Magnifica humanitas: León lleva la doctrina social a la era de la IA
4:00 p.m. | 28 may 26 (GC/NCR).- La primera encíclica de León XIV pone a la Iglesia en el centro del debate sobre la revolución de la IA: no como advertencia desde los márgenes, sino como relectura de la doctrina social católica sobre dignidad del trabajo, monopolios digitales, esclavitud de nuestros días y más. Reunimos una revisión tema por tema, propuesta por el padre Antonio Spadaro —teólogo experto en cultura digital—, un análisis sobre la presencia de Anthropic en la presentación, y más reflexiones y material para explorar todas las aristas de la encíclica.
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Nada más comenzar su pontificado, León XIV ha querido trazar un paralelismo entre el contexto que vivió su predecesor León XIII —un período de transformaciones trascendentales y disruptivas— y el momento actual. Con la histórica Rerum novarum, el papa Pecci quiso afrontar las consecuencias de la primera gran revolución industrial. Hoy, la Iglesia ofrece su patrimonio de doctrina social para responder a otra revolución: la de la IA, con sus nuevos desafíos a la dignidad humana, la justicia y el trabajo. El resultado es Magnifica humanitas, la primera encíclica del papa Prevost, firmada significativamente el 15 de mayo, en el 135.° aniversario de la Rerum novarum.
En esta publicación compartimos una lectura integral del documento a través del análisis del sacerdote Antonio Spadaro, una de las voces más autorizadas para revisar esta encíclica: jesuita con larga trayectoria en el cruce entre fe y cultura digital, ex director de La Civiltà Cattolica, cercano tanto al pontificado de Francisco como al de León XIV, y un intelectual que ha contribuido a instalar este debate dentro de la reflexión eclesial. Complementamos esa revisión exhaustiva, con 10 innovaciones que propone León en su encíclica, tanto en contenido como en lenguaje, examinadas por el fraile dominico Frei Betto.
Luego, exponemos un enfoque interesante: por qué Christopher Olah, cofundador de Anthropic —la empresa que desarrolla el modelo de IA Claude—, estuvo presente en la presentación oficial, qué significa esa presencia y qué dice de la relación entre la Iglesia y quienes realmente construyen estos sistemas. Recogemos además las intervenciones de los cardenales Parolin, Czerny y Fernández, así como de las teólogas Anna Rowlands y Leocadie Lushombo en el evento de presentación de la Encíclica, además de la inédita participación del mismo pontífice. Finalmente, compartimos una serie de enlaces que sugieren análisis y lecturas sobre la encíclica, que pueden ayudar a complementar la reseña del P. Spadaro.
Spadaro: Una lectura integral de Magnifica humanitas
El 25 de mayo, diez días después de que el papa León XIV firmara su primera encíclica, Magnifica humanitas, sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial, la hizo pública, impulsando a la Iglesia a convertirse en la primera gran institución en ofrecer orientación ética para la era de la IA, y subrayando la primacía de la persona humana. Solo un día después de firmar la encíclica, León XIV estableció, mediante un Rescriptum ex audientia, una Comisión interdicasterial sobre inteligencia artificial, que reúne a siete instituciones vaticanas bajo una coordinación rotativa.
Ambos actos constituyen, en conjunto, la respuesta institucional más significativa a la IA por parte de un gran organismo religioso en el mundo entero, y quizás la señal más clara hasta ahora de que el Vaticano pretende hacer algo más que lanzar advertencias ingeniosas desde los márgenes del debate. La IA, al fin y al cabo, ya no es simplemente un objeto de reflexión ética. Es una realidad que impregna hoy la vida de la propia Iglesia: las comunicaciones, las instituciones educativas, los procesos doctrinales y la diplomacia. Pretender lo contrario sería una forma de negación. Como el propio León XIV ha señalado, la IA no llama a la puerta: ya está dentro de la casa.
Ya no se trata de un simple conjunto de herramientas, sino de un entorno mental, cultural y espiritual: el aire que respiramos, el código que estructura nuestra manera de pensar y de creer. Magnifica humanitas nace de esta conciencia: no se puede esperar a que los procesos concluyan para pronunciarse sobre ellos. Pero este documento no es simplemente una encíclica sobre la inteligencia artificial. Es un documento sobre lo que significa ser humano, escrito desde el interior de una revolución que está reescribiendo las coordenadas de la experiencia: la manera en que trabajamos, nos comunicamos, nos informamos, creemos e incluso rezamos.
Magnifica humanitas es una relectura de toda la tradición de la doctrina social católica —desde León XIII hasta Francisco, pasando por el Concilio Vaticano II— que demuestra que la cuestión tecnológica no es un capítulo suplementario en la reflexión de la Iglesia sobre el mundo, sino que se ha convertido en su centro de gravedad.
El peso simbólico de la fecha y el nombre
La fecha de la firma tiene un claro peso simbólico. El 15 de mayo marca el 135.° aniversario de Rerum novarum, la gran encíclica de León XIII de 1891 sobre la condición de los trabajadores en el apogeo de la industrialización. El paralelismo es explícito e intencional. Al igual que León XIII antepuso la dignidad del trabajo a las convulsiones de la era fabril, León XIV antepone la dignidad de la persona a las convulsiones de la era algorítmica.
Es una afirmación a la vez de continuidad y de ruptura. Lo que León XIII hizo por los salarios, las jornadas laborales y el derecho de asociación, León XIV lo hace por la dignidad de la persona en la era del algoritmo. La doctrina social católica tiene algo urgente que decir sobre las máquinas que aprenden. El propio Papa explicó su elección del nombre de la encíclica en su primer discurso a los cardenales, vinculando explícitamente la doctrina social católica con la nueva revolución industrial y con la inteligencia artificial.
Las raíces doctrinales: de Antiqua et nova a Magnifica humanitas
León XIV no parte de cero. En enero de 2025, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe y el Dicasterio para la Cultura y la Educación publicaron conjuntamente Antiqua et nova, una amplia nota doctrinal sobre la relación entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana, encargada por el propio papa Francisco. Con 117 párrafos, el documento trazó una línea filosófica clara entre lo que hacen las máquinas y lo que es la mente humana. Antiqua et nova insistía en que, en su sentido pleno, la inteligencia implica una apertura moral y espiritual a la verdad: conciencia, responsabilidad y alma. Ningún algoritmo, por sofisticado que sea, puede reemplazar el discernimiento humano.
El texto examinó también el impacto concreto de la IA en la educación, la salud, el trabajo, las relaciones sociales y la guerra, y advirtió contra los sistemas de armas autónomas letales. Invocó el principio de subsidiariedad en la gobernanza de la IA y reclamó que las decisiones regulatorias se distribuyeran en múltiples instancias de la sociedad.
El salto sustantivo que representa Magnifica humanitas radica en su alcance y en su autoridad magisterial. Antiqua et nova era un documento interdicasterial de carácter instructivo que analizaba la IA y sentaba las bases éticas. Magnifica humanitas da un salto: del documento interdicasterial a la encíclica papal, con todo el peso magisterial de la doctrina social. No añade la IA como un apéndice temático a la doctrina social católica: hace algo más radical. Reconoce que la transformación digital plantea desafíos dentro de las propias categorías de la doctrina social y exige su ulterior desarrollo.
