Proteger la creación: un imperativo teológico
11:00 a.m. | 23 set 26 (OSV/NCR).- ¿Qué respuesta ofrece la fe cristiana ante una “crisis ecológica y social”, “miope y suicida”, en la que ha caído la humanidad? Esa es la pregunta que inspira un nuevo documento de la Iglesia, elaborado por la Comisión Teológica Internacional. En el texto incluso se califica el deterioro ambiental como un “pecado contra la creación y el Creador”. Una revisión ética y pastoral, invita a ir más allá de discursos técnicos, promoviendo una espiritualidad ecológica y una cultura de custodia.
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En esta publicación compartimos información sobre el nuevo documento de la Comisión Teológica Internacional (CTI), titulado Cuidar nuestra Casa Común – Respuesta responsable y fraterna al Dios trinitario. En la primera parte, junto con revisión general del texto, se analiza la definición del “pecado contra la creación y el Creador” y su impacto al distorsionar la triple relación del ser humano con Dios, con el prójimo y con la naturaleza. En la segunda parte, compartimos una reseña sobre la genealogía e implicaciones pastorales del término —rastreando su evolución desde las intuiciones del Patriarca Ecuménico Bartolomé y la encíclica Laudato si’ hasta el Sínodo Panamazónico—, exponiendo la propuesta de incorporar esta categoría al Catecismo de la Iglesia Católica, la renovación de la confesión y el examen de conciencia ecológico.
Compartimos también una reflexión sobre el enfoque ético-social del documento de la CTI -organismo de la Curia Romana dependiente del Dicasterio para la Doctrina de la Fe- orientado a la Justicia global, la Doctrina Social y la espiritualidad del consumo. Se ofrecen claves para una “espiritualidad ecológica”, donde la teología confronta el paradigma tecnocrático y el ritmo frenético del mercado. En la última parte de esta publicación, ofrecemos una síntesis del documento, en una guía de lectura rápida estructurada en cinco claves esenciales.
La CTI define el “pecado contra la creación y el Creador”
La Comisión publicó un nuevo documento en el que llama a una conversión ecológica ante el “pecado contra la creación y el Creador”. El texto, de más de 29.000 palabras y titulado Cuidar nuestra Casa común – Respuesta responsable y fraterna al Dios trinitario, fue aprobado por mayoría de los miembros de la comisión en una votación celebrada en julio y autorizado para su publicación por el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, después de ser presentado al papa León XIV.
Más de una década después de la publicación de la histórica encíclica del papa Francisco, Laudato si’, la Comisión Teológica Internacional va más allá del uso que hizo Francisco de la expresión “pecado ecológico”, al proponer una terminología que considera más precisa: “pecado contra la creación y el Creador”.
“Como subrayó el papa León XIV, creemos que es apropiado favorecer una formulación que implique simultáneamente tanto el daño infligido a la naturaleza como el hecho de no reconocer, e incluso rechazar, el plan del Creador, que implica confiar a los seres humanos la custodia y el cuidado de nuestra Casa Común”, afirma el documento. “Proponemos entender este pecado contra nuestra Casa Común como un ‘pecado contra la creación y contra el Creador’, en la medida en que viola el sentido de la creación previsto por Dios, el Creador”.
Los desafíos del “punto de inflexión ecológico”
La comisión explicó que, al no cuidar “nuestra Casa Común” con suficiente sabiduría y visión a largo plazo, “no solo dejamos de respetar el plan de Dios y maltratamos la creación, sino que también perjudicamos a nuestros semejantes, especialmente a los más pobres y a las generaciones futuras”. El pecado contra la creación, señala, “afecta, por tanto, a nuestra relación con Dios Creador, con nuestros semejantes y con la propia creación, distorsionando las tres relaciones que nos definen”.
Publicado por ahora únicamente en italiano, el documento está dividido en tres capítulos y describe una “triple transformación” en la relación de la cultura con la naturaleza desde el siglo XVI: la pérdida de la percepción de la naturaleza como creación de Dios; el surgimiento de una visión cada vez más antropocéntrica y depredadora en la relación entre la humanidad y la creación; y la propagación de una crisis ecológica a escala planetaria.
