Archivo por meses: febrero 2011

LO NACIONAL Y LO IMPERIAL

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Sinesio López Jiménez
Más allá de los dimes y diretes, de los chismes que suscitan y de las informaciones que revelan los Wikileacks, hay un tema central que se oculta y no se quiere discutir: el papel de los poderes internacionales en los procesos políticos internos y la actitud de las élites políticas locales frente a esos poderes. Las idas y venidas de la derecha a la embajada norteamericana para pedir protección y ayuda es un rito conocido y repetido a lo largo de la historia del Perú del siglo XIX, XX y XXI. Pero esto no pasa ni ha pasado sólo en la derecha. También la izquierda ortodoxa tenía (antes de la caída del muro) sus propias embajadas como referencia política: Moscú y Pekin.
¿Qué explica la subordinación persistente de las elites locales a los poderes internacionales?. La explicación hay que buscarla en la incapacidad de estas élites para enfrentar y resolver los problemas políticos que ellas juzgan fundamentales. En el fondo, es su incapacidad para hacerse cargo del país, de su historia y de su destino. Necesitan apoyarse en los poderes imperiales para imponer y mantener su dominación interna. Eso hicieron en las elecciones del 2006, parcialmente en la transición democrática del 2000, en la imposición del modelo neoliberal en el 1990. En las coyunturas críticas en las que se presentan desafíos inevitables para resolver problemas nacionales de fondo y que exigen, por eso mismo, capacidad política, imaginación y audacia, las élites tiemblan, trastabillan y demandan el auxilio del imperio.
Estas conductas de las élites tienen profundas raíces históricas que hasta ahora no hemos podido superar: el hecho colonial. En las ciencias sociales se estudian ciertos hechos que marcan gruesamente el camino y la historia que transitan los países. Se trata del path dependence. El hecho militar de la conquista española y el proceso colonial que lo siguió han marcado nuestra historia desde el siglo XVI hasta nuestros días. Pese a los esfuerzos y a las luchas de diversos contingentes sociales, no hemos podido romper las cadenas de esa pesada historia. Los movimientos de resistencia indígena, el más importante de los cuales fue la revolución de Túpac Amaru, fracasaron en su intento de acabar con la opresión colonial. La independencia, pese a los esfuerzos de las clases medias criollas, tampoco acabó con la colonia. La aristocracia criolla quería proclamar la independencia sin abjurar de la colonia, de acuerdo a la expresión lapidaria del historiador inglés John Lynch.
En los años 30 del siglo XX José Carlos Mariátegui y Víctor Raúl Haya de la Torre buscaron abrir una ruta nacional a la solución de los problemas estructurales del país dentro de sus propias perspectivas: socialista el primero, nacional-popular el segundo. En ambos casos, la ruta nacional no significaba enclaustramiento sino apertura al mundo internacional desde los intereses de las clases populares y de las peculiaridades del país. Ya sabemos en qué acabaron esas interesantes apuestas: Mariátegui, combatido y distorsionado por la III Internacional y Haya de la Torre, perseguido, derrotado y aliado de la oligarquía y del imperio.
En los sesenta reaparecen las banderas de los 30, pero empuñadas por otros protagonistas: la nueva izquierda y el velazquismo. Este acabó con la oligarquía y el gamonalismo y puso límites a la dominación imperial. La derecha pasó un largo período en hibernación sin hallar el camino a la embajada para buscar protección. La nueva izquierda con la vieja izquierda impulsaron el clasismo igualitarista. Pese a ser una dictadura, Velazco impuso un amplio proceso de democratización y de inclusión. Luego de la derrota del clasismo y del velazquismo, retornó la derecha del brazo de los poderes imperiales en los 90. En el 2006 la derecha se asusta con la aparición de Ollanta Humala (quien trata de abrir un cauce nacional y popular a los cambios estructurales del país) y busca nuevamente la embajada. Lo demás es historia reciente y conocida.

