De la guerra a la vida: el llamado ecológico de León XIV

5:00 p.m. | 17 set 26 (GC/VTN).- Que las energías destinadas hoy a la guerra se pongan al servicio de la vida. Ese es uno de los ejes del mensaje de León XIV por la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, que vincula paz, conversión ecológica y desarrollo humano integral. En pleno Tiempo de la Creación, su llamado encuentra eco en América Latina, donde el Movimiento Laudato Si’ prepara en Bogotá un encuentro regional para compartir experiencias y abordar desafíos como las disputas por el agua, los impactos extractivos y el cuidado de la casa común.

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En esta publicación compartimos información sobre los mensajes e iniciativas que han inspirado la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación de este año. El mensaje del papa León XIV ha vinculado la guerra con la degradación ambiental y plantea redirigir hacia el desarrollo humano las energías hoy destinadas a la violencia. Su reflexión sobre la conversión del corazón se prolongó en la misa celebrada -en el marco de la misma iniciativa- en los Jardines del Borgo Laudato Si’, donde presentó la contemplación de la creación como un primer paso hacia la conversión ecológica.

El panorama se complementa con las iniciativas del Movimiento Laudato Si’ en América Latina, que este año pone especial atención en el agua y prepara un encuentro regional en Bogotá, y con el mensaje del patriarca ecuménico Bartolomé I, quien reclama un giro en la relación de la humanidad con la naturaleza y una responsabilidad ecológica compartida. Así, la publicación recorre el mensaje del Papa, su reflexión espiritual, las respuestas que surgen en la región y el llamado ecuménico a proteger la creación.

El Papa: Que las energías empleadas en la guerra se destinen a la vida

“Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas”. Así soñaba el profeta Isaías con un tiempo en que los pueblos de la Tierra transformarían lo que destruye la vida en aquello que la sostiene. Hoy, en cambio, es evidente una pesadilla paradójica en la que las naciones aceleran la “alteración del equilibrio” de la creación, infligiéndose a sí mismas dolores y sufrimientos.

“Desiertos interiores”, que son, sin embargo, espejos de una aridez “ética y cultural”, por lo que lo único que prospera es “una pérdida del sentido de los límites, del deseo de dominación, de la búsqueda del beneficio inmediato y de la incapacidad de reconocer la dignidad dada por Dios a cada persona humana”. Estos son algunos de los conceptos expresados por el papa León XIV en el mensaje publicado con motivo de la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, que desde 2015 se celebra el 1º de septiembre.


El drama de esfuerzos orientados a la guerra y la degradación ambiental

En el texto, el Pontífice reconoce que las crisis que asfixian a la sociedad actual no están desconectadas entre sí, sino que constituyen una única herida que solo puede sanarse a través de la paz. No la paz del mundo, superficial y fugaz, sino aquella “que mana desde el perpetuo amor de Cristo y de su interés por cada persona humana”.

Sin embargo, explica el Papa, “esta promesa de paz contrasta notablemente con las realidades que vemos en muchas partes del mundo. El profeta Isaías habló de una época en la que las naciones ‘con sus espadas forjarán arados’ (Is 2,4), transformando lo que destruye la vida en aquello que la sostiene. Pero hoy, frecuentemente somos testigos de lo contrario, mientras los esfuerzos se siguen centrando en la violencia y la guerra”.

Desde los campos de batalla, los conflictos amplían su ámbito de influencia, interactuando de manera nociva con la degradación ambiental. Así se alimentan círculos viciosos que “destruyen ecosistemas, contaminan recursos esenciales, como el aire y el agua”. Esto, a su vez, socava la seguridad de los alimentos, lo que genera pobreza, desigualdad y nuevos conflictos sociales que pueden contribuir al resurgimiento de conflictos futuros.

“La guerra, escribe León, crea lesiones que perjudican todo el entramado de la vida, dañando no sólo a individuos y comunidades, sino a su amplia red de relaciones con la entera familia humana, así como su armonía con la creación”. Esto revela “un fracaso más profundo cuando se trata de vivir a imagen y semejanza de Dios, de respetar la vida y de cuidar la tierra que se nos ha confiado”. Por eso, “no es sólo un fracaso político, sino también moral y espiritual. La guerra, arraigada en deseos distorsionados y en el mal uso de la libertad y el poder humanos, constituye un antitestimonio del Evangelio de la paz”.


