¿Cómo abordará la Iglesia los debates más sensibles?

7:00 p.m. | 21 may 26 (TLL/OLS).- Cambios en el gobierno eclesial y en metodologías para tratar asuntos “complejos”. Eso plantean nuevos informes del sínodo sobre sinodalidad, que marcan su implementación y ofrecen pistas hacia adelante. Reportes de los Grupos de Estudio n.º 7 y 9 orientan en la elección de obispos y en cómo abordar cuestiones doctrinales, pastorales y éticas en la Iglesia. Para esto último, incluyen de manera inédita testimonios directos de católicos homosexuales.

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La Secretaría General del Sínodo ha publicado los informes finales de los Grupos de Estudio n.º 7 y n.º 9, dos documentos que siguen marcando la pauta en la implementación del proceso sinodal impulsado primero por el papa Francisco y ahora continuado por León XIV. Aunque no introducen cambios doctrinales, ambos textos sí proponen nuevas formas de discernimiento, participación y gobierno eclesial, abriendo debates sensibles sobre la elección de obispos, la transparencia, el papel de las Iglesias locales dentro de una Iglesia cada vez más sinodal, la no violencia y la escucha a personas homosexuales creyentes, entre otros.

El primero de los reportes plantea ampliar significativamente la participación en la selección de obispos, reforzando el papel de consejos presbiterales, organismos pastorales y sectores del laicado en los procesos de consulta previos a los nombramientos episcopales. Se insiste en que esa elección no debe reducirse a un procedimiento administrativo, sino entenderse como un auténtico discernimiento comunitario guiado por la oración y la “conversación en el Espíritu”.

El informe del Grupo de Estudio n.º 9, por su parte, propone un “cambio de paradigma” para afrontar las cuestiones doctrinales, pastorales y éticas más complejas, sustituyendo la lógica de la confrontación por procesos de escucha, aprendizaje común y discernimiento compartido. El documento se ha convertido en uno de los textos más discutidos del actual proceso sinodal por incluir testimonios de católicos homosexuales, cuestionar indirectamente las terapias de conversión y abrir espacios de reflexión sobre temas hasta ahora especialmente sensibles dentro de la Iglesia.

En esta publicación presentamos primero dos síntesis con más detalles de cada uno de los informes, para luego compartir análisis de diversos medios que revisan los ejes centrales de los reportes, su contexto, las reacciones, la postura del Papa e incluso opiniones y testimonios sobre las propuestas ofrecidas.

Reseña del informe final del Grupo de Estudio N.º 7

El documento plantea nuevas orientaciones para que el proceso de elección de obispos sea vivido como “un momento eclesial”, marcado por la oración, la escucha y el discernimiento comunitario guiado por el Espíritu Santo. Se busca fortalecer una cultura de corresponsabilidad y discernimiento compartido dentro de la Iglesia. El cardenal Mario Grech dijo que el reporte recuerda que “elegir a un obispo es un momento de auténtico discernimiento de la comunidad cristiana: no existe pastor sin rebaño, ni rebaño sin pastor”.

El Grupo de Estudio sostiene que la selección de obispos no debe entenderse únicamente como un procedimiento administrativo, sino como un proceso espiritual y comunitario donde participe activamente la Iglesia local. “El proceso de discernimiento eclesial” debe estar caracterizado por la oración y la “conversación en el Espíritu”, señala el texto. Por ello, el informe propone que cada diócesis impulse periódicamente procesos de discernimiento sobre su situación y necesidades pastorales. Estas instancias permitirían identificar sacerdotes con perfil episcopal y definir el tipo de pastor que necesita cada Iglesia local.

Entre las propuestas, se plantea que el obispo convoque al Consejo Presbiteral y al Consejo Pastoral Diocesano para reflexionar sobre las necesidades de la diócesis y presentar, en sobre cerrado, nombres de sacerdotes considerados idóneos para el episcopado. El texto sugiere además que, cuando sea posible, participen también el cabildo catedralicio, consejos económicos, representantes de laicos, consagrados, jóvenes y personas pobres.

Además, el informe plantea la insistencia en las llamadas “competencias sinodales” de los futuros obispos. El Grupo de Estudio considera necesario que los candidatos posean sensibilidad hacia “las necesidades de una Iglesia sinodal y misionera”, así como capacidad de escucha, diálogo y construcción de comunión. A su vez, el texto expresa el deseo de que los nuncios apostólicos tengan también “un perfil sinodal y misionero” para poder reconocer estas cualidades en quienes sean propuestos para el episcopado.

Más participación de laicos, mujeres y jóvenes

El informe propone ampliar significativamente la participación en las consultas previas al nombramiento de obispos. En este sentido, señala que el nuncio apostólico debe consultar “no solo al clero, sino también a un número equivalente de consagrados y laicos”. Además, recomienda incluir mujeres, jóvenes, representantes de universidades eclesiásticas, movimientos, pueblos indígenas, minorías étnicas y lingüísticas, así como personas pobres y marginadas. El objetivo de estas consultas, según el documento, es “sacar a la luz la verdad lo más plenamente posible” sobre la realidad de la diócesis y la idoneidad de los candidatos.

