UN PAIS FRACTURADO, FRAGMENTADO Y POLARIZADO

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Sinesio López Jiménez

Los electores de las regiones que ahora han votado por Pedro Castillo son casi los mismos que votaron por Verónica en el 2016, por Humala en el 2011 y en el 2006 y por Toledo en el 2001. Es el mapa de los electores insatisfechos y contestarios que, además, se han sentido traicionados por los gobiernos de Toledo y por Humala.

Los electores de las regiones costeñas desde Ica hacia el norte que ahora han votado por KF, Hernando de Soto y López Aliaga son casi los mismos que, con porcentajes mayores, votaron por KF y por la coalición García-Flores en 2016, por KF y por Lourdes Flores en 2011, por García y Lourdes Flores en 2006 y en 2001. Es el mapa de los electores satisfechos y conservadores.

La práctica desaparición de los partidos históricos y de los outsiders y la crisis de las actuales empresas políticas privadas han incrementado la fragmentación política, han intensificado la competencia electoral y han entregado la responsabilidad de las campañas electorales a los candidatos y a las candidatas y a sus pequeños entornos.

Para entender los resultados electorales hay que considerar el contexto coyuntural de polarización política y de inestabilidad que el Perú ha vivido estos últimos cinco años, agravado por la feroz pandemia que ha mostrado la incapacidad de los gobiernos y del Estado para combatirla.

Lo que vengo sosteniendo en varios artículos es que, cuando se tiene una profunda crisis de representación que llega a cero (Tanaka dixit), no hay que concentrar toda la atención y toda la responsabilidad en los actores políticos, en este caso, los candidatos, sino que es necesario examinar los entornos económicos y sociales que no son fácilmente representables en el campo de la política.

Los invito a observar varios mapas que muestran una estrecha asociación con los mapas electorales: El índice de competitividad regional, el mapa de la pobreza, el IDH, el mapa de la ciudadanía y el mapa de capacidades del Estado. Es claro que, para entender los resultados electorales, hay que prestar atención obviamente a los aciertos y a los errores de los candidatos y de sus entornos. Es un error, por ejemplo, jugar al centro en un contexto coyuntural y estructural polarizado, profundizado por la pandemia.

Es un error no haber apostado, desde un inicio, a mantener la lealtad de los electores que, en anteriores procesos, habían apostado a su candidatura. Ese error inicial favoreció el despliegue de otros candidatos. Es un error afirmar que, cuando sea gobierno, no va comprar las vacunas contra la pandemia sino que las comprarán las empresas privadas. Es un error pensar que el candidato tiene que ofrecer sólo propuestas. Es necesario encarnar también la protesta y la ira de la gente.

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