La condición del corazón humano

“Las crisis mencionadas anteriormente no sólo exigen responsabilidad sino también una conversión del corazón que rinda frutos en una fidelidad más profunda a Dios, en el amor mutuo y en el respeto por el don de la creación”, continúa el Papa. “Las discordias que presenciamos en el mundo como la violencia, la injusticia y el daño ecológico, no resultan simplemente de estructuras o sistemas imperfectos; son el síntoma de una profunda dicotomía arraigada en la misma humanidad”, observa.

En efecto, el corazón humano resulta ser el lugar donde se llevan a cabo las más duras batallas y donde se revela nuestra condición caída. De hecho, en el interior de cada uno habitan deseos contradictorios y luchas profundas: amor e indiferencia, verdad e ilusión, justicia e injusticia: “Los conflictos que atormentan a la humanidad, de diversos modos, son la expresión exterior de la discordia y división interiores. Cuando el corazón está distorsionado, las relaciones sufren y las estructuras que construimos comienzan a reflejar ese desorden”.

Para resaltar mejor este concepto, León XIV toma prestada la metáfora utilizada por Benedicto XVI en la homilía de la misa con motivo del inicio de su ministerio petrino: “Los desiertos exteriores se multiplican en el mundo, porque se han extendido los desiertos interiores”. Explica León que “lo que está arruinado en nuestro entorno, de alguna manera también lo está dentro de nosotros”. Por tanto, para construir una sociedad pacífica, es necesario no sólo “reformar estructuras, sino renovar nuestros corazones”.


De sueño a realidad. De la guerra al desarrollo humano integral

El adagio profético de Isaías se convierte hoy en un llamado a cada persona a “transformar la herida en vida”. Una conversión que requiere una conversión personal y colectiva más profunda: un regreso a Dios, que sana nuestras heridas. Porque allí donde los corazones se renuevan, comienza a abrirse nuevas posibilidades: “Lo que ha sido utilizado para la destrucción puede ser redirigido hacia la vida: al cuidado de los pobres, al sustento alimentario de los hambrientos y al cuidado de la creación. Este es el camino de la auténtica conversión ecológica, donde los efectos de nuestro encuentro con Jesucristo se hacen evidentes en nuestra relación con el mundo que nos rodea”.

Son desafíos enormes, como lo reconoce el Papa, porque son numerosos los “ecosistemas” confiados al ser humano: los ecosistemas de la creación, de las relaciones humanas y los del propio corazón humano: “Imaginémonos un mundo en el que los esfuerzos que actualmente se invierten en la guerra fueran dirigidos al desarrollo humano integral, al combate de la pobreza, a la protección de la dignidad humana y a la reconciliación de la gente que está dividida. Un panorama así refleja la fe en la venida del Reino de Dios”.


Desde el desierto hacia el jardín

El Santo Padre reitera que los auténticos instrumentos para la construcción de la paz no son las armas destructivas, al contrario, lo son la verdad, el diálogo, la paciencia, la bondad, la justicia, la misericordia, la comprensión, el cuidado y el amor. Asumir la tarea de poner en práctica estos valores significa convertirse en colaboradores en la obra renovadora de Dios:

“Avanzaremos despacio pero firmes, desde el desierto hacia el jardín, de la división a la comunión y de la violencia a la paz. Que el Señor nos conceda la valentía para recorrer esta senda, para que en nuestro tiempo, con las espadas realmente se forjen arados, que la promesa del Evangelio se arraigue en nuestro mundo y que la paz de Cristo reine sobre toda la creación”.

LEER. Mensaje para la XI Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación 2026

VIDEO. Jornada Mundial de Oración para el Cuidado de la Creación 2026 (Dicasterio DHI)

Reflexión: El cuidado de la creación y la cuestión de la guerra

“Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas” (Is 2,4). La elección de ese versículo de Isaías como subtítulo del mensaje deja claro hacia dónde quiere llevar León XIV a quien lo lee. El cuidado de la creación va de la mano con la cuestión de la guerra, y no por una mera conveniencia retórica. Las crisis humanas y la ruptura del equilibrio de la creación, que parece acelerarse, no son fenómenos inconexos; constituyen una única súplica de sanación que surge de un mundo herido.

Los conflictos armados y la degradación ambiental se alimentan mutuamente. La guerra destruye los ecosistemas, contamina el aire y el agua, socava la seguridad alimentaria; de ahí surgen la pobreza, la desigualdad y las tensiones sociales que preparan el terreno para nuevos conflictos. El círculo se cierra y vuelve a comenzar. Quien lea el mensaje solo como un texto devocional sobre el medioambiente se perderá la página más política del mismo.