El Grupo de Estudio aclara que estas consultas no deben entenderse como votaciones o encuestas de opinión, sino como instrumentos de discernimiento espiritual. El informe advierte que el proceso debe realizarse “sin dar lugar a ningún tipo de presión sobre las futuras decisiones de la Santa Sede”. Por ello, insiste en la importancia de formar a los participantes sobre “el significado teológico y espiritual de la consulta en la Iglesia”, así como sobre la responsabilidad vinculada al secreto pontificio.

Comités diocesanos y evaluación de los procesos

Otra de las novedades propuestas es la creación de un “Comité para la provisión de la Iglesia local” cuando una diócesis quede vacante o se inicie el proceso de sucesión episcopal. Este comité estaría integrado por sacerdotes, personas consagradas y laicos elegidos por organismos diocesanos y colaboraría con el nuncio apostólico para ofrecer información sobre la situación de la diócesis y el perfil del nuevo obispo.

El documento también propone establecer mecanismos periódicos de evaluación sobre los procesos de selección episcopal, en línea con el deseo de promover una mayor cultura de transparencia y rendición de cuentas en la Iglesia. “Esta evaluación debería verificar si los procesos de selección responden a los estándares de una Iglesia sinodal y misionera”, sostiene el informe. Asimismo, se plantea que, periódicamente y a discreción del Papa, pueda constituirse una comisión eclesiástica independiente encargada de evaluar incluso el trabajo de los dicasterios de la Curia Romana vinculados a estos procesos.

LEER. Informe final completo del Grupo de Estudio N.º 7

Reseña del informe final del Grupo de Estudio N.º 9

Este documento propone nuevas formas de escucha, diálogo y discernimiento dentro de la vida eclesial. Plantea un “cambio de paradigma” en la manera en que la Iglesia afronta los temas más complejos de la actualidad, apostando por procesos comunitarios basados en la escucha, la transparencia y el aprendizaje común. Según el cardenal Mario Grech, el informe ofrece “herramientas concretas para abordar las cuestiones más difíciles sin huir de la complejidad”, aplicando “el método sinodal a las situaciones más exigentes”.

Uno de los elementos del documento es el cambio de lenguaje propuesto por el grupo de estudio. En lugar de hablar de “cuestiones controvertidas”, el informe opta por el término “cuestiones emergentes”. Según el texto, el objetivo “no es resolver un problema, sino construir el bien común a través de la conversión relacional, el aprendizaje compartido y la transparencia”. El documento toma como referencia los capítulos 10 al 15 de los Hechos de los Apóstoles, donde las primeras comunidades cristianas afrontaron tensiones culturales y pastorales sin perder la fidelidad al Evangelio.

El informe introduce además el llamado “principio de pastoralidad”, definido como una lógica eclesial donde “no hay anuncio del Evangelio sin hacerse cargo del interlocutor”. A partir de esta perspectiva, el Grupo de Estudio sostiene que la Iglesia no debe limitarse a aplicar teorías ya definidas, sino promover procesos permanentes de discernimiento y escucha de las realidades humanas concretas.

“El proceso sinodal no procede según una lógica aplicativa, sino según una lógica integrativa”, señala el documento, insistiendo en que la experiencia, la práctica y la vida cotidiana forman parte esencial del discernimiento eclesial. En este contexto, el informe advierte sobre el riesgo de reducir la sinodalidad a una simple estructura organizativa: “Si falta la profundidad espiritual personal y comunitaria, la sinodalidad se reduce a un expediente organizativo”, señala el texto.

Conversión relacional, aprendizaje común y transparencia

El Grupo de Estudio identifica tres dinámicas fundamentales para la vida de una Iglesia sinodal: la conversión relacional, el aprendizaje común y la transparencia. Respecto a la conversión relacional, el informe sostiene que “el cuidado de las relaciones no es una estrategia o un instrumento para una mayor eficacia organizativa, sino el modo en que Dios Padre se ha revelado en Jesús y en el Espíritu”.

A su vez, el documento propone superar la lógica del “problem solving” para pasar a una dinámica de “construcción del bien común”, mediante procesos comunitarios capaces de involucrar a todo el Pueblo de Dios. En cuanto al aprendizaje común, el informe insiste en que todos los bautizados deben crecer juntos en capacidades de escucha y discernimiento, especialmente en diálogo con niños, migrantes, catecúmenos y personas que regresan a la vida de fe.

Otro de los aspectos del documento es la promoción de una “cultura de la transparencia”, vinculada al discernimiento comunitario y a la rendición de cuentas. “La transparencia no es solo un valor tomado del mundo empresarial o administrativo, sino que tiene raíces bíblicas y teológicas”, se lee en el informe. El texto sostiene que las comunidades cristianas están llamadas a “decir y hacer la verdad”, fortaleciendo la confianza y la corresponsabilidad dentro de la Iglesia.

La “conversación en el Espíritu”

El informe también habla de ahondar en la práctica de la “conversación en el Espíritu”, presentada como un instrumento para el discernimiento de las cuestiones emergentes. Esta metodología pretende crear espacios donde las personas puedan expresar experiencias, preocupaciones y búsquedas desde la escucha mutua y el reconocimiento de la acción del Espíritu Santo en cada realidad humana. “El ejercicio de la conversación en el Espíritu debe convertirse en un habitus eclesial”, afirma el texto.

