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Mi reflexión sobre lo que viví en Iquitos

Hablemos sobre ella… la mujer del César

Hace mucho tiempo, en Iquitos, mi amigo Edgardo, para tratar de explicarme una situación empleó el refrán objeto de reflexión en mi post… craso error!

Inmediatamente le respondí con el dicho de Anthony: “Si crees ser lo que tus amigos y enemigos dicen que eres, evidentemente no te conoces a ti mismo”

Naturalmente para ser coherente con lo que De Mello dice, debí pagar un precio caro… muy caro.

Le dije, Edgardo, amigo mío… no estoy de acuerdo con ese refrán. Me quedé con las ganas de explicar el por qué…. ahí te va! Leer más »

Dos historias de mujeres

*Escrito por Edgardo Pezo Pérez

Son las cinco de la tarde y ella no regresa. Al abrir la puerta que da a la calle, un olor nauseabundo que se levanta de los basurales del barrio de Belén, entra en la casa. Estoy acostumbrada a este olor, que ni un solo músculo de mi rostro se altera. Además, mi preocupación es mucho más grande que todos los olores nauseabundos juntos, pues lo único que me preocupa es que son las cinco y mi niña no regresa.

Son las cinco, lo sé. Porque a esa hora, todos los días, don Anselmo baja con sus cargadores a negociar en las embarcaciones los productos que llegan a Iquitos desde los más remotos caseríos de la selva. El Jirón Itaya es el corazón del Barrio de Belén, por él, hombres y mujeres caminan noche y día, de un lado a otro, como hormigas cargadoras. Belén parece un mercado persa, donde se compra y se vende de todo, desde aves exóticas que tienen su propia leyenda, hasta cortezas de árboles con posibles poderes para estimular el sexo hasta límites insospechados. También por sus calles, caminan de la mano la miseria y la pobreza, acompañadas de gallinazos que revolotean entre los basurales.

Miro al horizonte por el este, por donde corre el Amazonas, y veo que se van acumulando enormes nubarrones negros, es el preludio de una fuerte tormenta. Como decía mi difunto abuelo “es una lluvia que se viene con todos sus parientes juntos”. Estas tormentas son muy comunes en esta época del año, cuando el calor es muy fuerte. Por el contrario, por el oeste, el cielo está limpio y el sol se oculta en una alegoría de combinaciones de rojo y naranja.

A esta hora, también veo llegar el lujoso carro rojo que recoge a mi vecina María Teresa todos los días. Pero hoy, lo que me parece extraño, ella no está esperándolo en la puerta de su casa con su carmín recién puesto y su falda tan corta que deja ver sus hermosos muslos.

María Teresa desde niña fue muy bonita, siempre me ha parecido que es de ese tipo de mujeres, que tiene en su belleza un trágica maldición: son mujeres que los hombres desean poseer y no amar. El claxon del carro rojo suena dos veces y su conductor espera ansioso.

Pero yo estoy esperando a mi niña que por un momento me olvido del carro rojo y de mi vecina María Teresa. A mi niña la he criado desde que nació, pues su madre murió durante el parto. Ella no conoció a su padre, pues éste abandonó a su madre a los tres meses de embarazo, diciendo que se iba a buscar oro en un lejano río de la selva. Quizá presientiendo su muerte, su madre me dijo que le iba a poner tres nombres: Cecilia Fátima Alejandrina. El primero no sé de dónde lo sacó, el segundo quería ponerle porque era muy devota de la Virgen Santísima, el tercero porque le gustaba, porque según ella era nombre de princesa. A mi me gusta llamarla por su segundo nombre.

Nuevamente suena por dos veces el claxon del carro rojo que me olvido por un instante de mi niña. En ese momento baja del mismo, un hombre elegantemente vestido, pero con esa elegancia exagerada de los nuevo ricos. El hombre y el carro no hacen juego con la pobreza que existe en el barrio de Belén. María Teresa tiene casi la misma edad que mi niña. Pero ella se hizo mujer muy rápido. A los trece años ya atraía la mirada prematura de los hombres por su singular belleza. No sé cuantos hombres han pasado por su vida, pero ninguno se queda mucho tiempo con ella. Tengo la impresión que nunca se va a casar, parece destinada a ser amante.

