Archivo por meses: octubre 2010

LA HORA DE LA IZQUIERDA

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Sinesio López Jiménez
La CEPAL acaba de publicar un documento valiente que constituye una severa llamada de atención a todos los gobiernos de AL, especialmente a los gobiernos neoliberales. La hora de la igualdad, Brechas por cerrar, caminos por abrir, se llama el documento cepalino que va a levantar, sin duda, grandes debates académicos y políticos. La filosofía política establece una diferencia central entre igualdad y justicia: la primera es neutra mientras la segunda tiene un sentido axiológico. La igualdad no es de por sí un valor, dice Bobbio en un libro especialmente dedicado al tema (Eguaglianza e Liberta, 1995), sino que lo es tan sólo en la medida en que ella es una condición necesaria, aunque no suficiente, del equilibrio interno de la sociedad como un todo.
Bobbio diferencia las situaciones de justicia de la regla de justicia y del criterio de justicia. Las primeras aluden a las esferas de aplicación de la justicia en las que es relevante que haya o no igualdad, dando lugar a la justicia conmutativa (relaciones equitativas entre las partes), a la justicia distributiva (relación armoniosa entre el todo y las partes), a la justicia retributiva (a cada uno se le da según lo que le corresponde) y a la justicia atributiva (a todos por igual). El criterio de justicia (o esferas de la justicia de Walzer) es el establecimiento de un patrón deseable de igualdad en las diversas situaciones en las que ella se aplica: en la familia, es la necesidad; en la escuela, el mérito; en una empresa, las cuotas de acciones. Por regla de justicia se entiende la norma según la cual se deben tratar a los iguales de modo igual y a los desiguales de modo desigual.
Es necesario diferenciar, sin embargo, las igualdades de carácter jurídico de la igualdad de oportunidades. Entre las primeras están la igualdad frente a la ley, la igualdad de derecho, la igualdad en los derechos y la igualdad jurídica. La igualdad frente a la ley es la eliminación de toda discriminación no justificada. La igualdad de derecho es la igualdad formal por contraposición a la sustancial. La igualdad de derechos es la igualdad en el goce de derechos fundamentales reconocidos por la constitución. La igualdad de oportunidades es, en cambio, la igualdad en el punto de partida en una situación en la que compiten personas que son económica y socialmente desiguales. El principio de la igualdad de oportunidades es el fundamento del Estado socialdemócrata mientras la igualdad frente a la ley lo es del Estado liberal. El nuestro ni siquiera es un Estado liberal porque la ley no llega a todo el territorio ni a todas las clases sociales por igual.
Un tema central en el mundo actual es la relación entre igualdad y libertad. Existe entre ellos una tensión que puede transformarse en una contradicción cuando se privilegia uno de los polos en desmedro del otro. Este es el caso de las economías de neoliberalismo extremo que potencian al máximo la libertad y la voracidad individual, pero limitan y bloquean el desarrollo de la igualdad. Según la CEPAL, los países latinoamericanos son los más desiguales del mundo. La distancia en AL entre el Quintil 5 y el Quintil 1 es 17 veces mientras ella en el Grupo de los Siete es sólo 7 veces y en USA, 8 veces. La distancia en AL entre el Decil 10 y el Decil 1 es 34 veces, mientras en el Grupo de los Siete es sólo 12 veces y en USA, 16 veces. Lo que pagan los ricos en AL como impuesto a la renta es sólo el 0.9 del PBI mientras los ricos europeos (OCDE) pagan 8.9 del PBI.
Si esta es la hora de la igualdad en AL, como dice la CEPAL, entonces (digo yo) esta es también la hora de la izquierda. Si hay algo que caracteriza a la izquierda eso es la lucha por la igualdad de oportunidades. ¿Existe acaso otra fuerza política que pueda encargarse de esta tarea impostergable?. No. Todos los candidatos de la derecha, avalados por García, apoyan al modelo neoliberal extremo que ha reforzado la desigualdad. Ojalá la izquierda esté a la altura de este enorme desafío.
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GUSTAVO GUTIERREZ