Si Magnifica humanitas eleva los argumentos de Antiqua et nova al nivel del pleno magisterio papal, la nota doctrinal de 2025 será leída retrospectivamente como su fundamento intelectual: el documento preparatorio que hizo posible la encíclica. La IA, escribe el Papa, debe entenderse no como una emergencia que gestionar, “sino como una transformación que interpela desde dentro las categorías de la Doctrina social y exige un mayor desarrollo de la misma, en fidelidad al Evangelio” (cfr. n. 17). La encíclica introduce una lúcida crítica estructural en la reflexión de la Iglesia sobre la IA, centrada en la concentración de poder en manos de actores privados transnacionales que redefinen las condiciones de acceso a la vida pública.
VIDEO. Encíclica Magnifica humanitas – Audiolibro
Una trayectoria construida con método
El documento se inscribe en una trayectoria que la Santa Sede ha construido pacientemente en los últimos años. Sin embargo, el hilo conductor de la reflexión se remonta más atrás. La Iglesia nunca ha sido ajena a la cuestión de la tecnología. Ya en 1963, Inter mirifica describía las tecnologías de la comunicación como medios maravillosos que tocan el espíritu humano. Y Pablo VI, al dirigirse en 1964 al Centro de Automatización dirigido por los jesuitas en el Aloisianum de Gallarate, pronunció palabras notables: que la tecnología podía ponerse al servicio del pensamiento humano en su dimensión más elevada, y que el esfuerzo por hacer que las máquinas reflejaran las capacidades espirituales del hombre —su razón, su discernimiento, su creatividad— se convertía en un servicio que toca lo sagrado.
El temor en nuestros días es que, con la IA, ocurra exactamente lo contrario: que se infunda en el cerebro espiritual el reflejo de los instrumentos mecánicos. Pero Magnifica humanitas marca un salto cualitativo respecto a sus predecesores. Juan Pablo II habló de los medios de comunicación; Benedicto XVI, del continente digital; y Francisco, del paradigma tecnocrático y de la IA en el G7. León XIV integra la IA en la propia estructura de la doctrina social, utilizándola como lente para repensar todos sus principios, desde el bien común hasta la justicia social. A partir de este momento, hablar de algoritmos es hablar de doctrina social católica. La apuesta real no es si la inteligencia artificial llegará alguna vez a ser humana, sino si la inteligencia humana logrará seguir siéndolo ante la tentación del rendimiento absoluto.
Babel y Jerusalén: los dos iconos bíblicos
El giro narrativo de la encíclica se revela en sus páginas iniciales, cuando León XIV sitúa dos iconos bíblicos en el centro del texto: la Torre de Babel y la reconstrucción de las murallas de Jerusalén en el libro de Nehemías. La elección es entre la lógica de la dominación y la lógica de la responsabilidad compartida. Babel se convierte en la metáfora del paradigma tecnocrático moderno: el sueño de una humanidad homogeneizada bajo un único lenguaje algorítmico, una única dirección y una única obsesión con la pertinencia, que pretende reemplazar el misterio con la predicción. Cuando una civilización se construye sobre la pretensión de autosuficiencia y sacrifica la dignidad de las personas en aras de la eficiencia, la comunicación se rompe.
Frente a esta arquitectura de dominación, el Papa propone el camino de Nehemías (cfr. n. 10): el judío en el exilio que regresa a una Jerusalén destruida no impone un plan desde arriba; examina las ruinas, convoca a las familias y confía a cada una un tramo de muralla. La ciudad renace a través de la responsabilidad compartida. La elección no es entre tecnología sí y tecnología no, sino entre dos lógicas de poder: concentrarla o distribuirla, homogeneizar o componer. A partir de esta polaridad bíblica, el Papa acuña una expresión llamada a perdurar: el síndrome de Babel (cfr. n. 10), la idolatría del beneficio que reduce todo —incluso el misterio de la persona— a datos y rendimiento. Es un diagnóstico cultural, no un sermón.
Si la metáfora se sostiene a lo largo del texto es algo que puede discutirse: Babel presupone un proyecto unificado, mientras que la revolución digital es fragmentada, policéntrica y carece de un arquitecto único. El texto no aborda esta brecha. El marco bíblico —Babel y Jerusalén— muestra, no obstante, que la tentación de la dominación y la posibilidad de la reconstrucción compartida son constantes antropológicas, y el Papa las utiliza como clave interpretativa de todo el documento.
Las novedades doctrinales
La ambición de Magnifica humanitas es ofrecer un marco de principios —dignidad, bien común, destino universal de los bienes, subsidiariedad, solidaridad, justicia social— que no sea un inventario moral improvisado, sino una gramática para leer la transformación en curso. Hay al menos cinco elementos doctrinales significativos.
La primera novedad es la afirmación de que la IA no es moralmente neutral: todo artefacto técnico lleva consigo elecciones y prioridades, y por tanto responsabilidad. La pregunta no es solo qué hace la tecnología al ser humano, sino en qué lo convierte: cómo altera nuestra percepción de la realidad, nuestras relaciones, incluso nuestras creencias. La IA no es una herramienta más entre muchas: es un entorno que reestructura la conciencia. Y la respuesta no puede ser meramente ética, sino que debe ser teológica.
En la doctrina clásica, el principio de subsidiariedad protege a los organismos intermedios de la intromisión del Estado. León XIV invierte el panorama: en el contexto digital, el nivel que absorbe competencias y capacidad de decisión ya no es el Estado, sino las corporaciones y las plataformas, que definen las condiciones de acceso, las reglas de visibilidad, las formas de relación e incluso las oportunidades económicas (cfr. n. 71).
La subsidiariedad se convierte en un instrumento crítico frente al poder tecnológico privado. El Papa señala, sin rodeos, los nuevos monopolios de la IA (cfr. n. 109) y denuncia una asimetría epistemológica, económica y política (cfr. n. 109) que los principios de la doctrina social tienen el deber de desenmascarar. No basta con invocar la alineación ética de las máquinas si esa moralidad se decide en los laboratorios cerrados de un puñado de multinacionales: lo que se necesita es una política capaz de gobernar la innovación desde la fase de diseño.
Quizás el pasaje más disruptivo concierne al destino universal de los bienes, un principio que la teología católica conoce desde hace siglos y que León XIV extiende al ámbito digital con llamativa naturalidad. Entre los bienes universalmente destinados a todos, escribe, debemos incluir ahora nuevas formas de propiedad: patentes, algoritmos, plataformas digitales, infraestructura tecnológica, datos (cfr. n. 67). El Papa aplica a la economía de los algoritmos la misma lógica que la tradición católica ha aplicado siempre a la tierra: cuando estos bienes permanecen concentrados en pocas manos, se crea un nuevo desequilibrio que alimenta la brecha entre los incluidos y los excluidos (cfr. n. 67).
