y agresivas políticas neoliberales para recuperar la confianza de los empresarios?.

La verdad es que los factores internos que hoy se ven como los problemas ( deudas tributarias, la permisología,  los costos laborales, falta de liderazgo, etc. ) que el gobierno no es capaz de resolver para recuperar la confianza de los empresarios existieron en el período de la bonanza exportadora y no impidieron la inversión privada ni las altas tasas de crecimiento. ¿Qué ha sucedido ahora que ha convertido a estos factores internos en un obstáculo para recuperar la confianza empresarial? Lo nuevo es el proceso electoral en ciernes para elegir un nuevo gobierno en el 2016. En este nuevo contexto, los neoliberales de la oposición y los del gobierno se están ofreciendo como la mejor alternativa para enfrentar y resolver los problemas del crecimiento y del empleo desde la perspectiva del capital.

En todo caso, los paquetes que ha venido lanzando el gobierno (y que están en la línea de lo planteado por los neoliberales de la oposición) no han producido hasta ahora los resultados esperados. Esta es la hora de los políticos y de los economistas críticos del modelo neoliberal.

 

Sinesio López Jiménez

Los problemas actuales por los que atraviesa  la economía  han generado diversos puntos de vista entre los economistas.  Los temas en cuestión son principalmente el carácter de la crisis, las causas de la misma y las soluciones para salir de ella.  En torno  a estos temas  han surgido tres corrientes de economistas: los neoliberales de oposición, los neoliberales en el gobierno y los economistas críticos del neoliberalismo.

Los neoliberales de oposición sostienen que la economía atraviesa  un período de desaceleración debido al  descenso de las inversiones  privadas que, a su vez, se explican por la falta de confianza de los empresarios.  Esta nace, no tanto de factores externos (disminución de la demanda externa, baja de precio de las commodities y elevación de las tasas de interés  en USA) como de las políticas equivocadas del  gobierno actual (del presidente y de su equipo económico): el ruido político y el pesimismo (vacas flacas, viento en contra) en el manejo del modelo económico, la sobre-regulación y la permisología que bloquean  la inversión, los altos costos laborales y la falta de liderazgo.  Las soluciones que plantea el gobierno son tímidas (los paquetes económicos), tardías (estimulación de la demanda)   o equivocadas (impulso a Petro-Perú, diversificación productiva).

Los neoliberales gobiernistas afirman que la actual desaceleración es producto de la crisis externa que ha disminuido la demanda y los precios de las commodities y que afecta no sólo a la economía peruana sino también a la de otros países de AL. Sostienen que si bien existen algunas trabas para la inversión privada que provienen de la permisología y de los altos costos laborales, ellas no constituyen el factor explicativo principal de la desaceleración, pero afirman que hay que resolverlas a través de los paquetes económicos. Proponen una tímida diversificación productiva para darle sostenibilidad al crecimiento y el impulso a la inversión pública para evitar el enfriamiento de la economía.

Los críticos del modelo neoliberal sostienen que “en lo que va del año la economía peruana ha decrecido y ya se han acumulado dos trimestres con crecimiento negativo, lo que califica técnicamente como recesión”. Afirman que las causas son, por un lado, el modelo mismo que se sustenta en la exportación de materias primas y en los altos precios de las commodities (actualmente en descenso) y, por otro, las políticas del gobierno que lo han mantenido y sostenido. Postulan otro modelo económico que no se apoye sólo en las actividades extractivas sino que impulse principalmente la diversificación económica “para producir más y contar con más trabajadores”. Son críticos de las actuales políticas monetarias y fiscales porque son insuficientes para estimular la demanda. En la crítica situación actual son partidarios de una gestión keynesiana del ciclo económico.

Estos diferentes puntos de vista de los economistas se transformarán en un debate abierto a medida que la situación económica se vuelva más crítica y que se acerquen las elecciones del 2016. Los economistas neoliberales de oposición se distribuirán entre los candidatos de derecha más viables (Fujimori, García y PPK) y los críticos del modelo formarán parte del equipo económico de una alternativa de centro izquierda. Volveremos sobre el tema.

