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El imposible indulto común a Fujimori

Publicado en diario Exitosa, lunes 26 de junio de 2017, p. 7.

Alberto Fujimori no puede ser indultado. Salvo que el in­dulto le sea concedido por razones humanitarias frente a un grave estado de su salud o ante la inminencia de su muerte: padecer una enfermedad terminal; padecer una enfermedad no terminal en etapa avanzada, progresiva degenerativa e incurable, o un transtorno mental cró­nico, irreversible y degenerativo, en cuyos supuestos las condiciones carcelarias puedan colocar en grave riesgo la vida, salud e integridad del prisionero.

La imposibilidad de concederle el indulto común a Fu­jimori, quien entre otros delitos fue condenado por se­cuestro agravado, se origina en una prohibición expresa establecida por la Ley N.° 26478, aprobada en 1995 por el Parlamento de mayoría fujimorista de entonces y que, por ironías del destino, fue promulgada por el propio Alberto Fujimori. Según esa ley: “Quedan excluidos del beneficio del indulto los autores del delito de secuestro agravado”. Una especie de justicia poética.

Hay “constitucionalistas” que cuestionan lo señalado, aduciendo que el indulto es una atribución presidencial prevista por la Constitución, que solo depende de la vo­luntad del presidente de la República, quien puede con­cederla por consideraciones políticas, prescindiendo de razones jurídicas, no pudiendo limitarse por normas de menor rango como las leyes. Bajo esa lógica, la excandi­data Keiko Fujimori, mediante un tuit, prácticamente le ordena al presidente que indulte a su padre: “Haga uso de su potestad de presidente. Indúltelo”.

Sin embargo, en un estado constitucional de dere­cho, en una república democrática, nadie, ni siquiera el presidente de la República, puede actuar al margen de la ley. Y en el Perú, como se ha visto, las leyes le pro­híben expresamente indultar a los condenados por se­cuestro agravado.

El presidente de la República tampoco puede inaplicar la ley que le prohíbe indultar, alegando una supuesta su­premacía de la norma constitucional sobre la legal. Solo los jueces, a través del denominado control difuso de la Constitución, pueden inaplicar las normas legales si las encuentran inconstitucionales.

Bajo el marco legal vigente, pues, Fujimori solo podría ser indultado por razones humanitarias. Pero previamen­te habría que analizar si el expresidente cumple con las condiciones para el indulto humanitario. Por la informa­ción pública que se maneja, parece que tampoco cumple esas condiciones.

Los retos del próximo gobierno. Entrevista en Radio Nacional a Carlo Magno Salcedo e Iván Lanegra

Carlo Magno Salcedo, analista político y profesor de la Escuela de Ciencia Política de San Marcos, e Iván Lanegra, profesor de las universidades Católica y del Pacífico, disertan sobre los retos del próximo gobierno, en el programa Diálogo Abierto de Radio Nacional, del 09 de junio de 2016.

Respecto de si los resultados que dan ganador a PPK son definitivos, Carlo Magno Salcedo señala que desde inicio de semana ya se sabía que estadísticamente dicho resultado era definitivo, por lo que Keiko Fujimori ya debería salir a asumirlo.

Asimismo señala que, en este momento, la demora en la entrega de resultados no es responsabilidad de la ONPE y más bien, la demora en lo poco que queda pendiente, obedece a los procedimientos de resolución de las actas observadas a cargo del JNE, que incluso incluyen plazos de impugnación que se deben respetar.

Sobre las primeras medidas que se deben implementar en este nuevo gobierno, Iván Lanegra señala que la primera tarea administrativa es es organizar las comisiones de transferencia, así como la evaluación de las políticas implementadas en los últimos cinco años, para determinar qué se debe continuar.

Por otro lado se tiene la agenda pendiente, relacionada con las reformas que hay que realizar. Por ejemplo, considerando las reglas electorales engorrosas;  o que en este proceso ha ocurrido la exclusión irregular de dos partidos, que no debe volver a suceder, entonces hay que pensar en una reforma política y de las reglas electorales. Otras cuestiones urgentes tienen que ver con las inversiones en las regiones, la solución de los conflictos sociales, etc.