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ESCENARIOS POSIBLES

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Sinesio López Jiménez
García y la ultraderecha acaban de sufrir una nueva derrota. El operativo montado para hundir a Toledo y relanzar a Castañeda y Fujimori ha fracasado estrepitosamente. La aparatosa y falsa denuncia de los vínculos del toledismo con el narcotráfico buscaba recomponer el escenario electoral recolocando a Castañeda y Fujimori a la cabeza, como hace cuatro meses atrás. La grotesca falsedad de la denuncia ha terminado favoreciendo a Toledo y hundiendo a García y a su entorno. El soñado escenario electoral de la ultraderecha y de García ya fue.
En estas dos semanas que vienen se van a definir otros dos escenarios posibles: el escenario de derecha y el escenario de la confrontación entre la derecha y la izquierda. En el escenario de derecha se confrontan Toledo (la centroderecha) con uno de los candidatos preferidos de la ultraderecha (Castañeda y Fujimori) y en el segundo escenario se confrontarían Toledo y Ollanta. Los escenarios electorales no caen del cielo ni llegan solos. Ellos se construyen. ¿Quienes los construyen? En un contexto de ausencia de partidos y de estabilidad política, los escenarios son construidos por los candidatos y sus campañas, por los poderes fácticos, por los medios que respaldan a sus candidatos y por el gobierno de turno. ¿Y las encuestas?. Si están bien hechas, son herramientas que pueden servir a todos los actores y a los ciudadanos. Con frecuencia intervienen el tiempo y las circunstancias que son cambiantes. El éxito de los candidatos depende de su adecuación a esos cambios posibles.
¿Cómo los actores construyen los escenarios electorales? A través de diversos juegos de poder en el que se definen los enemigos y los aliados, las estrategias y las tácticas, las propuestas programáticas, se despliegan las campañas electorales, se proveen de los recursos económicos necesarios y se proyectan los candidatos en el escenario público. Más allá de las normas establecidas de neutralidad, un actor que juega fuerte es el gobierno de turno. García ha venido trabajando desde hace mucho tiempo para construir el escenario ideal de la ultraderecha que se acaba de desmoronar e interviene constantemente en favor de sus candidatos favoritos y en contra de Toledo y Ollanta. Las revelaciones de Wikileaks muestran que Toledo jugó contra Ollanta y a favor de García en las elecciones generales del 2006. García triunfó ajustadamente gracias a esas intervenciones y a otras como el financiamiento de grupos acusados de blanqueo de dinero a los que acaba de devolver el monto otorgado. Bien vistas las cosas, sin embargo, García debiera devolver la Presidencia de la República que obtuvo por malas artes.
En la definición del escenario de derecha el problema central es decidir cuál de los candidatos de la ultraderecha (Castañeda o Fujimori) pasa a la segunda vuelta para enfrentar a Toledo. La ultraderecha (García incluido) tiene que resolver el siguiente dilema: apoyar a Castañeda que está cayendo pero que, según las encuestas, es el candidato que podría disputarle el poder con cierto éxito a Toledo en la segunda vuelta o respaldar a Fujimori que se mantiene segunda pero que, según las encuestas, pierde si enfrenta a Toledo en la segunda vuelta. Se reproduce en el campo de la ultraderecha el dilema que tuvo la derecha en su conjunto en el 2006: García o Lourdes Flores para ganarle a Ollanta. Hay, sin embargo, una diferencia abismal: la calidad de los candidatos. Es probable, como ya lo han señalado algunos analistas, que la ultraderecha sacrifique a Fujimori de la misma manera que la derecha sacrificó a Lourdes en el 2006. En los próximos días asistiremos al viacrucis de Fujimori.
El escenario de confrontación de la derecha (Toledo) con la izquierda (Ollanta) es difícil, pero no imposible. Ollanta está subiendo lentamente en las encuestas y si en los próximos 15 días llega al 16% o al 17%, entonces cualquier cosa puede pasar: desmoronamiento de los candidatos de la ultraderecha y polarización política y electoral.

