Sinesio López Jiménez
En las elecciones del 2006 varios candidatos (entre ellos García) cuestionaban el modelo neoliberal extremo. En el 2011 sólo Ollanta Humala sigue cuestionándolo. ¿Qué pasó?, ¿fueron derrotados?, ¿traicionaron?, ¿fueron cooptados?, ¿los convenció “la calidad” del modelo?. Mi hipótesis es que pasó un poco de todo. Las izquierdas dispersas fueron aplastadas, García traicionó y el desempeño económico (más por el contexto internacional que por la calidad del modelo mismo) ha sido notable entre el 2006 y 2008. Vino luego la crisis y mostró sus límites. El candidato que asustó entonces a la derecha política y a los poderes fácticos fue Ollanta Humala. Se le satanizó, se le emparentó con Chávez, se le mostró como un Hitler peruano. Crearon un cuco a la medida de sus miedos y de sus intereses para combatirlo. Ollanta no tuvo, al parecer, el interés ni los medios para revertir la ofensiva derechista. Más aún: a veces reforzó con sus errores la pésima imagen creada por la derecha.
Ollanta sigue hoy asustando a la derecha y a los poderes fácticos. Durante todo su segundo gobierno, García ha encabezado una persistente ofensiva contra Ollanta para destruirlo políticamente. Ha fracasado. Ollanta sigue en pie y constituye una alternativa a todas fuerzas de la derecha en la solución de los problemas de fondo que agobian el país: exclusión social y cultural; modelo neoliberal extremo; un Estado ineficaz, excluyente, poco creíble y nada transparente y baja calidad de la democracia. ¿Cuál es el activo de Ollanta?. Mi hipótesis es que Ollanta tiene tres activos fundamentales: la férrea voluntad de de cambiar el Perú por los caminos democráticos, la alta capacidad de resistencia frente a la ofensiva derechista y la representación política de los que se sienten excluidos (la ira, la protesta, el nacionalismo y el voto de los descontentos).
Desde luego, Ollanta, como casi todos los candidatos, presenta algunos déficits: No tiene un partido organizado, carece de un programa preciso o, si lo tiene, no lo ha difundido suficientemente y le falta construir una vasta coalición social y política de respaldo que de viabilidad a sus propuestas de gobierno. Para formar esa coalición y destruir el cuco creado por derecha, Ollanta necesita precisar el alcance y los límites del cambio del modelo neoliberal. Tiene que señalar enfáticamente, por ejemplo, que dicho cambio no supone eliminar la economía de mercado para reemplazarla por el Estado ni acabar con los equilibrios macroeconómicos. Entre el neoliberalismo extremo y el estatismo caben otros modelos económicos más equilibrados. Cada modelo económico requiere una correlación de fuerzas que lo sustente. Chile pudo reformar el modelo pinochetista gracias a la coalición de centro izquierda y Uruguay ha podido resistir el extremismo neoliberal gracias a los partidos de izquierda y al apoyo de la sociedad civil.
No bastan, pues, el voto y la fuerza de los excluidos ni la voluntad de un caudillo para cambiar al Perú. Es necesario organizar una gran coalición del cambio. La derecha y los poderes fácticos se solazan con las encuestas de Lima que empequeñecen a Ollanta, se preocupan con los sondeos del Perú urbano que lo muestran creciendo o manteniendo su fuerza y se asustan con el Perú rural y semi-rural al que no encuestan (un poco más de un tercio del país). El movimiento, la protesta, el cambio vienen, sin embargo, de la provincia. Lima siempre llega última (cuando llega). Eso dice la historia desde la independencia hasta nuestros días, pese a los importantes cambios de las últimas seis décadas. San Martín esperó vanamente en Pisco que Lima proclamara la independencia. Las desbordantes protestas de los 70 y los 80 nacieron en la provincia, avanzaron por diversas ciudades del país y culminaron en Lima privilegiada y conservadora. Esa ha sido, hasta ahora, la forma de movimiento de la historia peruana.
