Archivo por meses: mayo 2013

LA DEMOCRACIA DE LAS MAFIAS

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Sinesio López Jiménez
Las recientes elecciones sanmarquinas para elegir a los miembros de la Asamblea Universitaria y de los Consejos de Facultad muestran una vez más la deformación y el agotamiento de la reforma de Córdoba y la necesidad de una nueva ley de reforma universitaria. La reforma de Córdova postulaba la apertura de la universidad oligárquica a las clases medias y populares, la participación democrática de los estudiantes en el gobierno de las universidades o el cogobierno, la implantación de la docencia libre y la asistencia libre y la autonomía de la Universidad, entendida como institución de los alumnos, profesores y diplomados.

A partir de los 60 del siglo pasado la apertura democrática se tradujo en masificación que conllevó, a su vez, el práctico abandono económico de la universidad pública por parte del Estado dando lugar a la mediocrización académica y a la anarquía. La democracia universitaria ha degenerado. Se mantienen las formalidades democráticas, pero ellas no expresan la voluntad de la comunidad universitaria sino que constituyen mecanismos perversos para consolidar el poder de pequeños grupos que asumen comportamientos mafiosos para mantenerse en él.

El Comité electoral es nombrado formalmente por la Asamblea universitaria (que ya era producto de un fraude cometido en la elección anterior (2010) contra la Facultad de Medicina), pero en realidad es designado por el pequeño grupo que controla el poder. Su comportamiento es arbitrario y fraudulento con las listas opositoras y parcializado con las listas oficialistas. El proceso electoral es injusto e inequitativo. Las listas oficialistas reciben todo el apoyo de las autoridades universitarias. Estas usan el poder y los recursos de la universidad para tentar con prebendas, prometer ascensos, ofrecer pequeños cargos, comprar votos.

El clientelismo es reforzado con el autoritarismo ejercido contra la oposición de profesores y estudiantes. Se abren procesos administrativos a los profesores y se amenaza con el reglamento de sanciones a los estudiantes que protestan. Como si todo esto fuera poco, la votación no está exenta de fraudes: eliminación de mesas electorales (2010), violación del debido proceso en la elección de los profesores principales en la facultad de Ciencias Sociales, por ejemplo.

El tercio estudiantil no expresa tampoco la voluntad de los estudiantes. La lista oficialista es organizada por operadores apoyados y financiados por las autoridades universitarias. Los estudiantes aún no han logrado formar una organización centralizada que les permita presentar una lista propia y autónoma que los represente. Eso explica que (en la elección para la asamblea universitaria) ganen los votos blancos, nulos y viciados con el 60.97% de los votantes (24,700) y que la lista oficialista “ganadora” sólo obtenga el 28.88%. Es parecido el resultado en el Consejo Universitario: los votos blancos, nulos y viciados ganan con el 62.45% y la lista oficialista “ganadora” obtiene sólo el 28.79% de los votos.

Pese al proceso electoral injusto y al fraude electoral, la oposición profesoral y estudiantil obtuvo una alta representación en la Asamblea universitaria y ganó en casi una decena de facultades. En estos casos las autoridades mafiosas apelan a triquiñuelas y arbitrariedades para impedir las elecciones de los decanos y la cúpula universitaria nombra decanos a dedo, ilegales, ilegítimos e impresentables.

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EL ESPACIO SIN REPRESENTACION

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                                   Sinesio López Jiménez

Los contestatarios no están de acuerdo con el establishment, pero necesitan una representación política para disputar el poder. Desde los años 30 del siglo pasado ellos han conformado un tercio o más del electorado y se han hecho presentes en  la política a través de diversos partidos y candidatos. Algunos  les han sido fieles a lo largo de la historia y otros fueron absorbidos y cooptados por el establishment (Apra, AP y sectores de la DC, hoy PPC). La IU buscó ser la representación política más fidedigna de sus intereses y esperanzas, pero, luego de su división, ese espacio social quedó vacío de representación. Es un espacio social sin representación política. El rostro de los contestatarios ha ido  cambiando también con el tiempo, pero es permanentemente reproducido por otros combatientes con nuevos rostros.

