¿Jesús se sintió abandonado en la cruz?

11:00 p m| 12 feb 16 (AMERICA/BV).- “Eloi, Eloi, lema sabactani?” (“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”) ¿Qué podemos pensar de estas palabras de Jesús en la cruz? Para algunos cristianos, son difíciles de comprender. ¿Podría ser que Jesús pensó que Dios Padre le había abandonado? ¿Es posible que Jesús puso en duda el amor de quien Él llama Abba, “Padre”? ¿Perdió Jesús la esperanza cuando fue crucificado? Hay dos maneras principales de comprender estas misteriosas palabras de Jesús, que cita del Salmo 22, y que cualquier persona judía ahí presente con formación religiosa, habría podido reconocer. Reflexión del P. James Martin S.J. publicada en America Magazine.

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La primera posibilidad es que las palabras de Jesús no son una expresión de abandono, sino, paradójicamente, una expresión de esperanza en Dios. Aun cuando el Salmo 22 comienza: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, expresando la frustración de alguien que se siente abandonado por Dios, la segunda parte del salmo es un himno de acción de gracias a Dios, que ha escuchado la oración del salmista:

Porque no ha despreciado ni le ha repugnado
la desgracia de un desgraciado,
no le ha escondido el rostro;
cuando pidió auxilio, le escuchó.

En esta interpretación, Jesús está invocando el salmo en su totalidad como la oración de alguien que clamó a Dios y fue oído. Un ejemplo basado en un salmo más conocido podría ser alguien que dice: “El Señor es mi pastor”, y confía en que los oyentes están familiarizados con el resto del Salmo 23 (“Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo: tú vas conmigo…”) y su mensaje general.

En otras palabras, la frase “El Señor es mi pastor” se toma generalmente no solo como una afirmación de Dios como pastor, sino como forma abreviada de todo el salmo. En resumen, esta explicación del llamado de Jesús desde la cruz, es que estaba usando esa línea del Salmo 22 para expresar su confianza en Dios.

Pero hay otra posibilidad: Jesús realmente se sentía abandonado. Esto no quiere decir que Jesús perdió la esperanza. No creo que alguien que tenía una relación tan íntima con el Padre, con Abba, podría haber perdido toda la fe en la presencia de Dios en este momento oscuro. Pero no es descabellado imaginar a Jesús, en esa situación extrema, sintiendo como si el Padre estuviera ausente. Y recuerden, si él está llamando a Dios, todavía está relacionado a Él.

Aquí tenemos que distinguir entre el creer o el sentir de una persona sobre la ausencia de Dios. Este último es común en la vida espiritual. Es posible que haya tenido esta experiencia: creer en Dios, pero sentir que Dios no está cerca. Usted se pregunta: “¿Dónde está Dios?”. En ese caso se da una intersección importante entre la vida de Jesús y la nuestra.

Considerando a todas las personas y posibles situaciones, no se podría culpar a Jesús por sentirse abandonado. Piense por lo que ha pasado durante la Pasión. En primer lugar, ha sido testigo de la traición de Judas, uno de sus amigos más cercanos, que lo había identificado a las autoridades a cambio de 30 monedas de plata. Además, el Evangelio de Marcos dice que para ese momento, todos sus apóstoles, menos uno, habían huído, ya sea por el terror, confusión o vergüenza.

Así que es casi seguro que Jesús se siente abandonado y experimenta, aunque es probable que no por primera vez, la soledad humana. Jesús también ha sido sometido a una agotadora serie de pesquisas nocturnas, maltratado por los guardias romanos y obligado a desfilar por las calles de Jerusalén bajo un peso aplastante; luego sería clavado en la cruz de madera lo que le provocó un dolor insoportable. Por lo que no se le puede culpar por sentirse abandonado. El que se abandonó a la voluntad del Padre en el huerto de Getsemaní la noche anterior, que se había dado por entero a lo que el Padre tenía reservado para Él, ahora se pregunta en la cruz, “¿Dónde estás?”.

Estos sentimientos probablemente se intensificaron al haber sido abandonado por sus seguidores. Hasta ese momento, si Jesús se sentía solo o poco comprendido por sus discípulos, es cuando podía haber buscado al Padre por consuelo. Pero aún con eso se siente solo. Es más, no sería descabellado pensar que fue el ser humano que más sintió la soledad alguna vez.


¿Qué dicen los estudiosos?

Permítanme pasar a reseñar un estudio bíblico contemporáneo. Uno de los grandes estudiosos del Nuevo Testamento en el siglo 20, Raymond E. Brown, S. S., es el autor de un estudio sobre las historias de la Pasión, llamado “La muerte del Mesías”. En un ensayo titulado “El llamado de muerte de Jesús”, el padre Brown dice que, en su opinión, el abandono era en realidad lo que Jesús estaba experimentando.