Mons. Piero Coda, secretario general de la CTI, afirmó que es de “especial importancia” la propuesta del documento de “entender el pecado contra el medio ambiente de manera análoga a como se han consolidado progresivamente los conceptos de pecado social y de estructuras de pecado”.
“Con ello se subraya la radicalidad y la seriedad del ‘giro ecológico’ que hoy interpela a la conciencia, exigiendo una conversión que, para desplegar toda su eficacia a nivel cultural y social, económico y político, requiere ante todo expresarse a nivel espiritual y religioso”, escribió en un comentario sobre el documento publicado por Vatican News.
La creación refleja a la Trinidad
El primer capítulo examina cómo toda la creación lleva la huella de la Trinidad —Padre, Hijo y Espíritu Santo— y sostiene que, dado que la creación lleva la huella de Dios Creador, las cuestiones ecológicas tienen siempre una dimensión religiosa. Cita la idea de santa Hildegarda de Bingen sobre la creación como “una segunda Escritura”, así como a otros Doctores de la Iglesia —san Agustín de Hipona, san Buenaventura y santo Tomás de Aquino—. La comisión también entabla un diálogo con algunas perspectivas científicas y filosóficas sobre el cosmos, examinando cómo el Big Bang y la física cuántica son compatibles con la fe.
El segundo capítulo comienza con una reflexión sobre el ser humano creado a “imagen y semejanza de Dios”, lo que permite reafirmar que las diferencias -de etnia, género, cultura, condición social o económica- no implican en modo alguno una jerarquía. El documento subraya después la importancia del “principio sabático”, que, un día a la semana, permite a la Tierra descansar respetando sus ritmos originales y a la humanidad dar gracias al Señor mediante la oración. Este principio también enseña a “tener una mirada desinteresada, liberada del apetito de poseer, dominar o agredir”.
Luego, citando informes ambientales de las Naciones Unidas, el documento enumera lo que califica como niveles alarmantes de pérdida de biodiversidad, contaminación del aire y del agua, y consecuencias ambientales de los conflictos armados, señalando que las naciones y comunidades más pobres sufren las peores consecuencias a pesar de tener la menor responsabilidad en haberlas provocado.
El documento rechaza los dos extremos del “antropocentrismo depredador” -que trata la creación como una mera propiedad destinada a la explotación- y del biocentrismo radical y los movimientos de “ecología profunda”, que despojan a la humanidad de su condición única dentro de la creación. En su lugar, la Comisión Teológica propone la idea de un “antropocentrismo situado” —una expresión utilizada por primera vez por el papa Francisco y retomada por el papa León XIV— que describe la vocación humana como “custodio” y “servidor de la creación”.
Esta doble vocación encuentra su culminación en la Eucaristía, que el documento describe como una “escuela ecológica” de la que brota “una espiritualidad capaz de sostener y alentar la conversión ecológica que tan urgentemente necesitamos emprender como familia humana”.
Orientaciones prácticas para la conversión ecológica
El tercer capítulo ofrece algunas orientaciones prácticas y principios para la “conversión ecológica”, organizados en torno a las diferentes relaciones fundamentales de la persona con Dios, consigo misma, con la creación y con los demás. Destaca la importancia de un consumo consciente, de ritmos equilibrados de trabajo y descanso a partir de la idea benedictina de ora et labora, del respeto a la vida, la ascesis, la reverencia ante la creación y la escucha del clamor de la Tierra y de los pobres.
También examina la contribución de otras religiones del mundo a las ideas sobre la custodia del medio ambiente. “Desde la perspectiva de la fe cristiana, las puertas están abiertas a la cooperación interreligiosa en la tarea común de cuidar respetuosamente de toda la Creación, al servicio del florecimiento de la vida y de la comunión con el Trascendente, que está en el origen y es el fundamento de toda vida”, afirma.
El documento, elaborado por una subcomisión que se reunió entre 2022 y 2025, se ha publicado durante el Tiempo de la Creación de la Iglesia establecido por el papa Francisco, que se extiende desde la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, el 1 de septiembre, hasta el 4 de octubre, fiesta de san Francisco de Asís.