El vacio de la  representación del descontento del 90 en adelante fue llenado de alguna manera por pequeños caudillos sin proyecto, pero con una gran ambición (Fujimori, Toledo y Humala). El desencanto llegó pronto: antes que cante el gallo, ya habían negado más de tres veces a sus electores contestatarios. Hoy nuevamente ese espacio está vacío. Los espacios de centro y de la derecha, en cambio,  están tugurizados y la disputa es feroz y con cuchillo entre los dientes. La derecha y la ultraderecha no aceptan en el club al recién llegado Humala. Ya gobierna para ellos y para las grandes empresas (nacionales y extranjeras), pero lo quieren sumiso, un humilde servidor. Lo acusan de chavista cuando de eso no quedan sino malos y vagos recuerdos.

Esta es la hora de la recomposición, de la reunificación y del reposicionamiento de las izquierdas hoy fragmentadas para constituirse en la presentación política orgánica del espacio social del descontento con el actual orden injusto y podrido y de la esperanza en un nuevo orden de cosas. La recomposición pasa por varios momentos o componentes. En primer lugar está la identidad programática que proponga un modelo de desarrollo sostenible, inclusivo y viable que garantice el bienestar para todos; un estado democrático,  autónomo y eficaz al servicio del bien común y del interés general que despliegue políticas públicas de calidad y que garantice la igualdad ante la ley; y la defensa de la pluralidad cultural y de la unidad del Perú en  la diversidad.

En segundo lugar, la estrategia que defina con realismo y audacia a la vez los adversarios contra los que hay que combatir, los pasos a seguir, las acciones a desplegar, las coaliciones sociales y políticas a conformar para tener éxito en la lucha política. En tercer lugar, la organización de los actuales pequeños partidos de izquierda en un partido unificado y establecimiento de un frente amplio de izquierda con los partidos democráticos de izquierda que no conforman el partido unificado. Esta es la forma adecuada de contar con una exitosa representación política única de los descontentos y combatientes por el cambio social. Un elemento central del proceso organizativo es la unificación y organización de los movimientos sociales y de los frentes regionales y su articulación con el partido y con el frente amplio de izquierda. Volvemos sobre los temas de los candidatos,  las campañas y la necesidad de la formación de coaliciones de centro-izquierda en las segundas vueltas cuando no se alcanza el triunfo en las primeras.

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LA IZQUIERDA POST-JDC

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Sinesio López jiménez

JDC fue, sin duda, el mejor líder de la izquierda peruana.  El mejor en las batallas públicas de los movimientos de masa y el mejor en la escena parlamentaria. El hubiera preferido ser el líder de la revolución, pero se le cruzó en el camino el velasquismo y la transición democrática y tuvo que abandonar el campo de la revolución para apostar a la democracia radical, como sucedió con todas la izquierdas de AL en los 80 del siglo pasado.  Si hubiera vivido en las ciudades-república del Medioevo, JDC hubiera sido un republicano clásico (sacrificando el interés particular en nombre del bien común y construyendo la historia de los hombres frente a la historia de Dios y a la historia de la Fortuna); en la revolución de Cromwell (1648)  hubiera ocupado la trinchera radical de los cavadores; en la revolución francesa, hubiera sido un jacobino; en la rusa, un leninista y en la cubana, un guevarista.

JDC perteneció a la estirpe de los políticos heroicos. Para él la política tenía un sentido heroico; para Barrantes, un sentido lúdico; para García, un sentido crematístico (la plata llega sola). Eso explica que, mientras la política empobreció a JDC, a García lo enriqueció. Eso explica también que JDC no pudiera llegar a la presidencia de la República, aún cuando lo intentó. La vida cotidiana de los humildes mortales valora el heroísmo, pero ella misma es prosaica y mezquina y requiere combinar el heroísmo con la sensatez. Analizando las revoluciones de Inglaterra, la gloriosa de 1648 y la sensata de 1688, el historiador Treveyland sostiene que las revoluciones necesitan tanto a los líderes heroicos como a los sensatos porque los primeros plantean los problemas que sólo segundos pueden resolver.