Con relación a los posibles problemas que puede acarrear el hecho que PPK, siendo un candidato de derecha liberal, haya llegado con los votos de la izquierda, Carlo Magno Salcedo precisa que si bien en el Perú la mayoría de presidentes no ha ganado elecciones presentándose como candidatos de derecha, en el gobierno han implementado programas de derecha, que fueron diferentes a aquellos con los que fueron elegidos. Ahora, más bien, se esperaría que PPK implemente en el gobierno el programa de su campaña electoral.

Sobre el electorado que le dio el triunfo a PPK, Salcedo precisa que una buena parte del mismo ejerció un voto crítico a su favor (que no implicaba mayores compromisos, acuerdos o alianzas), básicamente como un voto en contra de Keiko Fujimori. Esto ocurrió a partir de la toma de posición que en ese sentido hizo Julio Guzmán a fines de abril y que posteriormente fue adoptada por el resto de actores políticos, siendo la última en hacerlo Verónika Mendoza.

Más bien, paradójicamente, debido al parecido de sus programas, con quien debiera ponerse de acuerdo PPK es con el fujimorismo. Lo que habría que preguntarse es si estos actores estarán en la capacidad política de llegar a esos acuerdos, después de una campaña electoral en que se han acusado de todo. Aunque hay que hacer la salvedad que en todo proceso electoral, sobre todo en segunda vuelta, hay una tendencia a la polarización y que pasada la campaña electoral lo que corresponde es llegar a los acuerdos políticos, sin los cuales es difícil gobernar.

Sobre la necesidad de una reconciliación, el mismo Salcedo comenta que la misma pasa por asumir que el fujimorismo es un actor político que representa a un sector importante del país y que progresivamente ha ido ganando posiciones. Siendo así, lo que ha estado a prueba en estas elecciones es si el fujimorismo se había renovado de verdad, como intento hacer creer Keiko Fujimori con su discurso de Harvard y apartando a algunas viejas glorias del fujimorismo. Sin embargo, en las últimas semanas se evidenció, a partir de los escándalos relacionados a Joaquín Ramírez y José Chlimper, que ese pretendido fujimorismo renovado no era tal; lo que hizo que pierda la confianza de un sector del electorado que sin ser necesariamente radicalmente antifujimorista y que incluso pudo haberle dado en algún momento el beneficio de la duda, terminó votando en su contra. En ese sentido, una reconciliación nacional pasa porque el fujimorismo es que de verdad se renueve.

A su turno, Iván Lanegra señala que quizá el fujimorismo tenga dificultades para mantener la cohesión de su bancada, considerando la gran diversidad de su conformación; de otro lado, en su expectativa de los logros que pretenda obtener en los próximos comicios, es probable que el fujimorismo quiera perfilarse como un grupo de oposición. En tal sentido, a pesar que ahora tiene coincidencias con PPK, es probable que quiera correrse más a la izquierda y competir incluso con el Frente Amplio.

Salcedo considera que lo más inteligente que podría hacer el fujimorismo es no utilizar su abrumadora mayoría para hacer una oposición obstruccionista. Sin embargo, Lanegra acota que al fujimorismo no le conviene acercarse tanto al gobierno; asimismo, señala que con la mayoría que tiene, el fujimorismo será responsable de cualquier decisión que se adopte en el Parlamento, no pudiendo echarle la culpa a otras bancadas.

Sobre el perfil del próximo Presidente del Consejo de Ministros, Salcedo piensa que tendría que ser alguien con gran capacidad de concertación: alguien como César Villanueva, pero con poder real; alguien más político que tecnócrata. Por su parte, Lanegra sostiene que ninguno de los partidos con bancada va a querer estar en el gabinete, y que todos van a querer ser oposición.

Fuente: La República.

Fuente: La República.

Entrevista a Latinoamérica En Vivo (30.05.2016): “Keiko Fujimori no necesariamente ganará las elecciones”

El lunes 30 de mayo pasado, me entrevistaron en el programa Latinoamérica En Vivo (VivoPlay), desde Caracas, sobre la segunda vuelta de las elecciones presidenciales peruanas, en mi condición de profesor de la Escuela de Ciencia Política de San Marcos y comentarista político.