Ningún documento pontificio había afirmado con tanta claridad que los datos son bienes cuya distribución es una cuestión de justicia, no de mercado. Aquí la encíclica abre un territorio que señala más que explora: ¿qué significa en la práctica el destino universal de un algoritmo patentado o de un conjunto de datos entrenado con miles de millones en inversión privada? El principio es poderoso, pero su traducción en términos de gobernanza sigue siendo amplia. El Papa lo reconoce: habla de formas de participación y acceso (cfr. n. 67) sin especificarlas, dejando la cuestión a una reflexión posterior.
La cuestión del poder recorre toda la encíclica. León XIV introduce un término clave: desarmar. Desarmar la IA significa apartarla de la lógica de la competencia armada, que hoy ya no es solo militar sino económica y cognitiva (cfr. n. 110). En el ámbito militar, el rechazo es categórico: el Papa denuncia los sistemas de armas con autonomía operativa por hacer la guerra más factible (cfr. n. 197) y menos sujeta al control humano. El principio es que la decisión letal no puede delegarse a procesos automatizados y debe permanecer bajo un control humano efectivo. En el frente económico, el documento propone ir más allá del PIB como métrica del desarrollo y reclama medidas capaces de evaluar el impacto de las decisiones sobre la dignidad del trabajo y la reducción de las desigualdades.
El verbo desarmar, aplicado a la inteligencia artificial, es un golpe retórico formidable porque desplaza el discurso de la ética a la geopolítica. Cabe preguntarse, sin embargo, si el documento no trata el mundo tecnológico como un bloque demasiado monolítico: Silicon Valley incluye tanto a personas que trabajan en la seguridad de la IA con motivaciones no lejanas a las del Papa, como a personas que persiguen el beneficio sin restricciones. Una distinción más matizada habría convertido el desarme en una propuesta más operativa.
Entre las páginas más valientes de la encíclica se encuentran las que arrancan el velo de inmaterialidad que rodea al mundo de la IA. León XIV dedica una sección entera a las nuevas formas de esclavitud (cfr. nn. 173–179) de la economía digital, y lo hace con una precisión que sorprende en un documento pontificio. Nada en el mundo de la IA es mágico o incorpóreo: cada respuesta instantánea descansa sobre una cadena de mediaciones. Millones de etiquetadores de datos y moderadores de contenido en el Sur Global —con frecuencia mujeres jóvenes a las que se paga una miseria— entrenan los modelos y depuran los algoritmos. A este trabajo invisible se suma la extracción de minerales de tierras raras, con adolescentes y niños trabajando en condiciones peligrosas en las minas.
El documento define esta subordinación como una forma de esclavitud contemporánea e identifica el colonialismo digital como una nueva forma de extractivismo: ya no solo recursos naturales, sino datos sanitarios, perfiles epidemiológicos y mapas genéticos. Estas son las nuevas tierras raras del poder (cfr. n. 178). Aquí el texto alcanza una cima de honestidad intelectual: el Papa reconoce el largo retraso de la Iglesia en condenar la esclavitud a lo largo de los siglos, admite que durante mucho tiempo la Santa Sede toleró o legitimó prácticas de subyugación, y pide perdón en nombre de la Iglesia.
No se trata de un simple acto de contrición retrospectiva, sino de una advertencia: el recuerdo de las cegueras del pasado debe despertar la vigilancia ante las injusticias estructurales de hoy, para que no se pueda celebrar una civilización avanzada (cfr. n. 174) mientras los beneficios del algoritmo se construyen sobre un nuevo colonialismo de datos.
VIDEO. Magnifica humanitas: Videoreseña de la Santa Sede
La Encarnación frente al transhumanismo
La fortaleza de Magnifica humanitas reside en su amplitud antropológica. León XIV no opone lo sagrado a la máquina: los coloca en tensión creativa. El riesgo que identifica es que el paradigma tecnocrático haga parecer justa y normal una visión antihumana, según la cual la plenitud de la vida consiste en tener más, en reducir la fragilidad, eliminar lo imprevisto y controlarlo todo (cfr. n. 112). El peligro no es que las máquinas lleguen a ser humanas, sino que los humanos queden reducidos a máquinas.
La encíclica aborda el transhumanismo y el posthumanismo con respeto intelectual —reconoce su deseo de una vida más plena— pero los define como un archipiélago de islas conceptuales unidas por el mismo mar de presupuestos: la centralidad de la técnica y el sueño de superar los límites de la condición humana (cfr. n. 116). El desarrollo tecnológico refleja un deseo de trascendencia, y la pregunta es: ¿qué tipo de trascendencia? Frente a este sueño prometeico, el Papa propone el misterio de la Encarnación: el Dios cristiano no actualiza al ser humano desde fuera; desciende a la fragilidad humana y la transforma desde dentro. El Verbo se hizo carne, no código.
En un pasaje de rara densidad, la encíclica afirma que existe una distancia infinita (cfr. n. 127) entre nuestra naturaleza y la vida de Dios, y que solo el Infinito que se da a sí mismo puede salvar esta desproporción. Frente a la salvación prometeica de los aceleracionistas, la Iglesia propone una plenitud que no se conquista sino que se recibe. No es un mensaje tranquilizador: es un mensaje subversivo contra la metafísica implícita de Silicon Valley. La humanidad magnificada no es la humanidad aumentada, sino la humanidad habitada por Dios.
Fuentes filosóficas y textura intelectual
La encíclica bebe de múltiples fuentes filosóficas y emplea un lenguaje que se dirige explícitamente a todos los hombres y mujeres de buena voluntad —la fórmula joánica de Pacem in terris. La veta agustiniana es fuerte: las dos ciudades (cfr. n. 130) y los dos amores (cfr. n. 130) estructuran el tercer capítulo. Está Romano Guardini, con su advertencia sobre el hombre moderno, no educado en el uso recto del poder. Está Hannah Arendt, citada por su tesis de que la disolución de la distinción entre hecho y ficción es una condición previa del totalitarismo. Está Platón, invocado por el papa para recordar que las cosas más profundas solo se aprenden con tiempo y esfuerzo, frotando conceptos y experiencias como piedras de pedernal. Está Viktor Frankl. Está Tolkien.
La textura es tomista en su estructura —la gracia que eleva la naturaleza— pero el tono es narrativo y bíblico. Cuando el texto cita a Arendt, Guardini, Platón, Frankl, Tolkien, está construyendo un lenguaje común. El fundamento teológico está presente y es sólido —la Encarnación como criterio antropológico— pero la estructura argumentativa es accesible para cualquiera que tome en serio la pregunta sobre lo que significa ser humano.
Propuestas concretas: trabajo, educación, armas, menores
Rerum novarum funcionó porque León XIII estuvo dispuesto a hablar de salarios y jornadas laborales, y no solo de dignidad humana en abstracto. Magnifica humanitas muestra la misma disposición a abordar cuestiones concretas. Sobre el trabajo, la encíclica advierte que la IA puede descualificar a los trabajadores, someterlos a una vigilancia automatizada y relegarlos a funciones rígidas y repetitivas. Exige que toda introducción de automatización vaya acompañada de compromisos verificables para proteger el empleo y garantizar la recualificación.