La IU de los 80 fue un mix de heroísmo y sensatez. Esa fue su virtud. La unidad política transmitió la imagen de una única representación de los de abajo, de los que sufren y protestan, del descontento social frente a la injusticia y los abusos. Esa fue también su fuerza. Tuvo, sin duda, muchas fallas: ideologización extrema, espíritu de capilla ardiente, fragmentación partidaria, pugnas de liderazgo, pero sobre todo tuvo un contexto adverso: el terrorismo criminal, el populismo irresponsable, el despliegue del  pensamiento único neoliberal y la caída del muro de Berlín. La unidad de izquierdistas heroicos y sensatos es la lección que la IU dejó para el futuro.

La izquierda post-JDC tiene dos grandes tareas. La primera es intelectual e ideológica. Tiene que dar cuenta no sólo de lo que pasó con  la IU y los partidos que lo integraron sino también de lo sucedido con los socialismos reales y las social-democracias. La caída del muro trajo consigo el hundimiento de los socialismos reales y  el agrietamiento de sus bases doctrinarias. Los intelectuales de izquierda tienen que analizar las fallas de Marx y del marxismo, qué se agotó y qué queda en pie de él a la luz de los tiempos y de las ideas actuales. El tiempo de esta tarea es la mediana y la larga duración. La segunda tarea es política. Ella comprende cinco temas con miras a la lucha política actual y al 2014 y al 2016: la identidad programática, la organización partidaria y frentista, el candidato o los candidatos, los recursos económicos y la campaña. El tiempo de esta tarea es el presente. Volvemos en la próxima columna.

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JDC O EL SENTIDO HEROICO Y ETICO DE LA POLITICA

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Sinesio López Jiménez

El reposo del guerrero, el excelente titular de La Republica, no sólo anunciaba la muerte de JDC sino que resumía también toda su vida. Javier fue, en efecto, un guerrero y  un decisionista en la política como lo fue Lenin en el lado revolucionario y Carl Schmitt en el lado reaccionario. Para el decisionismo la política es la forma de definir a los enemigos contra los hay que luchar y derrotar y de los aliados a los hay ganar para obtener la victoria. Las situaciones de injusticia se resuelven a través de una decisión revolucionaria.

Javier tenía un sentido heroico de la política. Fue una actitud heroica, sin duda, renunciar a las comodidades de la clase alta en la que había nacido y asumir los ideales de justicia y de solidaridad con los de debajo de la escala social. Igualmente lo fue su ingreso a la militancia en Vanguardia Revolucionaria (VR) a fines de los 60 guiado por la aureola de la revolución cubana. Fue heroico también el abandono de las aulas universitarias para partir a organizar a los mineros en la sierra central. Hicieron lo mismo varios jóvenes de su generación.

De ese modo ayudó a la formación del clasismo, el vigoroso y combativo movimiento sindical igualitarista que, gracias a su capacidad de negociación centralizada, conquistó una distribución más justa del ingreso en los 70 del siglo pasado. Combatió a la dictadura velasquista porque a través de las reformas anti-oligárquicas quería evitar la revolución democrática y socialista. La lucha contra la dictadura conservadora de Morales Bermúdez acercó a la izquierda y al velasquismo radical y los colocó en la misma trinchera en el momento de la transición democrática (1978-1980).

Desde la UDP, un frente que articulaba a VR y al MIR, bregó por la formación de la Alianza revolucionaria de izquierda (ARI) pero fracasó. Pese a ello, la izquierda alcanzó más de un tercio en las elecciones para la Asamblea Constituyente. Desde entonces Javier se convirtió en uno de los más brillantes parlamentarios de las últimas décadas. En esa etapa vivió seguramente las tensiones entre la democracia y la revolución. Fracasado el ARI, la izquierda se presentó dividida en siete candidaturas a las elecciones generales de 1980 y sufrió, desde luego, una derrota aplastante. Javier, sin embargo, fue elegido diputado (1980-1985) y senador (1985-1990). Fue un brillante orador y un polemista de fuste. Odiado y temido por los gobernantes de turno, los ricos y los corruptos. Javier diferenció y a la vez unió la política con la ética.