Ya serán las cinco y media, porque a esa hora, todas las tardes doña Milagros saca su venta de comida a la calle. Ella también mira, preocupada el horizonte donde se prepara la tormenta. En el Amazonas una leve brisa hace levantar la cresta de pequeñas olas. Yo sé que la lluvia no tardará en caer. Salgo preocupada al centro de la calle y miro por ambos lados y mi niña no parece. Yo le digo mi niña porque los ojos del corazón me hacen verla de esa manera. Para mí siempre será la niñita a quien cambiaba los pañales o le ponía el biberón en la boca. Sin embargo, los ojos de la realidad dicen otra cosa: Ella ya tiene 18 años y es una mujer hermosa.

Vuelve a sonar el claxon del carro rojo. Por un instante el conductor duda. Luego decidido se acerca a la casa de María Teresa y golpea la puerta con furia. No le auguro a María Teresa un buen futuro con este hombre, parece de aquellos que piensan que con el dinero pueden conseguirlo todo.

Son las seis de la tarde porque a esa hora se encienden las luces de la ciudad. La lluvia está cada vez más cerca. El cielo está totalmente encapotado y mi niña no parece por ningún lado. Hasta hace poco no le interesaban los hombres, últimamente ha cambiado mucho, pienso que está enamorda, más aún, su comportamiento me preocupa. Parece esconderme algo. Sufre de frecuentes mareos y nauseas; a mi edad creo saber lo que eso significa, por algo he llegado a vieja. El pensar que le sucede es precisamente lo que me da temor, no quiero que termine como su madre: abandonada como muchas mujeres y con un hijo en la barriga. Hoy precisamente ha salido a buscar a su enamorado que no aparece por la casa hace más de una semana.

El conductor del carro rojo toca por dos veces la casa de María Teresa. Su furia aumenta por cada minuto que no le abren la puerta. Los chismes dicen que la riqueza que exhibe es producto del dinero mal habido. El hombre sigue tocando la puerta con tanta insistencia que muy pronto parece un escándalo, lo cual hace que algunos vecinos se asomen a sus ventantas. En ese instante, María Teresa abre la puerta y parece increpar al hombre su actitud. Entontes comienza una discusión acalorada.

La gente ante la inminente tormenta se aleja rápidamente, buscando refugio en cualquier parte. La calle se va quedando desierta y mi niña no se aparece por ningún lado. El viento que precede a la lluvia arrecia sobre las casas, sus frágiles hojas de palma en los techos parecen desprenderse. Comienzan a caer algunas gotas que se disuelven en el polvo sucio de la calle. Cuando siento que una gota golpea mi rostro, veo la figura de mi niña que se acerca lo lejos corriendo.

María Teresa continúa discutiendo acaloradamente con el condutor del carro rojo. Cuando la lluvia comienza a caer con toda su fuerza, mi niña está a mi lado, me abraza con fuerza y yo le doy un beso en la frente húmeda.

El hombre del carro rojo grita a María Teresa un sonoro insulto: “Puta de mierda, te voy a matar”, ella como respuesta le escupe el rostro. El hombre le da una bofetada en la boca causándole una herida en los labios de la cual mana un hilillo de sangre que se mezcla con las gotas de lluvia que caen inmisericordes sobre el barrio de Belén.

Dejo a María Teresa discutiendo con su hombre de turno, pienso que así seguirá por toda su vida. Entro con mi niña en la casa. Cojo una toalla y seco su rostro, entonces ella estalla en llanto, luego se suelta de mis brazos y corre hasta su cuarto, encerrándose en él. En ese momento comprendo que la historia se ha vuelto a repetir y que mi presentimiento era cierto: Ella ha sido abandonada por su enamorado y está embarazada.

La lluvia va calmando lentamente y sé que sólo ha servido para traer a mi niña de regreso a casa, con los ojos llenos de tristeza y las ilusiones muertas.
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El amor oh si oh si!

Cuando vivía en El Milagro, en Iquitos, solía leer con sumo agrado y expectación un libro de historias ancestrales, cuentos y chistes.

Quisiera compartir una historia que leí por mis días celestiales en Loreto, es una historia peligrosa, que atraviesa el alma… Y si has leído a Erich Fromm y “El arte de amar”, entonces el cuentito a continuación tendrá mucho sentido para ti.