Preguntado sobre el rompimiento del empate técnico entre Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski (PPK), a favor de la primera, que registraron todas las encuestas hasta el domingo pasado (fecha última en que oficialmente se podía publicarlas), señalé que, no obstante, precisamente ese domingo se realizó el segundo debate entre los candidatos, que podría tener incidencia en los resultados, debate en el cual, conforme ha considerado la mayoría de analistas, el desempeño del candidato PPK fue superior al de su contendora,  a diferencia del primer debate en Piura, en que a PPK no le fue muy bien.

A ese mejor desempeño, se suma la toma de posición a favor de su candidatura por parte de la mayoría de fuerzas políticas, las que le han expresado un apoyo crítico, que no implica alianzas o acuerdos políticos, porque, frente a Keiko Fujimori, lo consideran el mal menor. Estas recientes definiciones y las que podrían seguir ocurriendo en esta semana podrían ser decisivas para darle un giro a la campaña.

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Preguntado sobre las estrategias de campaña de ambos candidatos, señalé que la estrategia de PPK inicialmente ha tenido inconvenientes, tropiezos y no ha estado muy clara, aunque recién en los últimos días se ha alineado con el discurso antifujimorista, cuestionándole a Keiko Fujimori no solo no haber roto con el legado del régimen autoritario y corrupto de su padre, sino de que su actual entorno es muy cuestionable, con gente como el secretario general del fujimorismo,  Joaquín Ramírez, investigado por la DEA por sus vinculaciones con el narcotráfico, y su candidato a vicepresidente, José Chlimper, comprometido en un escándalo de manipulación de audios para tratar de encubrir a Ramírez.

Por su parte, la estrategia de Keiko Fujimori se ha enfocado en tratar de presentar a su oponente como el candidato de los ricos o de los empresarios, especialmente frente a los electores de los niveles socioeconómicos más pobres, lo que podría darle buenos réditos.

Dicho esto, concluí que a pesar que aparentemente, según los resultados de las últimas encuestas publicadas hasta el domingo pasado, la favorita sería la candidata Keiko Fujimori, podrían haber sorpresas y que no necesariamente esta candidata iba a ganar las elecciones.

Hoy 03 de junio que publico este post, conforme a los resultados de las encuestas que se han seguido haciendo y se pueden publicar libremente en el extranjero, el giro previsto se está produciendo, y el candidato PPK nuevamente ha empatado a Keiko Fujimori, con la ventaja que su tendencia es al alza, mientras que su contendora o está estancada o está a la baja.

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¿Fujimori nunca más? Los problemas para una verdadera renovación del fujimorismo

También publicado en nuestro blog Cuestiones de la Polis de La Mula.

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Guste o no, el fujimorismo representa políticamente a un importante sector del país, aproximadamente entre un cuarto y un tercio del electorado. Es por tanto, un actor político relevante en la vida política nacional y, en cada proceso electoral, ha ido avanzando posiciones sostenidamente. De hecho, es el movimiento que más se ha esforzado en los últimos años por convertirse en una fuerza política organizada, siendo a la fecha, posiblemente, la organización política más orgánica o, mejor dicho, menos inorgánica que existe en el Perú.

Sin embargo, debido a lo nefasto que en muchos aspectos fue el gobierno autoritario de Fujimori padre, el fujimorismo es al mismo tiempo la corriente política más resistida por otro sector muy importante de ciudadanos, aproximadamente entre un tercio y la mitad del electorado. Este sector antifujimorista es mucho más diverso y disperso, no está institucionalizado en una fuerza política, pero tiene una gran capacidad de movilización ciudadana y es decisivo en los resultados electorales.