LEER. Reseña completa publicada en Vatican News
VIDEO. Vaticano alerta por crisis ecológica y humana
Del “pecado ecológico” a la conversión: Genealogía e implicaciones pastorales
El momento en que la CTI publica este documento resulta providencial, y el contenido de su reflexión teológica cuestiona acertadamente el pensamiento antropocéntrico o “centrado en el ser humano”. Entre los temas más significativos abordados se encuentra el concepto de “pecado ecológico”, que es objeto de interés al menos desde la encíclica Laudato si’, que aunque no lo desarrolla con precisión, buena parte se centra en la relación correcta entre las comunidades humanas y no humanas y en un llamado a una conversión permanente orientada hacia una ecología integral.
Y aunque no utilizó explícitamente el lenguaje del pecado, Francisco sí citó una afirmación de 1997 del Patriarca Ecuménico Bartolomé según la cual “un crimen contra la naturaleza es un crimen contra nosotros mismos y un pecado contra Dios”. Posteriormente, en 2020, el documento final de la Asamblea del Sínodo de los Obispos para la Región Panamazónica ofreció una definición preliminar del pecado ecológico:
“Proponemos definir el pecado ecológico como una acción u omisión contra Dios, contra el prójimo, la comunidad y el ambiente. Es un pecado contra las futuras generaciones y se manifiesta en actos y hábitos de contaminación y destrucción de la armonía del ambiente, transgresiones contra los principios de interdependencia y la ruptura de las redes de solidaridad entre las criaturas y contra la virtud de la justicia” (cf. Documento final Sínodo Panamazónico, No. 82).
Esta definición se basa en referencias puntuales presentes en documentos de episcopados regionales de todo el mundo y preparó el terreno para el trabajo de la CTI. Esta situó su definición de pecado ecológico dentro de un contexto específicamente teológico, señalando que el lenguaje del pecado tiene una fuerza y un significado particulares dentro de la tradición cristiana, a diferencia de otros términos o expresiones que pueden surgir de las ciencias naturales o sociales, como “ecocidio”.
Además, la CTI explicó que la categoría de pecado ecológico se entiende mejor de manera análoga a las “nociones de pecado social y estructuras de pecado”, que pueden rastrearse hasta importantes documentos publicados por el papa Juan Pablo II. Al definir este concepto, la Comisión explica:
“Proponemos entender este pecado contra nuestra Casa Común como un ‘pecado contra la creación y contra el Creador’, en la medida en que viola el sentido de la creación previsto por Dios, el Creador. La propia expresión ‘creación’ tiene un significado profundamente teológico: nos lleva a pensar no tanto en la mera suma de todos los seres creados, sino en cada uno de ellos como relacionado con un origen en Dios, quien constantemente los sostiene y contiene. Además, todo pecado forma parte de nuestra relación con Dios. El Creador nos ha dado el mandato y la tarea de cuidar e incluso perfeccionar nuestra Casa Común. No hacerlo, por acción u omisión, es desobedecer a Dios. Al no cuidar ‘nuestra Casa Común’ con suficiente sabiduría y visión a largo plazo, no solo dejamos de respetar el plan de Dios y maltratamos la creación, sino que también perjudicamos a nuestros semejantes, especialmente a los más pobres y a las generaciones futuras”.
Esta es una definición muy útil, que seguirá invitando a una mayor reflexión, elaboración y revisión a medida que la Iglesia tome más en serio la realidad del pecado ecológico. Y se pueden apreciar implicaciones que se desprenden inmediatamente del trabajo de la CTI en este ámbito, que confirma la enseñanza magisterial tanto de Francisco como de León XIV.
En primer lugar, en lo que respecta a la acción catequética, la educación religiosa y la formación permanente en la fe de todos los bautizados, la Iglesia y sus ministros deben incluir reflexiones sobre el pecado ecológico para ayudar a formar las conciencias de los fieles (Gaudium et Spes, 16). Así como hablamos habitualmente de otras formas de transgresión pecaminosa contra Dios y contra nuestros prójimos, deberíamos abordar el pecado ecológico desde una edad temprana y recurrir a la Escritura y a la Tradición —incluidas Laudato si’, Laudate deum y Magnifica humanitas— para ayudar a formar el imaginario moral y promover la conversión ecológica.