Agradecimientos: al espíritu alegre, creativo y reflexivo de Anthony de Mello… La última frase es cosecha de él.

Un niño sintió que se le rompía el corazón cuando encontró, junto al estanque, a su querida tortuga patas arriba, inmóvil y sin vida.

Su padre hizo cuanto pudo por consolarlo: No llores, hijo. Vamos a organizar un precioso funeral por el señor Tortuga. Le haremos un pequeño ataúd forrado en seda y encargaremos una lápida para su tumba con su nombre grabado. Luego le pondremos flores todos los días y rodearemos la tumba con una cerca.

El niño se secó las lágrimas y se entusiasmó con el proyecto. Cuando todo estuvo dispuesto, se formó el cortejo -el padre, la madre, la criada y, delante de todos, el niño- y empezaron a avanzar solemnemente hacia el estanque para llevarse el cuerpo, pero éste había desaparecido.

De pronto, vieron cómo el señor Tortuga emergía del fondo del estanque y nadaba tranquila y gozosamente. El niño, profundamente decepcionado, se quedó mirando fijamente al animal y, al cabo de unos instantes, dijo: Vamos a matarlo.

“En realidad, no eres tú lo que me importa, sino la sensación que me produce amarte.”

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Amo a mi mami!

También me daba mi tiempo para hablar con mis amigos. Me daba un gusto enorme poder abrir nuestros corazones y contarnos que también extrañábamos nuestras tierras y a nuestras mamis. Casi por los últimos días se me acercó Freddy, quien es Shipibo (y me enseñó una canción bellísima que ya mismo la copio)

[moi] ¿Y qué extrañas de tu mamá? ¿su comida?
[Freddy] Su todo!!!

¿Es muy notorio que pienso mucho en la comida?

Y cumpliendo, comparto la canción en Shipibo

Enra bibéiranke
Nokon parawariwa
Niwén Ewan boní

Claro que Freddy la canta muuucho mejor que yo, y con más pasión. La canción habla de una carta que se la llevó el viento.
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Dejad que las ambigüedades vengan a mi!

Uno de mis amigos chéveres era Gregory. Gracias a él aprendí a bailar danzas típicas de la selva y a bailar con mantonas. Gracias a él, Kristín y yo comimos suri y recibimos regalos típicos… qué agradable amigo! Y bueno, también era mi alumno de inglés.

Recuerdo que se acercaba el día de la clausura de los talleres de los miércoles del CAEM. Gregory, no contento con hacer cada coreografía excéntrica conmigo, con la mantona y con los chicos del colegio, también había pensado en hacer la presentación con fuego y todo… yo sólo atinaba a decir para mis adentros cómo michi me metí en esto… Pero tranquila Diana, aprovecha al máximo estos bailes porque en Lima nica vas a poder bailar con mantonas y fuego de nuevo…

[Gregory] Profesora Violeta, tendrá petróleo que nos preste para que arda Diana?
[moi] Oye qué? Yo no necesito petróleo para arder si yo soy ardiente (:O yo dije eso?)
[Gregory] No pues! Para la danza…

los que bailamos pintados en Amazonas!
El Grupo de danzas del CAEM: completísisisimos

Al final no lo pudimos hacer con fuego porque no había petróleo, no bailamos la Warmi Boa porque Francisco se escapó (no, contra todas las mentes que creen que yo asusté al pobre animalito, Francisco huyó porque no había comido a tiempo). Finalmente Gregory, maestro de la danza amazónica modificó la coreografía para hacer ahora “La Amazonas”

Por esas mismas fechas también se llevaría a cabo el recital del ISTPEM y yo también participaría recitando… Yo ya me sentía auténtica amazonas, tanto así que andaba sin sandalias por todos lados.

[Gregory] ¿Y vas a estar por aquí así sin sandalias recitando?
[moi] Y si, es que soy silvestre

Demás está decir que mis piernas están dalmatescas, llenas de picaduras de mosquitos y de sus primos. Oh, pero la alegría, esa no me la quita nadie.

piernisísimas dalmatescas

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Viendo el lado “Coca – Cola” de la vida (md, qué tal consumista!)