Como comentario adicional, personalmente considero que la férrea oposición contra el fujimorismo por parte de los sectores antifujimoristas ha sido uno de los factores que, paradójicamente, contribuyó a su fortalecimiento. Al respecto, en nuestro artículo “Steve Levitsky sobre los partidos políticos en Perú (III): ¿El fujimorismo se puede consolidar como partido?” (19/mar/2012), señalamos lo siguiente:

[Según Levitsky] las denuncias, investigaciones y procesos judiciales (sobre todo, el juicio a Fujimori) que surgieron con la transición democrática, fueron asumidas por los fujimoristas como una persecución política. Entonces, la defensa de Fujimori se convirtió en una lucha política, que a la larga fortaleció al movimiento, dotándola de una militancia, de una ideología y de una mística; logrando que una fuerza que había sido derrotada, desprestigiada y fragmentada, resucite con una identidad colectiva más fuerte. (…)

A mi juicio, la lectura de Levitsky sobre la situación del fujimorismo es básicamente correcta; aunque con algunas precisiones. Lo que hubo contra el fujimorismo no fue una persecución política, sino una legítima judicialización, juzgamiento y condena por delitos y crímenes cometidos por diversos agentes del gobierno de Fujimori debidamente individualizados; lo que a veces resulta inusual en procesos de transición a la democracia, en que los autócratas que ceden el poder suelen pactar o asegurarse diversas formas de impunidad para ellos y sus huestes.

Sin embargo, al margen que las condenas impuestas por el Poder Judicial hayan sido justas y legítimas, los fujimoristas fueron hábiles en victimizarse y lograr presentar los procesos judiciales como evidencia de una persecución política que en verdad nunca existió. Asimismo, sin quererlo ni desearlo, la férrea posición crítica contra el fujimorismo de diversos sectores sociales (organismos de DDHH, organizaciones de la sociedad civil, movimientos, opinión pública, “partidos” y ciudadanos en general, que en su momento constituyeron la Oposición Democrática al fujimorato), contribuyó a una polarización fujimorismo – antifujimorismo, que subsiste hasta ahora. Esto generó el contexto de conflicto e historia de lucha política necesario para que el fujimorismo se fortalezca, y genere una identidad colectiva, una militancia y una base social.

La polarización entre ambos sectores del país es muy profunda y, ciertamente, es uno de los factores que dificulta una deseable reconciliación nacional tras las aciagas décadas de los ochenta y noventa. Por ello, en la perspectiva de que en algún momento se logre esa reconciliación y, con ello, tengamos un país políticamente más integrado, es necesario que en algún momento podamos superarla.

Keiko Fujimori

En ese sentido, “Fujimori nunca más”, la potente consigna de los sectores antifujimoristas, en algún momento debiera dejar de ser el leitmotiv que moviliza a millones de peruanos. Esa frase, aunque tiene suficientes y legítimas justificaciones y fundamentos, implica también cuestionar el derecho de participación política a un importante sector del país, el sector fujimorista. Ello pasa, sin embargo, porque el fujimorismo de verdad se renueve, que de verdad deslinde con su pasado autoritario y corrupto y se transforme así en una fuerza política genuinamente comprometida con la democracia. ¿Está dispuesta Keiko Fujimori a realizar esa renovación? ¿Le es posible hacerlo?

Martín Tanaka, en su columna de La República de hace algunos días (“El fujimorismo con Keiko”, 29/MAY/2016), señala lo siguiente:

¿Qué es el fujimorismo hoy? En un extremo, no habría nada nuevo, y seguiría siendo un movimiento autoritario, antipolítico, marcado por una lógica de imposición, manipulación, violencia, corrupción. Los supuestos signos de renovación lanzados por Keiko F. no serían más que una calculada hipocresía. En el otro extremo, se afirma que Keiko no es su padre, que ha encabezado una importante renovación del fujimorismo, y que el carácter pragmático de este hace que no esté atado de antemano a ninguna línea de conducta. Así, el interés de Keiko estaría más bien en “limpiar” el apellido, que encabezaría un gobierno de base ancha, guiado por la generación de consensos amplios, y siendo implacable con la corrupción.

Tratando de responder esa pregunta, según Tanaka libre de simpatías y antipatías, el destacado politólogo considera útil mirar la trayectoria de Keiko y del fujimorismo en los últimos años. A partir de esa mirada, el propio Tanaka cree que:

(…) a Keiko le interesa erigirse en la líder indiscutida de su partido, y en esa línea, implementar la conversión del fujimorismo en un partido democrático de centro derecha con tintes populistas. Pero le costará mucho, no solo por las resistencias que genera en la sociedad, acaso sobre todo por el acoso de sus propios socios, tanto antiguos como nuevos. En esos tiras y aflojas definirá su identidad y futuro político.