Sobre la educación, advierte contra la cultura de la inmediatez que atrofia la atención y propone que aprendamos a ayunar de la inteligencia artificial (cfr. n. 140) para proteger el pensamiento crítico y la libertad interior de las generaciones venideras. Es una imagen llamativa —el ayuno como disciplina espiritual aplicada a la tecnología— que traduce el discernimiento teórico del documento en práctica cotidiana. Sobre los menores, el papa reclama legislación que establezca límites de edad para el acceso a los dispositivos digitales y que haga responsables a los proveedores de servicios. Sobre las finanzas, advierte de que la rentabilidad del capital corre el riesgo de sustituir a los ingresos del trabajo. Sobre las armas, reafirma que la decisión letal no puede delegarse a procesos automatizados.
Poder, geopolítica y el nuevo americanismo
La encíclica no nombra a los poderosos de este mundo y de este momento, pero la referencia es evidente en varios pasajes. Cuando denuncia una cultura del poder que se alimenta de polarizaciones y violencias (cfr. n. 185); cuando habla de un falso realismo (cfr. n. 205) que presenta la guerra como inevitable; cuando critica la normalización de la guerra (cfr. nn. 189–192) y el rearme como respuesta a toda crisis; cuando desmonta la lógica del yo primero (cfr. n. 202) y la construcción de una identidad colectiva frente a un enemigo, el lector no tiene dificultad en reconocer el perfil de una cierta Realpolitik.
Pero hay un pasaje aún más certero: la denuncia de quienes disponen de poderosos recursos técnicos y económicos y los utilizan para convencer a un número significativo de personas sobre cuál es la verdad acerca del ser humano, el mundo, el sentido de la existencia, la familia, incluso Dios (cfr. n. 133). El texto denomina a esto poder puro carente de verdad (cfr. n. 133). Es la definición más precisa que un documento pontificio haya dado jamás de la maquinaria ideológica que opera hoy en ciertos círculos políticos.
La conexión con León XIII es profunda, no meramente nominal. León XIII no se limitó a escribir Rerum novarum sobre la cuestión social: en 1899 intervino contra el americanismo con la carta apostólica Testem benevolentiae, denunciando la tendencia de ciertos católicos estadounidenses a adaptar la doctrina a los valores de la cultura dominante —pragmatismo, individualismo y primacía de la acción sobre la contemplación. León XIV se enfrenta a un nuevo americanismo, mucho más poderoso que el de 1899: un americanismo que no se conforma con adaptar la fe a la cultura, sino que pretende construir una religión civil en la que Dios, patria y mercado se funden en una única narrativa. Un americanismo que sacraliza el poder y el éxito, diviniza la eficiencia y considera la limitación como un defecto a corregir —exactamente lo que el transhumanismo promete en el plano tecnológico.
El ecumenismo del odio en la era algorítmica
El ecumenismo del odio —la alianza entre el fundamentalismo evangélico y el integralismo católico, que se nutre de simplificaciones maniqueas: amigo y enemigo, nosotros y ellos, bien absoluto y mal absoluto— encuentra en la IA un multiplicador perfecto: algoritmos que premian la confrontación, plataformas que amplifican la polarización y deepfakes que difuminan la distinción entre lo verdadero y lo falso.
La encíclica lo reconoce cuando advierte que la guerra no solo se libra, sino que también se prepara culturalmente a través de narrativas simplificadoras, lógicas amigo-enemigo, desinformación y miedo (cfr. n. 192). Y describe la emergencia de extremismos religiosos y fanatismos identitarios que se alían con un economicismo irracional (cfr. n. 206). Si el ecumenismo del odio encuentra en la IA una infraestructura técnica para escalar globalmente, el riesgo es una forma inédita de fundamentalismo algorítmico —en el que el odio ya no necesita predicadores porque está automatizado. La respuesta de la Iglesia no puede ser meramente doctrinal: debe ser una contracultura del encuentro, sostenida por una ecología de la comunicación y una alianza educativa.
El riesgo de que Magnifica humanitas sea cooptada como un manifiesto populista del “human-first” (que antepone al ser humano) es real. Sin embargo, la encíclica se adelanta a ello con un movimiento teórico preciso: el humanismo que propone no es un humanismo cerrado. No es la primacía del hombre-que-domina, sino el cuidado del hombre-en-relación con Dios, con los demás, con la creación. Es un “antropocentrismo situado” (cfr. n. 237), por usar la expresión del papa Francisco, que León XIV retoma en la conclusión. Frente al “human-first” del populismo nacionalista, la encíclica opone la lógica del Magníficat: Dios derriba a los poderosos de sus tronos y enaltece a los humildes.
VIDEO. Estas son las claves de la primera encíclica de León XIV
La arquitectura institucional: la nueva Comisión
La Comisión interdicasterial sobre Inteligencia Artificial, establecida tras la firma de la encíclica, reúne a siete instituciones vaticanas bajo una coordinación anual rotativa, que comienza con el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, dirigido por el cardenal Michael Czerny. La comisión incluye también el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el Dicasterio para la Cultura y la Educación, el Dicasterio para la Comunicación, la Pontificia Academia para la Vida y las dos Pontificias Academias de Ciencias y de Ciencias Sociales.
Reunir en una misma mesa organismos tan diversos reconoce que ninguna competencia aislada es suficiente para abarcar el alcance pleno del fenómeno de la IA. La comisión no es un grupo de reflexión: es un órgano de gobernanza interna y discernimiento institucional. La propia encíclica pide a la Iglesia que verifique, dentro de sus propias estructuras, los principios que propone al mundo.
La arquitectura institucional puede parecer lejana, pero merece la pena detenerse en el diseño de la comisión, porque refleja un modelo genuinamente nuevo de gobernanza vaticana: uno que debe mucho a la reforma de la Curia del papa Francisco, Praedicate evangelium, y a su exigencia de colaboración entre los distintos dicasterios. Lo que más llama la atención es el liderazgo rotativo. Cada año, una oficina diferente asumirá el rol coordinador, designada por el Papa. No es una pirámide. Se parece más a una red. La forma organizativa refleja la tecnología que está llamada a abordar.
Aún más significativo es el lenguaje del mandato confiado a la comisión, que habla de diálogo, comunión y participación: el vocabulario de la sinodalidad. El Vaticano propone abordar la cuestión tecnológica con el mismo método que empleó para la cuestión eclesiológica: un proceso compartido de discernimiento. Si esta aspiración sobrevivirá al impacto de la práctica burocrática concreta es, naturalmente, otra cuestión. Pero la intención merece una consideración atenta.
La presentación pública: una señal
La presentación ante medios de la encíclica el 25 de mayo ofreció su propio mensaje. El panel de ponentes se seleccionó con esmero. Los cardenales Víctor Manuel Fernández y Michael Czerny representan, respectivamente, los polos doctrinal y social de la reflexión católica. Junto a ellos se sientan tres figuras que señalan aperturas deliberadas. Anna Rowlands, teóloga política de Durham, aporta la tradición británica del pensamiento social católico y un firme compromiso con las cuestiones migratorias. Leocadie Lushombo, teóloga congoleña de la Escuela de Teología Jesuita de Santa Clara, California, introduce la voz del Sur Global, recordatorio de que el impacto de la IA recaerá con más fuerza sobre quienes tienen menos poder para moldear sus formas.