En los 80 Javier impulsó la formación del PUM y también de la IU que articulaba a casi todos los partidos de izquierda para enfrentar a los intentos neoliberales de Belaúnde, el populismo demagógico de García y el terrorismo. En ambas agrupaciones Javier ocupó las posiciones más radicales. Fue el jefe de los libios contra los zorros en el PUM y lideró a las corrientes intransigentes contra la moderación de Barrantes en la IU. El terrorismo y el populismo produjeron tensiones y disensos en la izquierda de entonces y terminaron dividiéndola en el Congreso de 1989.

Enfrentó y sufrió los embates del terror de SL y del Estado en los 80 y los 90. Participó activamente en la lucha por la democracia y por la defensa de los derechos humanos  y contra la corrupción y los crímenes del fujimorismo en esas décadas y después. Javier, hombre honesto y adalid de las causas justas, descansa en paz.

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HISTERIA ANTI-ESTATAL DE LA DERECHA

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Sinesio  López Jiménez

La derecha está histérica. Sus medios, sus partidos (es un decir),  la Confiep,  los ex presidentes neoliberales están histéricos. Sólo falta Cipriani para que el coro esté completo. La cosa parece iniciarse con la probable compra de REPSOL por el Estado y el fortalecimiento de Petro-Perú que eso conlleva. La publicación del reglamento de una antigua Ley de Fortalecimiento y Modernización de Petro-Perú y la reunión de Humala con el dueño de REPSOL  los induce a pensar que la compra de REPSOL es un hecho. La histeria crece.

“Me queda claro, ha dicho el presidente de la Confiep, que este será el comienzo de la transformación del Perú con un Estado avasallador, prepotente, autoritario, como en Cuba, Bolivia, Venezuela y Argentina. Pero los peruanos nos defenderemos de esta gran amenaza” (El Comercio 29/04/13). Sostiene que la publicación del reglamento de Ley de Fortalecimiento y Modernización de Petro-Perú “era el dato que faltaba para confirmar la compra de REPSOL y para que la Confiep entre en una neta confrontación con el gobierno”.  Con esa publicación, dice, “se está virando a “La gran transformación”, más del 70% de los peruanos le teníamos terror en las elecciones. Salimos de la hoja de ruta. Es una vergüenza para el Perú”

Y advierte al gobierno: “Tenemos a la opinión pública del Perú y a los millones de empresarios que están viendo amenazados sus negocios porque esta decisión indica que ese modelo se puede aplicar a cualquier otro sector con cualquier pretexto”. He citado en extenso la entrevista al presidente de la Confiep porque es la expresión concentrada del primitivismo político de algunos empresarios peruanos. Ella revela con claridad meridiana  su ideología conservadora más que liberal, el poco conocimiento y la visión deformada del Perú que tienen, el convencimiento de que el mercado les pertenece y de que el Estado debiera estar  a su exclusivo servicio, la idea de que cualquier signo de autonomía estatal es estatismo y traición de Humala a la hoja de ruta a la que nunca apostaron porque votaron por Keiko Fujimori, la convicción profunda de que son los nuevos dueños del Perú y que pueden hacer lo que les venga en gana.

La entrevista mencionada es de antología, no sólo por el primitivismo político que revela, sino también por el anuncio del tránsito a la oposición del empresariado al gobierno de Humala, si es que ella no es solo una nueva atarantada al presidente o la defensa airada de algún negocio que está a punto de perderse. A lo de REPSOL, los políticos y los medios de derecha han añadido la posición favorable del Perú frente al nuevo gobierno de Venezuela y la supuesta reelección de “la pareja presidencial” para sostener que Humala está asumiendo el modelo chavista. Pienso que la derecha exagera. Si el Estado adquiere REPSOl, eso es una medida importante pero limitada que no afecta para nada al modelo neoliberal al que Humala apostó en Noviembre del 2011. La cosa podría cambiar, pero no necesariamente hacia el chavismo, si la crisis económica nos toca con cierta fuerza. Supongo que en esas circunstancias el Estado y el mercado interno jugarán un papel más activo. A no ser que el gobierno y el Perú quieran suicidarse.

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