En su parte final, el Grupo de Estudio aplica este método a dos temas presentes hoy en diversas Iglesias locales: la experiencia de personas homosexuales creyentes y la experiencia de la no violencia activa. El informe no ofrece respuestas definitivas ni pronunciamientos concluyentes sobre estas situaciones, sino que propone caminos de discernimiento ético y teológico a partir de la escucha directa de testimonios y experiencias concretas. La intención, según el documento, es que cada comunidad pueda asumir “el compromiso de reconocer y promover el bien con el que Dios actúa en la historia y en la experiencia de las personas”.

LEER. Informe final completo del Grupo de Estudio N.º 9

LEER. Testimonio 1 y Testimonio 2 de católicos homosexuales / Testimonio sobre No violencia activa

Un mayor papel de los laicos en la elección de obispos

En el reporte del grupo de estudio N.º 7 se propone ampliar el papel de los laicos y del clero en el proceso de selección de obispos, especialmente mediante la participación del consejo presbiteral y del consejo pastoral diocesano. Este grupo fue creado en respuesta al llamado del sínodo “a ampliar la consulta al Pueblo fiel de Dios y a involucrar a un mayor número de laicos y personas consagradas en el proceso de consulta”. Las propuestas prácticas presentadas por el grupo representan una ampliación significativa del papel de los laicos y del clero en el proceso de elección de su obispo, y remiten al pontífice en funciones.

El papa León Magno (o León I o el Grande), en el siglo V, sostenía que un verdadero obispo debía ser elegido por el clero, aceptado por el pueblo y ordenado por los obispos de las diócesis vecinas. Era un sistema de contrapesos y equilibrios. El clero se reunía y votaba en la catedral, y luego presentaba su elección al pueblo que esperaba fuera. Si el pueblo aclamaba, el candidato era aceptado; si lo rechazaba, el clero debía volver a deliberar.

Todavía quedan ecos de este proceso en las elecciones papales, donde los cardenales —considerados parte del clero romano— eligen al obispo de Roma. El elegido es luego presentado al pueblo desde el balcón de San Pedro. La etapa final consistía en la aceptación y ordenación del candidato por parte de los obispos vecinos, porque un obispo no es solo el líder de una diócesis, sino también miembro del colegio episcopal.

Aunque en el papel podía sonar bien y justo, durante demasiado tiempo la realidad fue que reyes y nobles controlaban frecuentemente el proceso y nombraban como obispos a familiares o aliados políticos, provocando una corrupción extendida en la Iglesia. Los reformadores de la Iglesia impulsaron entonces liberar los nombramientos de la influencia de las autoridades civiles otorgando al Papa autoridad absoluta sobre la designación de obispos.

Pero la centralización de los nombramientos episcopales en Roma generó también sus propios problemas: carrerismo, favoritismos e insensibilidad frente a las realidades locales. Cada pontífice tuvo sus propias prioridades al elegir obispos, que no siempre coincidían con las necesidades concretas de las diócesis. Pablo VI quería obispos pastorales capaces de aplicar el Concilio Vaticano II y de mantener una buena relación con sus sacerdotes. Juan Pablo II y Benedicto XVI buscaron obispos que aplicaran su interpretación del Vaticano II y que corrigieran a clérigos y teólogos en desacuerdo con el magisterio papal. Francisco quiso obispos pastorales y cercanos a los pobres.

Y todo parece indicar que León XIV desea obispos capaces de unificar a sus comunidades mientras predican la paz, la justicia y el cuidado del planeta. Es deber del obispo que la Iglesia “se edifique en la comunión entre todos sus miembros y con la Iglesia universal, valorizando la contribución de los diversos dones y ministerios para el crecimiento común y la difusión del Evangelio”, afirmó León el 25 de junio de 2025. En este sentido, “una clara señal de prudencia es el ejercicio del diálogo como estilo y método en las relaciones, y también en la presidencia de los organismos de participación, es decir, en la gestión de la sinodalidad en la Iglesia particular”.

Centralizar el proceso de selección en Roma no significa ignorar la voz de las Iglesias locales. Actualmente, los obispos de una provincia eclesiástica se reúnen cada tres años, bajo la dirección del arzobispo, para enviar al nuncio una lista de sacerdotes que consideran aptos para el episcopado. El nuncio es el representante del Papa ante la Iglesia y el gobierno de un país.

En línea con la sinodalidad, el grupo de estudio propone que los consejos presbiterales y los consejos pastorales diocesanos se reúnan antes de esos encuentros episcopales. “En un clima de oración común e intercambio fraterno”, afirma el grupo, “cada uno de estos organismos formulará colegialmente una opinión escrita sobre la situación y las necesidades de la diócesis”. Cada integrante de estos organismos entregará además al obispo, en sobre cerrado, “los nombres de sacerdotes que sirven en la diócesis y que consideran idóneos para el episcopado”.