Y luego está Christopher Olah, cofundador de Anthropic, empresa estadounidense de IA, quien lidera la investigación sobre interpretabilidad: el esfuerzo por hacer transparentes y comprensibles los procesos internos de toma de decisiones de estos sistemas. Su presencia en la Sala del Sínodo es el detalle más revelador de todo el evento. El Vaticano no está simplemente hablando de tecnología con teólogos. Está invitando a la mesa a alguien que realmente construye estos sistemas. Más precisamente, a alguien que trabaja para hacerlos legibles.
El hecho de que un cofundador, investigador de IA —y no cualquier magnate de la industria— asista a la presentación de una encíclica papal es una señal clara: la Iglesia no está hablando contra Silicon Valley, sino que incluye y dialoga con sus protagonistas más reflexivos. Anthropic es una empresa que ha situado la seguridad y la interpretabilidad de la IA en el centro de su misión (más sobre esto después de esta sección).
La propia encíclica dirige un llamamiento especial a quienes desarrollan la IA (cfr. n. 111), reconociendo que la innovación tecnológica puede ser, en cierto sentido, una forma humana de participación en el acto divino de la creación (cfr. n. 111). El hecho de que las palabras finales del evento de presentación se hayan confiado al cardenal secretario de Estado Pietro Parolin y al propio Papa subraya el peso institucional del acontecimiento.
Tensiones sin resolver
Es precisamente aquí donde aflora una tensión: el Vaticano denuncia la concentración del poder tecnológico mientras busca el diálogo con quienes detentan ese poder. No es una contradicción —dialogar con el interlocutor incómodo es una tradición de la diplomacia papal— pero sigue siendo un equilibrio delicado que la recepción pública pondrá a prueba.
La lectura del documento revela dos riesgos principales. Por un lado, los católicos pueden leerlo como un compendio de respuestas, en lugar de lo que realmente es: una invitación al discernimiento comunitario. Por otro, los lectores seculares pueden descartarlo como una injerencia confesional. Sin embargo, la virtuosa limitación del documento, reconocida con honestidad en el propio texto, es que la Iglesia no ofrece una respuesta definitiva (cfr. n. 23) sobre cuestiones específicas, sino criterios de discernimiento. Esta es la diferencia entre quienes pretenden entregar respuestas prefabricadas y quienes acompañan un proceso de juicio comunitario.
La prueba real será, como siempre, la implementación. ¿Se adentrará la comisión verdaderamente en la materialidad de los algoritmos, los datos y los modelos, o se quedará en el plano de los principios? ¿Sabrá incluir voces ajenas al Vaticano: de la industria, de la sociedad civil, del mundo académico? El riesgo es que una comisión sobre IA se convierta en otro organismo curial destinado a producir documentos sobre documentos.
En este sentido, la presencia de un investigador como Olah en la Sala del Sínodo es a la vez un antídoto y una promesa. Señala que el Vaticano comprende que no se puede hablar seriamente de IA sin abordar cómo funciona realmente. La doctrina social católica siempre ha sido más fuerte cuando ha pasado de los principios generales a las realidades concretas.
El Magníficat: un programa político
La conclusión de la encíclica se convierte en un programa de vida, no solo de reflexión teórica: permanecer fieles a la verdad, invertir en educación, cultivar las relaciones y amar la justicia, sin dejar de vigilar las cadenas de suministro invisibles que alimentan nuestros dispositivos.
Todo esto queda confiado al Magníficat de María, que se transforma en clave política: el cántico de una joven que ve a los poderosos derribados de sus tronos y a los humildes enaltecidos, no como utopía sino como promesa que ya está en marcha. El verdadero antídoto contra el populismo tecnológico no es otra primacía, sino el derrocamiento de las jerarquías de poder. No es casualidad que el documento dedique páginas decisivas a los migrantes, las mujeres, los trabajadores invisibles de la cadena de suministro digital y los niños en las minas de tierras raras.
Citando a Tolkien —no nos corresponde dominar todas las mareas del mundo (cfr. n. 213), sino hacer lo que podamos por la salvación de los años en que vivimos— el Papa confía la fórmula de la responsabilidad en la era de los algoritmos a un novelista católico del siglo XX. El hecho de que una encíclica sobre IA cierre con un himno mariano del siglo I y un pasaje de El Señor de los Anillos sugiere que para León XIV la respuesta al desafío tecnológico no es un algoritmo mejor, sino una calidad diferente de visión.
Magnifica humanitas ancla su discurso sobre la IA en los fundamentos de la doctrina social, no al margen de ellos. Como todo gran documento, abre más caminos de los que cierra, y algunas de sus intuiciones más audaces —el destino universal de los datos, el desarme de la IA, la subsidiariedad frente a las plataformas, las nuevas esclavitudes digitales, el ayuno tecnológico— aguardan el campo de pruebas de la historia.
León XIV no ha elegido una postura apocalíptica ni una entusiasta: ha elegido pensar. En un mundo que vive de reacciones instantáneas y polarizadas, esta puede ser la forma más radical de presencia y de resistencia.
LEER. Síntesis de la Encíclica del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral (PDF)
LEER. Encíclica Magnifica humanitas (completa en PDF)
VIDEO. Presentación de la Carta Encíclica Magnifica humanitas
Las 10 innovaciones de la encíclica de León XIV para el mundo digital
Con Magnifica humanitas, León XIV demuestra que innovar no significa abandonar la tradición, sino aplicarla con valentía a los signos de los tiempos. Al humanizar el debate sobre la tecnología, pedir perdón por los errores del pasado y desarmar el discurso belicista, el Papa ofrece una hoja de ruta para que la IA sirva a la construcción de la Ciudad de Dios, y no a una nueva e inhumana Torre de Babel. El fraile dominico brasilero, Frei Betto, expone los puntos que ilustran cómo el Papa actualiza la perspectiva cristiana del mundo:
Innovaciones en el contenido
1. La centralidad de lo humano: El Papa habla de IA, pero se centra en la persona. Si bien la tecnología se menciona 14 veces, la palabra “dignidad” aparece 98 veces y “persona” 158 veces. El título Humanitas es ya un manifiesto: el debate no es técnico, sino antropológico.
2. Superar el paradigma tecnocrático: Una de las mayores advertencias es contra la lógica que convierte la eficiencia en el “valor supremo”. León XIV denuncia la tentación de vernos a nosotros mismos como “proyectos a optimizar” y las IA que, al imitar a los humanos, amenazan con reducir su misterio a meros datos.
3. El fin de la teoría de la guerra justa: Al declarar obsoleta la teoría de la “guerra justa”, la encíclica innova en la doctrina social. Ante las armas autónomas y su inmenso potencial destructivo, el Papa argumenta que el uso de la fuerza debe ceder ante el diálogo y la diplomacia, y reafirma la paz como el único camino válido.
4. El poder privado como nueva “cuestión social”: Si bien el poder residía antaño en los Estados, hoy el motor de la innovación se encuentra en las grandes empresas tecnológicas. La encíclica advierte que estas entidades privadas ejercen soberanía sobre los datos y las decisiones, imponen nuevas formas de exclusión social y exigen un nuevo marco ético.