 

Sinesio López Jiménez

Con todo su dramatismo, las recientes elecciones regionales y locales tienen poco o nada que ver con las elecciones generales del 2016 que se rigen por otras reglas,  operan en el espacio nacional y cuentan con otros liderazgos. Es difícil predecir, sin embargo, los escenarios políticos del 2016 cuando no existen instituciones que funcionan ni partidos organizados con proyectos claramente definidos. En su defecto, existen diferenciados espacios sociopolíticos (detectados por las encuestas), liderazgos (más o menos reconocidos) que cuentan con franquicias electorales (compradas en el mercado y validadas por el JNE) y poderes fácticos (CONFIEP y medios concentrados) a partir de los cuales es posible imaginar algunos escenarios posibles.

El espacio de la derecha está sobrepoblado por muchos líderes ambiciosos y cubierto por el manto protector de los poderes fácticos que pueden ayudar a forjar algunas coaliciones y a moderar las ambiciones para reducir la tugurización política y la fricción espacial. Salvo Keiko Fujimori (debido al fuerte antifujimorismo existente), todos los otros líderes de derecha  tienen una cierta capacidad de organizar coaliciones sociopolíticas. Es probable que surjan dos o tres coaliciones en este espacio. De hecho, tanto los líderes del Apra como los del PPC han anunciado la posibilidad de forjar una coalición entre ellos. Otra posible coalición de derecha sería la conformada por Kuczynski, Acuña, Castañeda, Flores Araoz, bajo el liderazgo probable del primero. De ese modo, la derecha tendría tres candidatos importantes: García, Fujimori y Kuczynski. Otros que surjan en ese espacio serán meros adornos.

El centro, conformado por Perú Posible, AP y Somos Perú, puede dar pie a una coalición propia, pero de poco arrastre y sin respaldo de los poderes fácticos. Si no logran formar una coalición, el centro puede ser fagocitado por las coaliciones de derecha, a no ser que la izquierda consiga organizar una coalición creíble, viable y capaz de atraerlo a su propio campo. El espacio de la izquierda está habitado por pequeños líderes de alcance regional, pero carece de líderes reconocidos en el nivel nacional y tiene los poderes fácticos en contra. De este espacio pueden surgir tres posibles escenarios alternativos: una fragmentación política en tres o más candidaturas, un frente de las izquierdas unificadas o una coalición de centro izquierda. Este último sólo es posible si la izquierda marcha unida al proceso electoral.

Contrariamente a lo que los analistas de derecha creen (y desean), el menos posible (y el menos deseable para los izquierdistas) es el de la fragmentación, el más posible es el del frente de las izquierdas unificadas y el más difícil (pero el más deseable si se quiere tener éxito) es el de una coalición de centro-izquierda. Estos dos últimos escenarios tienen los siguientes requisitos para concretarse: una voluntad política unificadora, una definición clara de las relaciones de enemistad socio-política, la invención de un liderazgo nacional (surgido probablemente de sus propias filas), la disponibilidad de más de una franquicia electoral para evitar los chantajes y la prioridad de las propuestas programáticas.

La apuesta de Gana Perú para 2016 es un misterio, pero sus bases, independientemente de lo que ahora piensan y hacen Humala y Nadine, están ubicadas en el campo de la izquierda.

 

Sinesio López Jiménez

En los 80 del siglo pasado Julio Cotler nos recordaba a los izquierdistas que, como en la ranchera mejicana, para hacer la revolución se necesita una escalera grande y otra chiquita. Lo que Julio quería decirnos era que una revolución, para ser democrática, tiene que ser hecha a través de reformas. Como Bobbio, Julio sostiene que la democracia es reformista. Comentaristas, analistas, congresistas, representantes de los poderes fácticos, todos exigen  la reforma de las instituciones de la democracia. Algunos de ellos arriesgan propuestas que van desde reformas parciales hasta reformas totales. Otros circunscriben la reforma al sistema electoral  o la estiran hasta la ley de partidos y a la forma de gobierno. Los más audaces hablan de shock institucional holístico, coherente y fundado en la teoría y en la empiria.

