Un prendedor con historia

Esta historia se inicia durante el conflicto entre Perú y España. La mañana del 1 de mayo de 1866, José Gálvez Egúsquiza, Ministro de Guerra y Marina, de 47 años, y como presintiendo su próxima muerte, se despidió de su esposa, Ángela Moreno y Maíz, y de sus hijos menores y se encerró en su escritorio con su hijo primogénito, José Miguel Gálvez Moreno, de 14 años. No obstante su tierna edad, Gálvez le recomendó a su hijo que velara por su madre y sus hermanos menores en el supuesto de que el falleciera en combate y le obsequió un prendedor de corbata, que consistía en un alfiler de oro con una perla natural en uno de sus extremos, que fue regalo a su vez de su padre, don José de Gálvez y Paz. El chico recibió emocionado el prendedor y prometió a su padre seguir sus instrucciones. Se despidieron ambos en prologando abrazo. Más tarde, su esposa le entregó un paquete que contenía algunas viandas y dulces, y le dio un cordón de la Tercera Orden. No se lo puso, pero se lo llevó. Nadie supo si murió con él. Cuando partió para el Callao, su señora e hijos menores prorrumpieron en llanto y José Miguel, sintiéndose ya responsable de todos ellos, no pudo reprimir algunas lágrimas que corrieron por sus mejillas.

El 2 de mayo de 1866 amaneció nublado en Lima y se notaba un silencio terrible. No había nadie en las calles del centro de Lima. En cambio, en el Callao la situación era diferente, pues había una actividad febril, dando los últimos toques a las defensas, tal como las había planeado Gálvez. Este había ordenado que fueran los españoles los que abrieran el fuego y así cayeron en una trampa los navíos españoles, pues al no encontrar resistencia, se aproximaron muy peligrosamente para ellos, a nuestras baterías de costa. A eso de las 11 de la mañana, con el cielo despejado de neblina y sol radiante, la Numancia abrió los fuegos y contestando en primer lugar, el Torreón de la Merced pero antes, españoles y nacionales escucharon claramente la voz tonante de Gálvez que les gritó: Aquí les devuelvo el Tratado Vivanco-Pareja; generalizándose el fuego.

José Gálvez Moreno, a esa hora, escuchó en Lima el cañoneo y desde la azotea de su casa, con prismáticos pudo ver a los navíos españoles envueltos en humo y fuego. Bajó al escritorio y estuvo meditando en las instrucciones de su padre, en un momento dado levantó la vista y vio a José Gálvez de pié junto a la puerta, en silencio, sorprendido el chico le preguntó: ¡Papá!…. Qué haces aquí, y la figura se esfumó. En ese instante tuvo la certeza del fallecimiento de su padre, y salió apresuradamente de la casa y rápidamente llegó a lo que hoy es la Plaza 2 de Mayo. Allí se encontró con un íntimo amigo, Fernando Ferreyros Senrra y lo que son las coincidencias: ambos con el devenir de los años, serían los bisabuelos paterno y materno del que reconstruyó esta historia.

Juntos recorrieron a pié el camino hacia el Callao, que estaba acordonado por soldados y gendarmería, pero les abrían el paso al decirles José Gálvez que era hijo del Ministro de Guerra y de Marina y así, lentamente, llegaron al Callao, en donde le confirmaron su presentimiento: ¡José Gálvez Egúsquiza había muerto en acción en el torreón de la Merced…¡ A esa hora, 5 pm., la escuadra española completamente derrotada se dirigía a la isla de San Lorenzo en donde permanecerían días, enterrando a sus muertos y reparando sus averías, para finalmente, partir para nunca más volver al haber sido derrotada.

Pasado este episodio de su vida, años después, José Gálvez Moreno, al no existir navíos de guerra en los cuales servir, ofreció sus servicios a la Marina de Su Majestad Británica y fue aceptado tan pronto se conoció su estirpe guerrera. Durante su servicio en la Armada Británica intervino en numerosas acciones bélicas y se distinguió en ellas hasta que solicitó su baja para regresar al Perú, debido a la guerra de Chile contra Perú. A su regreso, José Gálvez Moreno se encontró con el mismo problema que cuando se fue a Inglaterra: no teníamos navíos de guerra en los cuales pudiera servir. Así le dieron el mando de una lancha que tenia por nombre “Independencia.”

El 24 de mayo de 1880, cuando la escuadra chilena bloqueaba el puerto del Callao, José Gálvez patrullaba las aguas del Callao y realizó operaciones de minado cuando a las 2 de la madrugada, avistó a la lancha blindada chilena “Janequeo”. Intercambiaron disparos, pero el cañoncito de la lancha peruana se malogró; en popa tenia una ametralladora que igualmente se trabó. Entonces Gálvez, forzando máquina, quiso tomar a la chilena por abordaje, pero era blindada y de borde alto, por lo que decidió estando enganchadas ambas lanchas pasarle un torpedo que había en la lancha peruana. Gálvez con su espada cortó la mecha para que el fuego sea más rápido y con la ayuda del guardiamarina San Martín y el practicante de medicina Manuel Ugarte, de quien era íntimo amigo, lograron colocar el torpedo sobre cubierta de la lancha chilena.

Pero la mecha, un tanto húmeda, tardaba en quemarse, por lo que Gálvez en gesto de heroísmo, disparó su arma contra el torpedo y falló el tiro; igualmente falló al segundo intento, pero al tercero hizo impacto y una terrible explosión se escuchó en toda la bahía tiñendo de rojo el cielo y volando por los aires las dos lanchas. En este acto, murieron San Martín y Ugarte, no así Gálvez que, quedó gravemente herido.