En este sentido, esta categoría de pecado ecológico debería incorporarse al Catecismo de la Iglesia católica, que es principalmente un recurso de enseñanza para catecúmenos y candidatos y que a menudo sirve como punto de referencia para quienes ya están en comunión con la Iglesia. Francisco planteó esta posibilidad en noviembre de 2019, cuando habló ante los participantes de una conferencia sobre derecho penal reunidos en Roma: “Nosotros debemos introducir ―lo estamos pensando― en el Catecismo de la Iglesia Católica el pecado contra la ecología, el pecado ecológico contra la casa común, porque es un deber”.
En segundo lugar, contar con esta definición formulada de manera más formal ofrece a todos los fieles un medio para exigirnos responsabilidad unos a otros y también a nosotros mismos. El lenguaje del pecado ecológico tiene la seriedad adecuada y no puede ser fácilmente descartado como algo “opcional” o exclusivo de “los ecologistas”. Ahora podemos nombrar lo que está ocurriendo a nivel individual, comunitario y global de una manera que antes no podíamos en nuestro discurso eclesial.
En tercer lugar, tanto quienes presiden el sacramento de la Penitencia como los penitentes deberán repensar y renovar su manera de abordar la confesión y las penitencias impuestas. Cabe señalar que la oración de la absolución comienza con una proclamación sobre la salvación que no es antropocéntrica, sino que incluye a toda la creación. El sacerdote reza por el penitente: “Dios, Padre de misericordia, que, por la muerte y resurrección de su Hijo, reconcilió al mundo consigo y derramó el Espíritu Santo para el perdón de los pecados”.
Esto lleva a la implicación más importante que esta definición del pecado ecológico nos plantea hoy: la necesidad de un examen de conciencia ecológico. Afortunadamente, ya existen algunos recursos muy útiles que pueden ayudarnos a comenzar. Por ejemplo, la Compañía de Jesús y la Ignatian Solidarity Network cuentan con un sitio web titulado Reconciliar a Dios, la creación y la humanidad: un examen ignaciano, que invita tanto a los cristianos individualmente como a las comunidades a reflexionar sobre lo que hemos hecho y lo que hemos dejado de hacer en relación con el pecado ecológico.
La Universidad de San Diego ha publicado una reflexión de la especialista en ética Meghan Clark, que también invita a los lectores a reflexionar en oración sobre la sabiduría de Laudato si’ como una forma de examinar los propios pensamientos, acciones y omisiones. Y existen otros recursos ofrecidos por parroquias y diócesis de todo el mundo que vale la pena explorar.
Pero necesitamos más recursos educativos y espirituales que ayuden a instruir la mente, formar el corazón y educar las conciencias de los fieles. Nunca es demasiado tarde para comenzar a integrar, en nuestros periódicos exámenes de conciencia, la manera en que estamos viviendo nuestra relación con el mundo más-que-humano. Es una práctica muy valiosa para comenzar ahora que se acerca rápidamente el final del Tiempo de la Creación de este año.
LEER. Documento “Cuidar nuestra Casa Común – Respuesta responsable y fraterna al Dios trinitario”
Justicia global, Doctrina Social y espiritualidad del consumo
“El momento histórico que estamos viviendo exige una acción urgente de todos, comenzando por quienes tienen responsabilidades en la vida pública, para garantizar la sostenibilidad del planeta y la habitabilidad de nuestra Casa Común”, plantea la Comisión Teológica Internacional en el documento. El desarrollo conceptual presentado en el documento —fruto de tres años de riguroso trabajo académico y espiritual para asistir al Magisterio y al Dicasterio para la Doctrina de la Fe— demuestra que la respuesta ante la crisis ambiental no es solo una exigencia ética, sino un imperativo teológico de primer orden.