Cuando sea posible, “también deberían ser convocados el cabildo catedralicio, el consejo económico diocesano, el consejo de laicos, las uniones de religiosos y religiosas y los grupos diocesanos que representan institucionalmente a los jóvenes y a los pobres”. Además, deberán presentar sobres cerrados con “una opinión sobre el perfil del futuro obispo de su Iglesia local”. Los sobres deberán incluir las razones de esas propuestas. El obispo podrá consultar también a otras personas, y los resultados serán enviados al nuncio y compartidos con los obispos de la provincia.

El nuncio es responsable de proponer tres candidatos para una diócesis vacante después de consultar a obispos, sacerdotes y fieles. Para ello envía cuestionarios sobre los candidatos a personas seleccionadas, incluidos miembros del clero, religiosos y laicos. Luego redacta un informe sobre cada candidato y sobre la diócesis, y lo remite al Dicasterio para los Obispos en Roma.

Con el sistema recomendado por el grupo de estudio, contará ahora con aportes adicionales de los miembros del consejo presbiteral y del consejo pastoral. Para ayudar al nuncio en su labor, el grupo propone además crear un Comité para la Provisión de la Iglesia Local. Estaría integrado por “dos sacerdotes diocesanos elegidos por el Consejo Presbiteral, dos religiosos o religiosas y dos laicos elegidos por el Consejo Pastoral Diocesano, además del Administrador Diocesano o Administrador Apostólico”. Los miembros del comité “prestarán juramento de confidencialidad”. Ello no les impedirá consultar discretamente a otros fieles de la Iglesia local para recoger información útil. Después, “el nuncio se apoyará en este Comité para clarificar la situación de la diócesis, el perfil del nuevo pastor y recibir opiniones sobre posibles candidatos”.

Estos cambios son graduales, no revolucionarios, y eso es positivo. Quienes temen los cambios no deberían alarmarse, porque todas estas aportaciones tienen carácter consultivo y no vinculante. Y quienes desean reformas más profundas —como la elección de obispos por el clero y/o los laicos— deberían reconocer que estas medidas representan una mejora importante respecto del sistema actual. Las recomendaciones del grupo son prácticas y fáciles de aplicar. Podrían adoptarse rápidamente en países donde existe libertad religiosa y el gobierno no interviene en la selección de obispos.

León XIV conoce de cerca el proceso de selección episcopal porque fue prefecto del Dicasterio para los Obispos. Son recomendaciones sensatas que debería aceptar. No son exactamente lo que proponía León Magno, pero sí representan una mejora significativa respecto del sistema actual.

¿Qué dice el informe del grupo de estudio sobre católicos homosexuales?

El reporte del grupo 9 fue publicado por la Santa Sede con un título poco atractivo para el gran público: “Criterios teológicos y metodologías sinodales para el discernimiento compartido de cuestiones doctrinales, pastorales y éticas emergentes”. En menos de cuarenta y ocho horas, el sacerdote jesuita conocido por su pastoral a católicos LGBT, James Martin, lo calificó de histórico, el cardenal Gerhard Müller lo denunció como herético y el padre Gerald Murray, en EWTN, utilizó la palabra “horrible”. El motivo se encuentra oculto en los anexos del documento. Pero, ¿qué es lo que propone este informe?

El grupo y su misión

El Grupo de Estudio 9 es una de las diez comisiones creadas por el papa Francisco a partir del Sínodo sobre la Sinodalidad a comienzos de 2024. A cada uno se le asignó una cuestión que la asamblea sinodal no logró concluir durante sus sesiones. El Grupo 9 asumió probablemente el tema más delicado: lo que el Vaticano denominó inicialmente “cuestiones doctrinales, pastorales y éticas controvertidas”. Las relaciones entre personas del mismo sexo encabezaban la lista. También figuraban el papel de las mujeres, el divorcio y las nuevas nupcias, así como cuestiones relacionadas con la conciencia moral.

El presidente del grupo es el cardenal Carlos Castillo Mattasoglio, arzobispo de Lima. Robert Prevost —el misionero que pasó casi cuatro décadas en Perú antes de convertirse en León XIV— lo conoce bien. El primer gesto simbólico de la comisión ocurrió incluso antes de la publicación del informe: Renombró su propia misión. Las “cuestiones controvertidas” pasaron a denominarse “cuestiones emergentes”. El Grupo 9 explicó que este cambio buscaba expresar un “cambio de paradigma”: pasar de una Iglesia que simplemente emite dictámenes a una Iglesia que aprende escuchando.

Qué dice el informe

La mayor parte del documento es de carácter procedimental. Sostiene que el razonamiento moral católico debería partir de la experiencia concreta de los fieles, más que de principios abstractos aplicados de arriba abajo. La comisión denomina este enfoque “principio de pastoralidad” y remite su origen al Concilio Vaticano II y al discurso inaugural de Juan XXIII. El documento no modifica la doctrina católica. No introduce nuevos pronunciamientos morales sobre la homosexualidad, no autoriza bendiciones de parejas del mismo sexo y deja intacto el Catecismo.

Lo que propone el Grupo 9 es un método: que las comisiones teológicas diocesanas y nacionales dialoguen con católicos LGBT, escuchen sus experiencias, estudien los pasajes bíblicos pertinentes, consulten las ciencias humanas y devuelvan sus conclusiones a través de la estructura sinodal. El cronograma de implementación se extiende desde este temporada hasta la Asamblea Eclesial prevista en el Vaticano para octubre de 2028.