Por mi parte, precisamente a partir de la misma trayectoria del fujimorismo y de la propia Keiko y, sobre todo, a partir de su desempeño en la presente campaña electoral, no puedo arribar a la misma creencia. Sí coincido en que a Keiko le interesa erigirse en la líder indiscutida del fujimorismo, como en su momento lo fue su padre; pero de lo que tengo serias dudas es que le interese convertir al fujimorismo en un partido democrático; o, en todo caso, de que tenga la capacidad política de hacerlo.

Todas las evidencias, algunas de las cuales ya reseñamos en otro post (“El ‘fujimorismo renovado’ no existe”, 23/MAY/2016), demuestran más bien que el fujimorismo de Keiko mantiene muchos de los mismos vicios del que lideró su padre; que el pretendido “fujimorismo renovado”, que ella trató de presentar desde su exposición en Harvard, no existe. El cúmulo de hechos relacionados con su entorno más íntimo y con su propia actuación política así lo demuestra. Como señalamos en dicho post:

(…) se ha hecho evidente hasta para el más despistado que ese discurso fueron solo palabras que ya el viento se llevó. Y ello no solo porque ha abandonado su discurso “caviar” de respaldo a la unión civil, al aborto terapéutico o a la CVR, sino, sobre todo, por la cantidad de personajes sumamente cuestionados de los que se ha rodeado y con quienes no ha deslindado. Destacan al respecto sus entrañables vinculaciones con Joaquín Ramírez, un oscuro personaje cuya fortuna es inexplicable, generando muy fundadas sospechas de que es un operador del narcotráfico en la política.

La importancia que tiene el oscuro personaje en el cogollo del fujimorismo, la cerrada defensa que de él han hecho todos sus principales voceros, incluyendo la propia Keiko Fujimori, repiten casi como un calco la defensa que hacía el fujimorismo albertista del siniestro Vladimiro Montesinos.Todo hace indicar, entonces, que el fujimorismo de hoy, pretendidamente renovado, es el fujimorismo corrupto de siempre.

Y es precisamente ese entorno íntimo y su incapacidad de deslindar del mismo lo que nos hace sospechar que, incluso en el caso que de verdad quisiera, Keiko no puede convertir al fujimorismo en algo diferente de lo que fue y sigue siendo: una fuerza política corrupta y autoritaria.

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El “fujimorismo renovado” no existe

También publicado en nuestro blog Cuestiones de la Polis de La Mula.

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En nuestro post “Fujicaviaradas (I)”, del 06 de octubre de 2015, analizamos la estrategia que por esos días estrenaba Keiko Fujimori en la Universidad de Harvard, respaldando la unión civil y el aborto terapéutico, y criticando algunos errores del gobierno de su padre, en particular las esterilizaciones forzadas, a través de la cual pretendía superar los escollos que tuvo en las Elecciones de 2011, que le impidieron llegar a la presidencia, y tratar de asegurar su triunfo en una eventual segunda vuelta en las Elecciones de 2016.

Como señalaba Fernando Rospigliosi, la estrategia consistía en un giro hacia el centro izquierda. Pero también implicaba un intento de desmarcarse de la omnipresente figura política de su padre y de presentar ante la opinión pública un nuevo fujimorismo, un fujimorismo renovado que no cargue con los grandes pasivos heredados del régimen autoritario y corrupto de Alberto Fujimori.

En ese momento calificamos su estrategia de audaz (más audaz incluso que la de PPK declarándose socialista) y riesgosa, aunque con muchas probabilidades de éxito. Señalamos también que con tal estrategia la candidata naranja no apuntaba a atraer ni medio voto de los sectores progres o de izquierda, que casi por definición son antifujimoristas, sino iba dirigida a los electores de centro, centro derecha o de “derecha liberal”, que el 2011 en lugar de votar por ella lo hicieron por Ollanta Humala e inclinaron la balanza a favor del comandante, a pesar de la “amenaza chavista” que este supuestamente representaba.

KEIKO PRESENTANDO, ANTE UN SORPRENDIDO STEVE LEVITSKY, SU PRESUNTO "FUJIMORISMO RENOVADO".