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EL MODELO NEOLIBERAL EN EL CANDELERO

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Sinesio López Jiménez
La campaña recién empieza, pero García ya canta una victoria anticipada del modelo neoliberal y de sus defensores en las elecciones generales: “Se acabó el peligro, cualquiera de los que aparentemente tiene ventaja podrá y deberá mantener lo sustantivo del modelo exportador, descentralista, democrático y de la inversión de nuestro país. Creo que pocos piensan en que alguien podría contradecir la voluntad del pueblo peruano”. ¿Cuáles son los que aparentemente tienen ventaja?. En defensa de la continuidad del modelo neoliberal García no sólo incluye a sus engreídos Castañeda y Fujimori sino que extiende su reconocimiento (es el sapo que tiene que tragarse) a Toledo. García tiene razón en este punto. En efecto, más allá de las diferencias secundarias que presentan los candidatos de derecha, ellos coinciden en el tema fundamental de la continuidad del modelo neoliberal.
Muy orondo García concluye: “Ya no hay un riesgo anti-sistema como hace apenas cinco años se presentaba en el horizonte”. Sorprende que alguien que cree saberlo todo tenga una grave confusión conceptual. ¿Quien es el anti-sistema? ¿Ollanta que quiere cambiar el modelo económico neoliberal extremo o García que amenaza con un golpe de estado si el líder nacionalista triunfa en las elecciones? Si apelamos a la tradición académica sobre este tema, el anti-sistema es, sin duda, García. ¿Y cuál es la voluntad del pueblo peruano?. Una de las formas de saberlo es revisando lo que la gente expresa en las encuestas. ¿Y qué dicen las encuestas?. En la encuesta de IMASEN los que quieren la continuidad del modelo neoliberal y de sus políticas económicas llegan al 25.1% en todo el país. En Lima se encuentra el mayor porcentaje de los continuistas: el 43.6%. En la encuesta del IOP de la PUCP estos se reducen al 12.9% en el país y a 17.4% en Lima.
La mayoría del país quiere, por el contrario, un cambio del modelo neoliberal y de sus políticas económicas: el 73.9% en la encuesta de IMASEN y el 77.7% en la de la PUCP. De ellos el 37. 4% (IMASEN) o el 39.7% (PUCP) quiere cambios parciales y el 36.5% (IMASEN) o el 38.0% (PUCP) pide cambios radicales. Algunos “analistas” (¿o encubridores de la desagradable realidad?) suman, sin embargo, papas con camotes. El 62.5% (IMASEN) o el 52.6% (PUCP), dicen sin ruborizarse, quiere la continuidad o cambios moderados del modelo económico. ¡Eso no se puede hacer, peluches engreídos de la extrema derecha, sin falsear la realidad!. Una cosa es la continuidad y otra cosa es el cambio del modelo. Este puede ser moderado o radical, pero es un cambio.
En el comportamiento político de la gente cuentan también sus percepciones de la realidad económica. Ellas son un nivel de realidad de la política. Si la mayoría de la gente cree que a Toledo le fue mejor que a García en lo que se refiere a la situación económica de las familias, la inflación, el empleo y la pobreza así es (mas allá de las cifras del INEI de García) y esa creencia se va a expresar en la política. Sólo el 17% de los peruanos cree que la situación económica de las familias ha mejorado; la mayoría (40.2%) afirma que ha empeorado y el 39.5% piensa que sigue igual. Las regiones más descontentas son el sur, el centro y el oriente. Es aplastante la percepción de mayor inflación durante el presente gobierno que en el pasado de Toledo. La mayoría cree que hay menos empleo (48.6%) y más pobreza (48.2%). Estas últimas cifras explican, en parte, las preferencias por Toledo. Pero la exigencia mayoritaria de cambio del modelo neoliberal puede terminar afectándolo.
Después de veinte años de vigencia, el modelo neoliberal es desaprobado por la mayoría de país que demanda su cambio. Pero la mayoría apuesta por los candidatos que quieren la continuidad del modelo desaprobado. ¿Qué está pasando?. Una temporal disonancia cognitiva y política que la campaña electoral puede corregir. A través de una campaña inteligente Ollanta tiene la oportunidad de mostrar la diferencia.
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UN ESCENARIO MOVEDIZO

