Archivo por meses: julio 2017

¿DONDE ESTÁ LA TRABA?

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Sinesio López Jiménez

Es cierto que el gobierno está trabado, pero ¿dónde está la traba?. Está en el Congreso que es obstruccionista?, ¿está en el Ejecutivo que no sabe destrabar?, ¿está en la relación de ambos poderes?, ¿está en el gobierno dividido?, ¿está en la forma de gobierno (presidencialismo parlamentarizado) que le otorga muchos controles al Congreso sobre el Ejecutivo?.

Hasta ahora los analistas hemos estado viendo las trabas en las relaciones complejas del gobierno dividido. Es probable que todos los elementos que lo conforman contribuyan con su propia cuota a la trabazón gubernamental, pero hemos sobrevalorado a algunos de ellos y hemos subvalorado a otros en esta tarea trabadora. Bien vistas las cosas, me parece que la responsabilidad mayor de este problema reposa en el Ejecutivo que no sabe destrabar porque es un gobierno débil, lleno de tecnócratas, sin liderazgo político, sin partido, sin una coherente bancada congresal y sin una agenda pública definida que oriente su acción de gobierno.

Más aún, es probable que la traba mayor no provenga del gobierno dividido, sino del Ejecutivo mismo cuando asumió como agenda principal el destrabe de los grandes proyectos de inversión que estaban paralizados por supuestas trabas burocráticas y sociales. Pero las trabas estaban en los proyectos mismos, mal elaborados, con enormes sobrecostos, hechos para favorecer a las grandes corporaciones dentro de una probable lógica de corrupción. Todo esto salió a luz con los escándalos de corrupción de Lava Jato que terminaron paralizando los grandes proyectos de inversión.

El gobierno ha fracasado en esta tarea y está fallando también en el control de daños de la corrupción sobre la economía. Miles de personas que trabajan en algunas empresas, que están comprometidas con la corrupción, pueden perder el empleo sin tener responsabilidad alguna, lo que es a todas luces injusto. El gobierno está fallando también en reactivar la economía a través del impulso a la inversión pública en infraestructura y en miles de pequeños proyectos que pueden ayudar a mover la economía, especialmente en las zonas más pobres del país.

Para superar las trabas que el gobierno se ha puesto, PPK no debe olvidar que la política está constituida por tres elementos fundamentales: los técnicos, los políticos y los ciudadanos. Los tecnócratas saben cuáles son los mejores medios para alcanzar los diversos fines que se propone el gobierno. Los políticos saben decidir sobre los medios propuestos por los técnicos haciéndolos compatibles con las demandas, los valores, los intereses y los sueños de la gente para conducir al país a buen puerto en tiempos de paz y de borrasca. Los ciudadanos pifian o aplauden. Si los políticos y los tecnócratas tienen éxito los aplauden; si fracasan, los pifian.

Es obvio que el norte que orienta la acción de gobierno es una agenda pública discutida y acordada por los técnicos, los políticos y los ciudadanos, esto, por el país. Es obvio también que todo esto requiere la recomposición del gabinete presidido por un político.

 

EL USO PUBLICO DE LA RAZON

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Sinesio López Jiménez

El Perú atraviesa un conjunto de problemas que el gobierno (Ejecutivo y Congreso), las fuerzas políticas, económicas y sociales tienen que enfrentar y resolver. Los enumero brevemente: El gobierno está trabado, la economía está casi paralizada, la gente está y se siente insegura y atemorizada, la lucha contra la corrupción no está siendo bien conducida, la reconstrucción del norte es lenta y parcial, el país está polarizado.

Aunque estos problemas, unos más que otros, son importantes, el prioritario es la trabazón del gobierno porque si esta se resuelve, los diversos actores tienen mejores condiciones políticas para enfrentar y resolver los otros problemas. En qué consiste este problema?. En lo siguiente: Los resultados electorales del año pasado produjeron un gobierno dividido en el que el Ejecutivo está en manos de PPK y el Congreso en manos del fujimorismo cuya lideresa es KF. El Poder Ejecutivo en el Perú, a diferencia de otros presidencialismos, está sometido a un conjunto de controles parlamentarios (voto de investidura, censura a ministros, injerencias diversas en la administración pública) que lo traban y generan ingobernabilidad. El problema no radica en el gobierno dividido sino en la forma de gobierno: el presidencialismo parlamentarizado peruano que Sartori erróneamente coloca en el semi-parlamentarismo.

Hay otros problemas que derivan del gobierno dividido y del uso abusivo de la mayoría parlamente que, en la práctica, la convierten en dictadura parlamentaria. La negación de los derechos a las minorías sexuales y la voluntad de imponer las creencias religiosas de grupos minoritarios de católicos y protestantes a todos los peruanos a través de leyes del Congreso constituyen claras violaciones a la Constitución y a la ley. La democracia de regla de mayoría consiste en que la mayoría decide respetando los derechos de las minorías y sin afectar los derechos fundamentales de los ciudadanos. La democracia de regla de mayoría se somete a la regla de reglas: la Constitución.