KEIKO PRESENTANDO, ANTE UN SORPRENDIDO STEVE LEVITSKY, SU PRESUNTO “FUJIMORISMO RENOVADO”.

Como parte de la misma estrategia, Keiko Fujimori sacrificó a algunas figuras del fujimorismo histórico, como Martha Chávez, Luisa María Cuculiza o Alejandro Aguinaga, vetándolos a candidatear nuevamente al parlamento. También trato de reclutar a algunas personalidades de izquierda, logrando que Vladimiro Huaroc, el ex presidente de Fuerza Social, el mismo partido de Susana Villarán, se sumara a sus filas nada más y nada menos que como candidato a la vicepresidencia.

En los meses posteriores la nueva estrategia le funcionó muy bien ya que su candidatura no solo no se desplomó, como auguraban algunos como el director de Correo Iván Slocovich, sino que incluso empezó a tener mejores perspectivas al experimentar una notable disminución de su antivoto en diversas encuestas de intención de voto.

Ciertamente, el éxito de la estrategia de campaña electoral de presentar un “fujimorismo renovado” dependía de que el viraje de Keiko, incluso en el caso que no fuera verdadero, fuera cuando menos creíble para la mayoría de su público objetivo, al margen de lo que pudiera creer o no el sector antifujimorista. Aunque, claro está, lo realmente deseable, en la perspectiva de lograr un país políticamente más integrado, hubiera sido que la renovación del fujimorismo que presentaba la candidata fuera sincero.

Sin embargo, a estas alturas del proceso electoral si hay algo evidente es que la “estrategia de Harvard” de Keiko Fujimori ya fue. Y ya fue porque una gran cantidad de hechos de su campaña electoral, ocurridos especialmente en las últimas semanas, han tirado por la borda cualquier atisbo de credibilidad de que lo que la candidata estaba construyendo en los últimos cinco años, bajo la marca “Fuerza Popular”, sea un nuevo fujimorismo.

LAS DENUNCIAS CONTRA JOAQUÍN RAMÍREZ NO SON DE AHORA. ESTA PORTADA ES DEL 12 DE SETIEMBRE DE 2014.

LAS DENUNCIAS CONTRA JOAQUÍN RAMÍREZ NO SON DE AHORA. ESTA PORTADA ES DEL 12 DE SETIEMBRE DE 2014.

Es decir, se ha hecho evidente hasta para el más despistado que ese discurso fueron solo palabras que ya el viento se llevó. Y ello no solo porque ha abandonado su discurso “caviar” de respaldo a la unión civil, al aborto terapéutico o a la CVR, sino, sobre todo, por la cantidad de personajes sumamente cuestionados de los que se ha rodeado y con quienes no ha deslindado. Destacan al respecto sus entrañables vinculaciones con Joaquín Ramírez, un oscuro personaje cuya fortuna es inexplicable, generando muy fundadas sospechas de que es un operador del narcotráfico en la política.

La importancia que tiene el oscuro personaje en el cogollo del fujimorismo, la cerrada defensa que de él han hecho todos sus principales voceros, incluyendo la propia Keiko Fujimori, repiten casi como un calco la defensa que hacía el fujimorismo albertista del siniestro Vladimiro Montesinos.Todo hace indicar, entonces, que el fujimorismo de hoy, pretendidamente renovado, es el fujimorismo corrupto de siempre.

Pienso que una fuerza política que representa a un sector tan importante de la población (más o menos el treinta por ciento), y que tiene la capacidad de obtener importantes espacios a través de elecciones, no puede considerarse proscrita indefinidamente como un actor político democrático. Pero para que ello ocurra, dicha fuerza política debería efectivamente reivindicarse de su nefasto pasado. Y eso es algo que el fujimorismo de Keiko no ha hecho y, todo indica, que tampoco le interesa hacer.

EL FUJIMORISMO DE AYER SE REPITE EN EL FUJIMORISMO DE HOY.

EL FUJIMORISMO DE AYER SE REPITE EN EL FUJIMORISMO DE HOY.