Sinesio López Jiménez
¿Qué significa ser de derecha en el Perú?. ¿Cuál es el perfil de un derechista peruano?. ¿Qué filosofía la inspira?. .¿Qué organizaciones, que líderes, qué fuerzas políticas integran el campo de la derecha, qué corrientes de opinión?. ¿Tiene algún programa?.¿Cómo opera? Voy a ensayar algunas respuestas provisorias a este conjunto de preguntas. En el Perú no existen investigaciones históricas y empíricas que ayuden a definirla mejor. La peruana es una derecha difusa, borrosa, sin perfiles claros. Ella alberga a conservadores y a reaccionarios, a los defensores de la tradición y del statu quo, a los promotores del autoritarismo (la mano dura) y a los arribistas de toda laya. Cuando son católicos pertenecen al Opus Dei o al Sodalitium y, por eso mismo, son fundamentalistas pues fusionan la religión con la política. Son endogámicos: Estudian en los mismos colegios, pertenecen a los mismos clubs exclusivos, se divierten en las mismas playas de moda, leen los mismos best sellers y, desde luego, a Vargas Llosa, su novelista favorito.
Son liberistas (adoran al liberalismo económico) más que liberales. Aman a la molicie rentista y odian al esfuerzo industrial. Son hispanistas, anglófilos o pro-yanquis y, por eso mismo, excluyentes y racistas. Buscan la unanimidad y rechazan el pluralismo. Los mueve el miedo a los otros que pueden desbordarlos (los indios, los cholos, los amazónicos). Prefieren el orden al cambio y a la libertad. Son elitistas y están contra toda participación de las masas. Sus sectores ilustrados se inspiran en el pensamiento reaccionario de Louis de Bonald, Joseph de Maistre, Edmund Burke, Lammenais, Donoso Cortés, Carl Schmitt, Bartolomé Herrera, Riva Agüero. La derecha peruana ilustrada de hoy, sin embargo, no ha alcanzado las cumbres de la generación del 900. Son sólo modestos libretistas de ese viejo pensamiento reaccionario, de la Escuela Austriaca de economía (von Wieser, von Misses, von Hayek) en su versión gringa (la llamada escuela de Chicago) y de la Escuela de Viena (Mach, Bühler, Gomperz, Popper).
Son partidarios de la versión extrema del neoliberalismo (sólo mercado y nada de estado, exportación primaria sin industrialización, apertura total al libre comercio sin protección de los intereses nacionales, autorregulación del mercado sin protección de la sociedad, libre movimiento de capitales sin regulación, explotación del trabajo sin derechos del trabajador, puro goteo y nada de distribución equitativa). Son hermanos-enemigos del estatismo. Por eso aman y odian a Chávez. Creen ingenuamente (¿o maliciosamente?) que el estatismo es la única alternativa a su pensamiento único conservador. Son monótonos y monocromáticos. Están incapacitados para pensar otros modelos de desarrollo que se ubican entre el neoliberalismo extremo y el estatismo. No perciben los matices que dan tono y color a la compleja vida social.
La derecha está integrada por los poderes fácticos (los organismos financieros internacionales, la Confiep, los medios de comunicación, las FF.AA., la iglesia católica conservadora), algunos caudillos y sus entornos (Fujimori, García), algunos partidos (PPC, ¿el Apra?) y corrientes de opinión alimentada por los medios nacionales e internacionales. Carece, sin embargo, de un liderazgo preciso. Tampoco tiene una representación política definida. Sólo cuenta con representaciones sociales. Está desarticulada y sometida a ambiciones incontenidas y a una competencia exacerbada. Los operadores políticos y algunos publicistas y periodistas de los medios pretenden superar ese déficit. Lo que unifica a la derecha dispersa, sin embargo, es el enemigo al que tienen que combatir porque pone en peligro sus intereses y su modelo neoliberal extremo: Ollanta Humala y su entorno. Para asesinarlos moralmente han alquilado a sicarios mediáticos, Tirifilos del insulto, la mentira y la calumnia.
Sinesio López Jiménez
En el 2010 el modelo neoliberal extremo aplicado en el Perú cumple 20 años y la democracia, 10. Pero los peruanos seguimos discutiéndolos y cuestionándolos como si se hubieran instalado ayer. En Chile, en cambio, el modelo neoliberal (instalado por Pinochet, pero reformado y humanizado por la Concertación) tiene más de 35 años y la democracia (consolidada), 20. Los chilenos discuten apasionadamente sobre ellos y sobre el destino de su país, pero no lo cuestionan todo.
¿Cuál es la diferencia entre el Perú y Chile ?. Hay varias diferencias. Aquí vamos analizar, en primer lugar, las fundamentales que se refieren a la democracia y al modelo económico y, en segundo lugar, las que tienen que ver con el contexto político y social interno. El tiempo cuenta por cierto, pero no se trata sólo de edades de la democracia y del modelo económico, sino de calidades. En la cuestión de la democracia, Chile, a diferencia del Perú, tiene un sistema electoral coherente (pese a las distorsiones introducidas por Pinochet y que han sido parcialmente corregidas), cuenta con un sistema de partidos que funciona y que en Perú no existe, ha instaurado un presidencialismo de coalición (tanto de izquierda como de derecha) a diferencia del lastimoso presidencialismo plebiscitario que nosotros sufrimos.