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Sinesio López Jiménez
Gustavo Gutiérrez es uno de los pocos peruanos universales. En esta época de los conocimientos especializados, Gustavo destaca por su erudición humanista. Se mueve con mucha facilidad y solvencia en diversos campos del saber. Conoce a los clásicos en su propio idioma, sea éste el griego o el latín, discute con pasión diversos tópicos de la filosofía, trata con erudición los temas de la psicología y del psicoanálisis, está al día en los grandes debates de las ciencias sociales, especialmente de la sociología, la política y la cultura y se desplaza con fruición en el vasto campo de la literatura. En la feria internacional del Libro de Guadalajara en el 2005, en la que el homenajeado era Mario Vargas Llosa, Gustavo Gutiérrez fue invitado a disertar primero sobre la poesía de Vallejo y luego sobre las novelas de Arguedas. La sala de conferencias se llenó de bote a bote y deslumbró al auditorio que lo aplaudió con entusiasmo. Los jóvenes lo rodearon para felicitarlo y para tomarse unas fotos con él.
Como si todo lo anterior fuera poco, estudió también Medicina en San Fernando de la UNMSM. El campo en el que se mueve, sin embargo, como pez en el agua es la teología en la que ha producido una revolución copernicana. La teología de la liberación (1971), su libro más conocido, es un discurso sobre Dios desde el pobre. Dios es mirado, no desde el poder, desde la jerarquía eclesiástica que dictamina sobre verdades y herejías y que condena y castiga a los herejes para mantener el orden, sino desde el pobre que se atreve a decir su propia verdad para entenderse a sí mismo, cambiar su situación de desamparo y reordenar el mundo. Es el diálogo entre el Ser y la nada para producir algo: la historia de los que nunca la tuvieron porque los derrotados nunca han tenido derecho a la memoria. En la presentación del libro de homenaje que la PUCP acaba de publicar con motivo de sus 80 años, Gustavo Gutiérrez sostuvo, recordando unos versos de Marco Martos, que la teología de la liberación discurre entre el silencio y la palabra.
En el seno de la Iglesia Católica se han producido muchos discursos a lo largo de su historia. En el medioevo, por ejemplo, junto al discurso teocrático y monárquico (el poder viene de Dios) surgieron los discursos conciliaristas que postulaban la elección de las autoridades eclesiásticas por la asamblea de los fieles y que jugaron un papel decisivo en el debate entre la Reforma y la Contrarreforma, uno de los grandes acontecimientos intelectuales que ha vivido la humanidad en los albores del mundo moderno. Como todo speach-act (acto del habla), la teología de la liberación no puede ser entendida sin el contexto en el que se produce y con el que dialoga. Ese discurso acompaña el proceso de aggiornamento de la Iglesia Católica desatado por el Concilio Vaticano II en el mundo e impulsa el tránsito de la Iglesia conservadora a la Iglesia reformista en el Perú de los 60 y los 70. Estos cambios permitieron que la Iglesia no sólo tuviera fieles sino también un público, producto del diálogo abierto entre los fieles y los curas, entre la crítica de la razón y la autoridad de la fe. Los párrocos comenzaron a celebrar las misas de cara al público en el idioma de éste.
El libro más famoso de Gustavo Gutiérrez (Teología de la liberación), que ha sido traducido a 20 idiomas, abrió las puertas a la coyuntura intelectual de los 80 en la que se publicaron un conjunto de libros que trataban diversos aspectos de las clases populares cuyo protagonismo produjo una larga coyuntura social (1950-1980) que, en su etapa final (1975-1980) impulsó a su vez, junto a otros actores (partidos y sectores institucionalistas de las FF.AA), la coyuntura política de la transición democrática de 1978-1980. Estas diversas visiones fragmentadas de las clases populares no culminaron, sin embargo, en una visión global e integradora del Perú ni tuvieron el remate político de un gobierno popular y democrático.