Algunos cristianos, dice el padre Brown, podrían querer rechazar la interpretación literal que implicaría sentimientos de abandono: “No pueden atribuir a Jesús tal angustia al encarar la muerte”. Sin embargo, como dice el padre Brown, si aceptamos que Jesús en el huerto todavía podía llamar a el Padre “Abba”, entonces debemos aceptar esta “protesta contra el abandono arrancada de un Jesús totalmente desolado que ahora está tan aislado y distanciado que ya no se dirige al ‘Padre’ como es usual, sino habla como el servidor más humilde”.

¿Qué quiere decir el padre Brown? Cuando Jesús habla al Padre en el huerto, Él dice: “Abba, Padre, para ti que todo es posible; aparta de mí esta copa…” (Mc 14,36). Abba es una forma familiar de hablar, la manera más coloquial y cercana con la cual nos podemos dirigir a nuestros padres.

Pero en la cruz, cuando Jesús dice: “Mi Dios, mi Dios”, él usa la palabra aramea Eloi (o el hebreo Eli, dependiendo del Evangelio). Esa es una manera mucho más formal de hablar con Dios. El cambio de lo familiar de Abba en el huerto para el más formal Eloi en la cruz es desgarrador. La sensación de aislamiento de Jesús, entonces, se revela no solo en el llamado ni en la línea del salmo que pronuncia, sino también en la palabra Eloi.

¿Cómo es posible que alguien que había disfrutado de una relación tan cercana con Dios, podría sentirse abandonado? Para responder a esto, puede ser útil considerar una situación similar más cerca de nuestro propio tiempo.


Un ejemplo contemporáneo

En sus primeros años, la beata Teresa de Calcuta, fundadora de las Misioneras de la Caridad, disfrutó de varias experiencias místicas de intensa cercanía con Dios. También experimentó la más rara de las gracias espirituales, una locución; escuchó la voz de Dios. Y luego… nada. Durante los últimos 50 años de su vida, hasta su muerte, sintió una sensación de vacío en su oración. En un determinado momento, le escribió a su confesor, “En mi alma siento ese terrible dolor de una pérdida -de que Dios no me quiera, de que Dios no es Dios, o por su no existencia”.

Cuando sus diarios y cartas se publicaron poco después de su muerte en el libro “Ven, sé mi luz”, algunos lectores se sorprendieron por estos sentimientos, y se les hacía difícil de entender cómo podía continuar como creyente y, de hecho florecer como una líder religiosa. Pero la Madre Teresa estaba expresando sentimientos muy humanos de abandono y hablando de lo que los escritores espirituales llaman la “noche oscura”. Este estado emotivo se acerca, pero no acepta, la desesperación.

Con el tiempo, las preguntas de la Madre Teresa sobre la existencia de Dios se desvanecieron, y comenzó a ver esta experiencia lacerante como una invitación para unirse más a Jesús en su abandono en la cruz y con los pobres, que también se sienten abandonados. Las cartas de la Madre Teresa no significan que ella abandonó a Dios o que Dios la había abandonado. De hecho, en la continuación con su ministerio a los pobres, hizo un acto radical de fidelidad basada en una relación en la que todavía creía, incluso si no podía sentir la presencia de Dios. Confió en la experiencia anterior. En otras palabras, tuvo fe.

Jesús no pierde la esperanza. Él todavía está en relación con Abba, llamándolo desde la cruz. En medio del insoportable dolor físico, abandonado por todos, salvo algunos de sus amigos y discípulos, y frente a su muerte inminente, cuando sería casi imposible que alguien pueda pensar con lucidez, Él pudo sentirse abandonado. Para mí esto tiene más sentido que la postura de que el salmo que citó se refiere a la salvación de Dios.

Así Jesús comprende no sólo el sufrimiento físico, sino también nuestro sufrimiento espiritual en estos sentimientos de abandono. Él era como nosotros en todo, menos en el pecado. Y experimentó todo lo que hacemos.

Por eso cuando tenemos conflictos en la vida espiritual, cuando uno se pregunta dónde está Dios, cuando ores en la duda y la oscuridad, e incluso cuando se está cerca de la desesperación, se está orando a alguien que es totalmente humano y totalmente divino, alguien que te entiende completamente.


Fuente:

“My God, My God”. Texto de James Martin SJ, publicado en America Magazine

Puntuación: 4.8 / Votos: 5

Comentarios

  1. Arturo Franco Temple escribió:

    Gracias excelente articulo.

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