En lo que se refiere al modelo neoliberal, las diferencias son claras. El modelo chileno, a diferencia del peruano que sólo venera el mercado, no le hace ascos al Estado; ha desarrollado, a diferencia de la predominante exportación tradicional del Perú, un equilibrio entre la industrialización y la exportación primaria; se abre al exterior pero protege también su mercado y sus intereses nacionales, a diferencia del Perú que sólo hace lo primero; reconoce los derechos sindicales de los trabajadores, a diferencia del Perú que los criminaliza; es distributivo tanto a través de los salarios (que en el Perú han bajado de 30% del PBI en 1990 a 21% en el 2008) como a través de la presión tributaria ( 23% vs el 14% en el Perú); es el único país de AL que ha reducido persistentemente la pobreza hasta llegar al 13.7% en el 2008, a diferencia del Perú que bordea el 40% de pobres.
En lo que se refiere al contexto político y social examino brevemente tres factores que reducen drásticamente la incertidumbre que produce la democracia: la constitución, el Estado y el sistema hegemónico. En primer lugar, Perú y Chile comparten el hecho de tener constituciones impuestas por dictaduras que no han logrado cambiar. Esas constituciones, como toda constitución impuesta (que no es el resultado de un acuerdo social), ofrecen garantías y seguridades sólo a las clases altas en desmedro de las clases populares. Eso genera descontentos, protestas e inestabilidad. En segundo lugar, Chile tiene desde el siglo XIX un Estado mejor organizado que el peruano. Si bien el Estado chileno no ha llegado a ser un Estado de todos, ha avanzado mucho en la efectividad legal (justicia para todos), en la eficacia burocrática en educación, salud, seguridad, en la transparencia y el control (menos corrupción). Eso explica que Chile despliegue políticas de Estado que el Perú no conoce y que ni siquiera ha comenzado a diseñar.
En tercer lugar, el sistema hegemónico, que tiene que ver con el nivel de integración social del país gracias a que los grupos económicos y sociales poderosos aceptan la institucionalidad política y reconocen los derechos de los de abajo y estos aceptan la dominación social de los de arriba, tiene plena vigencia en Chile. El triunfo de Piñera en Chile lo expresa claramente. Las políticas de Estado y el sistema hegemónico, además de la institucionalidad democrática coherente y eficaz y de un modelo económico neoliberal reformado por la Concertación, explican la estabilidad chilena que contrasta con la inestabilidad peruana.
14/01/10 |
Publicado por: slopez | Categoría Artículos Periodísticos
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Sinesio López Jiménez
En las coyunturas electorales (que se avecinan) reaparecen con fuerza los viejos problemas de fondo que se busca soslayar o a los que se busca dar solución de diverso tipo. Aquí señalo sólo las cuestiones básicas que se refieren a la agenda interna y que tocan tangencialmente los asuntos internacionales. Me refiero a la inclusión social (empleo, desigualdad, pobreza); a la consolidación democrática (representación, sistema electoral, sistema de partidos, formas de gobierno, poderes fácticos); a las deficiencias del Estado (inefectividad legal, ineficacia burocrática en salud, educación y seguridad, centralismo, falta de autonomía y estructura parcializada) y a la mantención, reforma o cambio del modelo económico neoliberal. La forma como se pretende resolver estos problemas es lo que define el carácter y la dinámica de los actores políticos: neoliberales autoritarios, neoliberales democráticos, antineoliberales-reformistas y radicales y otras variantes.
Como es obvio, estos no son problemas de coyuntura. Son problemas estructurales que se encrespan en las coyunturas electorales, se discuten apasionadamente y se plantean soluciones diferentes y hasta contrapuestas. Algunas propuestas son parciales, muy limitadas y hasta distorsionadoras de los problemas que buscan resolver. Reducir la inclusión a la pobreza y combatirla principalmente mediante programas asistencialistas, por ejemplo. O el planteo de la renovación congresal por mitades (o reducción de la elección congresal a la mitad del período presidencial), eliminación del sufragio universal para instaurar el voto voluntario, establecimiento de la doble vuelta electoral en las regiones donde los candidatos no alcanzan el 30% de los votos en la creencia falsa de que esas propuestas resuelven los problemas de representación, de consolidación democrática y de gobernabilidad. Aunque se enfrenten los problemas por etapas, su solución requiere planteamientos integrales que le den sentido a cada paso y a cada reforma parcial.