Frente al predominio del paradigma tecnocrático y las dinámicas frenéticas del mercado —que atrapan a la sociedad moderna en un ritmo que deteriora tanto la salud humana como el entorno—, la teología católica propone el desarrollo de una auténtica “espiritualidad ecológica que abre un camino para salir de esta espiral suicida que nos maltrata, nos enferma y nos deteriora”. Esta visión no se limita a sugerir ajustes técnicos, sino que busca unificar armónicamente las diversas dimensiones de la existencia humana: “el trabajo, el descanso, el ocio, la contemplación, nuestra relación con la naturaleza y con las demás personas, y el silencio”.
“Una espiritualidad saludable nos invita a vivir de manera equilibrada y consciente, tanto en relación con el medio ambiente que nos sustenta como con los demás y con nosotros mismos”, continúa. “Una sana espiritualidad presta atención al consumo personal y familiar; procura hacerlo sostenible. Busca reducir al mínimo el uso de energía en el hogar y en el transporte. Promueve una alimentación adecuada y responsable con el medio ambiente. Nos ayuda a discernir qué compramos, conscientes de que cada acto de compra es un acto moral”.
En una sección posterior dedicada a la ascesis y al ayuno, la comisión escribió que “la situación actual de sobreexplotación de nuestro planeta impone a todos nosotros el deber moral de limitar voluntariamente nuestro consumo y explotación de los recursos, especialmente en los países ricos”.
Y al abordar la responsabilidad colectiva por las causas y los efectos del cambio climático, el texto afirma que “es justo que la aplicación de políticas ecológicas más responsables, exigentes y respetuosas sea más rigurosa para quienes causan el mayor daño a nuestra Casa Común o se lo han causado hasta ahora”. Pero la comisión también sostiene que “sería injusto que los países más ricos impusieran cargas insostenibles y que no ofrecieran apoyo a los países más pobres, exigiéndoles que preserven los ‘pulmones’ de la Tierra y los oasis verdes, mientras los países ricos no están dispuestos a renunciar a su elevado nivel de vida y a sus patrones de consumo”.
En una sección sobre el “destino universal de los bienes”, un principio de la doctrina social católica que León desarrolló en su encíclica centrada en la inteligencia artificial, Magnifica humanitas, el documento también afirmó que “la propiedad privada no es un derecho absoluto según la Tradición cristiana”. La idea del destino universal de los bienes, que sostiene que todos los bienes han sido dados para el bien y el uso de todas las personas, “debe ampliarse para incluir la preservación del planeta Tierra para las futuras generaciones y para el florecimiento de la vida, no solo de la vida humana”, escribió la comisión.
El documento concluye expresando la necesidad urgente de un “giro ecológico” que consista en la “toma de conciencia colectiva de que toda la realidad está interconectada, proviene de Dios como un don y revela su huella trinitaria”. Tal cambio de paradigma “implica una profunda conversión espiritual”, señala. Aunque el texto exhorta a las personas y a los líderes políticos a realizar este cambio, también señala que “destaca el papel impulsor de las religiones en la promoción del bien común, así como su capacidad para inspirar el altruismo, la conservación y el respeto por el medio ambiente natural, y para señalar la fuente de una espiritualidad que impregna y guía el comportamiento cotidiano”.
VIDEO. “El cuidado de la naturaleza es un camino de santidad”
Guía de lectura rápida: Claves y estructura del documento vaticano
Para facilitar una comprensión ágil del documento Cuidar nuestra Casa Común: Respuesta responsable y fraterna al Dios trinitario, esta síntesis esquemática presenta sus tres capítulos centrales y los ejes conceptuales que guían su lectura.
1. La cuestión ecológica es, ante todo, una cuestión teológica
El punto de partida del documento es una afirmación que sus autores consideran poco valorada incluso dentro de la Iglesia: que la manera en que tratamos la creación no es principalmente una cuestión científica, política ni siquiera ética, sino teológica. “La cuestión ecológica es una cuestión teológica”, resumió Vatican News: “la manera en que cuidamos la Creación revela y configura nuestra relación con Dios”. El deterioro del medio ambiente es alarmante y se necesita una acción urgente para garantizar la sostenibilidad del planeta. La Comisión describe la situación actual como una crisis ecológica y social “miope y suicida” que exige una respuesta, pero insiste en que esta debe comenzar por un cambio en los valores culturales y por una conversión ecológica interior, y no solo por soluciones técnicas y políticas.