La principal novedad aparece en los dos anexos del documento. Por primera vez en un documento vaticano, se dio espacio a dos hombres homosexuales para exponer con su propia voz, sin intermediarios. Sus nombres fueron omitidos en la versión publicada, aunque el testimonio estadounidense pertenece a Jason Steidl-Jack, teólogo de Fordham que ha escrito públicamente sobre su vida y su matrimonio.

El segundo testimonio -de un portugués- relata que un director espiritual le “sugirió que podría haberse casado con una mujer para ‘encontrar paz’ y ‘poner al servicio sus dones’, ya que el matrimonio no es solo una cuestión de sexualidad”. Considera ese consejo “una sugerencia para hacer daño a una mujer al privarla de la oportunidad de ser amada y deseada plenamente, todo ello para cumplir una expectativa social”. Luego añade: “Mi sexualidad no es una perversión, un desorden ni una cruz; es un don de Dios. Tengo un matrimonio feliz y saludable, y florezco como católico abiertamente homosexual”.

Y el informe no oculta las críticas hacia Courage. El apostolado es mencionado explícitamente. “El testimonio describe primero la problemática pertenencia a un grupo católico (Courage) que, al promover ‘terapias reparativas’, terminó separando fe y sexualidad”, afirma el documento. Steidl-Jack narra la experiencia con sus propias palabras: “Me uní a Courage, un apostolado que trabaja con quienes ‘sufren atracción hacia personas del mismo sexo’. Llegué al grupo por recomendación de un terapeuta de conversión al que acudí para tratar mi ‘condición'”.

Describe las reuniones como “secretas y ocultas. Las personas que conocí estaban solas, sin esperanza y, a menudo, deprimidas”. A partir de ambos testimonios, el informe habla de “los efectos devastadores de las terapias reparativas destinadas a recuperar la heterosexualidad” y de los “consejos contradictorios recibidos” por parte del clero: desde quienes promueven terapias reparativas hasta aquellos que, “de manera aún más grave”, aconsejan a un hombre homosexual casarse sacramentalmente con una mujer.

Las reacciones y críticas

Días después de la publicación, la Secretaría General del Sínodo emitió una declaración-1 señalando que los informes “no pueden atribuirse a la Secretaría General” y describiéndolos como “documentos de trabajo”. La Secretaría explicó que su función se había limitado “únicamente a la traducción de los resúmenes, la edición de los informes y su publicación y difusión, en coherencia con el espíritu de transparencia y rendición de cuentas que ha caracterizado el proceso sinodal”. Los críticos interpretaron esto como una forma sutil de lavarse las manos.

Luego surgió el caso de la hermana Josée Ngalula. La teóloga congoleña, única integrante africana del Grupo de Estudio 9, declaró al National Catholic Register que no participó en la redacción del apartado sobre homosexualidad. La religiosa explicó que se concentró en la sección del informe dedicada a la no violencia —más cercana a “mi contexto africano, marcado por las guerras”— y evitó intervenir en el debate sobre las personas homosexuales porque, según dijo, “no es un tema pastoral importante en mi comunidad”.

Este comité que propuso escuchar a los católicos LGBT terminó recogiendo únicamente la voz de dos hombres. El propio Steidl-Jack señala esa carencia en su testimonio. “El patriarcado es un problema para mis hermanas católicas lesbianas”, escribe. “Mientras los hombres homosexuales pueden sentirse acogidos en mi parroquia, las mujeres lesbianas suelen ser ignoradas. Pocas participan porque no ven a nadie en posiciones de liderazgo que comprenda sus experiencias. El Cuerpo de Cristo sufre porque estas mujeres son pasadas por alto”.

Nada de esto resta importancia al documento. Más bien recuerda algo que León XIV ya ha repetido en varias ocasiones. En su discurso programático dirigido a los grupos de trabajo sinodales el pasado octubre, el Papa afirmó que “debemos comprender que no todos corremos a la misma velocidad y que a veces debemos ser pacientes unos con otros. Y en lugar de que unos pocos se adelanten precipitadamente y dejen a muchos atrás, lo que podría incluso causar una fractura en la experiencia eclesial”. Un mes antes, en septiembre, había sido aún más directo en una entrevista con Crux vinculada a la biografía escrita por Elise Allen. Según resumió Outreach, León dijo: “Creo que primero debemos cambiar las actitudes antes siquiera de pensar en cambiar lo que la Iglesia dice sobre cualquier cuestión”. Michael Lofton, apologista católico conservador del canal Reason & Theology, señaló este patrón en un video publicado meses atrás. Según su interpretación, León estaba indicando a la Iglesia un orden de prioridades: primero debe darse un cambio de actitud y solo después podría venir un cambio en los textos.

También hay otras referencias previas sobre este tema: en noviembre, cuando cubrió el encuentro del Papa con una conocida pareja homosexual casada en Roma, y en diciembre, tras el nombramiento de un obispo amistoso con personas LGBTQ para dirigir la diócesis de Monterrey. Brian y Alex, el nombramiento en Monterrey y el Grupo de Estudio 9 comparten una misma lógica: un gesto público, un mensaje pastoral implícito y ningún cambio doctrinal formal. A la Iglesia se le está pidiendo primero comprender lo que realmente vive su pueblo antes de intentar formular doctrinalmente lo que cree sobre ellas.