¿Es fundada la tesis que afirma que los problemas de la democracia se resuelven con un buen diseño institucional? Mi hipótesis es que las reformas institucionales, incluso las más radicales y holísticas, ayudan pero no son suficientes para resolver los problemas de la democracia. Los cambios institucionales chocan, por lo menos, con tres dificultades. La primera tiene que ver con los actores de la reforma. Las reformas no las hacen los técnicos en la materia sino  los políticos y las congresistas que saben poco o nada de diseño institucional. A García se le ocurrió que los presidentes regionales elegidos con menos del 30% carecen de gobernabilidad y que, en ese caso, es necesario ir a una segunda vuelta. Craso error. García confundió la legitimidad de desempeño (gobernabilidad) con la legitimidad de origen.

La segunda dificultad proviene de los problemas de agencia de la democracia. La democracia es un proceso de construcción y necesita, no sólo de las instituciones, sino también de actores que la construyan. La ciudadanía efectiva es minoritaria, la sociedad civil es débil y los partidos políticos (como organizaciones) se han extinguido. Hay que extender la ciudadanía efectiva, fortalecer la sociedad civil y refundar los partidos políticos para construir la democracia. Todo eso no es poca cosa.

La tercera dificultad procede de los problemas estructurales de la democracia. Se puede incluso armar un buen diseño institucional y resolver los problemas de agencia democrática, pero la democracia sigue fallando. ¿Cuáles son estos problemas?. Señalo los más importantes: un Estado débil y antidemocrático cuyas capacidades (seguridad ciudadana, autonomía decisional, eficacia burocrática, efectividad jurídica, etc) se distribuyen desigualmente en el territorio; una estructura social predominantemente informal, atomizada y volátil hace difícil no sólo la representatividad (de los actores políticos) sino también la representabilidad (de ciertos grupos sociales en el campo de la política); el modelo de crecimiento económico primario-exportador, más excluyente que integrador, es una máquina productora de informalidad.

Las teorías convencionales sobre la democracia obvian los problemas estructurales porque en la cuna en que nacieron,  los países desarrollados, ellos ya no existen. Estos problemas no se resuelven con un buen diseño institucional sino con una revolución democrática de los ciudadanos y las ciudadanas.

 

                                               Sinesio López Jiménez

Con la extinción de los partidos nacionales lo que en realidad se ha evaporado es el poder político de los ciudadanos. Estos se empoderan a través de la organización de la sociedad civil y de la formación de los partidos que les otorgan lo que Hannah Arendt llamó “la capacidad de acción consensuada”, esto es, el poder. El poder es el número organizado frente al arma que es el instrumento de la violencia. La destrucción del poder político  no ha sido sólo obra de los partidos y de sus errores. Han contribuido también el terrorismo de los 80 y los 90, el desastroso primer gobierno de García y el neoliberalismo.

El mercado ha invadido la política y ha transformado a los partidos (con ideologías, programas y estructuras organizativas) en meras franquicias electorales que se compran y se venden y que los organismos electorales aceptan e institucionalizan. Cada firma vale un dólar y se necesitan un millón y medio de firmas para validar un poco más de cuatrocientos mil y obtener la inscripción como partido “nacional”. Este es aquel que tiene la franquicia electoral (comprada en el mercado) que le autoriza a postular en las elecciones generales, regionales y locales. La franquicia le permite también convertirse en vientre de alquiler.