5. Una petición histórica de perdón: En un gesto sin precedentes, León XIV pide perdón por la demora de la Iglesia en condenar la esclavitud en el pasado. Este gesto de humildad institucional busca purificar la memoria y reforzar la urgencia de combatir las “nuevas esclavizaciones digitales”.
6. El “desarme” de la inteligencia artificial: El Papa introduce un concepto sólido y original al argumentar que la IA debería ser “desarmada”. Al igual que hizo con las armas nucleares, la Iglesia aboga por la supervisión pública y el discernimiento moral respecto a una tecnología que, sin controles ni contrapesos, podría agravar la injusticia.
Innovaciones en el lenguaje
1. La Torre de Babel frente a Jerusalén: En lugar de jerga técnica, León XIV utiliza la metáfora bíblica de la Torre de Babel (que genera confusión) frente a la reconstrucción de Jerusalén (que requiere paciencia y esfuerzo colectivo). Esto alude a la elección fundamental de la humanidad: construir un mundo de dominación o una civilización de amor.
2. Glosario del mundo digital: La Iglesia no rehúye el uso del lenguaje de nuestro tiempo. El documento explica conceptos como “algoritmo” (definido como una serie de instrucciones paso a paso), “alineación de la IA” y “paradigma tecnocrático”, y demuestra que el magisterio comprende las herramientas que analiza.
3. Diálogo inclusivo y pluriversal: La encíclica evita el monólogo citando a pensadores tan diversos como Dorothy Day, J.R.R. Tolkien, Martin Luther King y Hannah Arendt. León XIV invita a todos al debate, desde los ingenieros de Anthropic hasta las víctimas de la exclusión digital, y adopta un lenguaje de escucha activa y construcción colaborativa.
4. Narrativa de la “Civilización del Amor”: El tono no es de condena apocalíptica, sino de esperanza activa. El Papa invita a cada persona a no ser un “espectador pasivo” ni un “arquitecto codicioso”, sino un “constructor de la civilización del amor”. El lenguaje pastoral alienta a la acción positiva, no solo a la crítica, para que el mundo digital se convierta en un espacio de fraternidad.
VIDEO. Rolando Iberico: La IA amenaza la noción de humanidad como gratuidad
¿Por qué Anthropic colaboró en la presentación de la encíclica?
Cuando el Vaticano anunció que uno de los cofundadores del destacado laboratorio de IA Anthropic se uniría a la presentación de la encíclica del papa León XIV sobre inteligencia artificial, Magnifica humanitas, a primera vista no parecía una asociación coherente. El Vaticano ha sido crítico con el desarrollo de la IA, compartiendo advertencias sobre las amenazas que la tecnología representa para la dignidad humana y el medio ambiente, e incluso creando un grupo de estudio sobre IA apenas unos días antes.
Pero la presentación del 25 de mayo no fue la primera vez que Christopher Olah, responsable del equipo de interpretabilidad de Anthropic, se encuentre en una sala llena de católicos. Ha sido más bien el último paso en el acercamiento de esta empresa de IA, valorada en miles de millones de dólares, a líderes religiosos. En marzo, un pequeño grupo de cristianos se reunió en la sede de Anthropic en San Francisco para un encuentro que tuvo a Olah como uno de sus organizadores. Entre los asistentes estaba Meghan Sullivan, filósofa de la Universidad de Notre Dame y directora de su Instituto de Ética y Bien Común.
“Anthropic es una de esas empresas tecnológicas que realmente se preocupa por educar a todas las comunidades, incluidas las comunidades de fe, sobre cómo funcionan estos potentes modelos de IA, en qué son buenos y cuáles son los riesgos potenciales”, declaró Sullivan. “Y creo que ahora es un momento crucial para que los católicos comprendan de verdad esta tecnología, cómo está cambiando nuestras vidas y nuestra sociedad, y qué es probable que ocurra en el futuro”.
La reunión, según informó en su momento The Washington Post, tenía como objetivo explicar a 15 líderes cristianos cómo se construyen, entrenan y operan los modelos de IA, como los populares modelos de lenguaje grande (LLM) de Anthropic, conocidos como Claude. También solicitaron opiniones sobre ética y moral para aplicarlas en el desarrollo de Claude.
Olah, de 33 años, y su equipo han organizado varios encuentros con líderes religiosos y filósofos. Sullivan lo describió como “muy comprometido con estos diálogos” y como un buen oyente. Ahora, Olah y Anthropic —que a principios de este año protagonizaron un enfrentamiento con la administración Trump por el uso militar de la IA— tomaron asiento en el Vaticano para escuchar cómo León XIV presentó Magnifica humanitas, centrada en “la protección de la persona humana en la era de la inteligencia artificial”.
“De todas las personas del mundo que trabajan en IA y que podrían haber elegido de la industria, él es probablemente la persona adecuada”, afirmó Brian Patrick Green, director de ética tecnológica de la Universidad de Santa Clara, ubicada en el corazón del Silicon Valley californiano. “Anthropic es la empresa que realmente ha consolidado su posición como empresa de IA ética, diciéndole no al gobierno de Estados Unidos en lo que respecta a los sistemas de armas autónomas letales… y oponiéndose a la vigilancia masiva de los estadounidenses”, señaló. “Han fijado esas dos líneas rojas y han dicho que no van a cruzarlas”.
Anthropic prioriza la ética, pero no está exenta de controversias
En una industria en rápido desarrollo, Anthropic se ha ganado una reputación por priorizar la ética y la cautela. Un reportaje publicado en marzo por la revista Time —titulado “La empresa más disruptiva del mundo”— la describió como “el laboratorio de IA de vanguardia con mayor énfasis en la seguridad”. La empresa tiene sus raíces en el movimiento del altruismo eficaz y entre su personal cuenta con un filósofo en plantilla.
Valorada en 900.000 millones de dólares, Anthropic fue fundada en 2021 por los hermanos Dario y Daniela Amodei y otros cinco antiguos empleados de OpenAI, la empresa desarrolladora de IA creada por Sam Altman y Elon Musk, entre otros, responsable de ChatGPT. Se marcharon de lo que hoy es su rival por la preocupación de que OpenAI avanzaba demasiado rápido sin realizar pruebas exhaustivas. Desde entonces, se ha convertido en uno de los principales laboratorios de IA, con su asistente de IA Claude, que atrae a 30 millones de usuarios mensuales, y su Claude Code, ampliamente utilizado por empresas de servicios en la nube y análisis de datos. Ha establecido alianzas con Google y Amazon en sus sistemas de computación en la nube.
En su sitio web, Anthropic enumera siete valores que guían su trabajo, comenzando por el esfuerzo de “tomar decisiones que maximicen los resultados positivos para la humanidad a largo plazo (…) Esto significa que estamos dispuestos a actuar con mucha audacia para garantizar que nuestra tecnología sea una fuerza positiva y sólida para el bien”, escribió la empresa. “Tomamos en serio la tarea de guiar al mundo de manera segura a través de una revolución tecnológica que tiene el potencial de cambiar el curso de la historia humana, y estamos comprometidos a contribuir a que esta transición se desarrolle favorablemente”. Los modelos Claude se rigen por una constitución general que define sus valores y comportamiento, orientados principalmente a ser ampliamente seguros, ampliamente éticos y genuinamente útiles.