Hacia el final, el Papa extiende el significado de la palabra “ecosistema” más allá de la biología. Los ecosistemas que se nos han confiado, escribe, son los “de la creación, de las relaciones humanas y los del propio corazón humano”. El corazón, aclara, es el centro de la persona y no solo la sede de las emociones: allí convergen la razón, los deseos, la voluntad y la conciencia. León XIV recuerda a Benedicto XVI, para quien los desiertos que nos rodean se extienden en proporción a los desiertos que llevamos dentro. Aquí el mensaje retoma la encíclica Laudato si’ del papa Francisco, con una referencia explícita al párrafo 217.

El riesgo que León identifica hoy es una paz confiada únicamente a las estructuras: sin una transformación interior, advierte, sigue siendo frágil y efímera. Las estructuras tienen que reformarse, los corazones renovarse. La raíz del conflicto y de la explotación de la creación radica en una crisis ética y cultural: la pérdida de todo sentido de los límites, el afán de dominación, la búsqueda del lucro inmediato, la incapacidad de reconocer la dignidad que Dios ha dado a cada persona.

La urgencia del texto se basa en una petición. El Papa nos invita a imaginar que las energías que ahora absorbe la guerra se redirijan hacia el desarrollo humano integral, el alivio de la pobreza, la defensa de la dignidad humana y la reconciliación de los pueblos divididos. En una época en que los presupuestos de defensa están aumentando en muchos países y el rearme se presenta como una necesidad indiscutible, el texto pide un cambio en el destino de los fondos. La petición está dirigida a la política.

Los verdaderos instrumentos de la paz, escribe el Papa, son la verdad y el diálogo, la paciencia, la justicia, la misericordia y el cuidado. El mensaje concluye con una imagen de transición: el desierto que se convierte en jardín, la división que se convierte en comunión. En su undécimo año, el Día de la Creación se presenta también como un día dedicado a la guerra.

VIDEO. Reseña del Mensaje del Papa para la Jornada por el Cuidado de la Creación

León XIV: Contemplar la creación de Dios es el primer paso hacia la conversión ecológica

“Contemplar la belleza y el poder de la creación para ser capaces de reconocer al Artífice”, fue la exhortación que emana del libro de la Sabiduría y de las lecturas para esta Jornada, como “alzar la mirada para contemplar los cielos que narran la gloria de Dios” que propone el Salmo 18, o la invitación de Mateo contemplar la creación, “subrayando el amor especial del Señor por el ser humano”. Así abrió su homilía, el papa León XIV, en la misa por la Jornada Mundial por el Cuidado de la Creación, celebrada en los Jardines del Borgo Laudato si’.

Contemplar las obras del Señor es para el Santo Padre un “ejercicio” pues, como afirma, “es superficial detenerse en la contemplación del fuego, del viento, del agua impetuosa o de las estrellas del cielo sin elevarse al Creador de tantas maravillas”. Pero el Pontífice, además advierte que “toda la creación nos habla de la grandeza del Creador, siempre y cuando la mirada y el corazón se abran a tan grande misterio”.

Admirar con asombro la creación, desde las “aves del cielo y los lirios del campo”, asegura el Papa, hace que comprendamos también el amor de Dios por nosotros. Y agrega: “Si el Señor no deja de otorgar espléndida belleza y de proveer lo necesario a plantas y animales, ¡cuánto más estará atento a las exigencias de sus amados hijos e hijas!”


Una pausa para contemplar y acercarnos al Señor

Durante el Tiempo de la Creación, período de cinco semanas dedicado a la oración y al compromiso con el cuidado de la casa común, León XIV llama a hacer “algunos minutos de pausa del ajetreo de las actividades cotidianas” para disfrutar de la belleza y la armonía de la que formamos parte: “Pongamos en ‘modalidad silenciosa’ todos los ruidos de las tareas humanas para escuchar la voz melodiosa de la creación, en la que Dios, autor de todas las cosas, nos habla”.

El Santo Padre, nuevamente recordó que este “ejercicio contemplativo” favorece el encuentro con el Señor y constituye –como lo menciona en su Mensaje para la XI Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación- en “un primer paso hacia una auténtica conversión ecológica”. Y añade:

“De la contemplación de la creación y del encuentro con el Creador nace la conciencia de nuestro lugar especial en el maravilloso plan de Dios y de nuestra responsabilidad personal y colectiva en el cuidado de la armonía original. Así, de la toma de conciencia de nuestras faltas y de nuestros errores, nace un compromiso renovado por restaurar las relaciones entre las criaturas según la voluntad de su Artífice”.


