La hacienda San Isidro

De la antigua hacienda, hoy podemos apreciar la señorial casa-hacienda, propiedad de los Moreyra Paz-Soldán, que está provista de una hermosa capilla, un sótano y algunas catacumbas. En tiempos de la independencia, doña Rosa Gutierrez de Cossío, Condesa de San Isidro, entroncada en la más alta aristocracia de Lima virreinal, ofreció una recepción al Libertador, general don José de San Martín. Actualmente, esta residencia es utilizada, con gran parte de su mobiliario original, como restaurante de gran atractivo turístico.

Luego de una muy larga historia de las tierras que eventualmente conformaron la hacienda de San Isidro (que a fines del período pre-hispánico y primeras décadas de dominio español pertenecían aún al curacazgo de Guatica o Huatica, y luego fueron adquiridas por Antonio de Ribera en la segunda mitad del siglo XVI, quien fue el introductor de los olivos), la hacienda perteneció, en la segunda mitad del siglo XVIII, a doña Rosa de la Fuente y González de Argandoña, condesa de Villar de Fuentes. Esta señora vendió la hacienda, por esos años, a doña Rosa María Gutiérrez de Cossío y Fernández de Celis, III condesa de San Isidro por herencia de su padre, y a su segundo esposo (y primo hermano) don Isidro de Abarca y Gutiérrez de Cossío. Es por lo mismo que la hacienda habría recibido -en el último cuarto del siglo XVIII- el nombre por el que hoy conocemos al distrito, por la denominación del título condal de los dueños de dichas tierras en aquellos años, que pertinentemente recuerda al santo patrono de los labradores (San Isidro). La III condesa de San Isidro y su primer esposo don Jerónimo de Angulo tuvieron una sola hija, llamada doña María del Carmen de Angulo y Gutiérrez de Cossío. Al enviudar la madre y casar por segunda vez con su referido primo don Isidro de Abarca, al mismo tiempo casó a su hija adolescente con el hermano de aquel, llamado don Joaquín de Abarca y Gutiérrez de Cossío. Al morir doña Rosa María, la heredó como IV condesa de San Isidro -y propietaria de la hacienda- su mencionada hija María del Carmen de Angulo, quien al enviudar de su primer esposo (y tío) casó a comienzos del siglo XIX con don Luis Manuel de Albo y Cavada. No tuvo hijos con ninguno de sus dos esposos. Don Luis Manuel de Albo heredó la hacienda de San Isidro de su mujer y falleció antes de la Independencia, dejando la propiedad a su hermano don José Antonio de Albo y Cavada. La propiedad era un bien libre no atado al título condal de San Isidro, pero el mayorazgo de dichos condes tenía impuesto sobre ella un capital de 20,000 pesos colocados a censo (una especie de hipoteca).

El dueño de dicho censo fue el V conde de San Isidro, don Isidro de Cortázar y Abarca, que fue primo de la IV condesa y heredero de su título (trasmitido por derecho de sangre y no de matrimonio, como sí lo fue la hacienda). Fue alcalde de Lima en 1821, cuando se proclamó la Independencia del Perú. El V conde falleció en 1832 y los derechos a la referida los heredó su viuda, pues para entonces (en 1829) ya se había dado la “ley de desvinculación” que liberaba los bienes de la atadura legal de los mayorazgos, y podían ser heredados como bienes libres. La viuda era doña Micaela de la Puente y Querejazu, para entonces ex condesa de San Isidro (pues los títulos también habían sido abolidos) e hija de los V marqueses de Villafuerte. Doña Micaela no vivió nunca en la casa hacienda de San Isidro, y murió loca en su casa limeña en la calle de San Pedro, en 1834. El albacea (y al parecer en partes heredero) de dicha condesa fue su abogado, el doctor don Francisco Moreyra y Matute, casado con doña Mariana de Abellafuertes y Querejazu (prima hermana de la referida última condesa consorte de San Isidro). Moreyra hizo valer el importe del antiguo censo de los condes de San Isidro en un concurso de acreedores a los bienes de José Antonio de Albo y Cavada (hermano del segundo consorte de la IV condesa de San Isidro, doña María del Carmen de Angulo y Gutiérrez de Cossío) y de tal forma obtuvo la propiedad de la hacienda.

Más adelante, por diversas dificultades, Francisco Moreyra perdió la propiedad, que eventualmente pasó a los Paz-Soldán. Sin embargo, el casamiento de la heredera de éstos con un Moreyra, a fines del siglo XIX, devolvió San Isidro a esta última familia. Sería lotizada a partir de los años de 1920, cuando la apertura de la avenida Augusto B. Leguía (hoy Arequipa), se convirtió, con el tiempo, en uno de los mejores suburbios residenciales de la creciente Lima.

Mañana hablaremos de la hacienda Orbea (Pueblo Libre)

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Comentarios

  1. serman escribió:

    Muy bueno el artículo, que aclara el nombre del Conde de San Isidro, en este caso el V conde de San Isidro, don Isidro de Cortázar y Abarca. Y saber que San Isidro es el santo de los labradores, y tuvo varios propietarios con el título nobiliario de Condes.
    Gracias
    Teofilo Serrano Flores
    Tacna Perú

  2. Juan Carlos Caso Galván escribió:

    Buenas tardes, muy interesante sus comentarios, le agradecería si pudiera seguir ilustrandonos sobre las haciendas de la Lima antigua, con un poco de genealogía de los propietarios, muchas gracias por anticipado.

  3. Olivier Brière escribió:

    Quien me podria decir donde contactar el Senor Francois Swinen quien era gerente del Restaurante Los Condes de San Isidro?
    Gracias

  4. Dany Rojas escribió:

    Felicitaciones por tu Blog muy interesante. Mi pregunta es si tienes alguna información sobre la Hacienda Constancia de José Devesconi? He conseguido una ficha de 1898 y no se donde ubicarla

  5. Rosa Cristina Navarro Martínez escribió:

    Siendo descendiente de la II y IV Condesas de San Isidro mucho agradeceré tenga a bien enviarme (de er posible) las fotografías de dichas condesas. Agradezco de antemano su gentileza.

    Rosa Navarro

  6. ROSA CRISTINA NAVARRO MARTINEZ escribió:

    Mucho apreciaré se sirvan proporcionarme fotografías de la II y IV Condesas de San Isidro. Su amable email de respuesta lo recibí pero lo leí pasados 2 días. Asimismo, infórmenme si esto tendrá algún costo. Quedo muy agradecida por la atención dispensada.

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