2. “Pecado contra la creación y contra el Creador”: una formulación más precisa
El documento propone un lenguaje teológico más preciso. Más de una década después de que Laudato si’ introdujera el término “pecado ecológico”, la Comisión sostiene que esta expresión, aunque útil, no capta plenamente la gravedad teológica de lo que está en juego. Destruir hábitats naturales, contaminar y explotar los recursos no son simplemente fallos cívicos o deficiencias de las políticas públicas. Son ofensas contra Dios: contra su plan para la creación y contra su identidad como Creador.
3. Se distorsionan tres relaciones, no una
Una de las principales claves de análisis del documento es su insistencia en que el pecado ecológico no es una ofensa aislada, sino una distorsión simultánea de tres relaciones fundamentales. “El pecado contra la creación”, señala, “afecta, por tanto, a nuestra relación con Dios Creador, con nuestro prójimo y con la propia creación, distorsionando las tres relaciones que nos definen”. Los pobres —que soportan las peores consecuencias de la destrucción ambiental, a pesar de ser quienes menos contribuyen a sus causas— ocupan el centro del argumento ético del documento. El texto enumera lo que califica como niveles alarmantes de pérdida de biodiversidad, contaminación del aire y del agua, y el impacto ambiental de los conflictos armados, señalando que las naciones más pobres sufren de manera desproporcionada.
4. La crisis tiene una historia y comenzó en el siglo XVI
El documento sitúa la actual emergencia ecológica dentro de un amplio arco histórico y describe lo que denomina una “triple transformación” en la relación de la cultura con la naturaleza desde el siglo XVI: en primer lugar, la pérdida de la percepción espontánea de la naturaleza como creación de Dios; en segundo lugar, la aparición de una visión cada vez más antropocéntrica y depredadora en la relación entre la humanidad y la creación; y, en tercer lugar, la expansión de una crisis ecológica a escala planetaria. Este diagnóstico histórico se conecta con la crítica más amplia de la Iglesia al paradigma tecnocrático: la tendencia a tratar el mundo natural como una materia prima que debe ser explotada, en lugar de como un don que debe ser cuidado.
5. La conversión ecológica es personal, no solo política
El documento insiste en que responder a la crisis requiere algo más que cambios en las políticas: exige lo que denomina “una auténtica conversión ecológica en la manera de vivir de las personas”. Esta conversión se fundamenta en la visión trinitaria de Dios: toda la creación lleva la huella de la Trinidad y, por tanto, cuidarla constituye una “respuesta responsable y fraterna al Dios Trino”. Las soluciones técnicas —cambios en los sistemas de producción, consumo, transporte y uso de la energía— son necesarias, pero no suficientes. Lo que se necesita es un cambio de corazón, como sostuvo el papa Francisco: una renovada percepción de la creación como don y la recuperación de la vocación humana de custodiarla.
VIDEO. El documento de la CTI sobre el cuidado de la casa común
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Fuentes
- Mares, C. (2026, 3 de setiembre). Vatican theological commission defines “sin against creation and the Creator” in new document. OSV News.
- McLellan, J. (2026, 2 de setiembre). Vatican body develops concept of “ecological sin” in spiritual salvo on the environment. National Catholic Reporter.
- Horan, D. (2026, 17 de setiembre). New Vatican document’s use of “ecological sin” vital to conversion. National Catholic Reporter.
- Esparza, D. (2026, 15 de setiembre). Are you actively rejecting God’s plan for creation? Aleteia.
- Piro, I. (2026, 2 de setiembre). El cuidado de la Creación es una cuestión teológica. Vatican News.
- Videos: Ecclesia COPE – Uno TV – Conferenza Episcopale Italiana
- Foto: Vatican Media – AFP or licensors