Que San Francisco inspire nuestro compromiso

Al concluir, el Santo Padre recuerda que el Tiempo de la Creación concluye, el 4 de octubre, que este año asume un carácter especial al celebrarse el octavo centenario del Tránsito de san Francisco de Asís, quien inspiró la Carta encíclica Laudato si’ y la creación del Borgo en Castel Gandolfo, de su predecesor Francisco. Y tras pronunciar el Cántico de alabanza del Santo de Asís, el Papa concluye su homilía invitando a renovar, con San Francisco,”nuestro compromiso de vivir y promover esa fraternidad universal que está inseparablemente unida al deber de cuidar la creación”.

LEER. Homilía del papa León XIV en la misa por la Custodia de la Creación

VIDEO. León XIV pide poner el ‘modo silencio’ del ruido humano para escuchar la creación

Tiempo de la Creación: América Latina se moviliza por el agua

En América Latina, el Movimiento Laudato Si’ acompaña la celebración del Tiempo de la Creación a través de sus capítulos nacionales y de diversas iniciativas que buscan traducir la preocupación por la creación en acciones concretas. Entre ellas destaca el primer Encuentro Regional Hispanoamericano del Movimiento, previsto en Bogotá del 1 al 5 de octubre, como cierre continental del Tiempo de la Creación.

Más de 100 participantes procedentes de dieciocho países de la región participarán en este encuentro presencial, una convocatoria que reunirá a laicos, religiosas, religiosos y sacerdotes comprometidos con el cuidado de la casa común. Entre los participantes se encuentran María Lía Zervino, miembro del Dicasterio para los Obispos; la hermana María Inés Castellaro, de la Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR); Maureen Villanueva, de la Plataforma de Acción Laudato Si’; y Christina Leaño, codirectora del Movimiento Laudato Si’.

Para Cristina Chuquimarca Mosquera, subdirectora de Hispanoamérica del Movimiento, la cita forma parte de un itinerario que busca articular los procesos locales y nacionales de la región. El movimiento ha vivido en los últimos años encuentros locales, nacionales y globales, incluido el encuentro con el papa León XIV en Castel Gandolfo en 2025, durante la conferencia Raising Hope.

El encuentro de Bogotá adquiere además un significado particular ante el próximo viaje apostólico a Uruguay, Argentina y Perú que se llevará a cabo del 6 al 17 de noviembre de 2026. En Perú el Papa visitará el vicariato de Pucallpa, en la Amazonía peruana, donde el Movimiento Laudato Si’ cuenta con una presencia consolidada y un centro dedicado a la espiritualidad de la encíclica.


El agua, una preocupación regional

El agua no es solamente uno de los símbolos del Tiempo de la Creación de este año. Es también uno de los principales desafíos socioambientales de América Latina. Chuquimarca recuerda que la intención de oración del Papa para setiembre presenta el agua como un don y un símbolo de gracia y amor que renueva, al tiempo que invita a pedir perdón por haberla convertido en mercancía. En la región, explica, se trata de uno de los bienes más disputados.

Desde el Movimiento Laudato Si’ se está elaborando un mapeo de conflictos socioambientales acompañados por la organización. Según los datos mencionados por Chuquimarca, más del 40 % de las preocupaciones o conflictos registrados están relacionados con disputas por el agua. A ello se suman los impactos de proyectos extractivos y, más recientemente, el consumo de agua y energía asociado a los centros de datos utilizados para la inteligencia artificial (IA).

La cuestión, subraya la responsable regional, no puede reducirse a una preocupación ambiental. También interpela la fe cristiana, porque la manera en que las sociedades se relacionan con los recursos revela, en su lectura, relaciones rotas con Dios, con los demás y con la propia creación. Por ello, el Movimiento impulsa campañas de sensibilización sobre el agua y procesos de incidencia ante gobiernos locales y en espacios de elaboración de políticas públicas, con el objetivo de favorecer una distribución más equitativa de los recursos.