Varios católicos contribuyeron en la redacción de estos principios, entre ellos Green; el padre Brendan McGuire, sacerdote de Silicon Valley y cofundador del Instituto para la Tecnología, la Ética y la Cultura de Santa Clara; y el obispo Paul Tighe, secretario del Dicasterio para la Cultura y la Educación del Vaticano, coautor de Antiqua et nova sobre la relación entre la IA y la inteligencia humana. “Es claramente una perspectiva de ética de la virtud”, señaló Green, “que intenta entrenar a la IA en algún tipo de proceso de toma de decisiones morales, en el que se identifica como un buen tomador de decisiones y, a partir de esa identificación, intenta tomar buenas decisiones”.
Las empresas de IA en general han enfrentado a una serie de controversias y el rechazo de la opinión pública, incluyendo una amplia oposición a la rápida construcción de centros de datos con alto consumo de recursos, y acusaciones contra OpenAI de que sus productos alentaron a algunos usuarios a llevar a cabo intentos de suicidio. Anthropic, por su parte, accedió en agosto a un acuerdo de 1.500 millones de dólares con miles de autores y titulares de derechos de reproducción que alegaban que la empresa había descargado ilegalmente casi medio millón de libros protegidos por derechos de autor para entrenar sus modelos de lenguaje de IA. Fue el mayor acuerdo de derechos de autor propuesto en la historia de Estados Unidos.
Pero Anthropic también ha respaldado las normas nacionales en materia de transparencia, pruebas y evaluación de modelos de IA. Dario Amodei ha ejercido presión en contra de una propuesta de moratoria federal de diez años sobre las regulaciones estatales relacionadas con la IA —respaldada por la administración Trump—, argumentando que dicha prohibición es esencial para mantener la competitividad de Estados Unidos. En febrero de 2025, Anthropic captó la atención de los especialistas en ética de la IA cuando retrasó el lanzamiento de una nueva versión de Claude después de que las pruebas indicaran que podía ser utilizada por terroristas para desarrollar armas biológicas, según informó Time. De acuerdo con Axios, el Pentágono utilizó Claude en la redada del 3 de enero en la que fue capturado el presidente venezolano Nicolás Maduro.
Sin embargo, sus relaciones con la Casa Blanca se deterioraron en febrero, cuando Anthropic se opuso al uso de su tecnología en el desarrollo de armas autónomas y en la vigilancia masiva de ciudadanos estadounidenses. En respuesta, el presidente Donald Trump canceló el contrato de 200 millones de dólares que la empresa tenía con el Pentágono y declaró a Anthropic un “riesgo para la cadena de suministro”, impidiendo a las agencias federales trabajar con la empresa.
Anthropic impugnó la decisión ante los tribunales. Catorce teólogos y académicos católicos, entre ellos Green, presentaron un escrito en el que declaraban que la empresa de IA “actuaba como un ciudadano corporativo responsable y moral”. Green declaró a NCR que la decisión de Anthropic de mantenerse firme, a costa de su negocio, frente a ciertos usos de su tecnología merecía reconocimiento, aunque señaló que la empresa no ha descartado por completo el uso de armas autónomas, sino únicamente que la tecnología actual no es fiable. “No son perfectos en absoluto, y ellos mismos lo admitirían”, afirmó.
El Vaticano busca ofrecer directrices éticas sobre la IA “dirigidas a todo el mundo”
No está claro qué llevó al Vaticano a invitar a Anthropic a la presentación de la encíclica, y la empresa brilla por su ausencia entre los firmantes de un documento vaticano en el que se compromete a adoptar un enfoque ético respecto a la IA. A lo largo de la última década, el Vaticano, junto con el papa Francisco, se ha reunido con desarrolladores de IA y líderes del Silicon Valley, entre ellos IBM, Microsoft y Google, tanto en conferencias como en encuentros privados denominados Diálogos Minerva, en referencia a la iglesia romana que albergó el juicio contra Galileo en el siglo XVII.
En 2020, la Pontificia Academia para la Vida del Vaticano promovió el “Llamado de Roma para una Ética de la IA” para promover enfoques éticos en el desarrollo de la IA. Microsoft, IBM y Cisco se encuentran entre los firmantes del documento. Anthropic no lo ha firmado.
Anthropic no respondió a una solicitud de comentarios. Green sugirió que el compromiso previo de Anthropic con la religión podría haber sido un factor determinante en su invitación al Vaticano. Asimismo, señaló que “demuestra que la Iglesia está dispuesta a dialogar con personas que tienen visiones muy distintas sobre cómo debería funcionar la IA en el mundo, reuniendo en último término a personas para que puedan hablar de estas cuestiones”.
Sullivan, que en Notre Dame dirige una beca de 50,8 millones de dólares para crear un marco ético de base confesional para los usos apropiados de la IA, percibe en la colaboración con varias grandes empresas tecnológicas un interés creciente por la teología y la filosofía. “Están intentando construir una IA potente y versátil, y de moldear su comportamiento. Y, por supuesto, si quieres experiencia en cómo moldear las virtudes y el comportamiento de algo, la filosofía y la teología llevan 2.000 años reflexionando sobre estas cuestiones. Y resultó ser extremadamente relevante para saber cómo construir de forma segura estas nuevas IA”, afirmó.
En los últimos dos años, la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma ha celebrado el Builders Artificial Intelligence Forum, que reúne a empresas de IA junto a organizaciones católicas. Un tercer encuentro está previsto también este año. “El interdiálogo entre el Vaticano y los desarrolladores [de IA] ha existido siempre a lo largo de los últimos diez años”, declaró el padre paulino Ricky Manalo, autor del próximo libro The Catholic Handbook on Artificial Intelligence, quien ha participado en los encuentros del BAIF.
La presentación de Magnifica humanitas el 25 de mayo marca en cierto modo un momento crucial de esos diálogos, señaló el sacerdote. Advirtió contra la interpretación de la participación de Anthropic en la presentación de la encíclica como una especie de bendición eclesial a la empresa. Más bien, indicó que invitar a Olah, especializado en interpretabilidad mecanicista —esencialmente, comprender cómo y por qué los modelos de IA llegan a sus resultados, lo que puede ayudar a identificar y evitar comportamientos problemáticos— podría ser una señal de interés por un área muy específica e importante de la ética y el desarrollo de la IA. En una entrevista con The Atlantic, Olah, que es ateo, comparó su papel con el de un sacerdote que guía a Claude para que “sea una buena persona, en cierto sentido”.
La Iglesia católica reconoce que las empresas tecnológicas y los gobiernos necesitan mucho más discernimiento moral en lo que respecta al poder que ostenta la IA, dijo Sullivan, y eso la ha llevado a intentar asumir un papel de liderazgo para llenar ese vacío.
VIDEO. Análisis de la Encíclica en Radio María – Argentina
Qué dijeron los expertos en la Santa Sede
El evento de presentación reunió una mesa inusual: tres cardenales —Pietro Parolin, secretario de Estado; Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral; y Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe—, junto a dos teólogas universitarias y Christopher Olah, cofundador de Anthropic. El propio León XIV clausuró la jornada con un discurso sobre la génesis y la misión del documento.