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Voy a hacer la misma advertencia que han hecho varios analistas que han comentado esta cuestión (por ejemplo aquí, aquí y aquí). No solo no soy fujimorista, sino en muchas ocasiones he evidenciado mi antifujimorismo. Algunos dirían que soy “progre”, “caviar” (aunque ajustadamente llegue a huevera), “cívico” o algo parecido. Ello no significa que, al hacer análisis político, no deba tratar de observar e interpretar los hechos y fenómenos políticos con la mayor objetividad posible, tal cual son.

Es evidente que la estrategia que ha inaugurado Keiko Fujimori por todo lo alto en su presentación en la Universidad de Harvard (que en sí misma era riesgosa para ella, como muy bien ha sustentado Steve Levitsky), significa que –saliendo de su zona de confort o, como recomendaría Albert Einstein, tratando de no hacer lo mismo para poder obtener resultados distintos– la candidata pretende superar los escollos que tuvo en la campaña de las Elecciones de 2011 que le impidieron llegar a la presidencia, y así, si su estrategia tiene éxito, asegurar su triunfo en una eventual segunda vuelta electoral de las Elecciones de 2016. » Leer más

El gran desafío de Ollanta Humala: realizar un verdadero gobierno de centroizquierda

Publicado en la sección Opinión de la edición web de la revista Nueva Sociedad, N.° 233, Friedrich Ebert Stiftung, Mayo-Junio 2011.

Fuente: Revista Domingo, diario La República, 12 de junio de 2011.
*Carlo Magno Salcedo Cuadros

Para desconcierto, sorpresa o pánico de muchos peruanos, el balotaje en las recientes elecciones presidenciales se definió entre Ollanta Humala y Keiko Fujimori, los dos candidatos que generaban mayores resistencias en gruesos sectores del electorado. Hace sólo unos meses, ese escenario parecía imposible y era casi apocalíptico, como cuando nuestro premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, dijo que optar entre ambos era como escoger entre el cáncer terminal y el sida.

En un inicio, quien tenía mayores resistencias por vencer era Humala. Aunque Keiko Fujimori era identificada con el gobierno autoritario y corrupto de su padre, era también quien garantizaba la continuidad del modelo de libre mercado ortodoxo, al que se atribuye haber generado el espectacular crecimiento económico experimentado en los últimos diez años. Por ello contó con el decidido apoyo de los grupos de poder y de los principales medios de comunicación, a los que no importó que dicha candidatura implicara la reivindicación moral de uno de los regímenes políticos más criminales de la historia del Perú y uno de los más corruptos del mundo.
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Keiko Fujimori y Michael Corleone: los hijos de la mafia

Fuente: http://www.larepublica.pe/

A estas alturas de la contienda electoral, los promotores, voceros y mercenarios de la candidatura de Keiko Fujimori no pueden seguir ocultando o manteniendo en el olvido lo que significó para nuestro país el régimen de Alberto Fujimori. Por eso, en esta segunda vuelta su campaña se centra en diferenciar a la hija del padre, señalando que la pobre Keiko Fujimori no es su papá; que no se la puede responsabilizar por los “errores”, pecados, delitos y crímenes de su padre; o que la propensión al crimen no se transmite genéticamente.

En principio, es verdad que nadie es responsable por los delitos cometidos por otros, incluyendo los familiares más cercanos; ni puede, por tanto, cargar con sus culpas. Pero eso no aplica en el caso de los Fujimori, padre e hija. Voy a graficarlo con un ejemplo cinematográfico.
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Keiko Fujimori y Ollanta Humala: más certezas, menos dudas

Fuente: http://www.larepublica.pe/carlincaturas

Conocidos los resultados de la primera vuelta electoral, Steven Levitsky acuñó una de las expresiones más recurridas en este periodo de campaña de la segunda vuelta: “de Humala tenemos dudas, de Keiko (Fujimori) tenemos pruebas”. El politólogo de Harvard aludía con ello a las credenciales democráticas (o, más bien, antidemocráticas) de ambos candidatos.

Más allá que luego se haya discutido sobre si lo que Levitsky dijo se refería al pasado (lo que antes habían hecho) o al futuro (lo que harían en caso de ser gobierno), lo cierto es que dicha frase expresó muy bien la percepción que mucha gente tenía respecto de ambos candidatos, inmediatamente después de la primera vuelta. Me incluyo entre esa gente.
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