Estos partidos-franquicia no tienen vida, ni racionalidad política ni pasión. Ellos tienen sólo la racionalidad fría del negocio privado. A través de millonarias campañas electorales venden al candidato, seducen al elector y compran  su voto. Es cierto que algunos candidatos son tan impotables que no se venden por nada. Son incorruptibles a pesar suyo. Se ha llegado a la desfachatez de proponer la compra al contado de los ciudadanos que no votan por las opciones neoliberales. La política se guía por el diálogo y la persuasión e incluso por la coerción, pero no por la lógica de compra-venta del mercado. La imposición de la lógica del mercado en la política genera lo que Michael Walzer ha llamado el intercambio bloqueado, esto es, la injusticia.

El neoliberalismo ha contribuido a destruir no sólo a los partidos sino también al asociacionismo y al ciudadano mismo afectando sus derechos, en particular sus derechos sociales. El trabajador ya no es una persona que vende su fuerza de trabajo y que tiene derechos. Es sólo un costo laboral que hay que reducir para dar confianza al capital. El neoliberalismo ha generado también la atomización social y un individualismo extremo que, asociados a la fragmentación del poder político de los ciudadanos, están dando lugar a la descomposición de la vida social: la anomia generalizada, la informalidad, la corrupción tolerada, la sobrevivencia del terrorismo, el crimen organizado,  el sicariato, etc.

La destrucción del poder político de los ciudadanos ha traído consigo la gravitante presencia de los movimientos regionales y de los poderes fácticos: los medios concentrados, los grandes empresarios y las FF.AA. Estos poderes fácticos gobiernan sin haber sido elegidos. Lo hacen por la interpósita persona del Presidente de la República al que someten por diversos medios. ¿Qué hacer?. El desafío es enorme. Enfrentarlo va más allá de meros cambios institucionales que son importantes pero no bastan. Volvemos con un intento de respuesta.

 

                                   Sinesio López Jiménez

Ante el fracaso derechista de la desaparición de la izquierda del escenario electoral, la prensa concentrada comienza a bosquejar la estrategia alternativa de mantenerla dividida. La primera es a la mala, propia de la DBA, y la segunda es más sutil e inteligente, envuelta en el manto de un tendencioso análisis político. Ella estimula a los divisionistas a mantenerse en esa apuesta porque rinde buenos dividendos políticos y los invita maliciosamente a mantener o profundizar el radicalismo en el campo, alejados de los izquierdistas intelectuales limeños de café que han fracasado.

La verdad es que a la izquierda le ha ido bien cuando ha marchado unida en los procesos electorales y en las luchas sociales y ha perdido cuando se ha presentado dividida. En 1980 presentó varias candidaturas a la presidencia de la República y los resultados fueron catastróficos si se toma en cuenta el auge de las luchas sociales y políticas de entonces. Lo mismo sucedió en las elecciones generales de 1990 en la que se presentaron 2 candidaturas de izquierda a las que le fue muy mal. La división y el fracaso se volvieron a repetir en el 2006 y se han reeditado en las elecciones recientes.

La unidad, en cambio, le dio excelentes resultados en toda la década del 80. En 1983 obtuvo la alcaldía de Lima, las alcaldías de casi todos los distritos de los conos limeños, de varias ciudades capitales de departamentos, de muchas provincias y de centenares de distritos. En 1985 la IU perdió las elecciones generales, pero mantuvo una presencia gravitante en la vida política del país hasta 1989, el año de la división. En las primeras elecciones regionales de fines de los 80, la IU obtuvo algunas presidencias y muchos consejeros en varias regiones.

Es una tontería decir que la división favorece a algunos y perjudica a otros. Se destaca el triunfo regional de Cajamarca y el éxito en pocas provincias en contraste con la derrota de Lima, pero se oculta la aplastante derrota de los partidos de izquierda que impulsaron la división en muchas provincias y distritos en donde presentaron candidatos. La verdad es que todas las izquierdas perdieron. Que unos pierdan menos que otros no los convierte en ganadores. Esta estrategia alternativa de la derecha puede tener un éxito temporal porque coincide con la autocomplacencia de Patria Roja y de T y L con los magros resultados obtenidos (salvo el caso de Cajamarca cuya victoria es importante).

