¿Frente de izquierda y plancha pulpina?

Carlomagno_Sinesio

En su última columna del diario La República, “Que se vayan todos”, cuyo contenido suscribo en parte, Sinesio López sostiene que la unidad de la izquierda es necesaria (“es mejor la unidad que la fragmentación política”), pero no suficiente. La izquierda también necesita un buen candidato para obtener un resultado decoroso en las próximas elecciones generales.

Sustenta su postura en que, según las encuestas, un supuesto candidato unitario que salga de los candidatos voceados de la izquierda (como podría ser Arana) ni siquiera suma, ni menos multiplica, como podría esperarse. Su punto de partida no es 5% que es la suma de lo obtenido por todos los candidatos voceados de la izquierda, sino solo 1%. No hay el transvase que podría esperarse gracias a la unidad. Parafraseando al propio Sinesio a partir de una de sus columnas de marzo pasado, se trata de candidatos irrelevantes.

Según Sinesio López, existe un gran descontento social que podría ser mejor representado por las izquierdas. Sin embargo, los ciudadanos no se sienten representados por  los actuales candidatos de las izquierdas separadas o unidas. Entonces, el problema son esos candidatos. A partir de esa conclusión propone lo siguiente:

Que se vayan todos y que vengan candidatos nuevos en los que los movimientos contestatarios y el descontento social se sientan representados. Que se replieguen, no a sus cuarteles de invierno, sino a los espacios sub-nacionales en donde tienen una cierta representación y que ayuden a abrir las puertas a los liderazgos de las nuevas generaciones. Todo esto requiere de los viejos dirigentes un generoso desprendimiento, grandeza moral y visión de futuro. (…) Los resultados de las encuestas aconsejan buscar candidatos (as) de las nuevas generaciones. Sería una gran novedad el lanzamiento de una plancha con figuras jóvenes que tienen ya un cierto reconocimiento público. Esa plancha de treintones (as) tendría  probablemente un gran impacto social y político. Audacia es el juego.

Tengo algunas observaciones sobre esta reciente tesis de Sinesio. De lo señalado por él se deduce su apuesta por un frente de las izquierdas que, como peculiaridad, se presente a las elecciones con candidatos jóvenes, con una “plancha de treintones”.

Matizando lo señalado por Sinesio, considero que la opción política, alternativa al “elenco estable”, que represente el cambio y sea una respuesta al descontento social, con mayor viabilidad electoral, no es un frente de las izquierdas, sino una correlación política más amplia: un frente democrático nacional conformado por las izquierdas democráticas y por opciones de centro, regionalistas, progresistas y auténticamente liberales. Algo parecido a la “coalición paniagüista” a que se refería Steve Levitsky.

De hecho, el propio Sinesio, en su columna “Difícil, pero no imposible” (26 de marzo de 2015), propone como una alternativa, en lugar de un frente de izquierda, un frente de centro izquierda que incluso podría estar liderado por un independiente de centro:

La única posibilidad de enfrentar con cierto éxito a estos enemigos muy poderosos [la ultraderecha política] es no solo que las izquierdas se unifiquen sino que sean capaces de organizar un gran frente de centroizquierda. (…) [De este modo] las izquierdas podrían estar en mejores condiciones para escoger el candidato viable de la izquierda o, mejor aún, de la centroizquierda. Este podría ser un independiente de izquierda o un independiente de centro que obtenga el respaldo de todas [las] izquierdas. ¿Es eso posible? Difícil, pero no imposible.”

Ciertamente, la representación de ese eventual frente democrático debe cumplir con el mismo requisito que Sinesio aspira para su propuesta de unidad de la izquierda: tener un buen candidato o, mejor, una buena “plancha presidencial” que represente esa amplia correlación.

Sinesio considera que los  candidatos de centro no pueden representar el gran descontento, aunque se esfuercen, ya que los ciudadanos contestatarios ya los conocen y desconfían de ellos [en otra columna Sinesio identifica como candidatos de centro a Alejandro Toledo y al que surja de Gana Perú]. Siendo eso verdad, es exactamente el mismo fenómeno que él identifica sobre los candidatos voceados de la izquierda, que tampoco generan la confianza de los ciudadanos, por lo que él mismo propone que se vayan y den lugar a candidatos nuevos. El mismo razonamiento vale para una candidatura de centro. Si algún candidato de centro va a liderar ese frente democrático nacional, no puede ser alguno de los viejos lideres de centro desprestigiados.