Estos problemas, además, no se presentan aislados. Están interrelacionados. La inclusión, por ejemplo, tiene que ver con el modelo económico. Al actual modelo primario exportador, sin embargo, no le interesa el problema del empleo y, aunque le interesara, es difícil que lo resuelva dentro de sus propios parámetros. ¿ Pueden las empresas mineras resolver el problema del desempleo teniendo en cuenta que en ese sector crear un empleo cuesta más de 300 mil dólares?. La eliminación del sufragio universal busca excluir a los ciudadanos que, en las elecciones del 2006, votaron contra el modelo neoliberal. La heterogeneidad estructural (que el modelo primario exportador refuerza) incide decisivamente en la inefectividad legal y en la ineficacia burocrática del Estado en el territorio y en toda la sociedad.
Pese a la innegable interrelación de estos problemas de fondo, es posible imaginar soluciones con cierta autonomía unas de otras. No tanto en el tema de la inclusión cuya solución está estrechamente vinculada a las características del modelo económico y a la voluntad estatal. En los asuntos que se refieren al Estado, a la democracia y al modelo neoliberal, en cambio, se puede proponer y realizar cambios específicos que pueden tener cierta eficacia en su respectivo nivel. Para que tengan eficacia y coherencia es necesario, sin embargo, que las propuestas de cambio sean integrales en cada nivel (estado, democracia, modelo económico) con objetivos definidos, políticas eficaces, medidas y acciones precisas y etapas claramente establecidas en el tiempo.
Si la eficacia específica de las reformas en el Estado, la democracia y el modelo económico es alcanzable, ¿ por qué en el Perú no hemos llegado a ese nivel?. ¿Por qué entonces todo se pone en cuestión en las coyunturas electorales?. Volveremos sobre este decisivo problema de cuestionamientos y de inestabilidad.
07/01/10 |
Publicado por: slopez | Categoría Artículos Periodísticos
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Sinesio López Jiménez
Uno de los fenómenos políticos más destacados en el Perú del 2009 ha sido el abierto desencuentro entre el optimismo de García y el pesimismo de la gente. ¿Cuál de estos estados de ánimo se acerca más a la realidad?. La única forma de saberlo es el examen de los datos de la economía, la sociedad y la política. Al iniciar el año 2009 García anunció una tasa de crecimiento de 6% del PBI. A regañadientes fue reduciendo sus expectativas a medida que la marcha de la economía lo desmentía. El resultado final ha sido la modesta tasa de menos de 1% . Los críticos, particularmente algunos economistas de Centrum y del Departamento de Economía de la PUCP, han estado más cerca de la realidad que García.
Si contrastamos los discursos y las declaraciones de García con los resultados del Latinobarómetro del 2009 podemos ver la abismal distancia que lo separa del sentimiento popular. Mientras García a lo largo del año no se cansaba de señalar que uno de los logros de su gobierno ha sido el incremento del empleo y la reducción de la pobreza, los peruanos afirman que los problemas más importantes son los económicos (empleo, pobreza). El Perú (68%) disputa con Nicaragua (85%) el primer puesto en este tipo de percepción. Mientras García nos coloca a la cabeza de los países de América Latina y (cuando se exalta) del mundo en términos de crecimiento económico, el Perú se coloca prudentemente en un nivel intermedio en el concierto de países latinoamericanos. Los que opinan que no han crecido son Nicaragua, Honduras y México y los que son optimistas con su crecimiento son Uruguay, Chile y Panamá.
Honduras, Nicaragua, México y Perú presentan mayores porcentajes de encuestados que creen que sus países nunca alcanzarán el desarrollo a contracorriente de García quien cree que el Perú pronto estará en las ligas mayores. El Perú y Argentina son los países menos satisfechos con sus respectivas economías y desaprueban la forma como sus presidentes han enfrentado la crisis. García y sus ayayeros, como se sabe, creen todo lo contario. En la evaluación de los efectos de la crisis en la economía del país y de sus familias, el Perú se coloca en una situación intermedia en relación con El Salvador y México que sienten todo el peso de la debacle y con Brasil y Uruguay que se sienten menos afectados por ella. García piensa, por el contrario, que el Perú ha sido el país mejor librado de la crisis. Salvo Brasil, Chile y Uruguay, la mayoría de los encuestados (entre ellos el Perú con el 60%) cree que la crisis va para largo. García, en cambio, piensa que la crisis ya terminó.