Una vez fui con Bonito en moto a recorrer la carretera de Iquitos – Nauta…. era como Gael García en diarios de motocicleta. Pertinente mencionar que en dicha carretera no hay cableado eléctrico y la gente vive así. Dicen que muy pronto se terminará el proyecto para llevar luz hasta allá…

[Bonito] Mira Bonita, así son las casitas por aquí, sin luz
[moi] Ah.. bien romántico todo… con velita!

Yo misma me digo, recontra plop!

Y la verdad es que el gran ausente por allí es el Estado en sus distintas formas: ya sea como gobierno regional o como municipios… ¿donde estás querido? Ah, te estás aumentando los sueldos verdad?

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Que te estás chimoltrufeando…

También era muy típico que nos pregunten hasta cuándo nos quedaríamos ahí, en el paraíso eterno amazónico.

[Sr. Macha] ¿Y cuántos días se quedarán aquí?
[moi] Bueno, eternamente… es que aquí en Iquitos dejo todo mi corazón!
[Sr. Macha] hehehe :D
[moi] Y bueno sí… mi parte corpuscular de mi cuerpo se queda hasta diciembre.

Raaaaayos, ya estoy hablando como la Chimoltrufia…(Pero no me importaría si Chespirito estuviera a mi lado)

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Ooopsss, no era amor al chancho sino al chicharrón…

Por los fines del plazo del voluntariado, Kristín y yo acordamos regresar antes a la ciudad de Iquitos para avanzar en computadora lo que faltaba. Las muestras de cariñosa bienvenida no se hicieron esperar…

[Sr. Macha] Ah, qué agradable sorpresa verlas por aquí… ¿es más tranquilo aquí, di?
[moi] No señor Macha… Es que aquí hay energía eléctrica.

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Se acerca… se acerca tu partida…

Cuando se acercaba la época del fin… del fin del voluntariado, sentía los ánimos por los suelos (bueno la verdad no tanto porque estaba concentrada en el informe final); además mi mente estaba enfocada en el baile de mujer boa, en el recital y en tooodas las cosas que pronto dejaría (o me dejarían a mi?).

Por esos días, entonces sentía más viva y más palpitante la canción de William Luna “Vienes, vienes y te vas…” Ya anteriormente me la habían cantado… ¿Quién puede con los alumnos de secundaria, diganme quién puede con ellos?

[Prof. Ricardo] Uy Dianita! Entonces te vas!
[moi] Bueno yo yo yo… hierba mala no se va!!!
[Prof. Ricardo] Que así te consideras Dianita?
[moi] No qué va! Yo no soy hierba ;)

También mon cher écrivain nos decía cosas agradables cada vez que se acercaba la partida…

[Edgardo] Y yo he sido muy feliz de estar aquí, a su lado, compartiendo tiempo con ustedes… a pesar de que la Belle me maletea harto
[moi] ¿Qué más quieres? No todo el mundo tiene el placer de decir que lo maleteo. Considerate privilegiado :D
[Edgardo] ¬¬

Un día también me alejaría del paraíso llamado “El Milagro”

Sobre el primo loretano de Miquimaus

Cuando vives en El Milagro te acostumbras a vivir rodeada de toda la fauna silvestre… desde insectos hasta aquellos más grandecitos, digamos como ratitas (con cariño porque son loretanas y a todo lo que es loretano yo le profeso un gran cariño).

Según las versiones populares, en nuestro cuarto en las noches se aparecía una rata… la muy bendita aparecía en la madrugada y exasperaba mucho a Kristín, pero yo no me daba cuenta de la rata porque yo dormía como tronco en las madrugadas, misma angelito.

La bendita se recorría todo el techo y se metía a los cuarto por los huequitos – recobecos que habían (que eran muchos pues!). Hasta que un día Redelinda ya no pudo más y Zas!!! Pum!!! Ouch!!! Yiiiii!!! en la madrugada.

[moi] Ay Rede! Qué “cariñosita” estás!!! qué escándalo pues!
[Redelinda] Pero qué crees que iba a hacer si la condenada está que machaca y machaca… esa horrenda rata no me dejaba dormir!
[moi] Ay, qué quejona! Bien que hemos vivido con una por cinco años y no hemos hecho nada…

Err.. bueno, él no es el primo loretano de Miquimaus sino Pepito, el zorrillo bebé de mi amigo Bonito