EL PROBLEMA SE LLAMA GARCIA

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Sinesio López Jiménez

Con frecuencia, en los análisis de coyuntura, el árbol no deja ver el bosque. El acontecimiento inmediato llena nuestras pupilas y nos impide ver en perspectiva y en profundidad a los actores, los procesos y las estructuras que contribuyen a producirlo. Es lo que está sucediendo con los acontecimientos de Bagua. La intensidad del conflicto, el fracaso de las negociaciones, el enfrentamiento sangriento, los muertos, los heridos, los desaparecidos, el señalamiento de los responsables avasallan nuestra mirada y nos obligan a concentrarla en ellos. En el ínterin se escapan los problemas de fondo que están detrás de los acontecimientos. Y sobre todo se escabullen los peces gordos mientras algunos periodistas y analistas se entretienen en la pesca de mojarritas. Lo efímero trata de ocultar las estructuras y la historia.

García está en el origen, en el proceso y en el desenlace de los acontecimientos luctuosos. Todo comenzó con sus artículos sobre el perro del hortelano en los que anunciaba la venta de los recursos naturales de la selva a las transnacionales. Vino luego la delegación de facultades para que el Ejecutivo legislara sobre los asuntos vinculados a la viabilidad del TLC con Estados Unidos. García aprovechó la ocasión para elaborar los Decretos Legislativos que ahora son motivo de controversia y de confrontación. Se produjo entonces un hiperactivismo legislativo del Ejecutivo apoyándose en el sigilo cómplice de los grandes estudios de abogados y eludiendo el debate público que requiere toda propuesta legislativa. Este procedimiento se inscribe, desde luego, en la forma de decisión y de gestión del modelo neoliberal en el Perú y en América Latina para que este pueda instaurarse y funcionar: Decisión en la cúspide (presidente, ministro de economía y finanzas y alta burocracia), manejo oculto de las decisiones (decretos de urgencia), hiperactivismo legislativo del ejecutivo por delegación de facultades, aplicación autoritaria de las decisiones (alegando el principio de “autoridad”). Se trata de evadir la presión social, el escrutinio público y la accountability (rendición de cuentas). Estos procedimientos antidemocráticos se agravan cuando se tiene como presidentes a caudillos (como García) que quieren decidirlo todo porque creen saberlo todo.

La instauración y el funcionamiento del modelo neoliberal requieren, además, una sociedad del silencio (o silenciada) y desmovilizada tal como sucedió en la época de Fujimori debido a la presencia nefasta del terrorismo. Este ya no es caso. La cosa cambió desde el Arequipazo que impidió las privatizaciones impuestas a como dé lugar y que obligó a cambiarlas por las concesiones. Y para desgracia de García y los neoliberales no sólo ha cambiado el aire que respiran (el contexto sociopolítico) sino también el piso mismo en el que se mueven (el modelo neoliberal que se ha hundido debido a la crisis mundial del capitalismo). Estamos en una situación radicalmente distinta a los tiempos en que los búfalos pisaban fuerte, los perros del hortelano ladraban menos y García promulgaba, triunfante, sus decretos legislativos. García y sus socios insisten, sin embargo, en salvar lo insalvable y están dispuestos a desplegar el odio y la violencia desde el estado acompañando el deseo de los cavernícolas y los fascistas de todo pelaje. Ellos creen que los nativos amazónicos son sus enemigos y una especie de puestos de avanzada de una conspiración internacional que los digita. Están delirando. Sería bueno que se serenen un poco si quieren gobernar con un nivel mínimo de racionalidad y de respeto a los ciudadanos.

Los decretos cuestionados revelan, además, que García cree que gobierna una sociedad multicultural a la que hay que civilizar homogeneizándola. Gobernar es civilizar y civilizar es homogeneizar. Esa parece ser la política de García. Mismo conquistador del siglo XVI. Para desgracia de García y sus socios, las cosas no son así. El Perú es un país multicultural complejo en el que coexisten dos situaciones étnicamente diferentes: la multieltnicidad y la multinacionalidad. La primera, que articula grupos culturalmente diferentes (criollos, mestizos, cholos, quechuas y aymaras, etc.) y que tiene linderos imprecisos y movedizos, está presente casi en todo el territorio. Su demanda central es una mejor integración económica, social y política. La segunda, que articula etnias diferentes con linderos e identidades precisas, está ubicada en la selva amazónica. Su demanda central es el establecimiento de una política de reconocimiento de su identidad, de autonomía del territorio que ocupan y de formas de representación propias. Es lo que se llama ahora una ciudadanía diferenciada.

Las formas de desarrollo y de modernización de la Amazonía tienen que estar de acuerdo con esa política de reconocimiento. Las etnias de la selva no quieren la barbarie como piensa García. Ellas buscan la modernidad con respeto a su identidad y a su autonomía. Eso pasa por la derrota de García que es justamente lo que ha sucedido con la suspensión indefinida de los controvertidos decretos legislativos. Las derrotas enseñan. Ojalá García aprenda la lección.

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3 pensamientos en “EL PROBLEMA SE LLAMA GARCIA

  1. Miguel Canales

    Concuerdo con Ud. Profesor, efectivamente aquí García insiste con el neoliberalismo, como si en el mundo no hubiera pasado nada. Peor aún, en un tono más insolente. Por otro lado, cabe mencionar también que la llamada izquierda y el propio Humala no hacen mas que pretender usar todo en función de las elecciones. Cuando el problema es defender la tierra, la nación y reivindicaciones concretas perdidas en la década pasada.

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  2. Rasec Salim

    Estos comentarios conllevan a preguntarnos, si acaso el único partido organizado es sólo una organizacion perfecta para delinquir?
    Por lo pronto las cabezas visibles en la cupula no demuestran analisis alguno que valga la pena debatir.

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