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Sinesio López Jiménez
Todas las encuestas revelan un crecimiento acelerado de Toledo, una lenta caída de Castañeda, un estancamiento de Fujimori y de Ollanta y el no despegue de Kuczynski. Esto significa que Toledo ha crecido a costa de Castañeda y de Ollanta y ha bloqueado el crecimiento de Fujimori y Kuczynski. Ha consolidado su influencia en sectores importantes de las clases medias y altas, ha conquistado el apoyo de la mayoría de las clases populares y está logrando el respaldo también de los sectores pobres urbanos y rurales. Para lograr este respaldo multiclasista el hombre de la chakana se ha movido con éxito de la derecha al centro derecha y ha invadido el espacio de centro izquierda. Ese es su posesionamiento actual.
Todos los otros candidatos no han hecho los movimientos adecuados. Castañeda en lugar de consolidar su espacio ganado durante ocho años de gobierno municipal -Lima y algunas ciudades de la costa- se desplazó a la sierra y al campo sin brújula y sin destino claro y está a punto de perder incluso su bastión inexpugnable (Lima). Ha perdido terreno en el espacio de centro derecha y sólo la extrema derecha le es fiel. Ollanta se ha desplazado (en los inicios de la primera vuelta) al centro sin éxito y está perdiendo los sectores radicales y las bases sociales populares y pobres de las regiones (minadas de antemano por la presencia de Fujimori en ellas) que fueron el sustento de su candidatura en el 2006.
El sancochado de Kuczynski ha resultado algo indigesto para la mayoría del país. ¿Dónde están las huestes del PPC?, ¿dónde las de Acuña y compañía?. ¿y dónde los fieles de Lay?. Todo indica que ellas (en su mayoría) han desertado para acompañar a Toledo y en menor medida para consolidar la candidatura de Castañeda. Al parecer, sólo las clases altas limeñas lo acompañan. Los otros candidatos no existen políticamente hasta ahora. ¿Podría surgir de ellos el outsider que reordene la escena electoral? Pienso que no. El porcentaje de los que no han decidido su voto es muy bajo. Los pitufos no juegan a la política sino a la lotería. Mi hipótesis es que en el juego político grande van a seguir sólo los cinco candidatos que figuran en las encuestas. ¿Significa eso que el actual escenario se va a mantener hasta la fecha de las elecciones? No. La última encuesta de IMASEN revela que casi la mitad del electorado podría cambiar su voto.
¿Podría consolidarse el escenario actual?. Depende lo que hagan los candidatos. Me parece que Toledo está llegando a su techo. Que suba o que baje depende más de sus errores que de sus enemigos. ¿Podrá recuperar Castañeda el espacio de centro derecha?.¿Podrán salir de su parálisis Fujimori y Kuczynski?. ¿Podrá Ollanta recuperar el terreno perdido en el espacio radical y en el de las clases populares y pobres de la ciudad y del campo?. Todos los competidores de Toledo tienen dificultades para recuperar el espacio perdido o para despegar (en el caso de Kuczynski). Los límites de Castañeda no sólo tienen que ver con el espacio disputado y tugurizado que ocupa sino también con sus debilidades como candidato. Fujimori no puede avanzar por los lastres del pasado y por sus incapacidades del presente. Kuczynski es un hombre intelectual y técnicamente capaz, pero políticamente nulo. Su identidad social y nacional lo anulan.
En ese contexto, Ollanta es el que está en mejores condiciones de reconquistar lo que está perdiendo para pasar a la primera vuelta. Le basta ponerse a tono con lo que dicen las encuestas: más del 70% quiere cambios en la economía y el 36% los quiere radicales. Las demandas económicas de la gente están más cerca de las propuestas de Ollanta que las de los otros candidatos. Ollanta es, en realidad, el único candidato del cambio tal como lo demanda la gente. Eso requiere no sólo retomar las posiciones radicales sino también desplegar algunas acciones y gestos espectaculares de impacto que reordenen el actual escenario. Un lucumbazo simbólico. La lucha por ganar el centro es un asunto de la segunda vuelta.
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