De Ecuador a Colombia: iniciativas que buscan transformar

La presencia del Movimiento Laudato Si’ se extiende por casi todos los países latinoamericanos, con capítulos nacionales que mantienen actividades durante todo el año y que intensifican su labor durante la Semana Laudato Si’ y el Tiempo de la Creación. En Ecuador, por ejemplo, se desarrolla una campaña sobre el consumo responsable del agua. En Paraguay y otros países de América Latina se promueven misas por el cuidado de la creación. Chile y México acogen conversatorios sobre la relación entre Laudato si’ y Magnifica humanitas, mientras que Perú desarrolla actividades vinculadas al Tiempo de la Creación y a la preparación de la visita del Papa.

También existen experiencias de incidencia política. Chuquimarca menciona el caso de Argentina, donde el movimiento ha participado en la construcción de una política pública relacionada con el consumo y el uso racional del agua. En toda la región, además, se han impulsado redes para la defensa de los defensores ambientales, especialmente de quienes protegen el agua, así como la participación en espacios internacionales vinculados con la biodiversidad y el cambio climático. Colombia, sede del encuentro hispanoamericano, ofrece asimismo una experiencia de organización a través de un programa nacional de ecoparroquias, que aborda de manera transversal el cuidado de la tierra, el agua y los recursos confiados a las comunidades.


Una cuestión de fe

Para Chuquimarca, uno de los principales desafíos consiste en evitar que el compromiso ecológico sea entendido solamente como activismo. El cuidado de la creación, afirma, nace también de la fe. La contaminación del agua, el uso del plástico, las actividades extractivas, la construcción de infraestructuras vinculadas a la IA y los efectos de fenómenos climáticos como El Niño forman parte de un escenario que afecta de manera desigual a las comunidades. Hay poblaciones que denuncian la contaminación de sus fuentes de agua, la desaparición de aguas superficiales o la alteración de los cauces de los ríos por proyectos hidroeléctricos.

Ante esta realidad, el desafío es movilizar a las parroquias y a las Iglesias locales no solo para responder a las consecuencias, sino también para abordar las causas estructurales de la desigualdad y de la apropiación de los bienes comunes. “Formarnos para hacer bien el bien” es, para la responsable del Movimiento, uno de los primeros pasos. El Programa de Animadores Laudato Si’ busca ofrecer esa formación y conducir posteriormente hacia la organización comunitaria, el cambio de hábitos y la participación en la vida pública.


Hacer una pausa para contemplar

El Tiempo de la Creación tiene también una dimensión espiritual. En medio de los conflictos ambientales y de las urgencias cotidianas, Chuquimarca invita a recuperar la capacidad de contemplar. Mirar por la ventana, caminar por un parque, reconocer la procedencia de los alimentos o detenerse a pensar en aquello que sostiene la propia vida pueden convertirse en momentos de oración. El agua, recuerda, no está solamente fuera de nosotros: forma parte de nuestra propia constitución.

La conversión ecológica implica entonces reconocer como propio el dolor de la tierra y de los pobres y asumir la responsabilidad moral y cristiana de transformar las realidades que generan sufrimiento. Incluso las pequeñas acciones cotidianas pueden abrir un espacio de conexión con Dios. El Tiempo de la Creación es, además, una iniciativa ecuménica. En distintos países, como Uruguay, el Movimiento Laudato Si’ trabaja junto a comunidades de diversas denominaciones cristianas. La preocupación común por la casa común se convierte así en un espacio de encuentro más allá de las diferencias confesionales.


Una red de esperanza

Frente a la sensación de impotencia que pueden provocar los desafíos ambientales, Chuquimarca insiste en la importancia de la organización. Hay acciones individuales, pero también familiares y comunitarias. “Nadie se salva solo”, afirma, al reivindicar la necesidad de construir redes de solidaridad capaces de generar cambios. En este camino, el Movimiento Laudato Si’ ha impulsado también un mapa de iniciativas del Tiempo de la Creación. La herramienta permite visibilizar campañas, vigilias, acciones de cuidado del agua y otras experiencias que se desarrollan en distintos lugares del mundo. Los propios Animadores Laudato Si’ pueden registrar sus actividades.

La intención es que estas experiencias puedan reconocerse como parte de una red de interconexiones y que, posteriormente, un informe reúna las iniciativas para presentarlas al Papa. “La esperanza toma rostro”, resume Chuquimarca al referirse a estas acciones concretas. En este contexto, el encuentro de Bogotá se presenta como otro espacio para fortalecer esos vínculos y compartir experiencias entre quienes, desde diferentes países y realidades eclesiales, buscan responder al desafío del cuidado de la casa común.

