La Guerra del Pacífico: la campaña del sur

El escenario de la guerra se trasladó ahora a las provincias del sur. En ellas, Chile quería capturar el salitre peruano de Tarapacá de donde se extraía el 50% del total del nitrato de la región. Los chilenos, al dominar el mar, estaban en ventaja pues las tropas peruanas y bolivianas debían llegar a Tarapacá atravesando extensas zonas desérticas.

Lamentablemente, nuestras tropas perdieron en las batallas de Pisagua (2 de noviembre de 1879) y San Francisco (19 de noviembre). Luego, lograrían la victoria parcial de Tarapacá (27 de noviembre) que no cambió el curso de los acontecimientos pues las fuerzas chilenas igualmente ocuparon el litoral del sur ante el retiro de las tropas aliadas por falta de provisiones y pertrechos.

El curso de la guerra demostraba la superioridad del enemigo y la urgencia en adquirir armamentos, especialmente un buque blindado que la opinión pública ya había bautizado con el nombre de “Almirante Grau”. Los esfuerzos resultaron infructuosos por las gestiones chilenas que trasladaban el conflicto al ámbito diplomático europeo, con la directa complicidad de la Gran Bretaña.

Una colecta nacional había recaudado cerca de 200 mil libras esterlinas y el comisionado Julio Pflucker y Rico viajó a Europa con los fondos a negociar la compra de la nueva nave y algunas cañoneras. Nunca se pudo adquirir el blindado y las cañoneras que se mandaron a construir en el puerto de Kiel (Alemania) con los exóticos nombres de “Diógenes” y “Sócrates!; quedaron embargadas hasta el término de la guerra.

En Lima, la situación se volvía desesperante por la lentitud de las gestiones en Europa. Fue este el motivo por el cual el presidente Prado decidió abandonar el país y viajar a Europa a fin de acelerar las operaciones. Se valió del permiso que el Consejo de Ministros le había otorgado para salir del territorio durante la guerra, suponiendo eventuales traslados al territorio boliviano o chileno, a este último en caso que los aliados resultaran vencedores en el conflicto.

La historia ha censurado el viaje de Prado no por la calumniosa versión de que se llevó el dinero. Es necesario mencionar que por esa época ya existían bancos y operaciones para trasladar fondos. Prado sólo contó con 3 mil libras esterlinas que le entregó el ministerio de Hacienda para sus gastos de viaje en calidad de presidente.

La censura es por haber abandonado al país en medio de una guerra, tal como lo señaló en su momento el historiador Clements Markham: El general Prado vio los desastres inevitables que eran inminentes y concibió la esperanza de evitarlos obteniendo ayuda en dinero o en material o como intervención, de Europa o Estados Unidos. No hay razón para suponer que estuvo impulsado por motivos menos valiosos. Pero nada puede excusar esta súbita deserción de su puesto. Como si esto fuera poco, Prado dejó en su puesto al vicepresidente Luis La Puerta, un anciano enfermo y casi reblandecido, que agravó aún más la posición del país. La situación entonces fue aprovechada por el caudillo civil Nicolás de Piérola, quien hizo un golpe de estado (23 de diciembre) y se proclamó Dictador. Inmediatamente privó a Prado de sus derechos como ciudadano peruano y lo condenó a la degradación pública.

En Bolivia, también la situación política era desesperante. El presidente Daza, responsable directo del conflicto y pésimo militar en el campo de batalla, censurado por la opinión pública en su país, fue destituido y fugó a Europa. El general Narciso Campero tuvo que aceptar la presidencia de un país pobre, sin capacidad militar e involucrado en un conflicto del que había que retirarse lo más pronto posible.

Tras estos dramáticos cambios de gobierno la campaña terrestre continuó por las provincias de Tacna y Arica. Las tropas chilenas desembarcaron con 15 mil soldados al mando de Manuel Baquedano y tomaron la ciudad de Moquegua. La idea del enemigo era aislar a las fuerzas aliadas al mando del peruano Lizardo Montero y del coronel boliviano Eliodoro Camacho de sus centros de aprovisionamiento, es decir de Lima o Arequipa.

Luego vinieron dos enfrentamientos, ambos derrotas aliadas, en Cerro de Los Angeles (22 de marzo de 1880) y Alto de la Alianza (26 de mayo). En esta última, en donde participó el presidente boliviano Campero, hubo gran cantidad de bajas entre los aliados. A partir de esta derrota, los bolivianos trataron de arreglar una salida “decorosa” al conflicto y solucionar su crisis interna. Ahora el Perú quedaba prácticamente solo ante Chile que capturó Tacna y se preparaba para asaltar Arica.

Finalmente, a pesar de la valentía de Francisco Bolognesi y del arrojo de Alfonso Ugarte, el Perú fue derrotado en Arica (7 de junio) y todas las provincias del litoral sureño quedaban en poder de Chile. Este era el momento de negociar un tratado de paz pues a los chilenos sólo les quedaba entrar a Lima. El Callao ya estaba bloqueado desde abril de 1880.

Mientras tanto, el inescrupuloso Patricio Lynch, ante el hundimiento por parte del Perú de las naves chilenas Loa y Covadonga, incursionaba por medio del pillaje por los valles cercanos a Lima. Su objetivo era destruir muelles, ferrocarriles y edificios públicos e imponer cupos de guerra en dinero y especies a los pobladores, pudientes o no, bajo pena de destruirle sus propiedades.

Para cualquier observador era fácil deducir que el Perú no podía seguir con éxito la guerra y los Estados Unidos tomaron la iniciativa para negociar un tratado de paz a bordo de un buque de bandera norteamericana, el “Lackawanna”, que se encontraba fondeado en Arica. En él se reunieron representantes de los tres países en guerra. Chile exigió las provincias de Antofagasta y Tarapacá reclamando, además, la suma de 20 millones de pesos por indemnización de guerra.

El Perú no aceptó la paz con cesión territorial y las negociaciones fracasaron. Ante esto el ministro norteamericano que presidía las reuniones dijo: Me parece oportuno, así como a mis colegas, hacer constar aquí que el gobierno de los Estados Unidos, no busca los medios de hacerse árbitro en esta cuestión. El cumplimiento estricto de los deberes inherentes a tal cargo le ocasionaría mucho trabajo y molestias; y aunque no dudo que mi gobierno consentiría en asumir el cargo, en caso que le fuese debidamente ofrecido, conviene se entienda claramente, que sus representantes no solicitan tal deferencia.

Lo cierto es que el Perú buscaba una intervención más decidida o clara de algún país europeo o de los Estados Unidos para detener la guerra y negociar en Francia un préstamo para evitar la pérdida de Tarapacá y ofrecer a Chile una cantidad suficiente como indemnización de guerra. Estas intenciones, que al final fracasaron, serían la causa por la cual el conflicto se prolongó hasta 1883.


Fotografía de la Campaña de Arica

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