Hay dos maneras de resolver esta trabazón del gobierno: el diálogo y la confrontación. El diálogo en este caso, para ser productivo, tiene que ser entre PPK y KF sin intermediarios y en Palacio de gobierno. El primer tema de agenda tendría que ser la destrabazón del gobierno, con la clara comprensión de que la solución definitiva es una reforma constitucional de la forma de gobierno (presidencialismo parlamentarizado), pero con la decidida intención de encontrar ahora algunas fórmulas viables que acaben con el acoso parlamentario al gobierno para darle gobernabilidad al país.

Si el diálogo fracasara, PPK debiera estar decidido a usar la confrontación que no es la guerra sino que consiste en la apelación al recurso constitucional que limita el accionar de la mayoría parlamentaria fujimorista a través de la exigencia del voto de confianza al gabinete. Si los dos caminos fracasaran entonces seguiremos con un gobierno dividido a la deriva que acelera su deterioro y que pierde legitimidad y que puede acabar con el grito ciudadano de desesperanza: ¡Que se vayan todos!. Por eso, no hay que tomar a la ligera ni mirar con sospecha el diálogo entre PPK y KF. El destino del país está en juego.

 

HORA DE DEFINICIONES

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                                               Sinesio López Jiménez

El discurso emotivo y esperanzado de la toma de mando en julio del año pasado se evaporó. El sueño de la “revolución social” para los de abajo se transformó en la pesadilla de las supuestas trabas burocráticas y sociales que impedían la gran inversión de capitales. La verdadera trabazón era y es, sin embargo, política: gobierno débil, falta de liderazgo, incapacidad para plantear una agenda pública de cara al país y a las oposiciones, ineptitud para definir una estrategia precisa que le permita una relación viable con el fujimorismo que controla el Congreso, errores en la lucha contra la corrupción y en el control de daños del Lava Jato en el campo de la economía, falta de pantalones para poner en su sitio al Controlar que, en coordinación con el fujimorismo, genera inestabilidad en el gobierno, lentitud en la reconstrucción con cambios que contrasta con la respuesta rápida y eficaz en el momento de los desastres naturales.

Analizar cada una de estas trabas políticas exigiría un largo artículo, casi un ensayo. Aquí y ahora me voy a referir solo a las cuestiones de la agenda y, en especial, a la definición de una estrategia de relación con el fujimorismo. Hay varios temas de una urgente agenda pública nacional que el gobierno debe precisar y presentar al país y a las oposiciones: inversión (privada y pública), empleo e informalidad; reconstrucción con cambios; seguridad ciudadana; salud y educación; lucha contra la corrupción y reforma de la Fiscalía y la Judicatura; reorganización de la Contraloría; reforma electoral y reforma política. Del examen de estos temas debiera salir un conjunto de propuestas básicas que den lugar a un Acuerdo Nacional por el Perú.

El gobierno no puede seguir a la deriva por la falta de una definición estratégica en su relación con el fujimorismo. El gobierno y el fujimorismo están obligados a resolver los problemas que plantea la existencia de un gobierno dividido (en el que PPK tiene en sus manos el Ejecutivo y KF controla el Congreso) que no funciona en un presidencialismo parlamentarizado (en el que el jefe de Estado y jefe de gobierno tiene excesivos controles parlamentarios). En este tema hay dos posibilidades: Acuerdo con el fujimorismo o confrontación con él a través del rayado de la cancha que supone el voto de confianza.

El acuerdo con el fujimorismo tiene por lo menos tres variantes principales. La primera es el cogobierno de PPK y el fujimorismo. Esta propuesta tiene el apoyo entusiasta de los poderes fácticos y de la prensa concentrada, pero no tiene, al parecer, el respaldo de los protagonistas. Sería una especie de traición a sus electores. El fujimorismo no quiere, además, desgastarse ni quemarse porque se prepara para ganar en el 2018 y en el 2021.

La segunda variante estratégica es el establecimiento de una política de concertación entre el Ejecutivo y el fujimorismo que controla el Congreso sobre algunas propuestas de la agenda pública en la que ambos ganen en términos políticos. Esta salida sería la más viable si PPK y KF tuvieran voluntad de diálogo y de acuerdo para llevar la fiesta en paz y tendría un significativo respaldo ciudadano. La tercera variante, la más difícil de todas pero quizás la más necesaria, sería una Propuesta de Reconciliación Nacional que nos involucre a todos. Sobre esta estrategia volveré en el próximo artículo.