A diferencia de la mitad de los brasileños y los panameños, menos de un tercio de los peruanos, chilenos, ecuatorianos y argentinos creen que las privatizaciones han sido beneficiosas para sus respectivos países. El sentimiento es parecido con respecto a la satisfacción con los servicios públicos privatizados. Los países más insatisfechos con ellos son los chilenos y los argentinos. Estos datos chocan con los arrestos privatizadores de García. Peruanos y argentinos, además, disputan el primer puesto en la idea según la cual en sus países no existe una justa distribución de la riqueza.
¿Qué explica este desencuentro entre el optimismo de García y el pesimismo de la gente?. El sentido social de su gobierno. García gobierna para los ricos en desmedro de la inmensa mayoría de peruanos. Su optimismo es el optimismo de los ricos. Es por esta razón que García es uno de los presidentes más impopulares de América Latina. Su gobierno disputa con el de Krichtner la más alta desaprobación de los ciudadanos. Es muy probable que el rechazo popular en una perspectiva comparada de AL hiera profundamente el abultado ego de García y es muy posible también que este sea una de las razones por las que inventa encuestas imaginarias cuyos inflados resultados lo hacen más tolerable.
Sinesio López Jiménez
García cree que el Perú está poblado por vivos y zonzos y que el vivo más eminente es él. Esta es la clave de su pensamiento (¿?) y de su política. García encarna, en efecto, lo que en el Perú se llama la viveza criolla sobre la que Francois Bourricaud (su reivindicado y desaprovechado maestro) escribió agudos apuntes. La definió como “sabiduría escéptica” que combina la perspicacia y la astucia con la prudencia. Todos sabemos, sin embargo, que esta última es una virtud que no cultiva García. Perspicacia y astucia, en cambio, le sobran. Vivo es el que “se las sabe todas”, el agilito, el pendejerete, el que no se deja pisar el poncho, el “men” que se siente perfecto y cree que los demás son “monses” (zonzos). El criollo vivo es también un sacavueltero de amplio espectro que García personifica a la perfección. ¡Y con qué sabiduría encarna también el criollísimo refrán: “el vivo vive del sonso y el sonso de su trabajo”!.
Los dos gobiernos de García están llenos de vivezas inolvidables. Su segundo gobierno, por ejemplo, comenzó con una sacada de vuelta al país: el cambio de programas. “Triunfó” con un programa tibiamente socialdemócrata y gobierna con el modelo neoliberal. “Triunfó” es un decir porque fue acusado por Lourdes Flores de “haber ganado en mesa”. La prescindencia del Apra como partido de gobierno, el establecimiento del óvolo voluntario en reemplazo de los impuestos a las ganancias extraordinarias de las mineras, la designación de su propia contralora en lugar de fortalecer todas las formas y los órganos autónomos de control, la negociación de las cúpulas de los poderes del Estado para ocultar los petro-audios que los comprometen, todos ellos constituyen actos típicos de viveza de García en un país de zonzos.
Una de las últimas vivezas de antología es el nombramiento, por parte del poder Ejecutivo (esto es, García), de una comisión que investigue los sucesos sangrientos de Bagua. Para descubrir a los principales responsables del Bagüazo no era necesario desplazarse hasta la selva. Bastaba ir a Palacio de gobierno. El autor del perro del hortelano, el inspirador de de los decretos legislativos 1064 y 1090 sobre la selva, el que incumplió el Convenio 169 de la OIT que obligaba a la consulta a los indígenas en decisiones gubernamentales que afectan sus territorios, el que presionó al Congreso para que no derogara esos dispositivos legales cuestionados, el que ordenó poner orden y acabar con el caos está en Palacio y funge de Presidente de la República. En el comienzo, en el proceso y en el desenlace del conflicto García es el principal protagonista y responsable. La ministra que sostuvo falsamente que sin leyes de la selva se ponía en cuestión el TLC con Estados Unidos ha sido premiada ahora con el superministerio del MEF.