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INSTITUCIONES, CONTEXTO Y CONDICIONES DE LA DEMOCRACIA

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Sinesio López Jiménez
En unos países de AL más que en otros, la gente no está satisfecha con la democracia. A medida que se desciende en la escala social, la insatisfacción es mayor. Ello no obstante, la mayoría sigue creyendo que la democracia es la mejor forma de gobierno. Existe, por consiguiente, una tensión entre la democracia realmente existente y la democracia como ideal. ¿Puede esta tensión transformarse en contradicción? Es probable que sí a medida que la insatisfacción con la democracia real crezca y la valoración de la ideal disminuya. En esa situación se abren las puertas a formas no democráticas de gobierno.
¿A qué factores obedece esta insatisfacción con la democracia?. Las respuestas pueden ser diversas. Una de ellas coloca el origen de la insatisfacción en los diseños institucionales que la definen (el sistema electoral, el sistema de partidos y la forma de gobierno). En este terreno se ha desarrollado una interesante discusión académica entre los institucionalistas normativos y los institucionalistas histórico-empíricos o contextualistas. Los primeros sostienen que a la democracia le va bien si los diseños institucionales están bien elaborados y son coherentes entre sí. Los segundos sostienen que, para que la democracia funcione bien, es necesario que los diseños institucionales tengan en cuenta el contexto en el que se aplican. Destacan en el contexto la cultura política y los clivajes que funcionan como variables intervinientes en la relación causal entre los diseños institucionales y la democracia. El contexto puede modificar la relación causal. El sistema mayoritario en un país fragmentado, por ejemplo, multiplica el número de partidos en vez de reducirlos.
Es Dieter Nolhen, destacado politólogo de la Universidad de Heildelberg que acaba de recibir el doctorado honoris causa de la PUCP, quien ha elaborado con brillantez el enfoque del institucionalismo contextualizado. Sus propuestas académicas y técnicas buscan contribuir a mejorar el desempeño y la calidad de la democracia, especialmente en los países del tercer mundo. Otra respuesta a la pregunta sobre la insatisfacción de la democracia coloca la explicación, no en los diseños institucionales (normativos o contextualizados), sino en las condiciones en las que ellos se aplican. Las más importantes de estas condiciones son el nivel de desarrollo económico (IPC), el nivel de desigualdad económica (GINI), el nivel democraticidad del Estado, el nivel de ciudadanía efectiva y el tipo de multiculturalidad del país.
Algunos teóricos de la democracia en los países avanzados asumen generalmente estas condiciones como algo ya dado y resuelto. Eso explica que ellos limiten la cuestión de la democracia al régimen político, esto es, a los procedimientos de acceso al gobierno y a las formas de ejercicio de la autoridad, y dejen de lado las condiciones que contribuyen a mejorar el desempeño y la calidad de la democracia. Otros (Lipset, Przeworki, Linz, Stepan, Reuchemeyer) las toman en cuenta como factor explicativo del grado de democracia alcanzado por los países en una perspectiva comparada. Es Guillermo O´Donnell quien ha avanzado más en esa dirección, analizando en forma sistemática el impacto del Estado y de la ciudadanía en la relación de los diseños institucionales con la democracia, yendo más allá del régimen político democrático para hablar de la democratización del Estado. ¿Y por qué no de la economía y de la sociedad?.
En esta perspectiva, el buen desempeño y la mejor calidad de la democracia requieren tomar en cuenta no sólo los diseños institucionales contextualizados de la misma, sino también las reformas económicas necesarias para lograr un crecimiento sostenido con baja inflación, la reforma tributaria orientada a reducir la profunda desigualdad económica de nuestros países y las reformas del Estado adecuadas para tener un Estado de derecho y para que las políticas sociales y la efectividad de la ley lleguen por igual a todos.
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ADIOS PARTIDOS