¿A la izquierda le hubiera ido mejor en las recientes elecciones si hubiera ido unificada?. Sin duda que sí, de acuerdo a las experiencias pasadas. Hubiera disputado con más posibilidades de éxito en todas las regiones y hubiera obtenido mejores resultados en Lima, si, además de la unidad, hubiera sido capaz de articular una amplia coalición de centro izquierda. Hubiera encausado la radicalidad de varias regiones por los canales y las reglas de juego de la democracia quitándoles oxígeno  a los anarquistas y a los filosenderistas.

¿Es posible la unidad?. Es difícil, pero no imposible si se define con claridad los términos de la enemistad política (el pueblo que no sabe quién es su enemigo es un pueblo sin destino), se privilegian los aspectos programáticos, se controlan las pequeñas ambiciones disfrazadas de ideología, se aceptan tendencias dentro de la izquierda y se cultiva la tolerancia entre las cercanas diferencias.

 

                                               Sinesio López Jiménez

La desconexión política y electoral entre los partidos nacionales (sobre todo AP y PPC) y las regiones comienza el 2002, se acelera el 2006  (arrastrando al APRA), toca fondo el 2010 y chapucea en ese fondo en las elecciones recientes. Esta desconexión atraviesa a los partidos de derecha e izquierda, pero no a la derecha empresarial ni a la concentrada derecha mediática que son las únicas que despliegan una estrategia política nacional: desaparecer a la izquierda del escenario político. ¿Quién era la izquierda para la derecha? Obviamente Susana Villarán en Lima, Santos en Cajamarca y otros líderes de las regiones, especialmente las mineras.

Los partidos fragmentados de la izquierda, sin embargo, no se sintieron notificados por este desafío de la derecha y siguieron sometiéndose a la lógica de la desconexión entre lo nacional y lo regional. En el último intento por concretar el Frente Amplio a comienzos de este año, T y L y Patria Roja apostaron al juego local y regional en el supuesto que tenían algunos bastiones en los que podían ganar. El acuerdo (tácito) fue respaldar al candidato (regional o local) de izquierda que tuviera un previsible apoyo mayoritario de la población. Era lo máximo a lo que se podía llegar sin Frente Amplio. Eso es lo que ha sucedido en el caso de Cajamarca y de Moquegua.

El caso de Lima fue diferente. Todas las derechas (políticas, empresariales y mediáticas) se propusieron derrotar a Susana como representante de la izquierda y de las fuerzas progresistas. Ese era un consenso derechista, aunque cada uno tuviera su propio candidato. Sólo algunos partidos “puros” de la izquierda no la veían como una política de izquierda o suficientemente de izquierda y, por eso, no la respaldaron ni le dieron la franquicia electoral, obligándola a cobijarse en un vientre de alquiler. En vez de responder al desafío de la derecha con la unidad y con la formación de una vasta coalición de centro izquierda, los partidos fragmentados de la izquierda se suicidaron antes de entrar a la batalla, abandonaron a Susana y ahora quieren rehuir la responsabilidad de la derrota. A otro perro con ese hueso.

Es cierto que Susana ha tenido errores de gestión y de campaña que se resumen en el eslogan de “hace obras pero no roba”, contrapuesto al “hace obras pero roba” porque de lo que se trata es de saber para quien se hace las obras. Para los sectores mayoritarios de la población, especialmente para los más pobres, las obras de Castañeda llegaban más a sus intereses y necesidades que las obras de Villarán. Eso explica, en gran medida, su derrota. Si hubiera logrado empatar desde el comienzo con esos sectores sociales mayoritarios, otro sería el cantar. Es probable que en ese caso no hubiera pasado por las horcas caudinas de la revocatoria.

Pese a la derrota de Susana en Lima, la derecha empresarial y la derecha mediática piensan que  han fracasado en su estrategia de desbarrancar a la izquierda de la escena política y sostienen que las últimas elecciones tienen “un sabor a velorio”. Lo que más les duele es el triunfo de Santos en Cajamarca. Si de eso se trata, el velorio va a durar mucho tiempo.