El mensaje, concluye la subdirectora de Hispanoamérica del Movimiento Laudato Si’, no está dirigido solamente a los católicos. “Todas las personas de buena voluntad tienen un espacio”, sostiene. La denominación religiosa no es lo fundamental, sino la misión compartida de cuidar la creación. Y, ante la magnitud de los desafíos, queda una invitación a no resignarse. La frase de Pedro Arrupe que Chuquimarca recupera al final de la conversación resume ese horizonte: trabajar para que, cuando llegue el momento de partir, el mundo no continúe como si no se hubiera vivido en él.

VIDEO. Webinar 2026: Mensaje del Papa para el Día de la Creación

Bartolomé I: que la humanidad abra paso al desarrollo sostenible

Que “el rico insensato” deje de demoler su casa, que “el hombre-dios” —enfermo de consumismo, cegado por necesidades insaciables— ponga fin al “geocidio” y emprenda finalmente el camino del desarrollo sostenible, “la única vía ecológica”: el mensaje del patriarca ecuménico Bartolomé, difundido con motivo del inicio del año eclesiástico y de la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, es un último y dramático llamamiento a la humanidad para que tome finalmente conciencia de la crisis ecológica contemporánea, “multidimensional, crisis de la libertad humana, de nuestra religión y filosofía, de nuestra ética y cultura”, que produce una “alteración dañina”, una “conducta destructiva” que nos separa y nos aleja de la “Fuente de la Vida”.


El límite olvidado del ser humano

Bartolomé, defensor desde siempre de la protección del medio ambiente, reitera que: “la humanidad debe dejar de comportarse como si no supiera y abandonar definitivamente la ilusión de que el planeta Tierra puede soportar eternamente las cargas y la destrucción causadas por la actividad humana, o que la naturaleza tiene el poder de renovarse por sí sola. La ética de la responsabilidad por la protección del medio ambiente natural debe encontrar expresión a nivel global, nacional, local y personal. Reafirmamos una vez más que el cultivo de la responsabilidad ecológica es un imperativo categórico para la humanidad, que se enfrenta a la mayor amenaza jamás encontrada a lo largo de su historia”.

El Patriarca habla del “geocidio” del que es culpable “el hombre-dios”, que ignora “toda medida y límite en nombre de proyectos geopolíticos e intereses económicos, del consumismo y de la satisfacción de necesidades esencialmente insaciables, pero también, a un nivel más profundo, a causa de una subversión de la experiencia y de los valores interiores”. Los “pecados de la modernidad” continúan creando nuevas divisiones y fracturas entre la humanidad y la naturaleza: “Las consecuencias del predominio global del deseo de manipular, instrumentalizar y explotar la naturaleza resultarán trágicas para la vida en nuestro planeta”.


Volver a ser custodios de la creación

Por tanto, ya no hay tiempo que perder. El modelo antropológico dominante ya no puede estar representado por el “rico insensato” del Evangelio (Lucas 12, 16-21). Es necesario frenar las tendencias destructivas y volver a respetar los pilares fundamentales de la civilización ecológica.

En términos más generales, escribe el patriarca ecuménico, “la humanidad necesita alcanzar un acuerdo sobre un conjunto de valores fundamentales comunes que, en un mundo marcado por conflictos y polarizaciones, sirvan de brújula para el camino hacia el futuro”. El eje central de este sistema de valores es el principio de solidaridad: “Solidaridad como fuente de responsabilidad compartida, diálogo y reciprocidad sincera, unida a la responsabilidad colectiva por la protección del medio ambiente natural”.


Un giro copernicano para salvar la creación

El respeto, en la práctica, de la sacralidad de la persona humana y el cuidado de la integridad de la creación son, desde una perspectiva cristiana, “manifestaciones vitales de la realización eucarística de la Iglesia y de la llamada del ser humano a convertirse en “sacerdote” de la creación”. De ahí, escribe el primado ortodoxo, la urgencia de “un ‘giro copernicano’ en nuestra comprensión de la idea de progreso y en la actitud de la humanidad hacia la naturaleza, así como en las acciones de quienes trabajan en la vida política, económica y social, de las Iglesias y las religiones, de la ciencia y la tecnología, y de quienes son responsables de la educación de las jóvenes generaciones”.

VIDEO. Lanzamiento Curso de Formación de Animadores de Ecoparroquias y Comunidades Laudato Si’


VIDEO. Reza con el Papa: Por el cuidado del agua | Septiembre 2026

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