La postura del papa León XIV

León XIV no ha emitido ninguna declaración sobre el informe. El texto fue publicado con el sello del Vaticano: ni respaldado explícitamente ni bloqueado por el Papa. Sin embargo, sí existen indicios bastante claros sobre cuál es su posición. Estas son algunas señales.

Tres semanas antes de que el Grupo 9 hiciera público su informe, durante el vuelo de regreso de su visita a cuatro países africanos, León fue consultado sobre la decisión del cardenal Reinhard Marx de permitir bendiciones a parejas del mismo sexo en Múnich. El Papa respondió: “Es muy importante comprender que la unidad o la división de la Iglesia no deben girar en torno a cuestiones sexuales. Tendemos a pensar que cuando la Iglesia habla de moralidad, el único tema moral sea el sexual. Y, en realidad, creo que hay cuestiones mucho más importantes, como la justicia, la igualdad, la libertad de hombres y mujeres, la libertad religiosa”.

Desde su elección, ha reiterado que no pretende modificar la enseñanza de la Iglesia sobre la homosexualidad. Miembros de Courage fueron recibidos en el Vaticano en febrero. El patrón resulta familiar para quienes observan este pontificado: León está permitiendo que el proceso sinodal heredado de Francisco siga su curso. No lo acelera, pero tampoco lo detiene. El grupo dirigido por el cardenal Castillo recibió autorización para publicar su trabajo. Los testimonios aparecieron bajo el sello vaticano. Los sectores conservadores los denunciaron y el Papa guardó silencio. Luego León viajó a Pompeya para celebrar la misa por el aniversario de su pontificado y la atención mediática se desplazó lejos del Grupo 9.

La misma intuición apareció en la homilía programática dirigida a los líderes sinodales el pasado octubre, cuando pidió imaginar “una Iglesia que sane y no que juzgue”. León también confirmó la Asamblea Eclesial de 2028 convocada por Francisco desde el hospital poco antes de su muerte, garantizando así la continuidad del proceso sinodal bajo su pontificado. Y en enero, después de que un sacerdote tradicionalista fuera grabado utilizando un insulto homófobo, el Papa lo removió de su cargo: un acto discreto de gobierno que marcó un límite disciplinario sin modificar ninguna doctrina.

Qué podría ocurrir ahora

El informe no tiene fuerza legal: abre un proceso de evaluación y recepción que se desarrollará durante varios años. En los próximos meses, se espera que diócesis y conferencias episcopales nacionales comiencen a estudiar las cuestiones planteadas por el Grupo 9. Algunos obispos utilizarán el documento como hoja de ruta; la mayoría probablemente lo archive discretamente; mientras tanto, figuras como Müller y Murray ya han comenzado a denunciarlo en medios de comunicación y programas televisivos. Y luego, todo ese material recogido volverá a integrarse en la estructura sinodal con vistas a la Asamblea Eclesial de 2028, donde podrían plantearse —o no— eventuales cambios doctrinales o pastorales.

Ese es el calendario que León ha decidido respetar. Los críticos de derecha sostienen que debería haber intervenido. Desde la izquierda llegan las críticas opuestas: demasiado prudente, demasiado lento. El Papa no hizo ni una cosa ni la otra. Permitió que la maquinaria institucional del sínodo produjera un informe que, por primera vez en un documento vaticano, recoge la voz de un católico homosexual casado. Después, simplemente viajó a Pompeya.

Que el resultado termine siendo considerado un avance, un retroceso o una estrategia de prudente espera dependerá de lo que produzca el proceso sinodal entre ahora y 2028. El Vaticano ha dado señales de que tiene intención de escuchar. Lo que haga con aquello que escuche definirá el próximo capítulo del pontificado de León XIV. Tal vez no va a acaparar los titulares durante mucho tiempo, pero sí influirá en las discusiones de las comisiones diocesanas, en los debates de las conferencias episcopales y en aquello que finalmente llegue a la Asamblea Eclesial de 2028 en Roma.

Voces desde la comunidad católica LGTB y detalles del testimonio

“Es algo muy importante porque incluyeron y publicaron testimonios de dos personas LGBTQ+, ambas casadas, algo inusual para el Vaticano”, afirmó el padre James Martin, fundador de Outreach, un ministerio católico LGBTQ+. “Hasta donde sé, es la primera vez que en una publicación oficial del Vaticano se incluyen testimonios, relatos e historias de católicos LGBTQ+ de una manera detallada”.

“Es un documento realmente bueno; incluso diría histórico”, afirmó Yunuen Trujillo, ministra laica lesbiana de Los Ángeles. “Sigue invitando a todos los católicos a participar en un proceso de discernimiento respetuoso de las experiencias de vida de las personas”. Trujillo, autora de LGBTQ Catholics: A Guide to Inclusive Ministry, señaló que probablemente pasará tiempo antes de que los católicos LGBTQ+ perciban sus efectos concretos y observó que el texto se centra únicamente en lesbianas, gays y bisexuales. “Pero sí creo que tendrá un impacto positivo, no negativo”, sostuvo.