Por otro lado, coincido plenamente con Sinesio en su planteamiento de que los viejos candidatos deben replegarse, no a sus cuarteles de invierno, sino a los espacios sub-nacionales y que, más bien, deben ayudar a abrir las puertas a los liderazgos de las nuevas generaciones; lo que exige de estos viejos dirigentes un generoso desprendimiento, grandeza moral y visión de futuro. De hecho, esa recomendación está en la misma línea de lo que he sostenido antes en mi artículo “¿Los viejos a la tumba o al ‘consejo de ancianos’?” (21 de junio de 2015):

La experiencia de la vieja guardia puede ser muy valiosa, pero siempre y cuando, en lugar de pretender seguir encabezando las luchas políticas y aferrándose a sus viejas posiciones de mando, permite que los roles protagónicos sean ocupados por las nuevas generaciones y se constituye más bien en una especie de “consejo de ancianos” que promueva y asuma el rol de coaching de los nuevos cuadros. Si esa vieja guardia está dispuesta a redefinir su papel en los términos señalados, no hay necesidad de jubilarla ni de mandarla a la tumba.

Sin embargo, no estoy del todo de acuerdo con una plancha conformada exclusivamente por treintones, una “plancha pulpina”. Ser presidente de la República, el más importante cargo político del país, exige, creo yo, algo más de recorrido y experiencia ganada; exige ser estadista. Creo, por tanto, que en la plancha deben estar uno o hasta dos treintones o cuarentones como candidatos a vicepresidentes, pero que el candidato presidencial debe ser alguien más experimentado, intachable y con un amplio recorrido en tareas relacionadas con la gestión del Estado.

En su última columna, Sinesio hace una última advertencia sumamente oportuna:

Es un error que cada uno de estos frentes convoque a elecciones para elegir a su candidato y legitimar la división. No es una elección general en la que van a participar todos los izquierdistas y los movimientos contestatarios porque eso requiere la unidad previa de todos ellos. Son elecciones de cada frente que refuerzan la fragmentación. Sería mejor que los dirigentes de las izquierdas [y los del centro, añadiría yo] hicieran un gran esfuerzo por dialogar, llegar a un acuerdo de repliegue de todos sus pre-candidatos y al mismo tiempo de lanzamiento de una candidatura de prestigio en la que se sientan representados todos los ciudadanos descontentos y contestatarios y todas las izquierdas [y el centro, según mi enfoque].

A quien le caiga el guante que se lo chante. A lo señalado, hay que añadir un dato más. De acuerdo a los plazos legales establecidos por la Ley de Partidos Políticos, cualquier elección para elegir candidatos que se realice antes del 12 de octubre no tiene ningún valor legal [según el artículo 22º de la Ley de Partidos Políticos, las elecciones internas de candidatos a cargo de elección popular se efectúan entre los ciento ochenta (180) días calendario anteriores a la fecha de elección y veintiún (21) días antes del plazo para la inscripción de candidatos]. Cualquier elección que se realice antes de esa fecha es, por tanto, una elección irrelevante, como irrelevantes vienen siendo algunas candidaturas.

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Comentarios

  1. PPMR escribió:

    Preciso. Añado: un frente de izquierda con una buena candidata, logrará entre 10 y 12% en el mejor escenario posible. El descontento o fastidio popular no es “de izquierda”, los antisistema ahora hasta podrían ser en parte de un fascismo peruano y votar por un autoritarismo populista conservador en el fondo. así que identificarlo como un potencial en favor de una candidatura progresista es un grave error.

    En este contexto, la alternativa a las candidaturas de derecha, sólo puede ganar, en la segunda vuelta, desde el centro. Si la izquierda piensa con mirada de país, ha de ayudar a que ese centro defensivo cuaje, en una coalición que asegure la representación congresal de las mejores exponentes de la promoción treintañera de la gran generación del Bicentenario, de lenta maduración. Por su parte, el liderazgo de centro tendrá que ir más allá de sus entornos y tender puentes a las figuras de izquierda joven que han logrado, por méritos propios, abrirse un espacio en el universo de la política mediática…

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