Los resultados de la Comisión “investigadora” son los esperados por García, el principal responsable del Bagüazo. Entre “las cuatro causas de la tragedia” (El Comercio dixit) la Comisión señala el “apresuramiento y falta de tacto de algunos sectores del Ejecutivo al promulgar los decretos legislativos 1064 y 1090 sin tener en cuenta la delicada sensibilidad amazónica”. ¿Qué sectores?, ¿qué ministros?, ¿qué altos funcionarios? ¿y quién fue el promotor de los decretos legislativos?. Una de las perlas de esta Comisión es la tesis según la cual los nacionalistas, la iglesia y las ONG han distorsionado la agenda de los indígenas. ¿Cuál agenda?, ¿su cultura?, ¿su propuesta de desarrollo?. ¿Y García con su perro del hortelano no distorsiona esa supuesta agenda indígena?.
Felizmente la viveza criolla tiene claros límites que provienen de la experiencia y de la conciencia de los supuestos zonzos. El nivel de aprobación de la García es el termómetro con el que ellos miden y sancionan los actos de viveza de García.
Sinesio López Jiménez
Desde una perspectiva institucional el problema de la democracia peruana no es sólo el parlamento. Es también el caudillismo de García. Como todo caudillo, García detesta las instituciones, maltrata al Congreso, incumple la ley de partidos, prescinde del Apra como partido de gobierno y pretende manipular arbitrariamente los diseños electorales. Aprovechando el desprestigio abismal del Congreso, García quiere arrasar con él. Para lograrlo ha ensayado diversas estrategias. La primera fue la renovación por mitades. Como ella fue rechazada por la mayoría de los congresistas, propuso el referéndum para imponerla. Es muy probable que esta nueva propuesta sea bloqueada igualmente por el Congreso. Ante esa situación, ensaya una tercera propuesta: invoca para una reforma constitucional una cuestión de confianza que sólo se aplica al gabinete. Como este despropósito tampoco va a pasar, García podría ensayar una cuarta estrategia: Nombrar un nuevo gabinete que haga suya la renovación por mitades y colocar al Congreso frente a la actitud suicida de ser disuelto sino lo aprueba a fardo cerrado.
¿Qué pretende García con el despliegue de estas estrategias contra en Congreso?. Varios son, al parecer, los objetivos de García. El primero, levantar sus alicaídos bonos librando una batalla contra una institución desprestigiada y vilipendiada todos los días por todos los medios. El segundo, imponer a como dé lugar el voto voluntario para excluir a los ciudadanos que votan contra el modelo económico neoliberal. El tercero, someter al Congreso a sus designios de caudillo autoritario. El cuarto, desplazar la atención ciudadana desde los problemas sustantivos de la economía (crisis de crecimiento, empleo, desigualdad, pobreza) al campo meramente institucional. El quinto, crear una situación de impase político y constitucional que justifique la amenaza de un autogolpe al estilo de Fujimori. En resumen, García busca reordenar el escenario político en sus propios términos caudillistas y revertir la imagen de gobernante antipopular que proyecta hacia AL.
La disolución del Congreso es una vieja idea de García desde el primer año de su gobierno. ¿Por qué la ha transformado actualmente en estrategia?. Hay varias razones. La primera es la proximidad de las elecciones del 2010 y del 2111. García quiere recuperar los perdidos gobiernos regionales que tuvo el Apra entre el 2001 y el 2006. Contribuye al logro de ese objetivo la aprobación de la doble vuelta electoral de los gobiernos regionales que no superen la barrera del 30%. No es cierto que ella otorga legitimidad de origen ni ayuda a la legitimidad por desempeño y a la gobernabilidad. Lo único que busca esa ley es fragmentar más al electorado de las regiones y bloquear cualquier alternativa de cambio en ellas. La segunda es que García quiere aprovechar la debilidad de la oposición política –de derecha y de izquierda- para frenar a la oposición social. La tercera es que García se siente ahora más libre para tomar decisiones en diversos campos luego que la crisis económica internacional debilitara a la coalición social con la que gobierna, especialmente a los organismos financieros. Hasta se atreve a cambiar ministros de economía sin consultar con nadie. El problema es que, con García suelto en plaza, cualquier cosa puede pasar.
¿Cuáles son las propuestas de las oposiciones para frenar a García?. Aparte de la denuncia, ninguna. Sugiero, por eso, una en el campo institucional: Cambiar la forma de gobierno. Pasar del presidencialismo, que permite y legitima los extravíos de García, al semi-presidencialismo. Esto implica tres cambios fundamentales: Diferenciación del jefe de estado del jefe de gobierno, elección del primer ministro por el Congreso y renovación parlamentaria por tercios. Esta forma de gobierno tiene al menos dos virtudes: combinar adecuadamente la estabilidad y el cambio y oxigenar mucho a la política.