Más tarde, contaba Gálvez que sintió tocar fondo y con un supremo esfuerzo apenas logró salir a flote, salvándole la vida estando ya inconsciente el marinero peruano Pablo Villanueva, quien le quito el capote y las botas. En eso, llego otra lancha chilena La Guacolda, que recogió a los sobrevivientes y los llevó a la nave insignia chilena el “Blanco Encalada” al mando del Almirante Galvarino Riveros.

Gálvez fue depositado en cubierta y el médico del buque al verlo con la cara totalmente carbonizada y sin cabellos, la nariz rota y desviada hacia su mejilla izquierda, la clavícula rota y con fierro atravesado a su brazo izquierdo, consideró su estado como agónico y, sabiendo ya quién era, sugirió al Almirante Galvarino Riveros que se devolviese a tierra como prisionero de guerra para ser canjeado por algún chileno, llegado el caso. Efectivamente. Al día siguiente, se efectuó el canje y Gálvez, cuyo acto heroico era ya el comentario general, fue recibido en apoteosis y en hombros fue llevado hasta la estación del tren que lo llevaría a Lima para su atención médica.

Sobrevivió después de una larga temporada de muy dolorosas curaciones, habiéndole dejado los cirujanos un pequeño trozo de hierro en el antebrazo por temor a cortarle una vena, por lo que muchos años después le salían por las uñas pequeños trozos de oxido de hierro. Cuando se encontró totalmente recuperado, continuo luchando contra el enemigo a lado del Mariscal Don Andrés Avelino Cáceres en la campaña de la Breña, destacándose nuevamente por un acto increíble al tomar a los chilenos nada menos que un tren cargado de armas, municiones y víveres en la localidad de Huaripampa, de donde nació el dicho popular que hasta ahora subsiste, “La Huaripampeada”.

Continuando con la historia del prendedor, pasaron algunos años de este acto heroico y José Gálvez Moreno decidió regresar a Inglaterra, por estar casado con una súbdita de esa nación. Se embarcó en el “Orcoma” y cuando el Capitán del buque supo que viajaba un marino peruano y héroe por añadidura lo invitó permanentemente a su mesa. Al segundo día de viaje, el Capitán le habló separadamente para decirle que en ese mismo barco viajaba un marino chileno que le había pedido ser presentado. Gálvez contestó que si era chileno prefería no saber siquiera cuál de los pasajeros era.

Ante esta respuesta y en vista de que Gálvez disfrutaba paseando por cubiertas después de la comida, el caballero chileno se presentó ante él: Señor –dijo- soy el Capitán de Navío Luis Miguel de Oyanguren y he tenido la sorpresa de mi vida al saberlo vivo y que viajábamos en el mismo barco. Yo era Alférez de Fragata en el Blanco Encalada cuando el combate del 25 de mayo de 1880 y debo devolver a usted una prenda que le pertenece. Gálvez se quedó de una pieza y le preguntó como era posible tal cosa cuando no le conocía. Entonces Oyanguren le contó que al conocer detalles del acto heroico que había protagonizado en el bloqueo del Callao y viéndolo moribundo, quiso conservar un recuerdo de un héroe peruano y conservó el prendedor de corbata que lucia, así que en ese momento, se quitó el prendedor de corbata que lucia y se lo devolvió.

Gálvez lo reconoció de inmediato, pero no lo aceptó. Le contestó que habiéndolo tomado bajo las condiciones en que se lo contaba lo hacia de él de modo definitivo. Decidieron entonces darse un abrazo, bajaron a la cantina y se bebieron varias copas. Se hicieron íntimos amigos y pasearon juntos por Europa hasta que se perdieron de vista.

En 1958, en el mes de octubre, a don Enrique José Gálvez Evens, hijo primogénito de José Gálvez Moreno, se le presentó un abogado chileno, el doctor Carlos de la Cruz para decirle que cumpliendo una disposición testamentaria que su padre no pudo cumplir, debía entregar una prenda personal a los herederos del Teniente Segundo José Miguel Gálvez Moreno, que por ese motivo se había quedado dos días en Lima de paso a USA y que todas sus indagaciones lo conducían hacia él. Le pidió identificarse y le preguntó si conocía la historia de un prendedor de corbata, recordándolo José Gálvez Evens por habérselo contado su padre. Así, a continuación, sencillamente le entregó un estuche de carey que contenía el citado prendedor. Ni qué decir lo feliz que se sintió el nieto al recuperar la alhaja. Lástima que no disfrutara mucho de ella, pues al mes siguiente falleció súbitamente y con él se fueron los nombres verdaderos del Capitán Chileno y del abogado que le devolvió el prendedor.

Esta prenda familiar tan histórica y reverenciada desde 1958, la conserva hoy el bisnieto del Héroe del 2 de Mayo, Hernán Gálvez Ferreyros, y solo la luce cuando es invitado a alguna ceremonia conmemorativa del combate del 2 de mayo o en la Asociación Nacional Pro-Marina cuando es invitado a conmemorar un año más del episodio heroico de su abuelo en el Callao (esta información nos fue proporcionada por el contralmirante Reynaldo Pizarro).


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Comentarios

  1. Aldo Paino escribió:

    Felicitaciones por el articulo, tengo el orgullo de que mis hijos sean tataranietos de jose Galvez Moreno y de paso ser compañero de promoción y gran amigo de Reynaldo Pizarro

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