La presencia de Olah fue, desde el inicio, el detalle más comentado: “Puede parecer extraño”, reconoció él mismo, que el cofundador de una de las empresas de IA más influyentes del mundo tome asiento en un acto así. Pero es precisamente en ese terreno —atravesado por el afán de lucro, la competencia geopolítica y la ambición desmedida— donde se siente la necesidad de voces capaces de resistir los “incentivos” y pronunciar palabras “incómodas”.
Olah: La encíclica señala tres cuestiones urgentes
El cofundador de Anthropic se presentó como alguien que eligió trabajar en IA por el bien de la humanidad, sin ocultar las “limitaciones” del marco en que opera, que “en ocasiones puede entrar en conflicto con hacer lo correcto”. De ahí, explicó, la necesidad de personas “ajenas” al sistema, capaces de ejercer una crítica concienzuda. Para describir la naturaleza de los modelos de IA, recurrió a una imagen tan precisa como inquietante: “Es un poco como dar vida a un personaje de ficción. Y ahora entramos en un mundo extraordinario donde estos personajes de ficción nos hablan, son activos y tienen trabajo”. Pero añadió que ese proceso de creación sigue siendo, en parte, misterioso: “Seguimos encontrando cosas misteriosas, incluso inquietantes. Detectamos estructuras que reflejan los hallazgos de la neurociencia humana. Encontramos evidencia de introspección. No sé qué significa eso, pero creo que requiere un discernimiento constante”.
Olah identificó tres urgencias que la encíclica aborda de frente: el deber hacia los pobres desplazados por la automatización, la necesidad de imaginación moral para pensar la realización humana, y precisamente ese discernimiento continuo sobre la naturaleza de los sistemas de IA. Su intervención concluyó con una súplica: que instituciones de todo el mundo imiten al Papa, “tomando el tema en serio, examinándolo con detenimiento e impulsando los acontecimientos hacia un futuro mejor”. Magnifica humanitas representa, dijo, “el comienzo de una larga colaboración”, un “proyecto global de buena voluntad” capaz de conducir “a un futuro lleno de esperanza para una humanidad magnífica”.
Rowlands: El deseo de dominar nunca es virtud cristiana
Anna Rowlands, teóloga política de la Universidad de Durham, subrayó que la reflexión del Papa en Magnifica humanitas no es neutral: las visiones que encarnan las tecnologías actuales tampoco lo son. La encíclica invita a transformar los modos de poder dominantes en formas de poder compartido y a medir el avance tecnológico por su contribución al progreso social y ético real. Rowlands situó el documento en una línea que arranca en Rerum novarum: más de 135 años desenmascarando los “falsos ídolos presentes en las ideologías de cada época”. Hoy, el ídolo adopta la forma de una visión que presenta “la autonomía total, la automatización radical y la trascendencia de las limitaciones humanas como objetivos salvíficos”, pero que acaba generando “nuevas dependencias, exclusiones, manipulaciones y desigualdades”.
Frente a ello, la encíclica reafirma el valor de los límites, y Rowlands lo subrayó con una observación de Romano Guardini que el propio León XIV recoge: “El hombre moderno no ha sido educado en el uso correcto del poder”. El problema no es solo técnico: donde el poder de la innovación ya no pertenece a los Estados sino a unos pocos actores privados muy ricos, sus culturas “escapan al escrutinio del interés público y corren el riesgo de parecer un nuevo imperio”. Rowlands concluyó con Agustín: la libido dominandi, el deseo de dominar, “puede ser alabada por el mundo como una fortaleza, pero es desprecio por Dios y el prójimo, y nunca es una virtud cristiana”.
Lushombo: El peligro del extractivismo colonial
Leocadie Lushombo, teóloga congoleña de la Escuela Jesuita de Teología de Santa Clara, centró su intervención en la voz del Sur Global. Advirtió que la IA convierte el aprendizaje en transaccional y excesivamente autónomo, haciendo a las culturas menos desarrolladas “aún más vulnerables al extractivismo colonial”. Citó directamente la encíclica: “El colonialismo en nuestros días muestra una nueva cara. No solo domina los cuerpos, sino que también se apropia de los datos, transformando las vidas personales en información explotable”. La verdad, recordó Lushombo siguiendo al Papa, no es solo “racional” sino también “relacional”, y se nutre de las realidades concretas de los más pobres, “porque nos dicen cómo es el mundo”.
El cardenal Czerny organizó su intervención en torno a tres palabras: ingenio, conciencia y cuidado. Reconoció que la IA “es uno de los grandes logros del ingenio humano” y expresó gratitud por sus posibilidades, pero advirtió que puede igualmente “concentrar el poder, exacerbar las desigualdades y dejar atrás a quienes ya están marginados”. El rumbo, insistió, “depende de nuestras decisiones”. Por su parte, el cardenal Fernández vinculó la encíclica a la realidad de una humanidad marcada por guerras “que de ninguna manera pueden justificarse” y por nuevas formas de esclavitud, pero también habitada por “chispas” de bondad: desde Beethoven y Picasso hasta Martin Luther King, Mandela, la Madre Teresa y Dorothy Day. Frente a las promesas del posthumanismo y el transhumanismo, que ofrecen el “paraíso” mediante “sofisticados dispositivos”, Fernández identificó en ese horizonte “un falso misticismo”: la fe reemplazada por confianza absoluta en la tecnología, la esperanza reducida a esperar “un nuevo producto que quite el aburrimiento”, el amor olvidado por el apego a las cosas.
El cardenal Parolin, que moderó el acto, señaló que la “asimetría entre poder técnico y sabiduría moral” es quizás el desafío más profundo que plantea Magnifica humanitas. Y ofreció el criterio exigente que el documento propone: “La tecnología no puede medirse únicamente por su eficacia o la rapidez de sus resultados; exige ser reconducida a la verdad de la persona, a la justicia de la vida en común y al bien de todos los pueblos de la tierra”.
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Fuentes
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- Spadaro, A. (2026, 29 de mayo). Anthropic before the Pope: seeking Church’s help. Global Catholic.
- Roewe, B. (2026, 22 de mayo). Why is AI company Anthropic helping launch Pope Leo XIV’s encyclical?. National Catholic Reporter.
- Restán, J. (2026, 28 de mayo). El desafío no es tecnológico sino antropológico. Revista Alfa y Omega.
- Betto, F. (2026, 31 de mayo). Magnifica humanitas: Las 10 innovaciones de la encíclica de León XIV para el mundo digital. Amerindia.
- Tornielli, A. (2026, 25 de mayo). Seguir siendo humanos en la era de los algoritmos. Vatican News.
- Giribaldi, E. (2026, 25 de mayo). Los expertos en IA: “Magnifica humanitas”, una “voz moral” que no se doblega. Vatican News.
- Cernuzio, S. (2026, 25 de mayo). Parolin, Fernández y Czerny: Atentos a las nuevas formas de deshumanización. Vatican News.
- Videos: Rome Reports – Vatican News – Blu Radio – Radio María Argentina – Arzobispado de Lima – Vatican IHD – Minerva Audiolibros
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