Marianne Duddy-Burke, católica lesbiana casada y directora ejecutiva de DignityUSA, afirmó: “Lo más significativo para mí fue el reconocimiento de que intentar dictar comportamientos y moral desde arriba, únicamente sobre la base del dogma, no está funcionando”. Añadió además que le generaba “esperanza” ver que el informe utilizara el lenguaje de un “cambio de paradigma”.

El “cambio de paradigma” que propone el informe consiste en dejar de aplicar principios teológicos abstractos a las realidades concretas y, en cambio, comprender teoría y práctica como un “círculo virtuoso”. Para que ambas dimensiones se alimenten mutuamente, sostiene el texto, es necesario poner el acento en las relaciones, la transparencia y el aprendizaje. El documento propone este marco teológico no solo para cuestiones LGBTQ+, sino también para otros ámbitos, incluido el activismo y la protesta no violenta.

“Esperaba un informe bastante tibio. Y esto no lo fue”, dijo Francis DeBernardo, director ejecutivo de New Ways Ministry, organización dedicada a acompañar a católicos LGBTQ+. “En otros tiempos, la Iglesia intentaba cumplir simbólicamente con la inclusión eligiendo a alguien con ciertas características, pero que no fuera crítico de la Iglesia en absoluto”.

Martin afirmó que es la primera vez que recuerda ver las terapias de conversión “criticadas con tanta fuerza” en un documento vaticano. “Ha habido obispos muy tibios en sus críticas a estas terapias, pero también otros que han utilizado organizaciones cuyas prácticas rozan claramente las terapias de conversión”, señaló.

Jason Steidl-Jack escribió en su testimonio publicado por el Vaticano sobre las “heridas provocadas por la comunidad cristiana”. Dijo: “No puedo ignorar las cicatrices que llevo. He visto los devastadores efectos de las ‘terapias de conversión’ y la destrucción de familias, lo que se sentía como un ataque a la creación sensible e inocente de Dios. Estas experiencias hieren profundamente porque atacan la dignidad inherente de una persona que simplemente ama a alguien del mismo sexo”.

Pero el hombre portugués casado también escribió sobre su profunda fe en la Eucaristía y sobre compartir con su esposo “una vida de fe, servicio y amor (…) vivo mi vida en profunda paz con Dios, que me conoce desde el vientre de mi madre”. En su testimonio añadió: “Siento que la Iglesia necesita ir más allá de la simple ‘acogida’ y la ‘compasión’. Necesitamos proclamar la verdad no dicha: Dios te ama y desea tu plenitud. La sexualidad es una parte de nuestra vida, y la diferencia es una característica propia de la Creación”.

DeBernardo afirmó que los testimonios de personas LGBTQ+ y de quienes las acompañan también han conmovido a los 17 obispos que participaron en tres encuentros organizados por New Ways Ministry en los últimos años. “Tuvimos un obispo que terminó llorando porque se sentía profundamente arrepentido de cómo había pensado sobre las personas LGBTQ”, relató. “El diálogo es realmente el primer paso. El genio del papa Francisco fue comprender que las personas debían empezar a hablar entre sí, conocerse mutuamente y dejar atrás el miedo y los estereotipos”.

Para Duddy-Burke, quien representa a un grupo de base liderado por católicos LGBTQ+ que fue expulsado hace 40 años de espacios católicos —y que asegura haber luchado durante años incluso para poder sostener estas conversaciones— el documento despierta esperanza: “No teníamos un lugar en la mesa, y este documento dice que ha llegado el momento de tenerlo”. Al mismo tiempo, expresó preocupación sobre si quienes tienen el poder seguirán dispuestos a dialogar y a permitir que “sus mentes y corazones cambien”. Por último, se preguntó: “¿cómo se gestionará esto en partes del mundo donde es completamente inseguro e incluso ilegal que las personas se declaren queer?”.

Otras cuestiones abordadas

El informe del sínodo también aborda la “no violencia activa”, destacando los ejemplos de Martin Luther King Jr., Mahatma Gandhi, el “poder del pueblo” filipino y los movimientos antigubernamentales polacos de “Solidaridad”, así como la experiencia de un objetor de conciencia católico serbio. La paz ha sido un tema central del pontificado de León XVI, y sus recientes declaraciones contra la guerra han provocado un conflicto con la administración Trump, que ha utilizado un lenguaje teológico para promover su guerra en Oriente Medio.

En el informe del Vaticano, los teólogos sugieren que la “teoría de la guerra justa”, a la que ha hecho referencia el vicepresidente católico de EE. UU., JD Vance, para defender la guerra, es “inadecuada” en el contexto moderno. “Dado que la guerra ya no puede limitarse a objetivos militares, sino que se extiende a la vida civil, adoptando nuevas formas (híbridas, asimétricas, etc.), el recurso a los marcos utilizados en el pasado para la legítima defensa —y más aún para la “guerra justa”— parece cada vez más inadecuado”, escriben.