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Sinesio López Jiménez
No me despido con alegría sino con pena y con cierta dosis de nostalgia. Es cierto que hoy aparecen como los malos de la película, pero no hay que olvidar que ellos jugaron papeles importantes en el proceso de democratización del país y en el de inclusión de amplios sectores sociales marginados. No hay que olvidar tampoco que la democracia requiere de los sistemas de partidos en las sociedades modernas. Con García I comenzó la crisis de los partidos y con García II concluye su agonía. En el intermedio hemos tenido un largo ciclo anti-partidos (1990-2000) y otro semi-partidario (2001-2010) en el que los partidos (APRA, PPC, AP) han competido con resultados desiguales con los nuevos caudillos nacionales y locales.
El rol de García en esta triste historia es más negativo que positivo. Ni siquiera a su partido le ha brindado un impulso innovador y revitalizador. En el intercambio de suma positiva que estableció con el Apra, él ha salido más beneficiado. En su segundo período, el Apra ni siquiera ha sido un partido de gobierno. En esta última etapa ha utilizado más bien todo su poder para bloquear a los dirigentes que no eran de su agrado y ha maltratado a uno de sus mejores y más honestos cuadros (Carlos Roca) impidiéndole la postulación a la municipalidad de Lima para apoyar a un candidato fujimontesinista. Las políticas desastrosas de su primer gobierno, el desperdicio de las oportunidades históricas de su segundo gobierno para impulsar un desarrollo sostenido, integrador y justo y su caudillismo en ambos gobiernos son factores importantes que subyacen a la historia de la crisis de los partidos. Estos, desde luego, han hecho también lo suyo para hundirse en la irrelevancia política.
Con la casi desaparición de los partidos se consolidan los caudillos y los poderes fácticos como actores centrales de la política peruana. Entre ellos se establecen alianzas y conflictos. En el caso de las alianzas, los poderes fácticos canalizan sus intereses a través de sus caudillos favoritos (generalmente de derecha) y los imponen a través de las instituciones estatales a todo el país cuando éstos triunfan en las elecciones generales. Cuando aparece un caudillo díscolo e inconforme que choca con los intereses del establishment los poderes fácticos y los partidos de derecha le hacen cargamontón buscando destruirlo. Este es el caso Humala. Los poderes fácticos se asustan también con los caudillos cuestionadores que surgen en las regiones. Los llaman anti-mineros y anti-inversión extranjera y amenazan con desinvertir.
Ante la debilidad y ausencia de los partidos, los caudillos se erigen como los nuevos representantes de los diversos grupos sociales de un país fragmentado. Ese es su activo y en eso consiste su poder. No tienen organización pero cuenta con la representación de amplios sectores sociales que les permite negociar con los que tienen el dinero, la información, la fuerza o la fe. La mayor parte de esos caudillos regionales se ubican en el amplio espectro que va del centro hacia la izquierda. Esa es la nueva realidad política en la que tienen que moverse los poderes fácticos. En una situación de bonanza y de boyantes ganancias extraordinarias de las corporaciones, las presiones agresivas de los gobiernos regionales no los van a llevar a la desinversión sino a la negociación. La desinversión se concreta cuando hay mucha presión política y social y baja rentabilidad de las inversiones.
En ese panorama de caudillos y de poderes fácticos aparece Susana Villarán canalizando la representación de los sectores sociales limeños que en su mejor momento representó Alfonso Barrantes no sólo por sus propios méritos sino gracias a la ayudita que le brindó la ultraderecha (y la derecha en la última semana) al polarizar el escenario político entre la derecha y la izquierda. ¿Significa Susana un poco de aire fresco en un clima político enrarecido por polarizaciones agresivas, amenazas de exclusión y llegada del fin del mundo?. ¿Vencerá la esperanza al miedo?. Veremos…

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