LA CENTRALIDAD CIUDADANA

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Sinesio López Jiménez

Tonterías, necedades, cojudeces (para emplear la jerga de un obispo) son las cosas que escuchamos del oficialismo y leemos (y oímos también) en ciertos medios de prensa a propósito de los resultados de la última encuesta nacional de CPI: “No gobernamos para las encuestas, gobernamos para el país”. “La población es injusta al desaprobar al gobierno en un porcentaje tan alto” (80%). “El gran crecimiento del país también genera una demanda que va a los mercados y origina aumento de precios”. “Este es el momento en que se prefieren las críticas y el cargamontón. Conozco a mi país y sé como suben y bajan las olas. No me parece justo que se diga que no se hace nada en el sur (afectado por el sismo) o que no avanzan las obras materiales ni el empleo”. “La gente comprenderá finalmente que éste es el rumbo acertado y naturalmente por descontentos o por desaprobación en encuestas momentáneas sería una irresponsabilidad cambiar los objetivos que nos hemos planteado”. ¿Quiénes habitan el país? ¿Extraterrestres o ciudadanos de carne y hueso?. ¿Quien es injusto?. ¿El gobierno que aplica políticas públicas que no reducen la pobreza y que agravan la desigualdad o la ciudadanía que las evalúa en su propio pellejo?. El gran crecimiento: la cantaleta de todos los días. ¿Quiénes gozan, engordan y estallan con el gran crecimiento?. ¿De qué sirve “el gran crecimiento” para casi la mitad de los peruanos que son pobres y para el 20% de los ciudadanos que viven en la extrema pobreza?. “Este el rumbo acertado”: ¿Acertado para quienes?. ¿Acertado para los pobres y muy pobres?. “Por desaprobación en encuestas momentáneas sería una irresponsabilidad cambiar los objetivos que nos hemos planteado”: ¿Cuáles objetivos, aquellos que García propuso como candidato y por los cuales fue elegido presidente por los ciudadanos o los actuales con los que gobierna para los ricos?.

¿Qué quiere decir García con eso de “conozco a mi país y sé como suben y bajan las olas”? ¿Quiere decir que pese a su desastroso primer gobierno fue elegido en una segunda oportunidad en el 2006 y que pese a las desaprobaciones ciudadanas de hoy puede ser reelegido en el 2016?. Se equivoca de cabo a rabo. Ese fue el país del pasado. No conoce al país del presente. El mundo político del que García es hijo y heredero se ha derrumbado, pero el derrumbe ha sido tan lento y silencioso que el mismo García no lo ha percibido. América Latina ya no es un continente “partidocéntrico”: La centralidad del mundo sociopolítico latinoamericano (para usar la feliz expresión de Isidoro Cheresky, destacado sociólogo y politólogo argentino, profesor de la UBA) es ocupada hoy por los ciudadanos. Adiós al pueblo y a “los partidos del pueblo”. Bienvenidos los partidos de los ciudadanos. Es probable que la política latinoamericana –los partidos, las instituciones, los estados- se reconstituyan desde esa nueva centralidad en conflicto, desde luego, con otros actores y otros intereses con vocación epicéntrica. Hundimientos y emergencias, fragmentaciones y recomposiciones, manipulaciones y deliberaciones caracterizan y dinamizan el escenario actual de la política en AL. Se hunden los partidos y emergen los ciudadanos. Los viejos movimientos sociales se fragmentan y se recomponen lentamente las sociedades civiles en los diversos países latinoamericanos. La manipulación arrolladora de los medios es puesta en cuestión y múltiples voces entran atropelladamente a la crítica y al debate público.

Los ciudadanos están hoy el centro de la escena en el Perú y en América Latina. Invaden diversos espacios y desempeñan múltiples funciones. No ejercen el poder, pero son sus titulares. Están presentes en los procesos electorales para delegar la autoridad y elegir representes y gobernantes. Constituyen el eje de la accountability vertical. Los ciudadanos y la sociedad civil forman los pilares de la accountability social. Al deliberar sobre asuntos de interés general, son los constructores de la esfera pública y de la opinión pública. Son los que otorgan y quitan legitimidad a los políticos y a las instituciones. Por eso mismo, se erigen en el centro de referencia y en el terror de los políticos. No son en sí mismos demócratas, pero constituyen la base de la democracia. Son los jueces severos que juzgan a los políticos y a las instituciones y expresan su veredicto en las encuestas. Como en Argentina y Bolivia en momentos de crisis, los ciudadanos pueden dar golpes de Estado. Pero pueden contribuir también a la consolidación y al mejoramiento de la calidad de la democracia. Más aún: Desde la ciudadanía, especialmente desde la ciudadanía social, como lo sostuvo Marshall en su célebre conferencia (Ciudadanía y clase social) en la Universidad de Cambridge en 1949, se puede, sino superar, al menos reducir la desigualdad social. ¿Puede García revertir el veredicto ciudadano de la desaprobación masiva de su gobierno?. Difícil, pero no imposible. La receta es, sin embargo, simple: Que no gobierne para los ricos sino para todos los ciudadanos. Eso no es populismo. Es simplemente justicia y democracia.

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