Respuestas, reacciones y críticas

Tras la publicación del informe se ha difundido ampliamente –casi como por alusiones– de la asociación Courage International, una institución fundada en 1980 en Nueva York por el padre John F. Harvey. Es un apostolado de la Iglesia Católica diseñado para ofrecer acompañamiento pastoral a personas con atracción hacia el mismo sexo que han elegido vivir en castidad. Actualmente cuenta con más de 160 grupos en 15 países y tiene reconocimiento canónico oficial desde 2016. La organización también cuenta con una rama llamada EnCourage, dedicada a apoyar y guiar a las familias de personas que se identifican como LGBT.

Valorando el informe final del Grupo de Trabajo 9 denuncian que el documento vaticano presentar una imagen “falsa e injusta” de su labor pastoral al incluir una referencia despectiva hacia el apostolado de Courage al adentrarse en las terapias de conversión, según los aludidos. Además, añaden, un anexo del documento recoge el testimonio individual de una persona que relata una experiencia negativa con la organización.

“Courage considera que este informe es a la vez calumnia y detracción contra la organización y sus miembros”, señala la declaración oficial publicada el pasado 8 de mayo. La principal queja radica en cómo el texto caracteriza erróneamente su misión pastoral. La entidad fue tajante al desmentir las acusaciones implícitas en el reporte: “Courage no está ni ha estado nunca involucrado en la ‘terapia reparativa’, como se alega”.

Courage también ha defendido, ante el testimonio, la estructura de sus encuentros, aclarando que el propósito no es el secretismo, sino la protección de personas vulnerables: “Los miembros de Courage entienden que esas reuniones son confidenciales y seguras, precisamente para que puedan hablar con franqueza y vulnerabilidad sin temor a que alguien informe sobre ellos”, destacan. La organización añadió que es precisamente esa vulnerabilidad la que justifica su existencia: “Es precisamente porque las personas a menudo se sienten solas, sin esperanza y deprimidas que las reunimos para brindarles apoyo y reivindicamos la confidencialidad que les permite hablar libremente sobre sus luchas”.

El cardenal

Entre las reacciones habituales está de la del cardenal Gerhard Müller quien ha emitido una severa crítica por escrito –con el título “Sobre la bendición de Dios y las falsas bendiciones de este mundo”–, señalando que sus propuestas y la acogida de las mismas representan una plataforma para ideologías contrarias a la fe católica. El exprefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe argumenta que la gran acogida que el reciente informe del Grupo de Estudio 9 ha tenido entre los defensores LGBT es sumamente reveladora y subraya cómo “se acoge abiertamente la relativización herética del matrimonio natural y sacramental”.

Según el purpurado alemán, este movimiento se presenta como el primer paso hacia el reconocimiento de la ideología LGBT, la cual, asegura, promueve una visión materialista de la humanidad sin Dios. El cardenal Müller señala que los hallazgos publicados por los grupos de estudio establecidos por el Papa Francisco adolecen de dos problemas fundamentales:

1. “Por su desconfianza en los principios centrales de la doctrina católica, que confunden con un sistema de pensamiento limitado en el tiempo, en lugar de reconocerlos como la transmisión íntegra y completa de la revelación de Dios”

2. “En su intento de alinearse con las ideologías dominantes a través de un llamado ‘cambio de paradigma de un dogmatismo rígido a un enfoque pastoral cercano a la gente’ para ganar el reconocimiento de sus defensores”.

Müller advierte que, aunque estos grupos no niegan abiertamente las verdades reveladas, actúan ignorándolas para construir “su propia casa de un cristianismo cómodo y conforme al mundo” paralelo a la doctrina oficial.

Para el cardenal, los textos recientes utilizan un lenguaje que busca desorientar a los fieles mediante lo que él califica de tácticas retóricas engañosas: “Para confundir a los ingenuos compañeros de fe, se adorna con lugares comunes bíblicos y espirituales: ‘lo que el Espíritu dice a las iglesias’, el discernimiento en lugar de la condena, el Jesús misericordioso y que todo lo acepta enfrentado a los rigoristas maestros de la ley…”. Esta narrativa, argumenta Müller, conduce a la afirmación sofística de que el pecado ya no consiste en actos conscientes contra los mandamientos de Dios, sino simplemente en la negativa a mostrar una misericordia omnímoda hacia quienes no cumplen dichos mandamientos.

Uno de los puntos más críticos de la declaración de Müller es su firme rechazo a cualquier propuesta de bendición para uniones del mismo sexo, un tema que, según él, obsesiona a ciertos sectores de la Iglesia en detrimento de la verdad de Cristo. “La bendición privada o incluso paralitúrgica de parejas del mismo sexo y de distinto sexo en relaciones irregulares se basa en la negación herética de la verdad revelada de que Dios creó a los seres humanos como hombre y mujer”, sentencia.

El cardenal recuerda que Jesús confirmó la voluntad original del Creador y que, en el matrimonio, el hombre y la mujer forman una unidad “en el amor mutuo, en la vida compartida y en la apertura a los hijos”. Concluye su declaración con una dura advertencia sobre la autoridad eclesiástica en esta materia: “No hay mención alguna en la Sagrada Escritura ni en toda la tradición de la Iglesia de una bendición para personas en relaciones adúlteras, ni hay indicación alguna de que los obispos estén autorizados a ordenar o permitir bendiciones fraudulentas y blasfemas”.

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