EL ESTADO PERUANO AL DESNUDO

[Visto: 18705 veces]

Sinesio López Jiménez
Más allá de los discursos universalistas e integradores de las élites, el peruano es un estado parcializado, inefectivo, ineficaz y poco o nada transparente. La mayoría de los peruanos no se siente defendida ni representada por él. El conjunto de las instituciones que lo definen (los poderes del Estado, la distribución del poder en el territorio, los aparatos coercitivos, la burocracia, el sistema legal) constituyen una estructura parcializada que sólo llega a una parte muy limitada del territorio y apenas cubre a las clases medias y altas. La mayor parte del territorio y la mayoría de los peruanos son atendidos en forma muy deficiente o quedan fuera de su alcance y cobertura. Todo esto es parcialmente revelado por el importante y novedoso Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD que examina el alcance y los límites de las políticas sociales.
El PNUD constata que la educación no llega a todo el territorio ni alcanza a todas las clases sociales. No todos asisten ni concluyen la secundaria. El 40% abandona sus estudios secundarios y no logra, por consiguiente, adquirir una de las herramientas que le permite romper el círculo vicioso de la pobreza. El gobierno de García, sin embargo, ha disminuido el porcentaje del PBI dedicado a la educación (del 3.8% en el 2004 a 3.2% en el 2010). Algo parecido sucede con la salud medida en términos de número de médicos por habitante. El 79% de las provincias no supera el mínimo de médicos señalado por el estándar internacional en salud. Como es obvio, las provincias de la costa son las mejor atendidas tanto en la educación como en la salud en desmedro de las de la sierra y de la selva. En estas últimas regiones el estado es más delgado e inoperante, a diferencia de la primera en donde es más denso.
El Informe del PNUD es exclusivamente cuantitativo. No entra al análisis de la calidad de las políticas públicas en salud y en educación. ¿Qué pasa con la calidad de la educación y la salud públicas en Perú?. Mi hipótesis es que, en términos cualitativos, la educación y la salud públicas en Perú y en América Latina son un desastre y que, lejos de ser mecanismos de igualación de oportunidades, constituyen espacios de discriminación. ¿Puede acaso compararse la calidad de una escuela fiscal con la de una escuela privada en donde se educan los hijos de las clases medias y altas?. No. De ninguna manera porque en ella se educan los pobres, los indios y los cholos. No es el caso europeo en donde la atención en estos servicios públicos es de alta calidad porque todas las clases sociales sin discriminación asisten a los mismos centros educativos y a los mismos centros de salud. Esto genera, más allá de las jerarquías sociales y las diferencias culturales, un sentimiento de comunidad política que todos comparten y que en Perú casi no existe.
¿Qué sucede con el sistema legal y con los aparatos de justicia?.¿Qué pasa con la efectividad legal?. ¿A quienes llega efectivamente la justicia en el Perú?. El Informe del PNUD no examina estos temas que son decisivos para la vigencia y la calidad de la democracia. Mi hipótesis es que no existe efectivamente igualdad ante la ley y que la justicia no llega por igual a todo el territorio ni cubre a todas las clases sociales. No se trata, por cierto, de la normatividad ideal (en el papel) en donde mal que bien se ha avanzado en forma significativa sino de la efectividad legal. Los aparatos de justicia no tratan a todos por igual y no aplican la ley de la misma manera a todos. Están sometidos a los poderes económicos, políticos, mediáticos y religiosos. La gente se siente discriminada en la aplicación de la ley y la expresa claramente en las encuestas: Más del 90% afirma que en el Perú no hay igualdad ante la ley ni hay justicia para todos. Estas brechas estatales son una requisitoria feroz contra las élites económicas, los militares y los caudillos que han participado en la construcción del Estado peruano.

Puntuación: 3.95 / Votos: 21

4 pensamientos en “EL ESTADO PERUANO AL DESNUDO

  1. Luis Enrique Alvizuri

    Señor López:

    1. En mi modesto entender, todo eso que usted menciona creo que tiene una explicación: la necesidad que tienen los poderosos locales de estar libres del control del Estado.

    2. Vea usted. En Estados Unidos existen miles de empresas e individuos sumamente poderosos, con la capacidad de corromper a quienes quisieran. Pero ¿qué pasaría si el Estado norteamericano fuese como el peruano, débil y corrupto? Pues hace rato USA habría desaparecido como nación y sería un lugar de bandoleros y de repartija.

    3. Pero no lo es porque, para controlar a los poderosos y evitar la oligarquía, se requiere de un Estado que esté por encima del poder de las grandes multinacionales. Jamás existiría el Pentágono o la NASA sino esto no fuera así. Solo un Ejecutivo y un Poder Judicial más fuerte que la capacidad de corrupción de los ricos puede mantener la unión y la estabilidad de una nación de esa envergadura.

    4. Aquí pasa exactamente lo opuesto. Los pocos poderosos que hay en el Perú lo que más desean es un Poder Judicial lo suficientemente débil como para que ganen todos sus juicios, un Legislativo lo suficientemente servil como para hagan todas las leyes que ellos quieran y un Ejecutivo lo suficientemente dócil como para que sea el mozo que les sirve la mesa (el país) para ellos, los comensales.

    5. Pedir lo contrario sería poner las cosas en su lugar y de ese modo tendríamos una nación gobernada por los gobernantes, no por los ricos. Pero lo cierto es que no hay cárceles en el Perú pensadas para los Romero, para los Delgado Parker o para los Crousillat. El Perú es una hacienda, una chacra, hecha a la medida de sus patrones.

    6. Eso explica, pienso yo, todo lo que usted afirma. No hay porque no se quiere, porque no conviene. Por eso es que terminamos siendo una república bananera, un Haití, un lugar donde mandan unos cuantos señores mientras la población, cual jamaiquinos, se dedican a darles servicio.

    7. En conclusión: necesitamos una clase política que entienda cuál es su rol y su competencia, el cual no es servir a la clase alta sino gobernar una nación. Eso pensaban algunos ideólogos como Mariátegui o Haya de la Torre, aunque al final sus herederos, como Alan, hayan terminado haciendo todo lo contrario. Sin embargo el futuro nos tiene reservadas aún algunas victorias.

    Muchas gracias.

    Responder
  2. a20034394

    La clase política entiende su rol y su competencia, pero no le da la gana de poner en práctica, porque si lo hace perdería los privilegios que el modelo hegemónico de masculinidad, esto es poder, si el poder para dominar, para sentirse importante.

    Responder
  3. Lucy Camacho

    La clase política nacional no se caracteriza por preocuparse por la población, es más vive de espalda a ella y a sus intereses. Los culpables somos los electores, elegimos entre muchos males, el mal menor, no al mejor candidato, porque los mejores candidatos nunca ganan elecciones nacionales en el Perú.

    Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *